Trabajar en los noticiarios nocturnos proporciona momentos impagables. Una noche cualquiera, la adrenalina periodística puede asaltar los ondas por un ejército cualquiera que echa a su presidente del país en calzoncillos o por la quiebra masiva de los bancos. En realidad, muchos de esos instantes peculiares suceden antes incluso de llegar a la redacción al filo de la medianoche o justo al salir a darse el placer amargo de vivir a contrapelo. Esas horas pueden ser escenario de bohemios vagabundeos urbanos, conversaciones fundamentales, revelaciones inconfesables, pero, como en otras lides, no todo lo que sucede a oscuras merece la pena ser contado. Algunos momentos tienen un vuelo aún más corto y, con ellos, se va cocinando la realidad cotidiana de una radio trasnochada. La soledad kafkiana del transporte público a deshora, el encuentro con el realismo social recrudecido por la crisis o el privilegio de llenar una oficina con tan sólo cuatro almas son la moneda corriente y cualquier salida de guión es bien recibida.
Acostumbrado a descifrar farragosas notas económicas mientras duermen los incautos, a veces se cuelan en el margen de la retina noticias que pueden levantarte la jornada. Hoy ha sucedido. Mientras escribía una referencia al último disco del patriarca de la rumba catalana, una de sus letras más emblemáticas saltó del surco del vinilo y se coló entre la pila de los teletipos. Un brasileño de 59 años que había sido dado por muerto en un accidente de tráfico apareció en su propio entierro después de pasar toda la noche bebiendo cachaça con sus amigos. Todo esto, además, sucedió en día de difuntos. Ademir Jorge Gonçalves, el muerto vivo, resurgió a la mañana siguiente de que sus familiares reconociesen como suyo un cadáver. Llegada la resaca, un amigo escuchó la noticia por la radio, tuvo que acudir al cementerio, más muerto que vivo, a avisar del error, dejando boquiabierto a todo el cortejo fúnebre. No estaba muerto, no. Estaba tomando cañas, lere, leré. Menos mal que aún quedan buenas noticias de la jornada.Peret -
Lembro as longas tardes de choiva. Semella que pasara un século dende aquela. No vello fogar, no val da chispa, as miñas urxencias loitaban contra os seus tedios. Dous discos, dous en concreto entre outros, soando ó lonxe, enchendo baleiros ata entón descoñecidos, pequenos rabuñazos que dende entón non deixan de aparecer de cando en cando. Fechado no meu cuarto, sentado na repisa da fiestra, cos ollos imaxinando o treito de estrada que se perdía maís aló do meu barrio. Na paisaxe, viñas, a caseta do meu can, carreiros, carballos, casas pequenas de dous andares, a igrexa de ladrillo a medio rematar e as sempiternas vías do tren que me arrularon dende neno. Aquel son tan propio como o asubío dun afiador. Lembro o marmurio cercano do Talgo a Madrid ou do Estrela Galicia nocturno a Barcelona. Podía escoitalo dende que cruzaba o Miño, máis aló de Tarascón. Unha parte de min viaxaba nese tren das historias de maquinistas e mozos de agullas do meu avó. A outra ficaba sentada na fiestra, ollando o tren atravesar o túnel cara Ourense mentres o ceo seguía desdebuxando o seu gris habitual nunha choiva infinda. De fondo, unha morea de papeis mal escritos, un balón firmado polo glorioso Dépor da 93/94, un flexo, un radiocasete, Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones e John Bonham.Led Zeppelin -
A veces, tengo días malos y este os ha tocado pagarlo vosotros. Así que levantad los puños o bajad rápido de la lona. Dejadme que me explique. He conocido tiempos mejores y peores y peleo cada día por el puesto que me corresponde en el mundo. He esquivado alguna bala últimamente y, visto desde cerca, no tiene tanto encanto. Y no lo digo por alimentar mitos de vacía pose suicida, sino más por romper la otra gran mentira del malditismo de moda, es decir, el culto a la autodestrucción barata que te venden los aprendices de canalla con vocación de mercachifle. Muchachillos y muchachillas lánguidas que soñáis precipicios y grandes finales dramáticos, no me vendáis vuestra mierda. Mírales, se llaman punkis porque se escupen entre ellos. Es fácil decirse maldito teniendo la cama hecha y la mesa puesta en la casita de mamá. Es un juego hacerse sangre si es sólo para llamar la atención. Pero, en el fondo, os faltan huevos. Os creéis Iggy Pop sólo porque os ponéis hasta el culo. Pensáis que ser interesante es repetir la consigna manida de no future. Valéis lo mismo que os ha costado el esfuerzo de no pensar más allá de las frases de vuestras camisetas. Me cago en vuestro rollo triste modernillo emocore. Me explico.

Viniendo para casa, me tropecé con un caos de ambulancias a dos calles del portal. Haciendo honor al instinto gacetillero y caso omiso al cordón policial, busqué en el bolsillo el carnet de la asociación de la prensa y me acerqué a husmear. Una joven, de entre 15 y 20 años, morena, tatuada, gótica y lánguida, yacía desvanecida sobre una camilla con los pulsos cortados. Trabé conversación con unos cuantos curiosos y el conductor de la ambulancia, que confirmaron la primera impresión. Intento de suicidio sin motivo aparente. Y, según una vecina sesentona que no dejaba de compadecerse de la madre de la criatura, no era la primera vez. Como luego me confirmó un camillero, se la encontraron en la bañera sus padres antes de irse a trabajar. Quisiera o no morir, que forma más sórdida de reclamar la atención de quien te vio nacer. Que manera tan cobarde de evitar madurar, de escabullirse de aprender el valor de cada gota de sudor que te acerca a tus sueños. Es más fácil dejarse llevar hacia la espiral descendente para luego poder presumir de cicatrices. Si te las haces tú sólo, no son heridas de guerra. Son la marca de nacimiento de un cobarde. No hay nada mejor en la vida que aguantar el tipo contra todo y contra todos hasta conseguir lo que te propones. Entonces, todo se justifica y puedes notar como pelea sin descanso cada fibra de tu cuerpo. Y en el límite de la extenuación, poder levantar los brazos y gritar con el último aliento: ¡Hijos de puta, no podéis conmigo! Pues eso, aplicaos el cuento. Tengo la boca más sucia que nadie pero sé cuál es mi sitio.
Por cierto, según los reglamentos de la Comunidad de Madrid y las leyes no escritas de la profesión periodística, no se puede informar de los suicidios, consumados o en grado de tentativa. Parece ser que la idiotez es contagiosa. Así que, ya sabéis, yo no os he dicho nada. A cambio, un pequeño regalito.

Suelo saber a dónde me dirijo cuando me siento a escribir. Que canción suena de fondo, que imagen ilustra de forma metafórica y retorcida lo que estoy pensando. Suelo distinguir las expresiones en las caras ajenas desde muy lejos, puedo leer tus diminutos letreros a kilómetros de distancia. Una buena vista ayuda a ver venir los acontecimientos. Pero nadie puede verse venir a sí mismo hasta escasos centímetros del punto de impacto. Y chocar es lo de menos. Lo difícil es asumir que no dejará de repetirse. En el fondo, uno puede llegar a pensar que tiene cierta gracia. No me estoy explicando, y es deliberado. Sólo dejo que surja. Hoy no es un día de esos que suelo tener. Hoy prefiero el caos. Y entonces recuerdo a qué sabe improvisar, regodeándome en el vértigo de que no dejar que lo superfluo importe un carajo. ¿Os había contado que detesto la sórdida seudotraducción del sonoro y racial carallo? Castrapo, nenos, esmoleira língua de escravos. Pero, en esta situación y sin que sirva de precedente, encaja a la perfección con lo que quiero decir. Sigo sin concretar y la tinta se agota. Parece ser la tónica general. Hace un rato, bajé a la calle por cambiar de aires. Escogí al azar un punto cardinal y lo seguí hasta cansarme. Me crucé con todos vosotros y vuestras caras de domingo a media tarde. A estas horas, la gran ciudad encoje por pura pereza o a mí me lo parece. Poco antes de los afamados atardeceres madrileños, hay una hora en la que Madrid se transforma ante mis ojos en un odioso compendio de horrores privados sucediéndose en un villorrio demasiado transitado. Horas sin brillo de domingo de entretiempo en las que hay que subir al tope el contraste para distinguir las escalas de gris. La compañía lo hace más sobrellevable, de esa compañía aleatoria a la que importa un carajo joderle el domingo teniendo que aguantarte. Vuelve a encajar como hecho a medida. Pagamos todos con la misma moneda y, quieras que no, lo hace más soportable. Así, sabemos de qué estamos hablando. Y si no, es que me mienten las palabras que escribo o que no tenemos nada en común. Atardece, se me hace tarde, me largo.
Pearl Jam -I believe in Miracles
Pearl Jam -
Perdónenme el atrevimiento, pero hoy he decidido regalarme un día a mi antojo. Un día a mi gusto, para variar. Al salir de la radio, me bajé dando un paseo a casa. Busqué un hueco en la barra del mejor bar del barrio y pedí mi desayuno favorito: pinchito de tortilla y zumo de naranja. Como cuando era un niño, que podía escoger hartarme de lo que me diera la gana sólo por un día. Es una banalidad, pero se aprende a valorar este tipo de caprichos infantiles cuando uno necesita marcar una diferencia entre las demás cifras del calendario. Hay que mimarse más, que menos no se puede. Nunca se sabe que minucia del día a día puede arrancarte una sonrisa. Como llegar a casa, arrancarte la ropa de encima, atender a las llamadas de los auténticos y resolver los quehaceres del hogar cantando a los Chunguitos a viva voz. Párrafo corto, una ducha con la música a todo volumen y corriendo a la calle a desenfundar la Nikon y a arrancarle sonrisas a las viandantes. De tarde, para cerrar la jornada de festejos tras el descanso de rigor, los auténticos vendrán a conmemorarlo todo a la vera de unas cañas. A mi edad, Jimmy Hendrix y Jim Morrison estrenaron su último año en directo, así que mejor no demorarse. Ese será mi modesto tributo a mí mismo y no necesito más. No todos los días vienen envueltos en papel bonito como éste. Sopladas las velas, este niño ya puede jugar con su regalo.
The Lemonheads -
La otra noche, alguien me dijo que no había cambiado nada. Todo sucedió en un gesto gris, indiscernible entre la nostalgia y el reproche. En el momento, estaba demasiado distraído para hacerle caso y se deshizo entre los hielos de mi copa. Tampoco quise saber más. Ayer tarde me desperté pensando en ello, incapaz de decidir si tenía que tomármelo como un cumplido o como un puñal soslayado. De poco puedo arrepentirme que tenga arreglo. Todo lo demás son sólo cicatrices, fotografías viejas y lo que cabe en una caja de lata. Con el resto, ardí hasta las cenizas y volví en paz conmigo mismo. Se conocen más sitios yendo ligero de equipaje, se aprende a dibujar una ruta propia. Por mucho que lo intente, no encuentro un motivo decente para apartarme de este camino condenado eternamente a repetirse. No me hará mejor, ni más listo ni más interesante. Pero, por lo menos, no tendré que vivir una de vuestras vidas. Prefiero habitar las alturas, encapricharme de placeres amargos y festejar lo que se pueda sobre las azoteas. Prefiero equivocarme. Prefiero el riesgo de no tener dos caras. Lógico que nadie se atreva a rasparme el óxido de la lengua. Aunque todavía queda quien lo intenta. El mundo está lleno de optimistas y farsantes. Escojan bando. Elijo no ser lo que esperan.Deftones -
Hoxe ven sendo o día adicado o recoñecemento do orgullo manicho. Mais non aparece nas portadas. Botémoslle unha ollada ás novas do xornal a ver que de bo pasou no mundo. De primeiras, morreu o mítico Les Paul os 94 anos, tras máis de sesenta facendo, vendendo e tocando as mellores guitarras do mundo. O exército israelí, acusado de asasinar once civís que abaneaban bandeiras brancas. O tifón Morakot arrasa o sur de China, deixando cáseque dez mil persoas sen casa, sen eidos e a pouco menos dun milleiro sen vida. Tropas danesas e belgas da OTAN invaden por erro, ou se cadra non, o areal vigués de Samil ante a rexouba xeral dos bañistas e o anoxo da garda civil. Á outra beira do Atlántico, doce anos despois os culpables da matanza de Acteal, armados e pagados polo PRI entón no governo, foron ceibados sen cargos, deixando impune o asasinato a sangue fría de dezaseis nenos, vinte mulleres e nove homes na chamada Columna de la Infamia. En Caracas, un cento de matóns gobernamentais mallan nun fato de xornalistas de diversos canais e diarios locais. En Centroamérica, voltaron os vellos tempos dos golpes de estado, mentres a superpotencia espállase no seu santuario colombiano. Guerra aberta en Afganistán, guerra civil en Irak, guerra sucia en Chechenia, Filipinas, Somalia, Congo e no Xingjiang uigur. Crise económica e promesas baleiras dun mañá mellor. Arden coches nas noites francesas, outra vez en vinganza pola violencia policial contra os mozos da banlieue. Ollando ás paxinas estatais, a oposición española arranxa probas falsas para fuxir das súas contas coa xustiza. En Euskadi, ises mesmos xuices prohiben manifestacións e arrincan fotos de presos das paredes. En Catalunya, un okupa é condeado a tres anos na cadea por esmagarlle o nariz a un antidisturbios dunha sóa puñada. Na Galiza, o próximo luns 17, cabodano do asasinato polas costas de Alexandre Bóveda e dende entón considerado día da Galiza Mártir, recoñecerán trinta e catro anos despois a súa condición de vítima do franquismo. Mentres, nas Canarias, un inmigrante uruguaio sen papeis morre dun infarto sen que ninguén o asista porque o seu xefe empurrouno á rua o quedar inconsciente. Mentres, na Amazonía brasileira, o entertainer sensacionalista e deputado conservador Walter Souza foi detido por ordear crimes para aumentar a audiéncia do seu programa de sucesos na televisión. Para que inventar lerias coa elevada dose de traxedia que nos acompaña. O mundo semella podre. Aínda eu son quen de me decatar diso. E sei que moitas destas novas non van saír no meu informativo de mañá a primeira hora. Tanto ten, esta noite recibín un chivatazo que podería resultar un bo reportaxe que lle vender os xefes. Canta máis desgracia nos arrodee, máis traballo nas redaccións. Só queda apretalos dentes, erguer unha copa á saude da vella lenda da guitarra e seguirlle buscando o senso a tanta tolemia. Jusqu' ici, tout va bien.
collective soul -
Vuelve uno de una pequeña escapada y se da cuenta de que el mundo, como pronosticó Eduardo Galeano, está patas arriba. Los conservadores arrebatan el spray a los punkarras para denunciar el estado policial y los fascistas ponderan a la baja la calidad de una democracia en la que no creen. Y, mientras tanto, su pienso propagandístico cala en la masa. Sus mensajes, difundidos bajo el viejo paradigma de la cortina goebbeliana de mentiras, desvirtúan la verdad hasta amoldarla a su conveniencia. ¿Que nos acusan de robar? Echémosle la culpa a la policía. ¿Que medio partido está implicado en una trama de corrupción que involucra a dos presidentes autonómicos y a un puñado de senadores? La culpa es del Gobierno, que usa a los servicios secretos para conseguir esta información. ¿Y si nuestras propias exageraciones nos delatan? Paso corto y vista larga, que aquí no dimite ni dios. Y nadie se queja, nadie recordará al cabo de unos días. Para algo están Telemadrid, Canal 9 y el chorreo de sucesos y crónica rosa en el resto de canales. Y si no, siempre se le puede enseñar a la secretaria general como grabarse su propia comparecencia ante los medios sin medios en la comodidad de su finquita playera. Viene a ser lo mismo que convocar una rueda de prensa en la que no se permiten preguntas. Hasta Trillo, que debería estar en la cárcel por sus mentiras a las viudas del Yakovlev, salta al ruedo con el farol de que tiene pruebas de todo. Pruebas que nunca verán la luz porque no existen, pruebas que ni el más avezado conspirador de Época podría fabricar. El ciudadano abre los ojos estupefacto ante el truco del prestidigitador y la manipulación sigue su curso. Porque nadie estuvo allí para atar los cabos y denunciar la mentira a gran escala. Qué más da, que sigan muriendo guardias civiles mientras ellos niegan la mayor. Lo dice Fabra, jódanse en silencio.
¿Y por esos mundos, qué es lo que ocurre? Soplan vientos de guerra en Sudamérica por el viejo conflicto entre imperialismo yanqui y populismo guayabero. Unos despliegan más tropas en la Colombia colaboracionista de todos los males del mundo -narcoparamilitares, narcoguerrilla, narcogobierno-, mientras los otros pronuncian acendrados discursos que levantan de nuevo las viejas banderas de los libertadores. Y, aunque en las manos equivocadas, esta vez tampoco sea en vano. En la otra esquina del mundo, Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz ha sido condenada a tres años de trabajos forzados tras más de veinte de arresto domiciliario. La junta militar birmana tiembla con sólo ver su frágil figura en el estrado, desafiando en silencio la credibilidad de sus tribunales.
Al oeste, en Chechenia, la estirpe de mártires de Politkovskaya, Estemírova y Yevloyev sigue creciendo bajo las balas del Ministerio de Interior ruso. Zaremá Saduláyeva y su marido cometieron el error de dirigir una organización juvenil a favor de los derechos humanos crítica con el presidente títere de la república caucásica, Ramzam Kadirov. Por eso, el lunes, cinco hombres armados entraron en sus oficinas, los sacaron a punta de pistola y los encerraron en el maletero de su coche acribillados a balazos. El líder checheno se exculpó con la peor excusa del mundo: "¿Por qué Kadírov asesinaría a una mujer que nadie necesita? Ella no tenía honor, dignidad ni conciencia". Su descaro va más allá de cualquier reproche, su crímen difícilmente encuentre otro castigo que el se reserva para los cipayos. Mientras tanto aquí, allí y en el lugar más remoto sigue siendo verdad el viejo aforismo que pide mentiras grandes para mentes crédulas. Llegará un día en que caigan las máscaras y ya no reconoceremos al enemigo.
Levántate. Pon algo de música. No, esta canción no, mejor la siguiente. Déjala sonar y sube la persiana a su ritmo. Ya ha caído la tarde y el calor todavía golpea las aceras. Resucita en una ducha fría. Desayuna o come o lo que sea, las comidas pierden el nombre y el sentido cuando no bailas al mismo son que los demás. Yao y Li Pi lo saben. Y cuando te quieres dar cuenta, ya se te ha echado encima la medianoche. No importa, sigue sonando tu canción. Silbarás de camino a la redacción, en la puerta del estudio, delante del ordenador y al salir del trabajo, dos horas más tarde que el sol. Entre medias, un guión, un micro y la sensación de estar por fin librando tus propias batallas. Y ganando, por lo menos hasta primavera. A veces, no terminas de creerte que te paguen por esto. No mientras suenan los Allman Brothers.allman brothers band -
Outro ano máis loitando por un país á contra, unha lingua en perigo e un povo privado de historia de seu. Contra o esquecemento, a inxuria e o rudo encono de propios e estranos. Somos a nosa propia memoria e cada día temos que artellala de novo para que non se esvaeza. Ninguén o fará por nós. Somos a testemuña vivinte de séculos de historia que nos pertencen, os fillos da xenreira, o suor e o sangue misturado coa terra e a pedra, terra dos nosos pais, pedras dun fogar noso. Diáspora que non remata e escuro porvir para os que quedan. Loita infinda a nosa, a dun país que se nega teimudamente a non existir. Esta noite, en Compostela, en Bos Aires, na Habana, en Cangas, en Zurich ou en calquer recuncho onde haxa un galego, haberá tamén unha mao ó ceo brindando por todos nós.

Bo día da patria galega, meus!
Himno galego -
Sigo viviendo en la noche, rompiendo los silencios desde micros reaccionarios. Y todavía no consigo acostumbrarme al amargo canibalismo de escribir sobre la muerte de un compañero. Otra vez en Rusia, otra vez dos balas silencian la voz que denuncia la guerra sucia de Chechenia. Esta vez le ha tocado a Natalya Estemirova, periodista y defensora de los derechos humanos, por investigar los crímenes rusos al norte del Caúcaso. Por denunciar las violaciones, las palizas, la tortura y los asesinatos de los servicios secretos del Kremlin. Como el suyo, raptada en su casa en Grozni y abandonada en un bosque en la vecina Ingushetia con un balazo en el pecho y otro en la cabeza. Como el de su amiga Anna Politkóvskaya, cuyos asesinos han sido absueltos en un juicio sin garantías legales. Como Magomed Yevloyev, al que se le aplicó la ley de fugas. Como Aleksander Litvinenko, cruelmente envenenado con radiaciones en su exilio londinense. Como todas esas víctimas rusas, ingushes y chechenas que siguen muriendo en la interminable guerra sucia. Una guerra que aún sigue sumando muertos diez años después de terminar oficialmente.
Natalya Estemirova fue asesinada por denunciar una ejecución extrajudicial a manos del mafioso y presidente prorruso de Chechenia, Ramzam Kadirov. Hoy mismo, el propio Kadirov ha prometido "hacer lo que pueda y más" para hallar a los culpables, que, como todos saben, son agentes a su cargo o asesinos a sueldo de su gobierno. Dmitri Medvedev, jefe del anterior en su función de presidente de la Federación Rusa, se ha manifestado "indignado" por el asesinato. Vladimir Putin, jefe de todos ellos y tirano mayor de este mal remedo de democracia, asegura que "pondrá a los mejores hombres en el caso". Que horrible sarcasmo el del verdugo que dice jugar a favor de la víctima. Ellos entierran hoy una periodista valiente y comprometida, una activista crucial para las libertades en Rusia, una medalla Schuman del Parlamento Europeo y un premio del Congreso Sueco a la defensa de los derechos humanos. Pero no podrán acallar las voces que denuncian su crimen abyecto y, por eso, muchos seguirán muriendo.
Menos mal que, al amanecer, puedo huir a ahogarme en sobaos, humo, tinieblas y Gogol Bordello. Buenas noches para mí y buen día a la ciudadanía diurna, ahora que vosotros os levantais y yo corro a refugiarme en la madriguera. Hasta que caiga el sol.gogol bordello -
dead kennedys -

La exposición prolongada a la actualidad informativa provoca cinismo. Corrupción política, jueces en venta, golpes de estado, violaciones masivas, genocidio... todo ello ya está planificado y previsto en las agendas de los medios. Hoy es jueves, toca contar los muertos en la interminable represión china. Ciento cincuenta y seis, según la dictadura "maoista de mercado"; más de seiscientos, clama la oposición uigur. Y ambas cifras seguirán creciendo. Como la de los presos políticos, que supera los doscientos mil y les convierte en uno de los pueblos más ferozmente oprimidos del planeta. Para empezar, el presidente chino, Hu Jintao, retornado expresamente de la reunión del G-8, ha prometido la pena de muerte a los líderes de la revuelta. Tiene más de mil quinientos detenidos donde escoger.


Hoy, miles de soldados y paramilitares chinos toman las calles de Urumqi, capital del semiautónomo Turquestán Oriental, después de tres días de impunidad a la limpieza étnica de los han. Ese es el castigo del gobierno chino a los levantiscos, dejar la ciudad en manos de patrullas callejeras de linchamiento a la "caza del moro". Esta imagen refleja la de Guangdong hace una semana, cuando se gestó la masacre. Entonces, las autoridades no hicieron nada para impedir que una turba enfurecida acorralase a ochocientos inmigrantes uigures y torturase hasta la muerte a quince de ellos. Ahora, los mismos batallones enviados para pacificar disparan indiscriminadamente a la muchedumbre. La revuelta del pueblo uigur no surge de un afán terrorista o una manipulación extranjera, como sugieren los medios del régimen, sino de la persecución que éstos sufren en su propia tierra.
Desde que China retomó el control de este área, mayoritariamente musulmana y emparentada con las repúblicas surasiáticas de la URSS, puso en marcha un plan de colonización y asimilación propio del estalinismo de postguerra o de los metódicos genocidios indígenas del Imperio Británico. Tíbet, Mongolia y el Uigurstán sufrieron los métodos de expansionismo agresivo aprendidos del Imperio Japonés. Multiplicó por veinticinco la presencia de chinos de la mayoritaria etnia han, que hoy son mayoría en la capital y parte de la región. Al mismo tiempo, forzó la dispersión de la población nativa, empobreciéndola a pesar de las grandes riquezas que atesora. Por que todo esto, por si no se han dado cuenta, se hace por dinero. Por petróleo y gas natural y por que así funcionan las dictaduras.
Como siempre que hay dinero en alguna parte, surge violencia que responde a un plan prefijado. Como los diamantes del Congo o el petróleo irakí. Y China tiene su propio plan de solución final. El primer paso ha sido alentar despiadadamente la violencia interétnica. El segundo, invadir la zona para completar la "pacificación". El tercero, silenciar a la prensa y poner a trabajar los lobbys de presión y la maquinaria de la intoxicación propagandística. El próximo paso será con toda seguridad la guerra sucia, plagada de juicios sumarísimos, propaganda, tortura, y ejecuciones multitudinarias de las que, probablemente, nunca sabremos nada. Por que así es como funcionan las cosas cuando se trata de China, una dictadura que ningún país condena.
Fue vergonzoso ver como los medios de comunicación mundiales silenciaron durante los meses previos a las Olimpiadas de Pekín cualquier noticia referente a la violación cotidiana de los Derechos Humanos en la República Popular. Como pude comprobar de primera mano, en España también. Será por que mandan mucho en la ONU, de hecho, la gran mayoría de los países no reconoce a su vecino Taiwán para no contrariales. Nadie quiere levantar las iras del gran estado orwelliano donde paz significa muerte y donde verdad siempre quiere decir censura.
Algunos hablan esperanzados de que las revueltas ciudadanas son más poderosas gracias a Twitter y otros medios de comunicación que regatean la dictadura. Por desgracia, la manipulación, la diplomacia gris y las balas siguen siendo más efectivas. Definitivamente, meus, isto non é unha canción de amor. Feliz despertar.
Desde que China retomó el control de este área, mayoritariamente musulmana y emparentada con las repúblicas surasiáticas de la URSS, puso en marcha un plan de colonización y asimilación propio del estalinismo de postguerra o de los metódicos genocidios indígenas del Imperio Británico. Tíbet, Mongolia y el Uigurstán sufrieron los métodos de expansionismo agresivo aprendidos del Imperio Japonés. Multiplicó por veinticinco la presencia de chinos de la mayoritaria etnia han, que hoy son mayoría en la capital y parte de la región. Al mismo tiempo, forzó la dispersión de la población nativa, empobreciéndola a pesar de las grandes riquezas que atesora. Por que todo esto, por si no se han dado cuenta, se hace por dinero. Por petróleo y gas natural y por que así funcionan las dictaduras.
Como siempre que hay dinero en alguna parte, surge violencia que responde a un plan prefijado. Como los diamantes del Congo o el petróleo irakí. Y China tiene su propio plan de solución final. El primer paso ha sido alentar despiadadamente la violencia interétnica. El segundo, invadir la zona para completar la "pacificación". El tercero, silenciar a la prensa y poner a trabajar los lobbys de presión y la maquinaria de la intoxicación propagandística. El próximo paso será con toda seguridad la guerra sucia, plagada de juicios sumarísimos, propaganda, tortura, y ejecuciones multitudinarias de las que, probablemente, nunca sabremos nada. Por que así es como funcionan las cosas cuando se trata de China, una dictadura que ningún país condena.
Fue vergonzoso ver como los medios de comunicación mundiales silenciaron durante los meses previos a las Olimpiadas de Pekín cualquier noticia referente a la violación cotidiana de los Derechos Humanos en la República Popular. Como pude comprobar de primera mano, en España también. Será por que mandan mucho en la ONU, de hecho, la gran mayoría de los países no reconoce a su vecino Taiwán para no contrariales. Nadie quiere levantar las iras del gran estado orwelliano donde paz significa muerte y donde verdad siempre quiere decir censura.
Algunos hablan esperanzados de que las revueltas ciudadanas son más poderosas gracias a Twitter y otros medios de comunicación que regatean la dictadura. Por desgracia, la manipulación, la diplomacia gris y las balas siguen siendo más efectivas. Definitivamente, meus, isto non é unha canción de amor. Feliz despertar.
dispara
V
ás
07:22
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xornalismo
moby -

En Irán, acallada a tiros la revuelta de las pasadas semanas, ha comenzado la purga a puerta cerrada. Al oeste, Bernard Madoff ha sido condenado a ciento cincuenta años de cárcel que, en la práctica, se quedarán en menos de cinco, mientras sus amigotes siguen repartiendo dividendos y exprimiendo vuestras hipotecas. ¿Qué será de la Justicia? Una madrileña de veinte años ha dejado huérfano a su hijo recién nacido al convertirse en la primera víctima mortal de Gripe A en la Península Ibérica. El 27% de los inmigrados en España están en paro y, al tiempo que algunos regresan o buscan nuevos destinos, otros siguen viniendo a darse de bruces con una Europa decadente cerrada a cal y canto. Na Galiza, las primeras medidas del gobierno conservador han sido la eliminación de la lengua vernácula de las oposiciones públicas y la supresión de los libros de textos gratuítos para los escolares. Demasiados cabos sueltos que procesar para volver a acostumbrarse a la cruda cadencia de las desgracias. Hace demasiado calor, no consigo conciliar el sueño y ya no tengo cinco kilómetros de arena virgen y Atlántico ante los ojos. Hasta aquí puedo leer. Comienza Julio, vuelvo a las ondas.
acdc -
Ángulos, curvas, vueltas de esquina. Cambios de rasante, giros injustificados en la línea argumental. Descalzo sobre la línea que separa esto de cualquier otra parte, con los pies desnudos sobre un filo de navaja. Hormiguea entre mis dedos el impulso de un salto al vacío. La incertidumbre atormenta y seduce, susurrándome al oído viciados cantos de sirena. Arde mi cabeza mientras no termina de consumirse el odioso plazo a la nada. Millones de promesas y tan poco tiempo. Se agotó la lista de los planes de huída y no hay respuestas en mi feria ambulante de papeles arrugados. El gato callejero se ha cansado de vagar y persigue el reflejo lejano de un rumbo que tomar. Escasea el material del que se fabrican los sueños en color y mañana todo puede hacerse carne en forma de llamada de teléfono. O venirse abajo una vez más, esparciéndose por el suelo con la corriente generalizada de la miseria y la ponzoña. Se me ha hecho tarde, una noche más. Horas después del amanecer, llegará el momento de afrontar el envite. Hasta entonces, sólo puedo dormir o desafiar al sueño con el ceño fruncido. Quienes sepan algo de mí adivinarán la respuesta.
the rolling stones -stray cat blues
the rolling stones -
O verán pasado, por estas datas, morreu o meirande fotógrafo galego. Creador afouto, soubo retratar e conservar a atmósfera dunha Galiza que xa non esiste, unha terra de panos negros, emigrados e lar de familia, de fame e de sinxela ledicia.

Un país reflictido no esceario illado da Terra de Montes dos cincuenta ós setenta. Percorreu vila tras vila facendo ata fotos de carné, durmindo nos palleiros das aldeas e queimando unha vella Lambretta polos carreiros. Mais soubo triunfar en París no mesmo intre no que chegou.

Morreu Vieitez o mesmo mes que Photoespaña lle tributaba homenaxe, mais alleo a comandiña dos seguidistas, trasformado el mesmo nunha persoaxe das súas propias fotografías. Por iso ninguén lembrará o seu nome o ano que ven, quizais porque nos doe o noso pasado ou pola falla de costume de recoñecer o talento dun paisano. Un brinde polos vellos tolos que o fixeron todo moito antes ca nós, cen veces millor e loitando con todo en contra. Gracias a eles, a Galiza dos nosos avós segue viva en algures e nós temos uns referentes onde nos apoiar para chegar máis alto.


Un país reflictido no esceario illado da Terra de Montes dos cincuenta ós setenta. Percorreu vila tras vila facendo ata fotos de carné, durmindo nos palleiros das aldeas e queimando unha vella Lambretta polos carreiros. Mais soubo triunfar en París no mesmo intre no que chegou.

Morreu Vieitez o mesmo mes que Photoespaña lle tributaba homenaxe, mais alleo a comandiña dos seguidistas, trasformado el mesmo nunha persoaxe das súas propias fotografías. Por iso ninguén lembrará o seu nome o ano que ven, quizais porque nos doe o noso pasado ou pola falla de costume de recoñecer o talento dun paisano. Un brinde polos vellos tolos que o fixeron todo moito antes ca nós, cen veces millor e loitando con todo en contra. Gracias a eles, a Galiza dos nosos avós segue viva en algures e nós temos uns referentes onde nos apoiar para chegar máis alto.


Semanas errantes en el zurrón e incertidumbres varias en la cabeza. No hay tregua. Distintas rutinas, paisajes inéditos, valses, cabinas de peaje, carritos de golf y billetes de avión. El traje de las grandes ocasiones y un trípode de cámara sobre el hombro. Pontedeume, A Coruña, Ortigueira, Loiu, Erandio, Bilbao. Recuperando, al tiempo que la condición de redactor aunque sea de reemplazo, aquella canción que olvidaste que podías tararear sin saltarte una coma. Tras la bruma, ante el horizonte, se formula la promesa de un camino nuevo. Un nuevo itinerario sobre el que vagabundear. Un altavoz del que volver a descolgarme. Respuestas que llegarán cuando muera Junio. Ya os iré contando.
Barricada -No hay tregua
Barricada -

Baja uno al mundo real después de haber estado algo ausente, mental y geográficamente, y se encuentra de nuevo en la pertinaz miseria humana llamada historia. Condenada eternamente a repetirse, a perpetuar el largo capítulo de la violencia en la sociedad moderna y civilizada. Tres vistazos a los titulares de los periódicos. En Irán, un manifestante es abatido a tiros por mercenarios gubernamentales en las multitudinarias protestas contra el fraude conservador en las elecciones. El Movimiento Social Italiano, un partido extraparlamentario de ultraderecha fundado por Mussolini hace casi un siglo, ha anunciado que sus paramilitares de la autodenominada Guardia Nacional Italiana patrullarán las calles para limpiarlas de inmigrantes y delincuentes sin que nadie parezca dispuesto a impedirlo. En Barcelona, un tribunal ha condenado a pagar una multa irrisoria de seiscientos euros a los cuatro mossos d'escuadra grabados en vídeo mientras vejaban y golpeaban brutalmente a un detenido. Once minutos de miedo se pagarán a menos de cincuenta euros cada uno. Seis compañeros de su comisaria de Les Corts cumplen seis años de cárcel por el mismo delito y otros dos cumplirán seis meses. Me juego algo a que no serán los últimos. El mundo sigue girando sobre los mismos ejes y somos incapaces de verlo venir. Hay quien prefiere no verlo.
Volver a escuchar las letras afiladas y cálidas, a vibrar con los guitarreos punzantes, a no poder dejar de mover los pies al compás de los bombos castúos. Volver a los dieciséis, aunque sólo sea por un ratito, aunque sólo sea por dejar de sentirse tan viejo.
Gracias por la recomendación, Peter!
Hoy, al abrir el periódico, me he topado con unos cuantos tipos de mi edad. Y me ha dado que pensar. En primer lugar, me vinieron a la mente los proyectos que tenía de niño cuando me imaginaba cómo sería mi vida cuando tuviese veintitantos. No es que me queje ni que tenga que lamentarme de haber malgastado demasiadas ocasiones y, como mucha otra gente, soy feliz con lo que tengo aunque me podría ir mejor. Podría tener un trabajo, podría vivir en otra ciudad, podría ser más listo, más viajado, más leído, más vivido. No sirve de nada lamentarse, cada uno escoge su propio camino. Pero no por ello deja uno de identificarse en cierto modo con su generación, con otras personas de mi edad aunque con vidas diametralmente opuestas a la mía.
Esta mañana, dos jóvenes nacidos a principios de los ochenta han ocupado las portadas de los diarios por motivos bien distintos. Por una parte, Kim Jong-Un, hijo pequeño del dictador norcoreano, ha sido nombrado sucesor en los cargos de presidente, comandante supremo del ejército y secretario general del partido único. En otro extremo diametralmente opuesto del globo, José Gómez Cansino, pederasta ourensano encarcelado en la cárcel de Valdemoro, ha sido sorprendido con pornografía infantil en el propio penal. Dos vidas, dos lecciones que me llevo al zurrón: la rebeldía y el asco. Comencemos por el principio.

La vida de Kim Jong-Un, como es tradición entre los tiranos de la hermética Corea del Norte, siempre ha estado envuelta en silencios y medias verdades. No existe una foto actual, su edad varía según la oficialidad de las biografías que se consulten y poco se sabe de la persona que ocupa tal nombre y, desde hoy mismo, el cargo de sucesor del "Amado Líder", Kim Jong-Il. Muy a tono con un país grisáceo y esquilmado, regido con mano de hierro por el ejército y la familia Kim, que suma más de sesenta años en el poder. Se le estiman unos veinticinco años y, hasta ahora, su trayectoria había sido ensombrecida por la de sus dos hermanos mayores, pretendientes durante algún tiempo al título de delfín de la República Democrática Popular de Corea. Kim Jong-Nam, el mayor de los tres, asumió durante un tiempo el papel de hijo favorito del sátrapa. Sin embargo, su carrera se vio truncada por un escándalo mayúsculo: en 2001, fue sorprendido por la policía japonesa en el aeropuerto de Tokio con un pasaporte falso, en un vano intento de visitar Disneylandia. Su arresto y posterior expulsión a China supuso un trago demasiado embarazoso para Kim Jong-Il, que no dudó en apartarlo de su cargo de presidente de la Suprema Asamblea del Pueblo -rimbombante nombre para un remedo bufo de parlamento- y negarle sus favores.
Con el hijo mayor exiliado de incógnito en Macao, el segundo vástago, Kim Jong-Chul, parecía el mejor situado para hacerse con las riendas del exhausto país asiático, sobre todo después de la apoplejía sufrida por su padre este enero. Sin embargo, el achacoso dictador de sesenta y siete años no confía en Chul, cuarenta años menor que él, debido, según fuentes cercanas al "Bienamado Líder", a su carácter afeminado. El dictador, que también recibió el poder de manos de su padre en un extraño caso de nepotismo estalinista, ha preferido volcar sus esperanzas de perpetuar a su familia en el poder en su hijo menor, Un, que parece tener una personalidad muy similar a la de su padre. Cuando éste muera, Kim Jong-Un asumirá el poder sobre un país diezmado por el aislamiento y la hambruna, un país en el que uno de cada cuatro ciudadanos engrosa las filas del cuarto ejército más grande del mundo, uno de cada tres ha sido arrestado, uno de cada cuarenta está en la cárcel y uno de cada cinco reconoce que al menos uno de sus familiares directos ha muerto de hambre. Dentro de unos años, uno de mi generación dirigirá su país. Posiblemente, el primero de la quinta de los primeros ochenta en poseer bombas atómicas que nadie sabe a dónde apuntan ni cuándo van a caer.

La otra cara de la moneda tiene un rasgo más cercano y, quizás por ello, más repulsivo. Ya os lo conté hace años, en los albores de este blog. José Gómez Cansino, conocido como Aza en el mundillo pedófilo de Internet y condenado a treinta y un años y medio de cárcel, fue compañero de estudios en los Maristas de Ourense. Era un tipo normal, una de tantas caras a medio olvidar que habitan mi orla de COU. Poco después de esas fotos, marchó a Vigo a estudiar Biología y allí, engañó, golpeó y sodomizó a la fuerza y ante la cámara a dos niños de seis años, el hijo y el sobrino de su vecina de abajo. Se ganó fríamente su confianza ofreciéndose para darles clases particulares, a imitación del líder de su red de distribución de pornografía pedófila, Nanysex, que llegó a abrir un cibercafé y pretendía montar una guardería. A través de Internet, difundió su infame material y contactó con toda la red pederasta, asumiendo la tarea de especialista informático y haciéndose un nombre en el turbérrimo submundo de las parafilias aberrantes. Cuatro años después, al ser detenido por la policía en plena huída, negó haber hecho nada más que "jugar con ellos a introducirles el pene bajo el pañal" y no mostró el más mínimo arrepentimiento, ni siquiera cara a cara con sus víctimas. Se limitó a apartar la mirada ante los vídeos de sus violaciones difundidas por su red de miserables asaltacunas. Su abogado, José Manuel Orbán, alcanzó nuevas cotas en la indignidad de la profesión jurídica al alegar que los menores "aparecían en los vídeos sin exteriorizar molestia y con semblante sonriente". Su familia, abrumada por el horror y la vergüenza, cerró el bar en la popular Avenida Buenos Aires y huyó para no volver. Demasiada sordidez la que se esconde tras esta fachada creíble de tipo normal.


La vida de Kim Jong-Un, como es tradición entre los tiranos de la hermética Corea del Norte, siempre ha estado envuelta en silencios y medias verdades. No existe una foto actual, su edad varía según la oficialidad de las biografías que se consulten y poco se sabe de la persona que ocupa tal nombre y, desde hoy mismo, el cargo de sucesor del "Amado Líder", Kim Jong-Il. Muy a tono con un país grisáceo y esquilmado, regido con mano de hierro por el ejército y la familia Kim, que suma más de sesenta años en el poder. Se le estiman unos veinticinco años y, hasta ahora, su trayectoria había sido ensombrecida por la de sus dos hermanos mayores, pretendientes durante algún tiempo al título de delfín de la República Democrática Popular de Corea. Kim Jong-Nam, el mayor de los tres, asumió durante un tiempo el papel de hijo favorito del sátrapa. Sin embargo, su carrera se vio truncada por un escándalo mayúsculo: en 2001, fue sorprendido por la policía japonesa en el aeropuerto de Tokio con un pasaporte falso, en un vano intento de visitar Disneylandia. Su arresto y posterior expulsión a China supuso un trago demasiado embarazoso para Kim Jong-Il, que no dudó en apartarlo de su cargo de presidente de la Suprema Asamblea del Pueblo -rimbombante nombre para un remedo bufo de parlamento- y negarle sus favores.
Con el hijo mayor exiliado de incógnito en Macao, el segundo vástago, Kim Jong-Chul, parecía el mejor situado para hacerse con las riendas del exhausto país asiático, sobre todo después de la apoplejía sufrida por su padre este enero. Sin embargo, el achacoso dictador de sesenta y siete años no confía en Chul, cuarenta años menor que él, debido, según fuentes cercanas al "Bienamado Líder", a su carácter afeminado. El dictador, que también recibió el poder de manos de su padre en un extraño caso de nepotismo estalinista, ha preferido volcar sus esperanzas de perpetuar a su familia en el poder en su hijo menor, Un, que parece tener una personalidad muy similar a la de su padre. Cuando éste muera, Kim Jong-Un asumirá el poder sobre un país diezmado por el aislamiento y la hambruna, un país en el que uno de cada cuatro ciudadanos engrosa las filas del cuarto ejército más grande del mundo, uno de cada tres ha sido arrestado, uno de cada cuarenta está en la cárcel y uno de cada cinco reconoce que al menos uno de sus familiares directos ha muerto de hambre. Dentro de unos años, uno de mi generación dirigirá su país. Posiblemente, el primero de la quinta de los primeros ochenta en poseer bombas atómicas que nadie sabe a dónde apuntan ni cuándo van a caer.

La otra cara de la moneda tiene un rasgo más cercano y, quizás por ello, más repulsivo. Ya os lo conté hace años, en los albores de este blog. José Gómez Cansino, conocido como Aza en el mundillo pedófilo de Internet y condenado a treinta y un años y medio de cárcel, fue compañero de estudios en los Maristas de Ourense. Era un tipo normal, una de tantas caras a medio olvidar que habitan mi orla de COU. Poco después de esas fotos, marchó a Vigo a estudiar Biología y allí, engañó, golpeó y sodomizó a la fuerza y ante la cámara a dos niños de seis años, el hijo y el sobrino de su vecina de abajo. Se ganó fríamente su confianza ofreciéndose para darles clases particulares, a imitación del líder de su red de distribución de pornografía pedófila, Nanysex, que llegó a abrir un cibercafé y pretendía montar una guardería. A través de Internet, difundió su infame material y contactó con toda la red pederasta, asumiendo la tarea de especialista informático y haciéndose un nombre en el turbérrimo submundo de las parafilias aberrantes. Cuatro años después, al ser detenido por la policía en plena huída, negó haber hecho nada más que "jugar con ellos a introducirles el pene bajo el pañal" y no mostró el más mínimo arrepentimiento, ni siquiera cara a cara con sus víctimas. Se limitó a apartar la mirada ante los vídeos de sus violaciones difundidas por su red de miserables asaltacunas. Su abogado, José Manuel Orbán, alcanzó nuevas cotas en la indignidad de la profesión jurídica al alegar que los menores "aparecían en los vídeos sin exteriorizar molestia y con semblante sonriente". Su familia, abrumada por el horror y la vergüenza, cerró el bar en la popular Avenida Buenos Aires y huyó para no volver. Demasiada sordidez la que se esconde tras esta fachada creíble de tipo normal.

Pasados tres años desde su condena, mi antiguo compañero de estudios no sólo no se ha arrepentido todavía de sus crímenes, sino que disfruta de una desahogada vida como bibliotecario en el Centro Penitenciario de Valdemoro. Apartado del resto de internos, goza del privilegio de un ordenador portátil y acceso a toda clase de material. Hoy, la Sexta Noticias ha revelado que se le ha intervenido material pedófilo en su ordenador, su celda y en diversos escondrijos en la biblioteca, tanto fotografías impresas -fotos de bebés recortadas de revistas médicas- como CDs y hasta un módem inalámbrico para acceder a Internet. Cansino y otro preso, conocido como "el pedófilo del Raval", habían recopilado impunemente nuevo material deleznable para saciar sus bajos instintos pese a encontrarse en la cárcel. ¿Debería un pederasta confeso dirigir la biblioteca de un penal? ¿Qué clase de vigilancia penitenciaria permite que un criminal reincida sin necesidad de salir de la cárcel? Lo que merece, él y todos los de su calaña, es que les retiren el privilegio de aislamiento y los dejen a merced de los presos comunes. Quizás así se haga justicia. Me repugna la pena de muerte, pero ojalá él y todos los de su calaña amanecieran mañana ahorcados en sus propias celdas, para que nadie tenga que mancharse las manos limpiando su basura. Quizás así su familia y sus víctimas podrían volver a dormir tranquilas.

Uno se pasa la vida creyendo la vieja mentira dulce de ser el portador del futuro. De que su generación será la llamada a cambiar el mundo, la más auténtica, la más preparada, la definitiva. Parece ser, si algún veinteañero no lo remedia pronto, que será mejor para el futuro que nuestra quinta pase desapercibida. El horror nos es tan cercano como a todos los demás y, muerta la ingenuidad, sólo nos queda agarrarnos a la rebeldía y el asco.

Uno se pasa la vida creyendo la vieja mentira dulce de ser el portador del futuro. De que su generación será la llamada a cambiar el mundo, la más auténtica, la más preparada, la definitiva. Parece ser, si algún veinteañero no lo remedia pronto, que será mejor para el futuro que nuestra quinta pase desapercibida. El horror nos es tan cercano como a todos los demás y, muerta la ingenuidad, sólo nos queda agarrarnos a la rebeldía y el asco.

El próximo 7 de junio dejaré de votar. Ya os lo había avisado. No es que me sienta especial por tal motivo, dado que la mayoría de los "llamados a las urnas" deciden no participar, y más aún si la consulta proviene de la lejana Europa proveedora de invisibles subvenciones. Según las encuestas oficiales de la UE, un abrumador 55% de los ciudadanos europeos decidirá abstenerse el domingo que viene, una cifra que será algo más elevada en el Estado Español, donde hace cinco años un 54´6% pasó del Parlamento Europeo. Los sondeos gubernamentales indican que la participación no podrá alcanzar la cifra de los anteriores comicios, reduciéndose hasta en nueve puntos hasta el 35%. Significativo mutis mayoriario, ¿verdad?
Podría aducirse que tal resultado se debe al poco interés que el lejano Estrasburgo despierta en el votante patrio, pero no hay que olvidar que en elecciones generales la abstención alcanza cotas cercanas al 30%, es decir, la tercera opción tras las dos marcas del bipartidismo. Un 31% en 2000, 22% en las sonadas elecciones del 14-M y despuntando hasta el 24% el año pasado, la tercera cifra muy por delante de Izquierda Unida y avanzando. Uno de cada cuatro ciudadanos deciden no participar en la única parte del proceso ejecutivo que pasa por sus manos. Por pereza, por desidia, por cinismo, por rechazo general al sistema. En este caso, por desafección a una idea mercantilista de unidad europea, que sirve de escenario para vergonzosas votaciones como la de las 65 horas semanales de jornada laboral. La abstención es una minoría silenciosa pero presente, a la que me veo obligado a unirme. Descensado en mi lugar de origen, rehuso a participar en sus mecanismos de gobierno. El domingo 7 de junio, únase a ese cincuenta y pico por ciento de conciudadanos europeos y manténgase alejado del colegio electoral. Que jueguen otros a su juego trucado.
La Historia ha encontrado un lugar para nosotros. Nosotros, los que crecimos inoculados del cinismo del que no suele recibir alegrías, que lloramos con Julio Salinas y el codazo de Tassoti, que escondimos la cara en el colegio después de la final fallida de Atenas y nos acostumbramos a remar con rabia para morir en cuartos. Los más mayores del lugar se aferraban a Zarra y Marcelino. Nuestros padres rumiaban la nostalgia de doce goles contra una Malta que costaba encontrar en el mapa. Nuestra generación parecía condenada al agridulce fútbol del que ve la gloria pasar sin detenerse. Hasta que, el verano pasado, veintidós jugadores vestidos con la Roja nos enseñaron lo que era ganar.

Lo paladeamos con mesura, para no apurar demasiado rápido un trago inesperadamente dulce. Meses después, en un mes de mayo insospechado, la prudencia se transformó hasta cuatro veces en éxtasis. Un dos de mayo, seis goles heroicos daban la vuelta a un derby en el Bernabéu. El trece, cayó en Valencia la Copa con goleada ante un digno Athletic. Cuatro días después, Mallorca fue testigo del final matemático de una Liga ya sentenciada en Madrid. Ayer volvimos a formar parte de la historia. Parecía tan fácil en apenas diez minutos que tardamos otros ochenta en darnos cuenta de que estábamos al fin tocando el cielo. Desde Roma, desde Canaletas, desde el salón de casa todos fuimos testigos. Hoy, con la resaca de la triple corona, toca descubrir el placer de disfrutar bien acompañado de la lectura del Sport en una terraza del soleado Lavapiés, mientras los pájaros cantan a lo lejos, Madrid se pierde en sus trajines y Mayo aún promete algún dulce sobresalto. Muerta la incredulidad, todo es posible.

A veces, la gloria sabe esperar a los que de verdad la merecen.

Lo paladeamos con mesura, para no apurar demasiado rápido un trago inesperadamente dulce. Meses después, en un mes de mayo insospechado, la prudencia se transformó hasta cuatro veces en éxtasis. Un dos de mayo, seis goles heroicos daban la vuelta a un derby en el Bernabéu. El trece, cayó en Valencia la Copa con goleada ante un digno Athletic. Cuatro días después, Mallorca fue testigo del final matemático de una Liga ya sentenciada en Madrid. Ayer volvimos a formar parte de la historia. Parecía tan fácil en apenas diez minutos que tardamos otros ochenta en darnos cuenta de que estábamos al fin tocando el cielo. Desde Roma, desde Canaletas, desde el salón de casa todos fuimos testigos. Hoy, con la resaca de la triple corona, toca descubrir el placer de disfrutar bien acompañado de la lectura del Sport en una terraza del soleado Lavapiés, mientras los pájaros cantan a lo lejos, Madrid se pierde en sus trajines y Mayo aún promete algún dulce sobresalto. Muerta la incredulidad, todo es posible.

A veces, la gloria sabe esperar a los que de verdad la merecen.
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