Voltou coa marea



Dicíano esta mañá os xornais. Os mariñeiros e os voluntarios que participaron nas tarefas de limpeza da marea negra do Prestige sufren alteracións xenéticas e problemas pulmonares case oito anos despois do verquido. Os productos químicos que contiña o cru están danando a súa saúde, incrementando o risco de padecer cancro de pulmón e leucemia. De sete mil persoas que tomaron parte no estudio do Colexio de Médicos de EEUU, cincocentas una padecían afectacións no sistema respiratorio ou roturas cromosomáticas no seu ADN.

Agora lembro todas aquelas mentiras. Os pequenos fíos dos que falaba o sipaio aquil que agora quere mandar en Madrid tornáronse en 67.000 toneladas de petróleo na costa galega. O governo, tanto o de fóra como a súa sucursal en San Caetano, xurou e perxurou que todo estaba baixo control, aínda que o seu exército e os equipos de emerxencia non chegasen o Atlántico ata case un mes e medio despóis. Os primeiros en facerlle fronte o seu desastre foron os mariñeiros, seguidos de caseque 300.000 voluntarios de toda a Península que fixemos nosas tarefas pola que aturamos un governo. Moito antes de que os militares españois fixesen acto de presencia, chegou o exército belga, que quedou abraiado da escasa preocupación guvernamental pola marea negra. As labouras de limpeza e contención que tiñan que rematar en corenta e cinco días duraron máis de un ano, doce meses nos que non houbo peixe, marisco nin rianxo que levar as lonxas. 

Estoupou a carraxe en toda Galiza, e os políticos adicáronse a paliala metendo cartos nos fuciños da xente sen resolvelo problema de fondo. 415 millóns de euros que non resolveron nada e que non nos protexen dun novo Prestige, dun novo Mar Exeo, dun novo Casón, doutra desfeita propiciada pola codicia política e o desdén cara o noso povo. Agora, anos despois, comezamos a ver consecuencias. O xuízo aínda non comezou sequera, pero xa sabemos que ningún dos seus responsáveis pagará polos danos feitos. Os donos do lixo-barco, a sociedade pantasma anglo-suizo Crown Resources, unha pantalla da multinacional rusa Alpha Resources a que pertence o meirande criminal de traxe e gravata, Marc Rich, desapareceron sen dar explicacións nunha morea de avogados.

Dos responsables políticos, cabe destacar á comisaria europea de Transporte, Loyola de Palacio, culpable da inacción comunitaria contra os buques monocasco, quizáis porque o seu propio irmán traballada para a familia de armadores gregos Coluthros, armadores, mira ti por ónde, do propio Prestige. O conselleiro galego de Obra Pública, Xosé Cuiña, mao direita do daquela presidente, Manuel Fraga, lucrouse vendendo material de limpeza. O propio Fraga atopábase de cacería o día do afundimento do petroleiro, casualmente con Alfonso Cortina, xefe de Repsol, e Fernando Fernández Tapias, que posuía as empresas que cobraron da Xunta por limpar deficientemente á costa afectada, e o dono do Corte Inglés, Isidro Álvarez, que ameazou os meios con retirar a súa publicidade se daban cobertura á marea negra. Culpable tamén é o entón ministro de Obras Públicas, Francisco Álvarez Cascos, que, noutra casualidade, se atopaba na devandita cacería e ordeou alonxar o buque cando xa era demasiado tarde, contra o consello de todo o mundo, Jacques Costeau incluído.


Non  nos podemos esquecer do que era naquel tempo responsable de Interior e mao direita do presidente Aznar, Marianito "castrapeiro" Rajoy, que se encargou, xunto co Delegado do governo -máis extranxeiro ca nunca- na Galiza, Arsenio López de Mesa, de enganar a poboación día si, día tamén, para tentar tapar a súa desfeita. Todos eles merecen ir de cabeza á cadea, por beneficiarse da traxedia, por non faceren nada, por perpetuar o seu noxento colonialismo señorito e costumbrista e por roubar o pan e a saúde ó noso país e os seus mariñeiros. Mais, desengánense, coma sucederá tamén co verquido no Golfo de México, o seu diñeiro pasará por enriba de calquer intento de facer xustiza.

El general es un degenerado


Dejadme empezar con un tópico. Se suele decir que en la vida, uno termina llevándose lo que se merece. La prensa boliviana de esta mañana lo ratifica. El exdictador Juan Pereda Asbún, que gobernó con mano de hierro el país andino en el breve verano de 1978, ha sido enviado por orden judicial a un centro de rehabilitación para drogadictos tras ser arrestado en plena calle enseñándole las vergüenzas a un grupo de colegialas. Este general retirado -por la fuerza de las mismas armas que le auparon al poder- no se contentó con exhibir sus arrugadas 79 primaveras a las pobres niñas, sino que también intentó embaucar a una para llevársela en su coche, en el que guardaba un buen alijo de cocaína. En comisaría, se demostró que la mayoría de la droga la llevaba puesta. El que en un tiempo -breve- fue el jefe de Estado del país sólo acertó a negar lo evidente, tanto respecto a las drogas como al acoso y a añadir un sonrojante: "las muchachas son coquetas". Este es el final de la historia del "presidente de facto" Pereda.


Juanito Pereda vió la primera luz dos meses después de la proclamación de la II República en España, de la que su padre, terrateniente castellano instalado en las ricas minas de La Paz, siempre abominó. Al poco de dejar de vestir pantalones cortos, ingresó en el ejército boliviano. Unos cuantos años después, consiguió graduarse como subteniente de aviación y se pudo permitir el lujo, negado al resto de la población por pobreza o etnia, de completar sus estudios en Italia y Argentina. En las fuerzas armadas fue medrando en la convulsa Bolivia, gobernada por militares indirectamente desde 1935 y a cara descubierta desde 1964 hasta 1982, hasta alcanzar el grado de comandante en jefe de la Fuerza Aérea. Desde este cargo, al que llegó gracias al golpe de estado del general René Barrientos, llegó a alcanzar la confianza del que sería su mentor, Hugo Bánzer. Ambos se hicieron con el apoyo de los fascistas del Movimiento Nacional y las Falanges Socialistas, con los que, sumados al ejército voraz del general Barrientos, combatieron a la guerrilla comandada por Ernesto "Che" Guevara y formaron escuadrones de la muerte para asesinar a cerca de 8.000 opositores, mineros e indígenas. Sobre sus conciencias pesa la Masacre de San Juan, en la que se ensañaron con una población minera desarmada, aniquilando a hombres, mujeres y niños, como describe Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina. Incluso llegar a convertir al criminal nazi fugado Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, en delegado de marina de un país sin mar para evitar que fuese juzgado.


No contentos con el nivel de barbarie, Bánzer y su secuaz Juanito Pereda arreglaron una muerte conveniente para Barrientos, haciéndole desaparecer en circunstancias poco claras mientras viajaba en su helicóptero. De este modo, su padrino llegó al poder y nuestro protagonista fue nombrado ministro del Interior, colaborando activamente en la implantación del Plan Cóndor en su país, al que empobrecieron vendiendo sus minas a precio de saldo a compañías inglesas, australianas y yanquis que obtenían carta blanca para reinventar el esclavismo. Dinerito de la CIA y carniceros locales. Pasó igual en Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Brasil durante más de dos décadas. Las cosas marchaban bien para el "presidente de facto" y su delfín, hasta que Bánzer decidió darle una oportunidad al muchacho y postularle como candidato en unas elecciones presidenciales medianamente legítimas. 
 

Pereda vio aparecer una oportunidad única y decidió no dejarla escapar. Fundó el Partido Único Nacional -nadie le explicó demasiado bien que era eso de unas elecciones libres- y urdió tamaño fraude electoral que su mentor se vio forzado a anular los comicios por el bochornoso espectáculo ofrecido. Nuestro entrañable Juanito no podía creerlo. Su padrino, su maestro en las artes oscuras de la tiranía, le había abandonado. Se había ablandado, imaginó, ante las protestas internacionales y las manifestaciones populares. Y Pereda tenía un remedio perfecto para calmar las protestas. El 21 de julio de 1978 volvió las armas contra su creador, apoyado por los falangistas y el sector más radical de la armada boliviana. El sexagésimo sexto presidente -de facto- de Bolivia fue tan breve como su inteligencia y no duró más de cuatro meses. Otro general, Padilla Arancibia, derrocó su gobierno, al que los historiadores definieron como endeble y violento, para iniciar una complicada transición democrática que llevó al restablecimiento de la República en 1982. De su tarea de gobierno sólo cabe destacar una iniciativa, la de atraer importantes narcotraficantes a las plantaciones tradicionales de coca, fundando uno de los primeros narco-estados de la historia.


Derrocado por sus hombres y abandonado por la aristocracia criolla, se refugió en Santa Cruz de la Sierra,  como buen hijo de indiano, para llevar una vida cómoda, aunque llena de zonas oscuras. Y de Juanito Pereda poco se supo hasta ayer mismo, salvo sus vínculos con el narcotráfico, como negociante y como consumidor, y su gusto por las jovencitas. Todo ello ha quedado expuesto bajo la luz pública. Uno de los más execrables asesinos que ha gobernado Sudamérica nunca ha sido juzgado por sus crímenes contra su pueblo, sino que lo será por su tendencia a exhibir sus genitales bajo los efectos de la coca. Llamadlo justicia poética, karma o enorme ironía. Llamadlo como queráis, a mí me gusta. Mejor eso que verles languidecer cómodamente en sus camas, acostados sobre miles de cadáveres sin rostro.

L'esprit de l'escalier



El otro día me preguntó un imbécil: "¿Tú crees que los criminales son de derechas o de izquierdas?". En el momento no se me ocurrió nada ingenioso que contestar, así que, dejándome llevar por el viejo tópico, respondí preguntándole, desde su propia experiencia, por la orientación política de los idiotas. La réplica idónea a semejante cuestión me llegó mucho más tarde, como casi siempre, gracias a algo que los galos llaman l'esprit de l'escalier. Los grandes ladrones, los asesinos más sanguinarios, los estafadores sin escrúpulos, los traficantes de género múltiple y los depravados más recalcitrantes, hay que buscarlos muy arriba. Dirigen multinacionales, grandes despachos de abogados, archidiócesis, bancos, lobbys de presión, partidos políticos, escuadrones de mercenarios y medios de comunicación de masas. Ellos ya tienen el poder y de atribuirles una ideología, me niego a otorgarles el digno anarquismo de los corsarios. Ellos están atrincherados en sus privilegios con tanta fuerza que da incluso rubor llamarles conservadores. Yo creo que más que absolutistas, son feudales. Decidan ustedes mismos si eso es izquierda, derecha o cualquier otra etiqueta de moda.


Nómadas


En pleno siglo XXI, es complicado imaginar que existan todavía maneras de vivir ajenas al modo occidental y la civilización basada en sueldos mensuales, facturas, leyes, iglesias, webs porno, hipermercados y escuelas. Más todavía si descendemos a principios tan básicos en nuestra sociedad como el hecho de construir vivienda permanente y establecerse. El sedentarismo, dicen los manuales de historia, dio al hombre espacio y tiempo suficientes para poder prosperar y distinguirse definitivamente del resto de las fieras. Sin embargo, el hombre se las ha apañado desde el inicio de los tiempos para contradecirse, para disentir del camino que él mismo ha trazado. Incluso del ritmo supuestamente evolutivo de su historia, del taparrabos al traje, del mamut a la comida rápida y de los ancianos de la tribu a la wikipedia. De este modo, venciendo su natural tendencia a erradicar lo diferente y contra todo pronóstico, el hombre continúa siendo nómada. Y no solamente en lo profundo de la selva tropical, sino en la mismísima Europa.



Automáticamente, hablar de pueblos errantes en el viejo continente trae a la mente dos ejemplos: judíos y romaníes. En la actualidad, ambos son pueblos asentados, en menor medida en lo que se refiere a los gitanos, por su condición de persona non grata en muchos países mediterráneos y su secular arraigo en la periferia urbana. Pero, escarbando un poco, es posible descubrir incluso en el mismo territorio de la Unión pueblos nómadas que hacen uso de las ventajas del Espacio Schengen sin necesidad de pasaporte. Lo que la sociología llama etnias peripatéticas persiste hoy día en las mismas narices de la burocrática y aseada Bruselas. Sintis en Alemania, romas en el sur de Europa, Reino Unido e incluso Finlandia, tártaros en Rusia, cosacos en Ucrania, reisendes en Noruega, yeniches en Baviera, Suiza y Austria, mercheros o quinquis en España. Todos ellos nómadas, todos ellos fuera de nuestro adorado progreso. Uno de los ejemplos más genuinos de lo que supone este fenómeno de anacronismo social son los pavee, también conocidos como irlandeses errantes o pueblo viajero. 


Trescientos mil de ellos continúan recorriendo los caminos en Éire, Gales, Inglaterra e incluso EEUU y Canadá, llegados desde Galway hasta ultramar. Nadie conoce el origen de su peregrinación a ninguna parte, ni el significado de su idioma, el shelta, llamado gammon en gaélico y sencillamente the cant -la jerga- para los anglófonos. Los libros consideran muy probable que provengan de campesinos irlandeses desposeídos de sus tierras tras la invasión inglesa de la Isla y su colonización a base de importar labriegos sajones. Algunos acusan al propio Oliver Cromwell de dejarles en la cuneta en el siglo XVII, aunque su lengua ininteligible ya existiese cuatrocientos años antes. Desde entonces, estos hombres itinerantes vagan en busca de fortuna, viviendo, como muchos otros nómadas en todo el mundo, del comercio de chatarra, la artesanía y el cuidado de los animales que les acompañan. Del mismo modo, la marginación por parte del mundo avanzado les afecta aún a día de hoy. Todavía existen en algunas localidades carteles que les prohíben el acceso a determinados lugares, cuando no a pueblos enteros. 


Pero, pese a los escasos cambios en la tolerancia de los sedentarios hacia sus costumbres, los pavee continúan viviendo en el camino, luchando contra la exclusión, la falta de recursos y una alarmantemente escasa esperanza de vida. Mientras un europeo medio tiene por delante unas siete u ocho décadas, la mitad de los irlandeses errantes no supera los 39 años. Y aún así, siguen adelante, como el resto de pueblos nómadas, tras casi dos milenios de historia dándoles la espalda. Leyendo nuestros periódicos y recapitulando las barbaridades con las que hemos llenado nuestros libros de historia, cuesta aceptar que son ellos los salvajes. Quién sabe, puede que la próxima crisis nos lleve a todos a retomar la senda ancestral que lleva al perpetuo viaje hacia Poniente. Siguiendo el camino del sol hacia tierras más verdes, desafiando la línea del horizonte y dejando atrás los castillos de humo y asfalto.

Inesperada mañá de agosto con sorriso de fondo


Esta xa non é a cidade que eu coñecín. Non mudaron as rúas, nin os xestos metálicos nin sequera o ateigado bulir do tráfico. Pero iste vrán semella que todo o meu redor decidiu mudar de golpe sen que ninguén máis se decate. Madrid ergueuse hoxe engalanada co arrecendo da herba recén cortada e a pedra húmida pola choiva. A paisaxe da tristura tórnase ós meus ollos nun chiste privado, nun regalo de cumpleanos adiantado un mes. Diredes que é cousa miña, que levo tempo demáis nesta capital de ningures tanteimuda en se vestir de cemento e perdín o pouco sentidiño que me quedaba. Pode ser. O que eu sei de certo é que iste non é o meu acostumado mes de agosto, pola choiva que venceu o calor sahariano, por voltar a escoitar o balbordo dos paxaros vencendo ó do tráfico, pola sinxela ledicia que percorre de súpeto as rúas sen motivo aparente, por non me sentir só nin nas noites máis baleiras, polos fins de semana con ameixas, gnocchis e viño branco sen saír da casa e o arrecendo engaiolante duns rizos achinados. Outro vrán foi posible, e foino hoxe pola mañá. Morta á rutina, todo semella novo, todo está aínda por facer. Esta xa non é a cidade que eu coñecín. Agora, xa é a cidade que, ó mencer, garda unha sorriso segredo para os seus hóspedes inesperados.


Radiohead - No Surprises

La guerra de nunca acabar


Esta madrugada, una declaración del presidente de EEUU, Barack Obama, ha llamado poderosamente mi atención. "La guerra en Irak ha terminado"-afirmó- "nos retiraremos el 31 de agosto, como estaba previsto". A cualquiera hubiese pasado desapercibida semejante reiteración rutinaria del calendario de salida de las tropas de ocupación estadounidenses, salvo por un detalle. ¿La guerra de Irak ha terminado? ¿Estamos seguros de ello? Para los que estuvimos indirectamente implicados en el conflicto, como manifestante antibelicista en las calles de un país ocupante, esta sencilla frase de Obama remueve algo doloroso en nuestro fuero interno. Aquellos días en los que medio país se echó a la calle contra el "trío de las Azores", en los que aprendimos a situar en el mapa la resistencia insurgente de Fallujah y la barbarie de Abu Ghraib, vuelven siete años después a recordarnos nuestra derrota. La guerra siguió adelante, sin que pudiésemos detenerla, llevándose por delante la vida de un millón de irakíes y cuatro mil soldados yankis. Ahora, Obama dice que todo ha terminado, aunque, tras la retirada, más de 50.000 efectivos de su ejército permanecerán en el país.



Algunos habíamos asumido que la invasión de Irak comenzó el 20 de marzo de 2003, pocos días después de que medio mundo saliese a manifestarse en contra, y continuaba desde entonces, pero habíamos dado por buena la afirmación del exalmirante en jefe, George Bush, cuando anunció el 1 de mayo de ese mismo año que su misión había sido cumplida. Pese a la resistencia civil a las tropas ocupantes, asumimos la derrota del pez chico ante la enorme maquinaria bélica de los renegados de la ONU. Se celebraron elecciones, las minorías retomaron ciertas cotas de poder, se aprobó una constitución, Saddam fue ahorcado por el nuevo gobierno y cada día se volvió cotidiano contar las bajas de la guerra civil soterrada en Mesopotamia. Todo ello bajo la tutela rifle en mano de los "invitados occidentales". 



Ahora, siete años, cuatro meses y catorce días después de la invasión, Obama anuncia desde su impostada superioridad moral que todo acabó para poder centrar su dinero y sus marines en ahogar Afganistán en más y más campos de amapolas. Justo en uno de los momentos más delicados del nuevo régimen irakí, incapaz desde hace cinco meses de decidir una coalición de gobierno, y en uno de las etapas más cruciales de la ofensiva de la OTAN contra los talibán, diezmados cada día por la nueva deserción de un aliado sobre el terreno -ayer fueron los holandeses, algún día se retirarán los "soldados de paz" enviados por Zapatero. Precisamente la misma semana en la que la justicia española ha decidido volver a juzgar a los soldados yankis culpables de asesinar a José Couso por hacer su trabajo. Todo cuadra visto desde el prisma más macabro, pero no consigo entender su sentido. ¿Es que ya terminaron de robar todo el petróleo? ¿O es que los 736.000 millones de dólares que ha costado la "operación" ya han sido suficientes? 

 
Pasan los años, nos volvemos más cínicos, pero no olvidaremos jamás quién fue quién aquella primavera de 2003, quién juró que existían armas de destrucción masiva, quién contribuyó con su silencio y quién hizo lo que pudo por detener la barbarie. Por obra y gracia de Obama, magnánimo y contradictorio Premio Nobel de la Paz, tenemos permiso para lamer ya nuestras heridas en pacífica postguerra.

Swan song


No quiero escribir, pero lo estoy haciendo. No hay otra cosa que pueda hacer para acallar el grito sordo, mudo y ciego que trepa por mi garganta e incendia mis pulmones. Pienso en la ausencia, pero no quiero cederle tinta. Prefiero hablar del pasado, pero tampoco voy a hacerlo. No aquí. Cualquier recuerdo a medias es más valioso si evito exponerlo a miradas ajenas, porque para compartir las nostalgias, las preguntas y las heridas abiertas están ya los incondicionales. Todos los demás no sabéis nada, y es mejor así. La gente sigue paseando por la calle, el mundo gira en su cansino malvivir y, cada día, hay hombres que se enamoran de una desconocida en un vagón cualquiera del metro. Puede que, en memoria del hermano que marchó, esta vez se atrevan a vivir sin miedo. Por su recuerdo, llenaré un vaso; en su honor, recorreremos los caminos que faltan. Y aún así, nunca será suficiente.

Como aquí, en ninguna parte


Otro de los mitos fundacionales del españolismo populachero de barra de bar, el de la felicidad suprema que se respira en Ehpaña debido al estilo de vida desenfadado, las costumbres hedonistas y la indiscutible calidad de su geografía y gastronomía, se viene abajo. Un estudio del Instituto Gallup -el CIS del primer mundo- asegura que el batiburrillo ibérico es uno de los países más tristes del continente y, a escala global, ocupa un discreto puesto 43, muy por debajo de lo que se cuchichea en los taxis. Justo detrás de Honduras, un país mucho más pobre, enclavado una región altamente deprimida por la falta de recursos y la guerra civil, donde hace apenas un año hablábamos de un golpe de estado y donde todavía hoy se vive en un clima de polarización extrema. Y además, les metimos dos a cero en el Mundial. Pero ni la Copa del Mundo de fútbol ni los triunfos de Rafa Nadal, ni siquiera las indiscutibles cañas y tapas, pueden subir la moral al nivel de otros como Malta, Belice, Guatemala, Kuwait, Turkmenistán, Israel o los Emiratos Árabes, dictaduras algunos, sometidos a la guerra sucia otros, pero todos ellos más felices que aquí.


Lideran la tabla de la alegría, por este orden, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia y Holanda. Sí, Holanda. Países con un fuerte componente social, con buenos niveles económicos, educativos y una repulsión histórica a cualquier forma de totalitarismo. Países europeos, como éste, pero sin parches, corruptelas, fascistadas, chapuzas y demás especialidades de la gobernancia local y sus secuaces. En aquella Europa, la precariedad laboral, el sectarismo y la represión se ven de lejos, justo cuando aquí empiezan a cotidianos. Muere el mito de la falta de luz, las elevadas tasas de suicidio y la sempiterna frialdad nórdica. Allá arriba, con el frío que hace, la están gozando. Y todas nuestras playas, nuestros bares, chistes, fiestas populares y ganas de juerga no consiguen equipararnos. Será el horizonte de no prosperidad que se nos presenta, con su anodino panorama político, económico, laboral y social donde todos se forran menos tú. Y tus vecinos. Y casi toda la gente que te cruzas en la calle y que tampoco ve un duro ni motivo para celebrarlo. Pintan bastos y la furia roja se viene abajo. A tono con la liquidez de nuestras cuentas, la duración de los contratos y la credibilidad de los políticos. 

Mystical machine gun


Madrid, venres tarde. A calor desfai o asfalto e enche de desacougo e imaxes tolas ás cabezas requentadas.  Tolemia inducida polo clima pseudomediterráneo. No meu recuncho, centos de papeis pendurados na parede chaman a miña atención sen ofrecer ningunha resposta. É moi cedo aínda para que se nos derritan os miolos, mais, visto o ritmo abafante o que avanza o vrán, axiña comezaremos a delirar nas beirarrúas e nos tellados. Seguirei entón o consello e sairei á espreita da luz, disposto a procurar calquer reflexo que me encha as retinas. Ide pola sombriña, meus!

Voltando do lecer


Escapé a toda prisa y estoy volviendo poco a poco. La nocturnidad me acoge como siempre, con la ceja erguida en señal de desafío y las ojeras rehaciendo su surco. Pasaron días de mejor paisaje, color más saludable y compañía esperada. Pero pasaron ya y ahora toca seguir dibujando castillos en el aire, construyendo entre inspiración y espiración un mensaje que no se pierda en el éter sonoro. Los otros elementos me acompañan en la lejanía, en la piedra que toma forma del mar y el fuego que abrasa desde lo alto. Empieza, un año más, otro verano en la concrete jungle. Y en cuanto termine, puede que paseemos por Berlín.

La cumbre del desgobierno



Este fin de semana, los jefes de Estado y Gobierno, sus ministros de economía y finanzas y los gobernadores de los bancos centrales de las principales veinte economías del mundo se reunieron en Toronto. Analizando los resultados de tan sonada cumbre, o más bien la carencia de ellos, da la sensación de que esos líderes mundiales cada vez mandan menos. Pesa en la retina el poder de Obama desteñido por guerras y petróleo, las fallidas campañas de imagen de Sarkozy, la bisoñez de Cameron o los esfuerzos de Merkel y Zapatero por complacer a los mercados en lugar de a su propia opinión pública. Llegaron a Canadá con la intención de consensuar un camino que marque la salida de la crisis y, como tantas otras veces, sólo han cosechado promesas vagas y compromisos no vinculantes.


La tasa a las transacciones financieras, crucial para evitar que sean los ciudadanos los que paguen los altibajos de la economía bursátil y especulativa, no ha pasado de una mera anécdota sin repercusión. ¿Recuerdan la tasa Tobin? ¿Y la refundación del capitalismo? No ha habido un consenso sobre la viabilidad de la recuperación, ni sobre las medidas para encarrilarla, mi sobre las restricciones a la usura bancaria y la ludopatía del capital de riesgo, ni siquiera para cuestiones cosméticas como la reducción del déficit y la deuda pública de sus miembros. Sólo han llegado a una conclusión, hay que trasladar la crisis a nuestros bolsillos a base de recortes sociales y subidas de impuestos, pero lo justo para que podamos seguir gastándonos el dinero en engrasar la maquinaria de su sistema.



¿Quién reina entonces sobre este vacío de poder? El caos, y en el caos, cómo no, mandan hombres sin escrúpulos. Banqueros, inversores, agentes de rating financiero, especuladores, grandes fortunas, macrocompañías y grupos de presión campan a sus anchas y, por desgracia, no es sólo una metáfora. En 2008, su avaricia se nutrió de un sistema imperfecto, exigiendo estados cada vez más pequeños y gobiernos menos intervencionistas para llenarse los bolsillos sin impedimientos. Jugaron con el sistema hasta romperlo. Cuando asomó los dientes la amenaza de la recesión económica, corrieron asustados a las faldas de esos mismos estados para reclamar que financiasen un rescate inmerecido que no tardaron en concederles. Ahí estuvo el gran error.


En el momento en que nuestros gobiernos les alimentaron con dinero público, los pesos pesados de la economía se volvieron voraces. Les dejamos probar nuestra sangre y ahora quieren más. Para ello, juegan a lanzar bulos desde la prensa para hacer temblar a los mercados día sí y día también, tomando las finanzas públicas como rehenes para conseguir más. Una caída del 5% en Wall Street equivale al recorte de los subsidios por desempleo. Una bajada en la calificación de la deuda española o griega supone una subida de los impuestos que afectan a los artículos de primera necesidad. Un comentario destemplado de un economista iluminado -¿quién coño es Nouriel Roubini y quién le eligió sumo sacerdote de la crisis?- puede suponer un cambio de gobierno o un paso más en la demolición del estado del bienestar.


Hemos visto ya muchos avatares tras la caída del Muro de Berlín. De un mundo bipolar, pasamos a un escenario en el que EEUU parecía la única referencia. Tras la caída de sus torres gemelas y los consiguientes fracasos militares en Irak y Afganistán, emergió una efímera sociedad internacional multipolar, vehiculada a través de la ONU, la OTAN y el G-20. Este pinturero modelo multicolor ha terminado por revelarse como el mascarón de proa de un orden fuertemente centralizado en torno al dinero, es decir, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio.



Ellos son los que ordenan el expolio de las finanzas públicas y el predominio de un sistema económico que ya no se basa en lo que se produce o lo que fabrica, sino en un negocio ficticio controlado muy lejos de la soberanía popular. Ellos son los que mandan a las hordas policiales a aplacar a los críticos, dando alas a los más radicales, esos que quedan tan bien en la foto cascando el escaparate de un Zara o un Santander cualquiera mientras, fuera de cámara, otros seis centenares de manifestantes pacíficos son detenidos y apaleados por el mero delito de oponerse. Ellos manejan los medios que publican esa foto sin explicar que romper esos escaparates no sólo es un acto de vandalismo descerebrado, sino que sirve para señalar quién se beneficia cuando nuestros líderes vuelven con las manos vacías de uno de esos fotogénicos encuentros de alto nivel.

Traficando con verdades

 

Corren malos tiempos para los medios de comunicación, no es ninguna novedad. La concentración de grupos de prensa y su alineamiento con determinados intereses está teniendo efecto tanto en la profesión como en la opinión pública, si es que todavía existe algo público en estos días. El problema del periodismo no empieza en la base, sino en las altuas de los despachos de la gran empresa. Grupos de comunicación cada vez más grandes aprovechan medios cada vez más universales e inmediatos para difundir información sesgada y de escasa calidad. Sus conglomerados empresariales abarcan demasiados intereses para prestar atención a cualquier fin social de la comunicación, centrándose en lo único que saben hacer bien, generar beneficios. Se comercializan noticias sensacionalistas que atraigan más público, se pone el acento en la presentación más que en el contenido y se resta valor al trabajo periodístico. ¿Cómo? Ofreciendo condiciones laborales miserables a los profesionales mejor formados y primando a aquellos que ponen precio a su ética para defender intereses espúreos. Una generación entera de periodistas que hablan tres o cuatro idiomas con fluidez, que han destacado en sus carreras y postgrados y que se han sacrificado para adquirir experiencia se encuentra en su mayoría en el paro. 


Los más afortunados, por decir algo, se conforman con cobrar salarios miserables en medios en los que una turba de directivos, de esos que nadie sabe qué aportan o para qué sirven, decide sin ningún criterio cuál es el interés general. Esos traficantes de medias verdades que dirigen y coordinan nuestros medios son los responsables de que, en la época de mayor avance cultural y mayor libertad personal de nuestra civilización, nuestros medios hayan decidido imponer la mediocre telebasura. Sus estrategias económicas que sirven para vender armas o refrescos en serie están haciendo imposible el derecho a informar. Pero tranquilos, que esto no saldrá en ninguna de sus portadas, ni en la ultraderecha rampante ni en los inexistentes medios críticos. Han conseguido, de una vez y por todas, convertir al mensajero en cómplice de la imbecílidad a gran escala. No compren el periódico, el periódico está comprado. Pero mejor que se lo explique alguien que sabe de lo que habla.

Xustiza caducada

Trinta e oito anos despois, o governo británico recoñeceu o asasinato de catorce persoas desarmadas que se manifestaban a prol dos dereitos civís no Norte ocupado de Irlanda. Foi o chamado "Bloody Sunday", negado durante tres décadas polo exército da raiña Isabel, que, tal e como desvelou o informe guvernamental presentado hoxe polo seu chanceler, David Cameron. Mais o devandito estudio rexeita de plano a existencia dunha conspiración comandada dende o mesmo Westmister, descargando a responsabilidade da matanza nos soldados sen aterse a quen ós mandou abrir fogo.


Os paracaidistas ingleses recibiron á orde do seu superior, o coronel Wilford, mais esta investigación afirma que a decisión última de disparar contra un milleiro de civís sen mediar provocación correu única e exclusivamente a cargo del, sen que a RAF, o Alto Mando ou o daquela premier Edward Heath. Londres pide perdón mais non fai xustiza histórica. Négase a recoñecer a estratexia de tensión levada a cabo polo aínda Imperio, parcialmente desveleda na desclasificación de arquivos segredos do MI-5 en 2003, que debuxaban os plans de ocupación e segregación política no Ulster dende 1968 ata 1991.


Fai 38 anos, alguén en Downing Street diu orde ós paras involucrados na masacre de mentiren ó unísono e xurar ante tribunal que foron os manifestantes os que dispararon primeiro. Xamais puideron atopar unha sóa arma entre os feridos e os cadáveres. O rexeitamento da súa responsabilidade niste crime ergueu a todo o povo irlandés e supuxo o recrudecemento da guerra civil no Úlster. Os catorce mártires do barrio de Bogside, no Derry ceibe, foron os primerios dunha longa serie que conta ata tres mil falecidos. A causa dunha mentira infame, comezou unha espiral de carraxe que levou ós anos de chumbo do IRA e os paramilitares unionistas. 


Trinta e oito anos despois, minten de novo. Como o fará a comisión israelí que investiga o abordaxe da flota contra o bloqueo de Gaza. Coma cando á queima do Reichstag no Berlín fascista de 1933. Como o fixeron os policías españois que torturaron e soterraron en cal viva a Lasa e Zabala ou os asasinos de Moncho Reboiras, Patrice Lubumba, Anna Politkóvskaya e Letelier. A mentira inflama á violencia e pregoa á morte coma única consecuencia. Pero seguen sen comprendelo.



O Reino Unido xa pedíu perdón. Agora xa só queda que se vaian de Irlanda para non voltar.



Saoirse!

Waiting for the sun


Cuando ya parecía imposible, el cielo ha vuelto a abrirse para que llueva toda la tarde. Y, como uno es un hijo pródigo pero orgulloso de la anfibia Galiza, los pies me han llevado solos a una jovial peregrinación de charco en charco sin percatarse de la desnudez parcial de mis chanclas de playa. Sí, ayer fue un día de esos en los que vago por las aceras para no estar en ninguna parte. Lo siento, el clima y yo nos hemos reunido en mi despacho al aire libre y no estoy para minucias. Desde que me exilié en tierra seca, aprovecho estos paréntesis torrenciales para recargar el fusil de repetición. Bajo el aguacero, con ruido atronando las orejas y goteras despeñándose por mi barbilla, el tiempo se detiene y el monólogo interior fluye más despacio, dando rodeos para eludir las acostumbradas espirales descendentes. Pronto escampará y tendré que aferrarme a este recuerdo hasta que, probablemente ya en pleno otoño, vuelva la lluvia a despejar mis nubarrones. Mientras tanto, espero al sol mezclando hielo y fruta para endulzar despertares a medias. No sé si lo sabeis pero, por mucho que llueva, hoy no es un día gris como ayer.



the doors - waiting for the sun

Esos sucios terroristas atrincherados en la Bolsa...




He perdido la fe en los hombrecillos que salen en mi televisión. Sus pantallas hablan de un mundo que no es reconocible a pie de calle, una esfera irreal en la que se forman burbujas de activos, se paga con dinero que nadie llega nunca a tocar y términos como ajuste, recorte o austeridad enmascaran el cuatrerismo navajero de los especuladores, corporaciones y fondos de inversión. Los pescadores revuelven el río lanzando cartuchos de dinamita que impactan en la gran pantalla que ocupa nuestro salón. Nosotros, pobres pescaditos griegos, ibéricos o húngaros, flotamos aturdidos en la superficie a la espera de ser los próximos incautos que caen en las redes.


El sector financiero, las grandes corporaciones y la clase política desarrollan día a día una guerra de guerrillas contra aquello que se interpone en su camino al máximo beneficio: nosotros, esos ciudadanos adocenados que, según los gurús del gran negocio, impedimos el crecimiento a base de no querer desprendernos de lujos superfluos como la dignidad laboral, la sanidad pública o los subsidios sociales. No hablan de quién condujo a quién a la actual crisis, sólo de quién tiene que pagar los platos rotos. Y no serán ellos, váyanse haciendo a la idea.

 
Por eso, no saldrán adelante las tasas a los negocios financieros que recaudarían suficiente para rescatar cien veces nuestras economías -por no hablar de resolver el hambre en el mundo, que se haría realidad apenas con la décima parte- ni tampoco cambiarán las reglas del juego para evitar que los mercados somentan a los países a un proceso incontrolado de enriquecimiento y pobreza. La lucha del mundo financiero contra los derechos sociales ganados con sangre y fuego durante la Revolución Rusa -hablo de las vacaciones pagadas y la jornada laboral de 8 horas, no de otorgar el poder a los sóviets- es su lucha por enirquecerse sin reparos morales ni incidios de saciedad. Su expolio sólo merece un nombre: terrorismo. Quien lo ponga en duda, debería saber la cantidad de dinero que gana Israel manteniendo Gaza bloqueada y aislada del mundo o las primas que se reparten las mismas empresas avariciosas que provocan que a usted, compañero pringao, le recorten el sueldo, le suban los impuestos y le exijan que ponga buena cara. Vaya usted a la huelga, señor currante, nada va a cambiar.


Ahora, sus medios dóciles -esos que no señalan culpables y esconden deliberadamente el rastro del dinero- han iniciado una nueva yihad liberalizante. Su plan, como una intervención militar, sigue una estrategia de oleadas. La primera incluye un bombardeo masivo de malas noticias y peores perspectivas políticas y económicas. Con la población introducida contra su voluntad en una crisis repentina, los medios abren el grifo de la intoxicación y generan una ola contagiosa de pesimismo. Por último, cuando parece que nada más puede apretarnos aún más las tuercas, es cuando lanzan su golpe. Sumidos en trance, todos los canales entonan el mantra de la salvación universal: abaratar el despido creará más puestos de trabajo. No sólo son terroristas, sino que, además, nos han tomado por gilipollas.

Retrato coral del colaboracionismo

 

Habitualmente, tras un atentado, se produce una cadena de reacciones que retrata las diferentes sensibilidades e intereses de políticos, prensa y demás sectores sociales. En este país, es habitual criticar la tibieza ante el terrorista y despreciar la equidistancia de políticos y medios, fundamentalmente cuando se trata de ETA y de manera un poco menos rotunda en cuando se refiere a agresiones xenófobas, fascistas o de violencia de Estado. Desde determinadas posiciones, son habituales las críticas a los cargos abertzales por su habitual "lamento sin condena" de los atentados.



Sin embargo, cuando Israel aborda a sangre y fuego un grupo de barcos cargados de ayuda humanitaria, las condenas rotundas desaparecen como por ensalmo. Para determinados gobiernos y medios de comunicación, un estado que ha construído secretamente la bomba atómica merece la presunción de inocencia. No, no nos referimos a Irán. Tanto da que invada aguas internacionales para practicar el filibusterismo sobre activistas desarmados, o que repela sus palos y tirachinas con fuego de ametralladora y que mate a tiros a diez personas inocentes. Personas asesinadas y tildadas de terroristas por intentar llevar ayuda humanitaria a un lugar bloqueado ilegalmente desde hace tres años por Tel Aviv, en una maniobra pensada para ejercer un genocidio silencioso sobre Gaza, privando de sustento, medicinas e incluso de agua a su población.



Cuando la noticia salta a las portadas y comienzan las declaraciones de repulsa, Israel inventa nuevas cotas de ignominia al calificar a los activistas de la flota humanitaria de secuaces de Al Qaeda. Su ejército inventa unos videos en los que se pueden ver las armas de los propalestinos, apenas unos tirachinas y bastones improvisados con el menaje de los barcos. Su embajador en España, el goebbeliano Raphael Schultz, niega que haya desproporción de fuerzas y asegura que los soldados actuaron en defensa propia. Toda la maquinaria del fundamentalismo sionista se pone en marcha para justificar la piratería y el asesinato a sangre fría de civiles desarmados. Nada nuevo. Nadie se sorprende ya de los exabruptos de un gobierno de halcones xenófobos y militaristas personificados en su titular de Exteriores, Avigdor Liebermann. Es lógico que la falta de democracia en Israel se refleje a través de sus políticos.



Lo realmente grave es la reacción tibia de ciertos países y el colaboracionismo interesado de determinados medios. EEUU, la Unión Europa, Naciones Unidas, la OTAN y otros actores globales lamentan, pero no condenan el ataque israelí. ¿Habría la misma tibieza hacia cualquier otro país? Algunos mandatarios se atreven a cuestionar el bloqueo a Gaza, otros piden avances en la interminable negociación de paz, pero ninguno reprende claramente a Tel Aviv para evitar ser etiquetado de antisemita o de amigo de Hamás. La ética política y periodística de los colaboracionistas hace fácil olvidar las muertes de diez cooperantes desarmados y la detención ilegal de sus 700 compañeros, obligados a firmar su propia expulsión y sometidos a malos tratos. En los medios, es donde el servilismo al estado hebreo es ya flagrante. Mientras los propios medios israelíes critican a su ejército, al ministro del ramo, el sangriento Ehud Barak, y al gobierno nacionalista-conservador, en España el panorama es diferente. 



Algunos periódicos, como ABC, La Razón o La Gaceta, insisten machaconamente en calificar a los barcos abordados como "flota de Hamás", pese a que en ella viajasen varios europarlamentarios, un diplomático estadounidense, varios cooperantes e incluso madres e hijos. Su visión es la misma de Benjamin Netanyahu. Califican las tibias protestas internacionales al ataque de "linchamiento", niegan la mayor asegurando que había armas a bordo y tildan de provocación que se intente llevar ayuda humanitaria para Palestina. La Razón, en su portada de hoy, llega a asegurar que los soldados hebreos sólo llevaban balas de pintura y sugiere que las armas de fuego las portaban los cooperantes. Su actitud recuerda a la de Egin en los ochenta, negando cínicamente la verdad hasta el punto de defender la muerte de inocentes. Visto está que, para ellos, el terrorismo sólo merece tal nombre si los que lo ejercen no tienen dinero suficiente para meter colaboracionistas en nómina.




Reincidentes. - Yaveh se esconde entre las rejas.

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