Crónica de dos suicidas

Ayer, saltándose a la torera la ley no escrita del periodismo que impide hablar de suicidios, los medios llevaban en primera plana los casos de Antonio y Vicky. Analizándolos, nada tienen en común. Antonio es un agricultor extremeño de setenta y tres años. Vicky, en cambio, es una universitaria británica de apenas veintiuno. Antonio llevaba veinte años en la cárcel. Vicky, algo más de dos en el paro. Ambos, sin embargo, decidieron acabar su vida en la misma madrugada, él ahorcándose en su celda con jirones de sábanas, ella envenenándose con barbitúricos. Pero, más allá de lo evidente, sus casos reflejan los efectos de privar a una persona repetidamente de cualquier escapatoria. Al final, pensaron ambos, siempre hay una salida más fácil.

Empecemos por Antonio, de apellido Izquierdo y domicilio en Puerto Hurraco. Quienes supiesen leer a principios de los años noventa saben a quién me refiero. Antonio y su hermano Emilio saltaron a las primeras planas en el tórrido verano de 1990, cuando una prensa desocupada y primeriza en amarillismos recordó los pingües beneficios de la crónica macabra. Armados de viejos pleitos y escopetas de caza, los hermanos Izquierdo cosieron a balazos a nueve de sus vecinos, incluídas dos niñas pequeñas. Sus rostros y los de sus hermanas, inductoras del crimen, reflejaron el primer esbozo de lo que se dio en llamar España negra, una poco original reminiscencia de los tiempos del crimen de la Calle Fuencarral y, más recientemente, el morboso recuento de sucesos y truculencias de El Caso. Poco después de esta carnicería, prensa, radio y televisión pudieron perfeccionar sus artes antropofágicas gracias a los crímenes de Alcasser, con fuga abierta del presunto asesino incluída, el secuestro de Anabel Segura o los tan trillados asesinos del rol y de la katana. Entretanto, los cuatro Izquierdo fueron juzgados y destinados al manicomio, las inductoras, y a 334 años de cárcel, los autores materiales. Antonio vio morir entre rejas a sus dos hermanas, con apenas meses de diferencia, y a su inseparable hermano Emilio. Solo en su propia miseria, sin esperanza de volver a la calle ni nadie que aguardase, el último serial killer ibérico fue malviviendo en el penal, custodiado por sus propios demonios. Hasta anteayer noche. Anudando sábanas como los presos fugados de los cómics, Antonio Izquierdo se colgó de las rejas de su celda. Era sólo cuestión de tiempo. Como advitió su hermano en una repugnante entrevista al desaparecido diario Ya, "Antonio y yo estamos muertos desde agosto de 1990".



El caso de Vicky Harrison es quizás el más cruel. A sus 21 años, esta joven del condado de Lancashire atesoraba un brillante historial académico en la carrera de Imagen y Sonido de la Universidad de Londres. Tenía novio, una familia estable y un buen puñado de amigos, la viva imagen de lo que cualquiera llamaría una chica normal. Lo único que le faltaba a Vicky para llevar una vida plena era precisamente su mayor preocupación y la de la mayoría de los británicos, europeos, jóvenes, mayores y personas en general. Sus altas notas y su buen rendimiento académico no le sirvieron para conseguir un trabajo, no sólo para alcanzar su vocación de trabajar en producción televisiva, ni siquiera una beca, ni tampoco un contrato basura en una cadena de comida rápida. Hasta 200 entrevistas de trabajo fallidas fueron necesarias para convencerla de que su búsqueda era en vano. Su caso recuerda a los treinta y cuatro trabajadores de France Telecom que se quitaron la vida entre 2008 y 2010 debido a la "agresiva" política de recursos humanos de la operadora gala. En ese mismo período, 120.000 de sus trabajadores fueron despedidos y el resto se vieron forzados a acatar deslocalizaciones forzosas, reducciones arbitrarias de sueldo y mobbing a cara descubierta. No fueron suficientes las movilizaciones sindicales, las recogidas de firmas y los gestos simbólicos de heroísmo postmoderno. No, treinta y cuatro personas tuvieron que quitarse la vida abrumados por el acoso de sus empleadores para que la Fiscalía de París se decidiese a investigar. Y no está claro que nadie vaya a responsabilizarse por ello. La presión que sufre el que trabaja para no dejar de hacerlo es similar al ahogo paulatino del que está en paro y comienza a intuir que no saldrá del atolladero. Vicky Harrison, dueña de una edad envidiable y un futuro prometedor, supo a los veintiún años que ya ha había tenido sufuciente. Ningún cadáver la perseguía, como los fantasmas de Antonio Izquierdo, tan sólo el cruel orden de las cosas que mercantiliza a las personas y otorga sentimientos a cosas tan frías como los mercados.


Vicky y los treinta y cuatro mártires de France Telecom son víctimas de un orden criminal que gobierna el mundo, un sistema que sobrevive aunque sus hijos prefieran arrojarse bajo sus ruedas que seguir alimentando su maquinaria. Y por muchos que decidan inmolarse, por desesperación, por apatía o por heroísmo, no detendrán ni un ápice su inercia. Mañana mismo, nadie recordará que esto ha sucedido. Antonio, en cambio, vivirá para siempre. Sus muertes, la propia y las inducidas, le convertirán en un icono. Será que preferimos observar a las fieras antes que darnos cuenta que son esas mismas fieras las que nos gobiernan y firman nuestras nóminas.

Simultáneo


A nube comeza a afastarse empurrada polo vento que fuxe cara o leste. Pecho os ollos para escoitalo zoar mentres xoga co meu cabelo. De súpeto, faise a luz o meu redor, a cor vermella alumea o interior das miñas pálpebras. Fóra saíu o sol, nótao a miña pel, véxoo sen ter que abrilos ollos. Estou deitado en algures, poida que nun dos areais nos que pasei tantos veráns ou no cumio dalgún edificio capitalino.
O único certo é que o botaba en falla; o agarimo dos raios do sol nas meixelas, o ar asubiándome nos ouvidos e o vermello profundo de ver sen mirar. Noto tremar as follas das árbores, as gaivotas, o propio chan, coma trema cada anaco diste corpo entumecido polas tebras. Deitado baixo o sol, as liñas do tempo confúndense e semella coma se estivese a vivir un intre que acontece, aconteceu e acontecerá en distintos momentos da miña vida, pero que, ó ocorrer agora mesmo, é coma se estivese á vez en tódolos lugares nos que me sentín diste xeito. Coma unha frecha que atravesa e xungue as liñas sinuosas do espacio e o percorrer vago do tempo. Un intre, repetido ó longo de moitos anos e desfrutado unha sóa e todas e cada unha das veces.


pixies - here comes your man

Efemérides del mes cuatro


En abril, hoy 14, cumpliría 79 años la II República sino la hubiese arrasado el fascismo. El 25, Portugal festeja la Revoluçao dos Cravos que inició su Tercera República. Puede que un abril no muy lejano podamos festejar por fin el retorno de la tricolor y sonarán Grândola, vila morena y el himno de Riego en las amplias avenidas por las que transitará el hombre libre. Hasta entonces, feliz abril republicano, clandestino e irredento.






Zeca Afonso - Grândola Vila Morena

7 anos despois, xustiza para Egunkaria

A Audiencia Nacional de Madrid resolveu onte definitivamente o peche do diario euskaldun Egunkaria, absolvendo ós seus cinco directivos, Martxelo Otamendi, Ignacio Uria, Juan Mari Torrealdai, José María Auzmendi e Xavier Oleaga do delito de integración en banda terrorista. Sete anos despois da clausura "preventiva" do xornal o 20 de febreiro de 2003, os tribunais españois corrixen o erro da súa propia xudicatura que levou á desaparición do único medio de comunicación euskera escrito na súa lingua. Esta controvertida decisión, recoñecida coma inconstitucional, estreita de miras e errónea pola Audiencia, foi no seu momento asumida polo xuíz Juan del Olmo, xa coñecido pola súa perspicacia e respeto a liberdade de expresión polo seu secuestro da revista satírica El Jueves por unha portada pouco sutil na súa mofa á monarquía. 


Para del Olmo, como para os denunciantes, a españolista Dignidad y Justicia e a Asociación de Víctimas do Terrorismo, Egunkaría semellaba culpable só por se editar en euskera e baixo unha perspectiva abertzale. No seu maxín, iste feito xa supón unha postura sospeitosa, digna dun estricto escritinio xudicial cando non da mordaza policial. Nada máis e nada menos que entre 12 e 15 anos de cadea pediron para cada un dos seus nove directivos encausados. Para rematalo cadro, un capitán da garda civil aportou ó entonces fiscal Eduardo Fungairiño -outro sospeitoso cotián- unhas comunicacións internas dos etarras nas que se falaba vagamente de buscar influencia social a través das páxinas dun xornal afín. Diste xeito, vencelláronos cos etarras por teren copias dos zutabes, as mesmas que se poden atopar na redacción de El País ou do ABC. Xa o dicía Martxelo Otamendi nunha entrevista que lle fixen en 2004, a súa imaxinación ou mala intención fixeron o resto. 


Non se lles ocorreu cousa mellor que pechar a única rotativa non escrita no seu idioma para evitar calquer contaxio nos medios. Pretextando unha guerra contra o terrorismo que nunca remata, tanto lles tiveron as críticas do Europarlamento, das organización internacionais de dereitos humáns ou a mesma renuncia da Fiscalía a proseguir coa acusación. A caverna odia calquer tipo de disidencia e a xente de Egunkaria tiña papeletas demáis para non sufrir as consecuencias da súa intransixencia. Non o digo eu, dío a propia Audiencia, órgano que, por outra parte, pode ser sospeitoso de case todo menos de simpatías separatistas. Como se preguntaba o seu fiscal, Miguel Ángel Carballo: "Se Egunkaria non é instrumento de financiación ou blanqueo de fondos provintes do terrorismo, nin o xornal da un apoio expreso ou tácito ó terrorismo de ETA, nin fomenta ou lexitima a violencia, ¿de qué lle servíu ós intereses de ETA a actividade do diario?". Para o que servíu foi para que a xustiza española se retratase nun retraso inxustificado de 7 anos e unha acción xudicial teimuda, politizada e pouco rigorosa que non dubidou en forzalo artigo 129 do Código Penal e inventar supostos blanqueos de capital.


Agora, algúns teimarán en acusar os traballadores de Egunkaria (hoxe Berria) de estar a prol do terrorismo e de finacialo a través da indemnización de 60 millóns de euros que lles será outorgada. Os seus xornais, os que incitan o odio ó diferente, non recoñecen unha sentencia que afirma que no xornal non se defenderon os postulados etarras nin se xustificou a súa violencia. A liña editorial de outros medios, proclives ó extremo oposto, bailan entre a infamia e a carraxe. Será que ós paladíns da defensa de España non lles ameaza a Lei de Partidos ou porque na súa loita contra todo o que non sexa eles mesmos, perderon a vergoña o mesmo tempo que a razón.

Un juego elevado a la categoría de belleza


No me gusta especialmente escribir sobre deporte, ni en este blog ni en ningún otro medio, y defiendo que el lugar idóneo para la polémica y el debate futbolero es el bar. De hecho, no voy a negar que, salvo contadas excepciones, considero a la mayor parte de la prensa deportiva como una ofensa a la profesión periodística. Pero a la hora de hablar del Barça cualquier tópico cae por su propio peso, convirtiendo cualquier crónica deportiva de las que pudimos leer ayer en un ejercicio de preciosismo ideado para asumir el reto de narrar con palabras lo que se escribe con sudor y lágrimas de éxtasis. No hay modo de retorcer la prosa para envilecer a un equipo empeñado en revalidar su propia leyenda. Hablar del Barça es alta literatura, en parte porque su protagonista absoluto, un joven rosarino llamado Lionel Messi, transforma la gimnasia en danza moderna y el esfuerzo físico en gesta de la superación humana en su lucha contra la barbarie. Y lo mejor es que no juega solo y que todos sus compañeros, desde Victor Valdés a Pedro Rodríguez, brillan en ausencia o en contacto con el rutilante 10. Con él, sobran las palabras y su mera imagen acaricia las retinas. Dejémonos pues alcanzar por la perfección antes de que forme parte de esas historias que contaremos a nuestros nietos. Diremos "yo lo ví, no era de este mundo", y no podrán creernos.


La calle de las alturas y las bajezas


Ayer se cumplieron 100 años de la Gran Vía, el gran mirador madrileño, el magnífico escaparate que esconde demasiadas trastiendas infames. Ya he hablado de ella, de sus paisajes y tipos humanos e infrahumanos, nada que no hayan hecho tantos otros. He conocido lugares de su geografía que ya no existen, aprendí a esquivar las bocacalles más dañadas por socavones y penurias e hice mía la sociología de banco de plaza arrellanado en Callao, esperando por alguna cita que no llegaba a su hora. Nada de eso será historia, de tan manido que parece el lugar más común para cualquiera que haya pisado alguna vez esta avenida de la CNT, de los Obuses, de Jose Antonio y de la URSS. Esconde esta ciudad callejones con más historia, más belleza y mejores vistas, pero ninguna atesora ese contrapunto salvaje que ofrece la Gran Vía. Las suelas de mis zapatos me llevan solas del Círculo de Bellas Artes a la alcantarilla sonora, del edificio Metrópolis al misterioso Oratorio, del supuesto Broadway de cartón piedra al colapso humano de la calle Desengaño. Y, a pesar de todo, es mejor que la Plaza de España no sea Trafalgar Square. Ayer la homenajearon reyes, turistas y políticos, mientras esta noche y todas las demás harán lo propio las putas y los desheredados. Todos ellos pueden reclamarla como suya.

kortatu - mierda de ciudad

... y al fin se hizo la TV OFF


En BorderSticks festejamos el apagón analógico en mitad de su semana de procesiones. La señal se fue para no volver y todavía no hemos decidido si nos engancharemos a ese festival de la caspa y el  politiqueo reaccionario que es la TDT. Habrá que bajarse a ver los partidos al bar si falla rojadirecta. Echaremos de menos las mañanas de Telemandril con Masegosa, Jota y Begoña, en la 2 con la búsqueda de empleo, That's English y la UNED, los campeonatos de atletismo, las pelis Chuck Norris en la Sexta, los documentales de Localia, las series de madrugada y los canales latinos evangélicos. Lo importante está a buen recaudo entre teras y teras de almacenamiento para cuando llegue el día negro en que capen las descargas. Al otro lado de la pantalla, las cámaras filman el ocaso del analógico. ¡La televisión ha muerto, viva la TV OFF!

Cosas que el Pentágono no quiere que sepas


Todos los países, desde democracias occidentales a dictaduras bananeras, luchan una particular batalla diaria contra la libertad de prensa. Es un tira y afloja constante por evitar que lleguen al gran público las noticias que revelan las maneras perversas y corruptas que tiene el poder de perpetuarse. Sin ir más lejos, en el estado español, secciones especializadas de la Policía Nacional, la Guardia Civil y los servicios secretos recorren la red en busca de informaciones sensibles que justifiquen cierres unilaterales de páginas y blogs, bajo la excusa de la seguridad nacional, la lucha contra el terrorismo o la defensa de los derechos de autor. No sólo sucede aquí, sino en todo Occidente, gracias a redes de vigilancia como Echelon, salvo que las críticas contra estos mecanismos de censura sólo se permiten cuando se refieren a países como China, Siria, Venezuela, Cuba o Birmania. 


Para romper estas barreras informativas, nació en diciembre de 2006 Wikileaks, una ONG creada por disidentes chinos, periodistas y activistas de todo el mundo para publicar de manera anónima informes clasificados y documentos filtrados que evidencian los manejos de gobiernos, corporaciones, grandes bancos, lobbys y juntas militares varias. Por ello, desde su mismo nacimiento, han sufrido toda clase de presiones, cuando no censura. Esta página dedicada a la libre información se ha centrado principalmente en denunciar los régimenes autoritarios en África, Asia, el ántiguo bloque soviético y Oriente Medio, lo que le supuso su cierre en países como China o Corea del Norte y la represión policial en Alemania, Tailandia, Australia o EEUU.


Gracias a los más de un millón de documentos destapados por esta web, hemos conocido miles de informaciones destinadas a no ocupar ni una sola página en ningún medio. Comenzaron desvelando el expolio de las arcas públicas en Kenia por parte de la familia del exgobernante Daniel Arap Moi, para poco después atacar el flanco financiero informando sobre las actividades ilegales del banco suizo Julius Baer en las Islas Caimán, lo que les valió su primer juicio y su primera victoria. Apuntaron más alto en su siguente filtración, haciendo públicas las directrices sobre trato inhumano a prisioneros en la prisión de Guantánamo, que sirvieron para confirmar las denuncias sobre la violación constante de la Convención de Ginebra y para ganarse a su gran enemigo, el ejército estadounidense. Más adelante, desvelaron las actas de las reuniones del grupo Bilderberg, la lista de afiliados del ultraderechista British National Party, los oscuros manejos de la política petrolera peruana, el sonrojante contenido del mail de la republicana Sarah Palin, la financiación de la Iglesia de la Cienciología o, incluso, las órdenes de batalla de las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán.


En su último informe, Wikileaks destapa que el departamento estadounidense de Contrainteligencia de Defensa les considera una amenaza. De hecho, en su último informe, se da a conocer que el Pentágono busca desenmascarar a las fuentes y redactores de la web contrainformativa desde 2008. Pese a su falta de éxito, hasta el momento, los servicios secretos han redoblado sus esfuerzos debido a dos informes que Wikileaks publicará en próximas fechas. Uno de ellos se refiere a la muerte de 97 civiles afganos el 7 de mayo de 2009 a causa de un ataque aéreo aliado. El otro es, si cabe, mucho más espeluznante, ya que narra el fusilamiento extrajudicial de varios periodistas el 5 de abril del pasado año a manos de militares de Washington. Poco más pueden avanzar al respecto dos de sus cabezas visibles, Julian Assange y Daniel Schmitt, que continúan transmitiendo desde su exilio islandés. Hasta en la fría Reykiavik, denuncia Assange, les persigue la vigilancia del espionaje aliado. Un espionaje que, hasta ahora, no ha sido capaz de acallar su labor de denuncia. A través de sus conexiones cifradas, cualquier persona en cualquier lugar del mundo puede saltarse las restricciones estatales y hacerles llegar material revelador para que sus cooperantes lo corroboren, amplíen y publiquen. Será que la libre expresión es incontrolable o que sus medios de control comienzan a perder el monopolio del silencio cómplice.

Exorcismos periodísticos

Son las cuatro de la mañana y estoy en la oficina. Sí, blogueo en horas de trabajo, podéis denunciarme por improductivo. Hace un par de horas escuché a uno de esos tertulianos enterados que los trabajadores del estado español son de los menos productivos por el enorme absentismo laboral. Lejos de quedarse ahi, el orondo creador de opinión mostró como prueba que dicho absentismo había bajado por la crisis. Quizá el iluminado de turno no ha pensado que muchos hemos acudido enfermos a nuestro trabajo este año para evitar perderlo. Será por eso que, como soy un vago improductivo que vive a expensas de su empresa, he terminado mi trabajo hace un rato con varias horas de antelación y puedo permitirme el lujo de escribir en ese ratito que me queda entre el boletín informativo de las 4 y la llamada a nuestro corresponsal en Nueva York para grabar su crónica diaria de Wall Street. Tan poco apasionante que ni tengo ganas de ironizar al respecto.

Mientras pasan con lentitud estas horas sin sol, me entretengo buceando en medios extranjeros, del Süddeutsche Zeitung al South China Morning Post, del Ankaragüku Hürriyet al Nihon Keizai, pero ninguno consigue entretenerme tanto como el propio diario del grupo innombrable. En su edición de hoy, abren su sección internacional una entrevista a Marine Le Pen, hija del odioso octogenario fascista y actual lider del Frente Nacional. Llamar entrevista a este ejercicio de proselitismo ultraderechista es poco. La misma palabra ultraderecha sólo se hace constar, y de pasada, en la entradilla de la sección. Ninguna pregunta crítica con su xenofobia, sino más bien, se le cede a la delfín del viejo mariscal neonazi una tribuna para vender su mensaje de odio, incluído el clásico "somos 5 millones de parados, ya no cabe nadie más". ¿El título? "Marine Le Pen contra la Europa totalitaria". Vaya un juego de palabras repulsivo cuanto menos. Cae sobre tu conciencia, C.S.

Podrá consolarse pensando que no es el único, ya que en la edición de hoy, por poner un ejemplo al azar, R.C. intenta emponzoñar el nacionalismo periférico relacionándolo con el nazismo en un ejercicio de hipocresía centrípeta cuando no de lesa originalidad. Se suma también al juego del periodismo de dudosa ética M.B., defendiendo fuera de las páginas de opinión la inocencia del expresidente de las Illes Balears, Jaume Matas, ante su jucio por corrupción y enriquecimiento ilícito; A.M., en su llamada a la resurrección del anticomunismo; J.A., en su denuncia del abandono que "sufre" el Valle de los Caídos y así un largo etcétera. No tengo palabras, sólo espero el momento en que una oferta de trabajo me aleje de esta cloaca de la información. No todos los profesionales que trabajan en este grupo merecen entrar en este grupo de mercenarios, algunos demuestran día a día cómo se puede ser un buen periodista trabajando para un mal medio. De ellos aprendo y gracias a ellos sigo aquí. Mientras tanto, sacaré la cabeza por la ventana para refrescarme las ideas, maldecir a los escasos fiesteros que pasean su borrachera en los aledaños de la Castellana e intentar no pensar cómo sería mi vida si todavía viviese bajo vuestros horarios. Puede parecer que no, pero, asomado al ventanal, sonrío.



Earth, Wind and Fire - Getaway

Limpeza estival


Chegou xa a primavera, mais o sol ven con retraso. Tanto me ten, nunca lle tiven medo ós neboeiros e prefiro iste decorado de fondo para o meu domingo, o primeiro de moitos que non me trae penitencias. Mudou a estación e semella que se achegan tempos de luz. Terei que aproveitalo, en vista do caras que se mercan as horas soleadas. É o intre exacto de abrilas fiestras, botar auga para refrescalo chan e deixar que se renove ó ar. Estiven longo tempo afastado de min mesmo, orfo sen me decatar da miña propia ausencia, acorando no espertar dun continuo lusco e fusco. Ata o derradeiro venres do inverno. Coma acostuma, non vin vir o desxeo, como tampouco lembro a súa chegada. Agora sei que non teño porque me converter no que nunca quixen ser. Iste é o momento de ceibarse dos vellos remorsos, o momento de fuxir do desacougo e esparexer de novo iste fato de ósos con mellores compañas que as que adoita. Non é doado saber de certo que é o que se supón que teño que facer. Unha vez máis, chegará o serán para atoparme improvisando.


Jimmy Page - Your Time Is Gonna Come (Live At The Greek Theatre)

American cliche


Los que me conocéis ya sabéis de mi gusto por las series, sean de la HBO o de Showtime, de la BBC o de Channel 4, de David, apellídese Simon o Chase, de los chavales de Malviviendo o de los de Qué vida más triste. No suelo hablar de ello aquí, salvo alguna que otra excepción, porque ya fui crítico audiovisual una vez y no van por ahí mis caminos. No tengo un criterio mínimamente estándar, no entiendo qué significa lo comercial y tampoco pretendo dar lecciones de lo que no sé, pero, animado por personajes como Tordable, he decidido añadir alguna reseña que otra de las series que pueblan mi pantalla y duermen en mi disco duro. Ante cualquier discrepancia, me remito al subtítulo de este blog.
Ayer vi, tras media hora escasa de descarga ilegal, el primer capítulo de la nueva gran serie pregonada por los medios: "The Pacific". Las perspectivas eran buenas, ya que llega avalada por un presupuesto desorbitado de 2.000 millones de dólares, por el pedigrí de su tándem creador, Steven Spielberg y Tom Hanks, y por la etiqueta de ofrecer "la otra cara de la guerra". En su sinopsis, se nos cuenta que los diez capítulos de la miniserie ofrecen la visión de la guerra entre EEUU y el imperio japonés entre Pearl Harbor y las bombas de Hiroshima, narrada a través de tres soldados en el papel de personajes principales. Según sus creadores, "The Pacific" busca ofrecer una perspectiva diferente de la Segunda Guerra Mundial, comparando la motivación y el heroísmo de sus protagonistas con los de conflictos actuales como los de Irak o Afganistán. Y ahí está el error. No porque establezca paralelismos que nos acerquen desde un punto de vista medianamente creíble al día a día de un marine en Guadalcanal, sino precisamente por incumplir desde el inicio esta premisa. Me explico.

Al enfrentarme a este piloto, el más caro de la historia, admito que tuve prejuicios. No me parecen gran cosa las anteriores incursiones en lo bélico del dúo Spielberg-Hanks, tanto en la gran pantalla con "Salvad al Soldado Ryan" como en la pequeña con "Band of Brothers", de la que bebe en gran medida esta nueva miniserie. Mi gran objeción respecto a esta producción es casi la misma que se le puede poner a cualquier cinta bélica estadounidense, en este caso con más motivo, dado que se vende bajo la manida etiqueta de "otro rollo". No es un problema de cásting, en el que destaca el niño repelente de Jurassic Park en el papel de recluta, ni de fotografía, ni de medios o de fluidez narrativa. Es un problema de guión. Cuando un creador estadounidense topa con el tema de hablar del ejército de su país en situación de guerra, cae invariablemente en una serie ordenada y cadenciosa de clichés y lugares comunes que podemos encontrar en libretos tan dispares como "Doce del patíbulo", "El sargento de hierro" o incluso la repulsiva "Pearl Harbor". La inocente certeza del soldado que se enrola sin pensarlo dos veces, la mala bestia del batallón, las dudas del héroe cotidiano, la constante batalla con la burocracia, la humanización superficial del enemigo, el oficial incompetente y el que se lo curra por sus soldados, el discursito con bandera de fondo, barras y estrellas por doquier... todos y cada uno de estos topicazos se dan en este piloto, como era de esperar y se negaron a adelantarnos.

Pero aquí quería yo llegar. Acabo de asegurar con rotundidad que todas las producciones yankis protagonizadas por su ejército son iguales. Miento, y no porque me refiere al casposísmo senil de JAG o NCIS. Existe una pequeña pero notable excepción que justifica esta recomendación de la casa. Me refiero a "Generation Kill", otra miniserie bélica de HBO dedicada a uno de los batallones de Tierra que invadieron Irak en 2003 y a un periodista de la Rolling Stone empotrado en la unidad. En principio, no me ofrecía mayor lustre que las demás, dados su lugar de origen y el hecho de que trate una guerra detestada que también perdí de alguna manera. Pero olvidé daros la clave. Su creador es el ya citado David Simon, creador de la magistral "The Wire" y compañero de profesión, un hombre capaz de transformar para siempre el género policíaco. Pero no os voy a decir más, ni de sus críticas al conflicto, ni de su semblanza sociológica del recluta medio ni tampoco de la fluidez vertiginosa de unos diálogos que destilan realidad y cinismo. El resto lo descubriréis vosotros, si os apetece. Luego, podréis atreveros a defender que miento.


История Кавказа - Historias del Caúcaso

El sábado pasado, un reportaje del canal privado Imedi Tv puso a más de 5 millones de georgianos en alerta. Las líneas telefónicas se colapsaron, cientos de personas salieron desconcertadas presenciar el caos en las calles de Tiflis y Tsjinvali y el ejército georgiano reforzó sus unidades en las fronteras con Rusia, Osetia y Abjasia. Una mujer, madre de un recluta en el servicio militar, murió presa del pánico y algunos más sufrieron infartos. Todo por un falso documental que narra una ficticia invasión rusa dieciocho meses después de la anterior, en un país sumido en una inconstante guerra civil contra todos y contra sí mismo. Los guionistas hicieron un buen trabajo, demasiado bueno. Nadie reparó en que al principio del documental se avisaba que todo era un mero juego audiovisual, ni que en las imágenes de  misiles cayendo sobre casas y edificios estaban fechadas en el verano de 2008. Según su narración, trasunto neorrealista de La guerra de los mundos de Orson Welles, la oposición promoscovita abre las puertas a la invasión generando el caos en las calles, desorden en el que es asesinado supuestamente el presidente georgiano, Mikhail Saakashvili, mientras los presentadores de Imedi intercalan imágenes de soldados heridos y anuncian que los combates ya están a 30 kilómetros de la capital.
Horas después, cuando la cadena ofrece explicaciones, estallan los reproches. Cientos de manifestantes reclaman respuestas a las puertas de la redacción de Imedi. Andrei Nesterenko, portavoz ruso de Exteriores, exige una explicación a gritos en una extraña rueda de prensa en la que se cachea a los periodistas de origen caucasiano. Por su parte, Saakashvili, no demasiado impresionado por su muerte ficticia, quita hierro al asunto asegurando que el falso documental revela una telerrealidad no demasiado improbable. En las regiones separatistas de Osetia y Abjasia, donde más ha cundido el pánico por haber sido el campo de batalla de las anteriores refriegas, se reclama una excusa convincente o una auténtica intervención militar. Todo por treinta minutos de reportaje chapucero en el lugar menos propicio del mundo. ¿Es tan distinto del alarmismo cotidiano de nuestras televisiones? Los reportajes constantes sobre inseguridad ciudadana aunque la criminalidad descienda en lo más crudo de la crisis, las noticias sensacionalistas sobre delicuencia e inmigración, las tertulias políticas extremistas y maniqueas, ¿no son acaso el mismo tipo de presión mediática? Está claro que especular sobre una guerra es un exceso, pero no es inteligente subestimar la difusión constante de crispación en pequeñas dosis que genera este conflicto a fuego lento que se nos sirve frío todos los días. Lo dicho, por la tele no echan más que mierdas.

None of us are free

Son las siete de la tarde y apenas acabo de abrir los ojos. Mientras en mi cama se despereza el animal, el resto de la ciudad efectúa el movimiento contrario. En el ambiente, además de polvo y aire cargado, se respira cierta nostalgia de algo llamado vida normal. Hace tanto que lo normal no forma parte de mi rutina que he llegado a pensar que nunca ha existido, que siempre he vivido en constante estado de excepción. No es sólo la ausencia de un horario diurno, unos lugares comunes, una compañía mansa y recurrente. No es un síntoma prematuro de vejez o de acomodamiento. Tampoco tiene un rostro definido o un escenario reconocible. Por eso empiezo a convencerme de que no es real, que esta sensación de pérdida viene de alguna parte desconocida que nunca he visto ni tocado. Y aún así, sigue murmurando desencantos desde el cabecero de mi cama. Por eso, abro la ventana y saco la cabeza para airear mi trasnoche. Afuera llueve, la gente se apresura ir y venir hacia alguna parte y, por algún motivo que no me detengo a analizar, quiero bajar a la calle a perderme en el flujo de paraguas e impermeables. Puede que si camino entre ellos nadie repare en mis ojeras y en el rumbo indeciso de mis pasos. Pero llueve, la gente mira al suelo para no tropezar y ninguno se sorprende si levanto la cara al cielo para empaparme la cara. Las gotas bailan entre el bigote y la comisura de los labios y me hacen cosquillas. Se me escapa una sonrisa. Ahora me siento bien, indiferente al aguacero y a la mirada inquisitiva del dueño del bar de enfrente. No me importa, ahora mismo ya no estoy aquí. En algún lugar lejos de la acera, los peatones y los charcos de lluvia, del trabajo que me espera en unas horas y de las necesidades rutinarias, estoy reconciliándome con mi propio caos. Subido en las alturas, bailo la danza de la lluvia para festejar este día a día en estado de excepción, para recordarme que esa estúpida nostalgia es un precio asequible para ser libre.

Panta rei

Los sospechosos habituales y los más avispados de la casa ya se habrán dado cuenta hace días. Este humilde País de los Placeres Amargos, después de 58 meses de vida y 313 entradas, ha cambiado de imagen. El hecho de prescindir de la vieja plantilla "Minima Black" que trae por defecto nuestro proveedor de alojamiento no ha sido pura vanidad. Ha sido cuestión de incapacidad, la mía de comprender el arcano manejo del HTML y en general todo lo que tenga que ver con el diseño web. No me estoy explicando y llega la hora de señalar culpables. Vayamos a los hechos cronológicos.
A finales del mes pasado, sin previo aviso y a traición, el proveedor habitual de música para las ya míticas recomendacións da casa, la hasta entonces altruísta e intachable Goear, decidió de manera unilateral pasarse al lado oscuro. Un veintipocos de febrero, al despertarme ya avanzada la tarde, descubrí que los reproductores externos de mi web que dependían de esta joven y ambiciosa compañía vasca se habían convertido en la quinta columna de una conocida marca de refrescos empalagosos para poligoneros. No contentos con insertar publicidad sin permiso en sitios que, como éste, carecen de publicidad por motivos estéticos e ideológicos, los nuevos desertores del freeware decidieron afear lo más posible su interfaz, de tal modo que título e intérprete de las canciones adjuntas es ya invisible.Y por eso decidí quitar todos sus enlaces de mi página y migrar mis bandas sonoras a otros servidores. Y ahí comenzaron mis problemas.
No voy a quitarme responsabilidad. Soy un patán testarudo que prefiere equivocarse por su cuenta y por eso, en el proceso de cambiar los enlaces musicales a ListenGo, Youtube y tu.tv, no preguntéis cómo pero descuadré totalmente la plantilla del blog. A partir de ahí ya no hubo vuelta atrás y, después de remover medio interné buscando una plantilla no demasiado cantosa, me decidí por la que ahora ilustra este espacio, manteniendo el blanco sobre negro como seña de identidad y las banderas alzadas para que nadie las pise. Todo lo demás seguirá como hasta ahora, con periodicidad anárquica, carne cruda en cada párrafo, imágenes inconexas marca de la casa y banda sonora selecta. No es una historia apasionante, lo sé, pero después de tanto tiempo contándoos mi vida es un poco tarde ya para callarme ciertas nimiedades. Si alguien tiene algún consejo estético o informático, que hable ahora o calle para siempre. Para todo lo demás, ya saben dónde encontrarme. Todo cambia ante mi asombro, ¿quién dijo que yo no sabía cambiar?

Non aldraxa quen quere, senón quen pode.


Moitos, tanto dentro coma fóra da Galiza, choutaron de carraxe ó escoitar o noso xentilicio convertido nun desafortunado despreciativo nos beizos de Rosa Díez. Algúns mesmo se abraiaron ó coñecer o escuro fondo que se agocha trala faciana populista dun partido creado á imaxe e semellanza da súa xefa. Utilizar "gallego" coma insulto xa é un costume para ela. Chamoullo a Nuñez Feijóo, que supoño recibiría abraiado tal epíteto.  agora a Zapatero e a Rajoy, coma querendo dicir que son taimados, indefinidos ou, no peor dos casos, parvos. Non sei vós, pero eu non me dou por aludido. Eu son galego, fillo da terra dos meus pais, terra que quero e me quere e única patria que recoñezo. Os meus compatriotas son teimudos, falangueiros, traballadores, retranqueiros e boa xente en xeral. Un chisco coma calquer cidadán de calquer país do mundo. Rosa Díez, en troques, é política e iso xa fai desconfiar ó máis inocente. 

Fuxiu do seu país e do seu partido de toda a vida na procura de sona, e o que consegue cada vez que fala é emporcallarse máis. É unha extranxeira no seu país, unha outsider política e unha desas que só deixa marmurios de desacougo aló por onde pasa. Ninguén que a coñeza fala ben dela. Por iso ten que chamala atención co que pode, inzando o seu discurso de demagoxia, populismo e frases das de "todo a cen". Visto que o de ser nacionalista español da votos, pois alí foi Rosiña a apañar os seu botín. Como sendo medio progre non se lle arrimaban demasiados, foi pouco a pouco endurecendo o seu descurso para rexouba da tribuna ultramontana. O seu españolismo racista, de tan impostado que é, sona a broma. Négome a pensar que unha tipa que se aliou con Ibarretxe cando traballada para os socialistas de Euskadi pensa realmente que os galegos somos inferiores. Se o di, é porque non lle facemos caso. Porque, depois de armar unha enorme liorta en Galiza para que os "bilingües, o sea, pero en español" tivesen voz e voto, a xente lle votou o PP e non a ela. Porque lle treman as pernas de puro goce malsano cada vez que lle achegan un micro. Porque sabe que nada do que ofreza vale un can. Porque, querida Rosiña, non che da o maxín nin para ser nazi do parviña que me es. Calquer día, meterante un tiro nos miolos, e, se alguén se aleda, será culpa túa. Tí soíña cavas a túa tumba, a do esquecemento dos xoguetes rotos. É o prezo que se paga cando se medra pisando cabezas alleas, que ninguén te lembre cando o teu discurso de odio xa non trunfe nin na Falanxe. España é hoxe menos nación polo traballo teimudo de salvapatrias coma ti. En nome de todos os independentistas, gracias. Pósnolo moito máis sinxelo, así todos poden ver quen son ises "imbéciles e escuros" dos que fala o noso himno inmortal. Xa verás cantos de nós te imos recibir á próxima vez que te atrevas a voltar o noso país. Entón si que te poderás chamar víctima. 
O que si me doe é a indiferencia do vello Gabilondo, progre de sona e xornalista de lenda. Que noxo ver como cala ante aldraxes que xamáis permitiría para vascos ou catalás. Pobriño, está tan fora de sitio na tele que só lle da para lelo telepromter. Vaia parella, a vendedora do españolismo pexorativo e o mercenario do xornalismo que tanto foi e do que nada queda. E, pese a todos vós e todo o voso traballo a prol da barbarie, Galiza e os galegos seguimos eiquí, falando nunha lingua que tanto vos amola e que non sodes quen de calar. Dito no teu idioma imperial, ladran, luego cabalgamos.

Matinée

Hay mañanas de sábado, cuando estoy de buen humor y nadie me mira, en las que me gusta cantar a solas canciones viejas de cuando era un chaval. Cantar mal, he de reconocerlo, pero ésa no es la cuestión. Hay mañanas callejeras de cámara de fotos y Hellacopters; mañanas agonizantes dedicadas a los Pixies y al zumo de naranja; mañanas soleadas en las que añoro la lluvia y silban gaitas y axoúxeres; mañanas resacosas y quinceañeras atronadas por Sepultura; mañanas en las que pienso en ti y me castigo escuchando a Soundgarden. Por suerte, hoy no es de ésas. Esta mañana soy el tipejo trasnochado y sonriente que corea a voces a los Chichos mientras los vecinos miran y el sol acaricia, por fin, esta piel ajada y noctámbula.

Los Chichos - Quiero ser libre


 

El día que yo mande...

En ocasiones, entiendo a Stalin. Y a Pol Pot. Si me apuran, incluso a Pedro el Cruel y al rey Herodes. Y es que no hay más que encender la televisión para querer ver a muchos en una fosa o en un gulag. Sobran motivos. El premio Ondas a Jorge Javier Vázquez. Las tertulias deportivas. Las coberturas "informativas" vestidas de morbo que hacen algunos canales cuando hay una tragedia. La entrevista exculpatoria que hizo el otro día Telahinco al asesino confeso de Sandra Palo, muy similar a las de la idiota esa a la que salvó de morir a hostias un tal doctor Neira. Los y las modelos reconvertidos en comunicadores sin gracia, pero con el valor añadido de hacer babear al personal en vez de alimentar otras inquietudes. Los hijos predilectos de la cultura del enchufismo, el lameculos y la diplomacia parda de despacho. Todo lo que rodee a Belén Esteban. Los reality shows tipo Generación Ni-Ni, Fama o Supernany, con su impostado rollito de servicio social de chichinabo. Las noticias de "interés humano" en los informativos. Los abortos bufos de la crónica social que dicen ser periodistas. Los reporteros graciosetes y los concienciados. Las tertulias en las que todos concuerdan. O, sin ir más lejos, las campañas homófobas, fascistoides y resentidas que hacen en el grupo de medios en el que trabajo. Menos mal que ya no veo la tele. Y que abandoné hace tiempo mis planes de dominar el mundo. Quiera dios que yo nunca mande, porque, con la mejor de las suertes, acabaréis todos picando piedra en un penal. O mejor, abonando la maleza sobre la que orinan los cerdos. Pérdense as que van polo aire. Pase lo que pase, creo y creeré siempre que cada cual recibe lo que se merece. Y sé de algunos que, el día menos pensado, acabarán ahogándose en su propia mierda a fuerza de tanto llenar las pantallas con ella. Llamadme intransigente. Para eso abrí este chiringuito. Vosotros sois peores por tolerarlo.

Recuerden, BorderSticks recomienda: TV OFF!

Hellacopters - Everything Is On TV


 

Política de bragueta

Siempre me ha llamado poderosamente la atención el extraño vínculo que une política y sexo. Y no, no me refiero a la erótica del poder que pueden representar Bill Clinton y su becaria o Sarkozy y la tipa esa que dicen que canta, pero que colecciona más novios acaudalados que discos. Me refiero al uso del sexo como herramienta política. Ya había hablado alguna que otra vez de ello, en casos como el de Tania Derveaux en Bélgica o, en menor medida, Tanja Kerpala en Finlandia. Las ministras-objeto de Berlusconi sentaron un nuevo precedente en cuanto a la frivolidad llevada a la representación ciudadana. No sólo porque se filtrasen las conversaciones telefónicas de Berlusca con la exmiss y ahora ministra de Igualdad Mara Carfagna, en las que quedaba en evidencia que los métodos de selección de Il Cavaliere incluyen prueba oral. No son ni una ni dos las cantantes, bailarinas y modelos que se han unido al partido Popolo della Libertá, pero basta con poner los ejemplos de Barbara Matera, Elisa Alloro, Camila Ferranti, Adriana Verdirosi o incluso la ex concursante del Gran Hermano Angela Sozio. Ahora les ha surgido competencia. ¿Dónde? En la ya de por sí poco creíble República de Colombia.
Supongo que ya lo habrán leído en cierto tipo de prensa. María Fernanda Valencia, abogada y periodista bogotana, ha prometido a sus votantes posar desnuda si sale elegida para la Cámara de Representantes. En un país atenazado por el narcotráfico, con una democracia inflitrada por la corrupción y la violencia, con más de cuatro décadas de conflicto armado y unos niveles de paro y PIB propios de la vecina Centroamérica, la exviceministra de Turismo ha realizado el último ejercicio de pragmatismo político. Ya que no podrá cumplir ninguna promesa de calado, ofrece lo poco que tiene, su cuerpo. Pese a militar en el Partido de la U, un grupo conservador creado como punta de lanza del presidente Uribe para forzar su tercera reelección, Valencia no tiene miedo de escandalizar a los más pacatos de los votantes. Sabe que en tiempos de guerra, todo agujero es trinchera, y, aunque se escude en vanos argumentos feministas, es plenamente consciente de que si llega al parlamento, será por su capacidad para avivar las braguetas ajenas.
Puede que esa sea la solución para evitar la desmotivación política de la ciudadanía. Habrá que avisar al gobierno griego, acorralado por el paro y un déficit público de más del 13%, para que reclute nuevos valores en los piquetes de la huelga de prostitutas que ha empezado hoy en Atenas.

काम

En algún lugar del cerebro, en lo alto del cielo del paladar, justo detrás de las cuencas oculares, está el gatillo de la felicidad. Busque en las profundidades del encéfalo, en la parte ventral del cuerpo estriado que forma los ganglios basales. Sumergido en la materia blanca, en un punto solamente visible a través de electrodos y ultrasonidos, se esconde el nucleus accumbens. Algo de todo esto se sabía antes de que, en 1954, James Olds y Peter Milner descubriesen su localización exacta. Es un poco paradójico pensar que no hubiese sido posible encontrarlo sin torturar cientos de cobayas enchufándoles electricidad en plenos sesos. Y gracias a su descubrimiento, dando una nueva vuelta de tuerca a la paradoja, nadie ha sido feliz.
Su hallazgo abrió camino a las extrañas teorías del refuerzo positivo y el condicionamiento humano, sirvió para conocer la base científica de la adicción y dio pie a cientos de tratamientos contra todo tipo de dependencias. Tras localizar en este punto el origen del placer, la risa, el disfrute de la música, el hambre, la dependencia, el sexo y el miedo y trazar los caminos que recorre la dopamina bajo sus órdenes, su trabajo fue adquirido por la CIA. Cayó en tan buenas manos que poco después fue empleado en el perfeccionamiento de las artes del sadismo a través de la Escula de las Américas y las dictaduras cuarteleras de la Operación Cóndor.
Lo triste no es que sepamos dónde está, de qué manera funciona y cómo activarlo. Lo que realmente dice poco a favor de la raza humana es el hecho de que sigamos conformándonos con sucedáneos. No busque más, está ahi arriba. El problema es que varias multinacionales a ambos lados de la ley viven de vender atajos a lugares tan cercanos y desconocidos como ése.



Kula Shaker Govinda

Revelaciones de aeropuerto

Fue hace un par de años, o puede que menos. Estaba en la sala de espera de un aeropuerto extranjero, intentado descifrar sin demasiado éxito un periódico francés para matar lo antes posible la espera entre vuelo y vuelo. A mi alrededor, una muchedumbre silenciosa de ordenados europeos se movían de un lado a otro arrastrando pulcras maletas. Nadie llamaba la atención, al menos no la mía. Puede incluso que fuese yo el que daba la nota, con barbas de varias semanas, los pantalones rotos en lugares impúdicos y una vieja mochila abombada por la ropa sucia. Pero nadie me lo hizo notar.
De hecho, aquella mañana tenía la desagradable sensación de ser invisible. No es que buscase ser el centro de atención, simplemente que en aquel momento y en aquel lugar, justo en el epílogo de un viaje cargado de demasiadas promesas, mi cara era la del tipo que acaba de descubrir que no hay que creer en nada, para que nada te estalle en el hocico. Para completar la escena, aquella mañana de principios de junio el aeropuerto estaba copado por familias al inicio de sus vacaciones y parejas más o menos estables en busca de la gran escapada a la alcoba de un hotel. Ante mis ojos, la estabilidad y la felicidad bailaban descaradamente haciéndome burla. Me parecía tan evidente estar fuera de lugar que hasta dolía levantar la vista del suelo. La fiesta había terminado, mi cita me había dado plantón y el camino de vuelta a la confortable autocompasión de mi madriguera se estaba demorando demasiado. Y en mis auriculares, como en los mejores malos momentos, no dejaban de sonar los Black Crowes.
Debió de ser entonces cuando la vi. Justo cuando sonaban los primeros acordes de Descending. En realidad, llevaba un rato delante de mí sin que los nubarrones de mi propia tormenta me dejasen verla. En la ventana, entre la fila de asientos y las pistas de aterrizaje, un ave extraña y enorme me observaba detenidamente. Encaramada a una grúa, me acompañaba una especie de gaviota oscura y desproporcionada, totalmente inmóvil. No sé, puede que fuese una golondrina, nunca me aprendí del todo los nombres de los pájaros. Pero lo que sí recuerdo es que aquel bicho no perdía detalle. Recuerdo haberme movido de sitio y quedarme frío al ver sus ojillos avizores siguiéndome atentamente. No entendía cómo podía haber atraído su atención. En medio de aquel barullo de azafatas, luces de colores, pasaportes y aviones de casi mil toneladas yendo y viniendo, ¿qué quería ese animal de mí?
Estaba tan absorto manteniéndole la mirada al pájaro, que tardé en darme cuenta. Sonó una voz en megafonía que me distrajo. Aquella sala de espera ya no era el mismo sitio, es decir, sí era el mismo aeropuerto, pero había cambiado totalmente el paisaje. A mi alrededor, un torbellino de monjas buscaba su puerta de embarque. Me refiero a que sólo podía ver una marea blanquinegra de abuelillas que cuchicheaban entre ellas, hipnotizadas ante las pantallas de próximos embarques. Una de ellas llevaba un sombrero mexicano en una mano. Un autentico sombrero charro de ala ancha.
Mis manos buscaron la cámara en mi mochila al mismo tiempo que se me escapaba de medio lado una sonrisa boba. Como no encontraron nada, se me heló el gesto en la cara al darme cuenta de que la mochila no estaba en su lugar. Escapando de la mirada inquisitiva de un pajarraco, había abandonado mi escaso equipaje en mitad de ninguna parte. Sobra decir hasta que punto me sentí idiota. Mientras me quedaba estupefacto de mi propia torpeza, notaba como me iba volviendo translúcido, vacío, únicamente dueño de la certeza de que la tierra me estaba tragando. Antes de que pudiese reaccionar para levantarme y buscar mis cosas, una mano me tocó en el hombro. Era la monja, con el sombrero charro en una mano y mi mugriento zurrón en la otra. El pájaro y las monjas se largaron antes de que pudiese sacar la cámara. Y, desde entonces, cada vez que vuelvo a un aeropuerto, dejo de sentirme invisible.
No es gran cosa, pero es una historia verídica. Pueden preguntar en Beauvais.

The Black Crowes - descending


 

Zurück nach Hause

Vuelvo de soslayo, coincidiendo una vez más con las nevadas intempestivas. Demasiadas horas encaramado a las ondas, echando más y más carbón a la máquina para seguir luchando contra casi todos. Demasiadas excusas como para dejarme caer por mi país de placeres amargos, conformándome con garabatear mis impaciencias en billetes de autobús mientras se escapan las horas. Y yo las veo huir con esta cara de tonto. Pesan los esfuerzos a medio recompensar, ruge mi espalda y lloran mis sábanas porque ya no les doy conversación antes de dormirme. Ahora, simplemente aterrizo en blando y duermo. Pero me niego a darle más tinta a mis gruñidos. Por eso vuelvo. Porque me harté de coleccionar papeles sueltos y porque quiero hacer lo que estoy haciendo. Otro lo ha explicado mejor que yo:

"De eso se trata en el fondo, maldita sea: hay que comprometerse hasta el final con la vida que uno ha escogido. Y hay que recordar que uno la ha escogido: hay mucha gente que ni siquiera puede elegir. Eres un tío listo, eres joven, tienes talento, ya te lo he dicho"

De eso se trata, en el fondo. Por eso sigo aquí, desgranando mis letanías y volcando mis renglones para quien quiera acercarse sin preguntarse si muerdo. Día a día, leyendo el periódico, cruzándome con vosotros en callejones y barras de bar, en la ducha, en el metro o subido a los tejados. Día a día, algo alza mi ceja y reclama mi atención. Y entonces, el cuerpo me pide contarlo, despiezarlo, romperlo en mil pedazos para volverme loco intentando volverlo a montar. No hay reglas, ni obligaciones, ni censuras ni excusas. No quiero que sea fácil, no necesito que sea perfecto. Prefiero los guiños casuales que te enseñan a disfrutar los regalos pequeños. De esto se trata y soy demasiado testarudo para dejar de hacer lo que más me apetece. Éste es mi negocio, desenfocar imágenes inconexas, susurrar sinsentidos a un micro sin retorno y dejar que mis demonios narren esta historia ciclotímica escrita en billetes de autobús. Por eso, estoy de vuelta.


Preliminares


Nieva intensamente, tras derretir los polos el viernes pasado en el fondo de una copa. Terminado el rearme, es tiempo de volver a las andadas. Mañana empieza a primera hora y se avecinan cambios antes de lo esperado. Resueltas las cuentas pendientes, disipada la nube nepente, solventados los trámites más urgentes y puestos en hora todos mis relojes, puede comenzar el nuevo año. Ha costado diez días más que a la mayoria, pero nadie prometió aterrizajes suaves. A veces, basta con saber que pisas tierra firme.

60 aniversário da morte de Castelao


"Os hespañoes deben creer en Galiza, a non ser que non crean en si mesmos, Galiza quer liberdade porque non hai pobo en Hespaña con máis fe no seu futuro. Nós creemos que a auga doce dos ríos pode facer doce a auga salgada do mar; que a morte, enchéndose de vidas, será vida; que a nada, enchéndose de ilusións, será todo... As nosas espranzas non caben nos lindeiros da razón. Mataremos, se é preciso, a Saudade; porque a Saudade cicais sexa unha espranza entristecida, ladroeira de accións.

Galiza ten hoxe unha forza vital capaz de conducila a tódolos delirios de grandeza. Pode chegar á loucura. Pero endexamais chegará ao suicidio. E Galiza deixará de loitar pola liberdade cando a conquira.

Pedimos...

Pedimos que a nosa Terra sexa nosa. Porque somos fillos dela. Porque ninguén máis pode gobernala. Porque ninguén máis pode comprir a súa misión hestórica. Porque levamos o seu nome polo mundo adiante. Porque queremos comprir a postrimeira manda dos nosos irmáns: os que deron a vida pola liberdade.

A nosa Terra é nosa. Xa se ten dito moitas veces. Mais agora decímolo nós, os deterrados. Os desterrados que vivimos en liberdade. Decímolo en nome de moitos miles de galegos que andan polo mundo. Decímolo, tamén, en nome de moitos miles de desterrados na propia Terra, dos que agardan por nós, dos que viven como fillos da morte, contando o tempo por noites.

A nosa Terra é nosa. Nada máis que nosa. Porque somos os únicos capaces de darlle luz á súa noite, pan ás súas demandas, diñidades á súa vida. Porque somos os únicos capaces de enxugar as súas bágoas de door.

A nosa Terra é nosa. ¿De quen máis podía ser?¿Dos que a aldraxan?¿Dos que lle negan a fala e o pensamento? ¿Dos que a encadean?¿Dos que a rouban?¿Dos que asesinan aos seus fillos máis queridos?¿Dos que a ensumiron na iñorancia?¿Dos que a queren vender como escrava?¿Dos que lle negan o dereito a ser libre?

¿E quen somos nós para falar deste xeito? Somos os galeguistas de tódolos partidos democráticos. Somos os galegos antifeixistas."

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