Podrá consolarse pensando que no es el único, ya que en la edición de hoy, por poner un ejemplo al azar, R.C. intenta emponzoñar el nacionalismo periférico relacionándolo con el nazismo en un ejercicio de hipocresía centrípeta cuando no de lesa originalidad. Se suma también al juego del periodismo de dudosa ética M.B., defendiendo fuera de las páginas de opinión la inocencia del expresidente de las Illes Balears, Jaume Matas, ante su jucio por corrupción y enriquecimiento ilícito; A.M., en su llamada a la resurrección del anticomunismo; J.A., en su denuncia del abandono que "sufre" el Valle de los Caídos y así un largo etcétera. No tengo palabras, sólo espero el momento en que una oferta de trabajo me aleje de esta cloaca de la información. No todos los profesionales que trabajan en este grupo merecen entrar en este grupo de mercenarios, algunos demuestran día a día cómo se puede ser un buen periodista trabajando para un mal medio. De ellos aprendo y gracias a ellos sigo aquí. Mientras tanto, sacaré la cabeza por la ventana para refrescarme las ideas, maldecir a los escasos fiesteros que pasean su borrachera en los aledaños de la Castellana e intentar no pensar cómo sería mi vida si todavía viviese bajo vuestros horarios. Puede parecer que no, pero, asomado al ventanal, sonrío.
Earth, Wind and Fire -
Jimmy Page -
Los que me conocéis ya sabéis de mi gusto por las series, sean de la HBO o de Showtime, de la BBC o de Channel 4, de David, apellídese Simon o Chase, de los chavales de Malviviendo o de los de Qué vida más triste. No suelo hablar de ello aquí, salvo alguna que otra excepción, porque ya fui crítico audiovisual una vez y no van por ahí mis caminos. No tengo un criterio mínimamente estándar, no entiendo qué significa lo comercial y tampoco pretendo dar lecciones de lo que no sé, pero, animado por personajes como Tordable, he decidido añadir alguna reseña que otra de las series que pueblan mi pantalla y duermen en mi disco duro. Ante cualquier discrepancia, me remito al subtítulo de este blog.
Al enfrentarme a este piloto, el más caro de la historia, admito que tuve prejuicios. No me parecen gran cosa las anteriores incursiones en lo bélico del dúo Spielberg-Hanks, tanto en la gran pantalla con "Salvad al Soldado Ryan" como en la pequeña con "Band of Brothers", de la que bebe en gran medida esta nueva miniserie. Mi gran objeción respecto a esta producción es casi la misma que se le puede poner a cualquier cinta bélica estadounidense, en este caso con más motivo, dado que se vende bajo la manida etiqueta de "otro rollo". No es un problema de cásting, en el que destaca el niño repelente de Jurassic Park en el papel de recluta, ni de fotografía, ni de medios o de fluidez narrativa. Es un problema de guión. Cuando un creador estadounidense topa con el tema de hablar del ejército de su país en situación de guerra, cae invariablemente en una serie ordenada y cadenciosa de clichés y lugares comunes que podemos encontrar en libretos tan dispares como "Doce del patíbulo", "El sargento de hierro" o incluso la repulsiva "Pearl Harbor". La inocente certeza del soldado que se enrola sin pensarlo dos veces, la mala bestia del batallón, las dudas del héroe cotidiano, la constante batalla con la burocracia, la humanización superficial del enemigo, el oficial incompetente y el que se lo curra por sus soldados, el discursito con bandera de fondo, barras y estrellas por doquier... todos y cada uno de estos topicazos se dan en este piloto, como era de esperar y se negaron a adelantarnos.
Moitos, tanto dentro coma fóra da Galiza, choutaron de carraxe ó escoitar o noso xentilicio convertido nun desafortunado despreciativo nos beizos de Rosa Díez. Algúns mesmo se abraiaron ó coñecer o escuro fondo que se agocha trala faciana populista dun partido creado á imaxe e semellanza da súa xefa. Utilizar "gallego" coma insulto xa é un costume para ela. Chamoullo a Nuñez Feijóo, que supoño recibiría abraiado tal epíteto. agora a Zapatero e a Rajoy, coma querendo dicir que son taimados, indefinidos ou, no peor dos casos, parvos. Non sei vós, pero eu non me dou por aludido. Eu son galego, fillo da terra dos meus pais, terra que quero e me quere e única patria que recoñezo. Os meus compatriotas son teimudos, falangueiros, traballadores, retranqueiros e boa xente en xeral. Un chisco coma calquer cidadán de calquer país do mundo. Rosa Díez, en troques, é política e iso xa fai desconfiar ó máis inocente.
Fuxiu do seu país e do seu partido de toda a vida na procura de sona, e o que consegue cada vez que fala é emporcallarse máis. É unha extranxeira no seu país, unha outsider política e unha desas que só deixa marmurios de desacougo aló por onde pasa. Ninguén que a coñeza fala ben dela. Por iso ten que chamala atención co que pode, inzando o seu discurso de demagoxia, populismo e frases das de "todo a cen". Visto que o de ser nacionalista español da votos, pois alí foi Rosiña a apañar os seu botín. Como sendo medio progre non se lle arrimaban demasiados, foi pouco a pouco endurecendo o seu descurso para rexouba da tribuna ultramontana. O seu españolismo racista, de tan impostado que é, sona a broma. Négome a pensar que unha tipa que se aliou con Ibarretxe cando traballada para os socialistas de Euskadi pensa realmente que os galegos somos inferiores. Se o di, é porque non lle facemos caso. Porque, depois de armar unha enorme liorta en Galiza para que os "bilingües, o sea, pero en español" tivesen voz e voto, a xente lle votou o PP e non a ela. Porque lle treman as pernas de puro goce malsano cada vez que lle achegan un micro. Porque sabe que nada do que ofreza vale un can. Porque, querida Rosiña, non che da o maxín nin para ser nazi do parviña que me es. Calquer día, meterante un tiro nos miolos, e, se alguén se aleda, será culpa túa. Tí soíña cavas a túa tumba, a do esquecemento dos xoguetes rotos. É o prezo que se paga cando se medra pisando cabezas alleas, que ninguén te lembre cando o teu discurso de odio xa non trunfe nin na Falanxe. España é hoxe menos nación polo traballo teimudo de salvapatrias coma ti. En nome de todos os independentistas, gracias. Pósnolo moito máis sinxelo, así todos poden ver quen son ises "imbéciles e escuros" dos que fala o noso himno inmortal. Xa verás cantos de nós te imos recibir á próxima vez que te atrevas a voltar o noso país. Entón si que te poderás chamar víctima.
Los Chichos -
En ocasiones, entiendo a Stalin. Y a Pol Pot. Si me apuran, incluso a Pedro el Cruel y al rey Herodes. Y es que no hay más que encender la televisión para querer ver a muchos en una fosa o en un gulag. Sobran motivos. El premio Ondas a Jorge Javier Vázquez. Las tertulias deportivas. Las coberturas "informativas" vestidas de morbo que hacen algunos canales cuando hay una tragedia. La entrevista exculpatoria que hizo el otro día Telahinco al asesino confeso de Sandra Palo, muy similar a las de la idiota esa a la que salvó de morir a hostias un tal doctor Neira. Los y las modelos reconvertidos en comunicadores sin gracia, pero con el valor añadido de hacer babear al personal en vez de alimentar otras inquietudes. Los hijos predilectos de la cultura del enchufismo, el lameculos y la diplomacia parda de despacho. Todo lo que rodee a Belén Esteban. Los reality shows tipo Generación Ni-Ni, Fama o Supernany, con su impostado rollito de servicio social de chichinabo. Las noticias de "interés humano" en los informativos. Los abortos bufos de la crónica social que dicen ser periodistas. Los reporteros graciosetes y los concienciados. Las tertulias en las que todos concuerdan. O, sin ir más lejos, las campañas homófobas, fascistoides y resentidas que hacen en el grupo de medios en el que trabajo. Menos mal que ya no veo la tele. Y que abandoné hace tiempo mis planes de dominar el mundo. Quiera dios que yo nunca mande, porque, con la mejor de las suertes, acabaréis todos picando piedra en un penal. O mejor, abonando la maleza sobre la que orinan los cerdos. Pérdense as que van polo aire. Pase lo que pase, creo y creeré siempre que cada cual recibe lo que se merece. Y sé de algunos que, el día menos pensado, acabarán ahogándose en su propia mierda a fuerza de tanto llenar las pantallas con ella. Llamadme intransigente. Para eso abrí este chiringuito. Vosotros sois peores por tolerarlo.
Siempre me ha llamado poderosamente la atención el extraño vínculo que une política y sexo. Y no, no me refiero a la erótica del poder que pueden representar Bill Clinton y su becaria o Sarkozy y la tipa esa que dicen que canta, pero que colecciona más novios acaudalados que discos. Me refiero al uso del sexo como herramienta política. Ya había hablado alguna que otra vez de ello, en casos como el de Tania Derveaux en Bélgica o, en menor medida, Tanja Kerpala en Finlandia. Las ministras-objeto de Berlusconi sentaron un nuevo precedente en cuanto a la frivolidad llevada a la representación ciudadana. No sólo porque se filtrasen las conversaciones telefónicas de Berlusca con la exmiss y ahora ministra de Igualdad Mara Carfagna, en las que quedaba en evidencia que los métodos de selección de Il Cavaliere incluyen prueba oral. No son ni una ni dos las cantantes, bailarinas y modelos que se han unido al partido Popolo della Libertá, pero basta con poner los ejemplos de Barbara Matera, Elisa Alloro, Camila Ferranti, Adriana Verdirosi o incluso la ex concursante del Gran Hermano Angela Sozio. Ahora les ha surgido competencia. ¿Dónde? En la ya de por sí poco creíble República de Colombia.
Supongo que ya lo habrán leído en cierto tipo de prensa. María Fernanda Valencia, abogada y periodista bogotana, ha prometido a sus votantes posar desnuda si sale elegida para la Cámara de Representantes. En un país atenazado por el narcotráfico, con una democracia inflitrada por la corrupción y la violencia, con más de cuatro décadas de conflicto armado y unos niveles de paro y PIB propios de la vecina Centroamérica, la exviceministra de Turismo ha realizado el último ejercicio de pragmatismo político. Ya que no podrá cumplir ninguna promesa de calado, ofrece lo poco que tiene, su cuerpo. Pese a militar en el Partido de la U, un grupo conservador creado como punta de lanza del presidente Uribe para forzar su tercera reelección, Valencia no tiene miedo de escandalizar a los más pacatos de los votantes. Sabe que en tiempos de guerra, todo agujero es trinchera, y, aunque se escude en vanos argumentos feministas, es plenamente consciente de que si llega al parlamento, será por su capacidad para avivar las braguetas ajenas.
En algún lugar del cerebro, en lo alto del cielo del paladar, justo detrás de las cuencas oculares, está el gatillo de la felicidad. Busque en las profundidades del encéfalo, en la parte ventral del cuerpo estriado que forma los ganglios basales. Sumergido en la materia blanca, en un punto solamente visible a través de electrodos y ultrasonidos, se esconde el nucleus accumbens. Algo de todo esto se sabía antes de que, en 1954, James Olds y Peter Milner descubriesen su localización exacta. Es un poco paradójico pensar que no hubiese sido posible encontrarlo sin torturar cientos de cobayas enchufándoles electricidad en plenos sesos. Y gracias a su descubrimiento, dando una nueva vuelta de tuerca a la paradoja, nadie ha sido feliz. Su hallazgo abrió camino a las extrañas teorías del refuerzo positivo y el condicionamiento humano, sirvió para conocer la base científica de la adicción y dio pie a cientos de tratamientos contra todo tipo de dependencias. Tras localizar en este punto el origen del placer, la risa, el disfrute de la música, el hambre, la dependencia, el sexo y el miedo y trazar los caminos que recorre la dopamina bajo sus órdenes, su trabajo fue adquirido por la CIA. Cayó en tan buenas manos que poco después fue empleado en el perfeccionamiento de las artes del sadismo a través de la Escula de las Américas y las dictaduras cuarteleras de la Operación Cóndor.
Lo triste no es que sepamos dónde está, de qué manera funciona y cómo activarlo. Lo que realmente dice poco a favor de la raza humana es el hecho de que sigamos conformándonos con sucedáneos. No busque más, está ahi arriba. El problema es que varias multinacionales a ambos lados de la ley viven de vender atajos a lugares tan cercanos y desconocidos como ése.
Kula Shaker Govinda
Fue hace un par de años, o puede que menos. Estaba en la sala de espera de un aeropuerto extranjero, intentado descifrar sin demasiado éxito un periódico francés para matar lo antes posible la espera entre vuelo y vuelo. A mi alrededor, una muchedumbre silenciosa de ordenados europeos se movían de un lado a otro arrastrando pulcras maletas. Nadie llamaba la atención, al menos no la mía. Puede incluso que fuese yo el que daba la nota, con barbas de varias semanas, los pantalones rotos en lugares impúdicos y una vieja mochila abombada por la ropa sucia. Pero nadie me lo hizo notar.Debió de ser entonces cuando la vi. Justo cuando sonaban los primeros acordes de Descending. En realidad, llevaba un rato delante de mí sin que los nubarrones de mi propia tormenta me dejasen verla. En la ventana, entre la fila de asientos y las pistas de aterrizaje, un ave extraña y enorme me observaba detenidamente. Encaramada a una grúa, me acompañaba una especie de gaviota oscura y desproporcionada, totalmente inmóvil. No sé, puede que fuese una golondrina, nunca me aprendí del todo los nombres de los pájaros. Pero lo que sí recuerdo es que aquel bicho no perdía detalle. Recuerdo haberme movido de sitio y quedarme frío al ver sus ojillos avizores siguiéndome atentamente. No entendía cómo podía haber atraído su atención. En medio de aquel barullo de azafatas, luces de colores, pasaportes y aviones de casi mil toneladas yendo y viniendo, ¿qué quería ese animal de mí?
Estaba tan absorto manteniéndole la mirada al pájaro, que tardé en darme cuenta. Sonó una voz en megafonía que me distrajo. Aquella sala de espera ya no era el mismo sitio, es decir, sí era el mismo aeropuerto, pero había cambiado totalmente el paisaje. A mi alrededor, un torbellino de monjas buscaba su puerta de embarque. Me refiero a que sólo podía ver una marea blanquinegra de abuelillas que cuchicheaban entre ellas, hipnotizadas ante las pantallas de próximos embarques. Una de ellas llevaba un sombrero mexicano en una mano. Un autentico sombrero charro de ala ancha.
Mis manos buscaron la cámara en mi mochila al mismo tiempo que se me escapaba de medio lado una sonrisa boba. Como no encontraron nada, se me heló el gesto en la cara al darme cuenta de que la mochila no estaba en su lugar. Escapando de la mirada inquisitiva de un pajarraco, había abandonado mi escaso equipaje en mitad de ninguna parte. Sobra decir hasta que punto me sentí idiota. Mientras me quedaba estupefacto de mi propia torpeza, notaba como me iba volviendo translúcido, vacío, únicamente dueño de la certeza de que la tierra me estaba tragando. Antes de que pudiese reaccionar para levantarme y buscar mis cosas, una mano me tocó en el hombro. Era la monja, con el sombrero charro en una mano y mi mugriento zurrón en la otra. El pájaro y las monjas se largaron antes de que pudiese sacar la cámara. Y, desde entonces, cada vez que vuelvo a un aeropuerto, dejo de sentirme invisible.
No es gran cosa, pero es una historia verídica. Pueden preguntar en Beauvais.
The Black Crowes -
"Os hespañoes deben creer en Galiza, a non ser que non crean en si mesmos, Galiza quer liberdade porque non hai pobo en Hespaña con máis fe no seu futuro. Nós creemos que a auga doce dos ríos pode facer doce a auga salgada do mar; que a morte, enchéndose de vidas, será vida; que a nada, enchéndose de ilusións, será todo... As nosas espranzas non caben nos lindeiros da razón. Mataremos, se é preciso, a Saudade; porque a Saudade cicais sexa unha espranza entristecida, ladroeira de accións.
Galiza ten hoxe unha forza vital capaz de conducila a tódolos delirios de grandeza. Pode chegar á loucura. Pero endexamais chegará ao suicidio. E Galiza deixará de loitar pola liberdade cando a conquira.
Pedimos...
Pedimos que a nosa Terra sexa nosa. Porque somos fillos dela. Porque ninguén máis pode gobernala. Porque ninguén máis pode comprir a súa misión hestórica. Porque levamos o seu nome polo mundo adiante. Porque queremos comprir a postrimeira manda dos nosos irmáns: os que deron a vida pola liberdade.
A nosa Terra é nosa. Xa se ten dito moitas veces. Mais agora decímolo nós, os deterrados. Os desterrados que vivimos en liberdade. Decímolo en nome de moitos miles de galegos que andan polo mundo. Decímolo, tamén, en nome de moitos miles de desterrados na propia Terra, dos que agardan por nós, dos que viven como fillos da morte, contando o tempo por noites.
A nosa Terra é nosa. Nada máis que nosa. Porque somos os únicos capaces de darlle luz á súa noite, pan ás súas demandas, diñidades á súa vida. Porque somos os únicos capaces de enxugar as súas bágoas de door.
A nosa Terra é nosa. ¿De quen máis podía ser?¿Dos que a aldraxan?¿Dos que lle negan a fala e o pensamento? ¿Dos que a encadean?¿Dos que a rouban?¿Dos que asesinan aos seus fillos máis queridos?¿Dos que a ensumiron na iñorancia?¿Dos que a queren vender como escrava?¿Dos que lle negan o dereito a ser libre?
¿E quen somos nós para falar deste xeito? Somos os galeguistas de tódolos partidos democráticos. Somos os galegos antifeixistas."
Acaba de empezar 2010 y ya se armó el belén. Desde el 1 de enero, la República de Irlanda, un estado presuntamente laico y moderno, perseguirá y multará con hasta 25.000 € a todos aquellos que blasfemen o utilicen expresiones insultantes que se refieran a materias consideradas sacras por cualquier religión o que indignen (sic) a un número de seguidores de esa religión. O lo que es lo mismo, han cancelado de facto la libertad de expresión en materia de fe. El Gobierno de coalición entre los liberales nacionalistas del Fianna Fáil, los conservadores del -cuanto menos paradójico- Partido Demócrata Progresista y los verdes considera que ofrece mayor protección a la sensibilidad de todos los creyentes que la antigua ley de 1937, que a su vez se apoya en un decreto medieval coetáneo a la Inquisición, que sólo vetaba los epítetos dirigidos al boato católico. La vieja Irlanda, al menos la parte liberada de Londres, sigue bajo el poder de Roma.
Resulta llamativo que un país europeo y moderno dé pábulo a una legislación tan beata. Sentando un peligroso precedente que ha causado honda admiración en grandes democracias como Sudán, Pakistán, EE.UU. o Arabia Saudí, los irlandeses equiparan su legislación a la más baja y más sectaria de los fundamentalismos, sea la de las madrasas de Yeda, de las sinagogas haredim de Jericó, de los púlpitos de la Navarra profunda o de los ranchos mormones de Utah. Precisamente, un estado que hace muy poco tuvo que pedir perdón por encubrir durante siete décadas los continuados delitos sexuales contra los menores perpetrados por la propia Iglesia Católica con la aquiescencia de todos y cada uno de los Papas de Roma. Hace falta valor para pedir respeto. Hace falta muy poca vergüenza para reclamar que los demás callen mientras ellos continúan pregonando viejas leyendas con las que llenarse los bolsillos.
http://blasphemy.ie/
The Doors -















