Non aldraxa quen quere, senón quen pode.


Moitos, tanto dentro coma fóra da Galiza, choutaron de carraxe ó escoitar o noso xentilicio convertido nun desafortunado despreciativo nos beizos de Rosa Díez. Algúns mesmo se abraiaron ó coñecer o escuro fondo que se agocha trala faciana populista dun partido creado á imaxe e semellanza da súa xefa. Utilizar "gallego" coma insulto xa é un costume para ela. Chamoullo a Nuñez Feijóo, que supoño recibiría abraiado tal epíteto.  agora a Zapatero e a Rajoy, coma querendo dicir que son taimados, indefinidos ou, no peor dos casos, parvos. Non sei vós, pero eu non me dou por aludido. Eu son galego, fillo da terra dos meus pais, terra que quero e me quere e única patria que recoñezo. Os meus compatriotas son teimudos, falangueiros, traballadores, retranqueiros e boa xente en xeral. Un chisco coma calquer cidadán de calquer país do mundo. Rosa Díez, en troques, é política e iso xa fai desconfiar ó máis inocente. 

Fuxiu do seu país e do seu partido de toda a vida na procura de sona, e o que consegue cada vez que fala é emporcallarse máis. É unha extranxeira no seu país, unha outsider política e unha desas que só deixa marmurios de desacougo aló por onde pasa. Ninguén que a coñeza fala ben dela. Por iso ten que chamala atención co que pode, inzando o seu discurso de demagoxia, populismo e frases das de "todo a cen". Visto que o de ser nacionalista español da votos, pois alí foi Rosiña a apañar os seu botín. Como sendo medio progre non se lle arrimaban demasiados, foi pouco a pouco endurecendo o seu descurso para rexouba da tribuna ultramontana. O seu españolismo racista, de tan impostado que é, sona a broma. Négome a pensar que unha tipa que se aliou con Ibarretxe cando traballada para os socialistas de Euskadi pensa realmente que os galegos somos inferiores. Se o di, é porque non lle facemos caso. Porque, depois de armar unha enorme liorta en Galiza para que os "bilingües, o sea, pero en español" tivesen voz e voto, a xente lle votou o PP e non a ela. Porque lle treman as pernas de puro goce malsano cada vez que lle achegan un micro. Porque sabe que nada do que ofreza vale un can. Porque, querida Rosiña, non che da o maxín nin para ser nazi do parviña que me es. Calquer día, meterante un tiro nos miolos, e, se alguén se aleda, será culpa túa. Tí soíña cavas a túa tumba, a do esquecemento dos xoguetes rotos. É o prezo que se paga cando se medra pisando cabezas alleas, que ninguén te lembre cando o teu discurso de odio xa non trunfe nin na Falanxe. España é hoxe menos nación polo traballo teimudo de salvapatrias coma ti. En nome de todos os independentistas, gracias. Pósnolo moito máis sinxelo, así todos poden ver quen son ises "imbéciles e escuros" dos que fala o noso himno inmortal. Xa verás cantos de nós te imos recibir á próxima vez que te atrevas a voltar o noso país. Entón si que te poderás chamar víctima. 
O que si me doe é a indiferencia do vello Gabilondo, progre de sona e xornalista de lenda. Que noxo ver como cala ante aldraxes que xamáis permitiría para vascos ou catalás. Pobriño, está tan fora de sitio na tele que só lle da para lelo telepromter. Vaia parella, a vendedora do españolismo pexorativo e o mercenario do xornalismo que tanto foi e do que nada queda. E, pese a todos vós e todo o voso traballo a prol da barbarie, Galiza e os galegos seguimos eiquí, falando nunha lingua que tanto vos amola e que non sodes quen de calar. Dito no teu idioma imperial, ladran, luego cabalgamos.

Matinée

Hay mañanas de sábado, cuando estoy de buen humor y nadie me mira, en las que me gusta cantar a solas canciones viejas de cuando era un chaval. Cantar mal, he de reconocerlo, pero ésa no es la cuestión. Hay mañanas callejeras de cámara de fotos y Hellacopters; mañanas agonizantes dedicadas a los Pixies y al zumo de naranja; mañanas soleadas en las que añoro la lluvia y silban gaitas y axoúxeres; mañanas resacosas y quinceañeras atronadas por Sepultura; mañanas en las que pienso en ti y me castigo escuchando a Soundgarden. Por suerte, hoy no es de ésas. Esta mañana soy el tipejo trasnochado y sonriente que corea a voces a los Chichos mientras los vecinos miran y el sol acaricia, por fin, esta piel ajada y noctámbula.

Los Chichos - Quiero ser libre


 

El día que yo mande...

En ocasiones, entiendo a Stalin. Y a Pol Pot. Si me apuran, incluso a Pedro el Cruel y al rey Herodes. Y es que no hay más que encender la televisión para querer ver a muchos en una fosa o en un gulag. Sobran motivos. El premio Ondas a Jorge Javier Vázquez. Las tertulias deportivas. Las coberturas "informativas" vestidas de morbo que hacen algunos canales cuando hay una tragedia. La entrevista exculpatoria que hizo el otro día Telahinco al asesino confeso de Sandra Palo, muy similar a las de la idiota esa a la que salvó de morir a hostias un tal doctor Neira. Los y las modelos reconvertidos en comunicadores sin gracia, pero con el valor añadido de hacer babear al personal en vez de alimentar otras inquietudes. Los hijos predilectos de la cultura del enchufismo, el lameculos y la diplomacia parda de despacho. Todo lo que rodee a Belén Esteban. Los reality shows tipo Generación Ni-Ni, Fama o Supernany, con su impostado rollito de servicio social de chichinabo. Las noticias de "interés humano" en los informativos. Los abortos bufos de la crónica social que dicen ser periodistas. Los reporteros graciosetes y los concienciados. Las tertulias en las que todos concuerdan. O, sin ir más lejos, las campañas homófobas, fascistoides y resentidas que hacen en el grupo de medios en el que trabajo. Menos mal que ya no veo la tele. Y que abandoné hace tiempo mis planes de dominar el mundo. Quiera dios que yo nunca mande, porque, con la mejor de las suertes, acabaréis todos picando piedra en un penal. O mejor, abonando la maleza sobre la que orinan los cerdos. Pérdense as que van polo aire. Pase lo que pase, creo y creeré siempre que cada cual recibe lo que se merece. Y sé de algunos que, el día menos pensado, acabarán ahogándose en su propia mierda a fuerza de tanto llenar las pantallas con ella. Llamadme intransigente. Para eso abrí este chiringuito. Vosotros sois peores por tolerarlo.

Recuerden, BorderSticks recomienda: TV OFF!

Hellacopters - Everything Is On TV


 

Política de bragueta

Siempre me ha llamado poderosamente la atención el extraño vínculo que une política y sexo. Y no, no me refiero a la erótica del poder que pueden representar Bill Clinton y su becaria o Sarkozy y la tipa esa que dicen que canta, pero que colecciona más novios acaudalados que discos. Me refiero al uso del sexo como herramienta política. Ya había hablado alguna que otra vez de ello, en casos como el de Tania Derveaux en Bélgica o, en menor medida, Tanja Kerpala en Finlandia. Las ministras-objeto de Berlusconi sentaron un nuevo precedente en cuanto a la frivolidad llevada a la representación ciudadana. No sólo porque se filtrasen las conversaciones telefónicas de Berlusca con la exmiss y ahora ministra de Igualdad Mara Carfagna, en las que quedaba en evidencia que los métodos de selección de Il Cavaliere incluyen prueba oral. No son ni una ni dos las cantantes, bailarinas y modelos que se han unido al partido Popolo della Libertá, pero basta con poner los ejemplos de Barbara Matera, Elisa Alloro, Camila Ferranti, Adriana Verdirosi o incluso la ex concursante del Gran Hermano Angela Sozio. Ahora les ha surgido competencia. ¿Dónde? En la ya de por sí poco creíble República de Colombia.
Supongo que ya lo habrán leído en cierto tipo de prensa. María Fernanda Valencia, abogada y periodista bogotana, ha prometido a sus votantes posar desnuda si sale elegida para la Cámara de Representantes. En un país atenazado por el narcotráfico, con una democracia inflitrada por la corrupción y la violencia, con más de cuatro décadas de conflicto armado y unos niveles de paro y PIB propios de la vecina Centroamérica, la exviceministra de Turismo ha realizado el último ejercicio de pragmatismo político. Ya que no podrá cumplir ninguna promesa de calado, ofrece lo poco que tiene, su cuerpo. Pese a militar en el Partido de la U, un grupo conservador creado como punta de lanza del presidente Uribe para forzar su tercera reelección, Valencia no tiene miedo de escandalizar a los más pacatos de los votantes. Sabe que en tiempos de guerra, todo agujero es trinchera, y, aunque se escude en vanos argumentos feministas, es plenamente consciente de que si llega al parlamento, será por su capacidad para avivar las braguetas ajenas.
Puede que esa sea la solución para evitar la desmotivación política de la ciudadanía. Habrá que avisar al gobierno griego, acorralado por el paro y un déficit público de más del 13%, para que reclute nuevos valores en los piquetes de la huelga de prostitutas que ha empezado hoy en Atenas.

काम

En algún lugar del cerebro, en lo alto del cielo del paladar, justo detrás de las cuencas oculares, está el gatillo de la felicidad. Busque en las profundidades del encéfalo, en la parte ventral del cuerpo estriado que forma los ganglios basales. Sumergido en la materia blanca, en un punto solamente visible a través de electrodos y ultrasonidos, se esconde el nucleus accumbens. Algo de todo esto se sabía antes de que, en 1954, James Olds y Peter Milner descubriesen su localización exacta. Es un poco paradójico pensar que no hubiese sido posible encontrarlo sin torturar cientos de cobayas enchufándoles electricidad en plenos sesos. Y gracias a su descubrimiento, dando una nueva vuelta de tuerca a la paradoja, nadie ha sido feliz.
Su hallazgo abrió camino a las extrañas teorías del refuerzo positivo y el condicionamiento humano, sirvió para conocer la base científica de la adicción y dio pie a cientos de tratamientos contra todo tipo de dependencias. Tras localizar en este punto el origen del placer, la risa, el disfrute de la música, el hambre, la dependencia, el sexo y el miedo y trazar los caminos que recorre la dopamina bajo sus órdenes, su trabajo fue adquirido por la CIA. Cayó en tan buenas manos que poco después fue empleado en el perfeccionamiento de las artes del sadismo a través de la Escula de las Américas y las dictaduras cuarteleras de la Operación Cóndor.
Lo triste no es que sepamos dónde está, de qué manera funciona y cómo activarlo. Lo que realmente dice poco a favor de la raza humana es el hecho de que sigamos conformándonos con sucedáneos. No busque más, está ahi arriba. El problema es que varias multinacionales a ambos lados de la ley viven de vender atajos a lugares tan cercanos y desconocidos como ése.



Kula Shaker Govinda

Revelaciones de aeropuerto

Fue hace un par de años, o puede que menos. Estaba en la sala de espera de un aeropuerto extranjero, intentado descifrar sin demasiado éxito un periódico francés para matar lo antes posible la espera entre vuelo y vuelo. A mi alrededor, una muchedumbre silenciosa de ordenados europeos se movían de un lado a otro arrastrando pulcras maletas. Nadie llamaba la atención, al menos no la mía. Puede incluso que fuese yo el que daba la nota, con barbas de varias semanas, los pantalones rotos en lugares impúdicos y una vieja mochila abombada por la ropa sucia. Pero nadie me lo hizo notar.
De hecho, aquella mañana tenía la desagradable sensación de ser invisible. No es que buscase ser el centro de atención, simplemente que en aquel momento y en aquel lugar, justo en el epílogo de un viaje cargado de demasiadas promesas, mi cara era la del tipo que acaba de descubrir que no hay que creer en nada, para que nada te estalle en el hocico. Para completar la escena, aquella mañana de principios de junio el aeropuerto estaba copado por familias al inicio de sus vacaciones y parejas más o menos estables en busca de la gran escapada a la alcoba de un hotel. Ante mis ojos, la estabilidad y la felicidad bailaban descaradamente haciéndome burla. Me parecía tan evidente estar fuera de lugar que hasta dolía levantar la vista del suelo. La fiesta había terminado, mi cita me había dado plantón y el camino de vuelta a la confortable autocompasión de mi madriguera se estaba demorando demasiado. Y en mis auriculares, como en los mejores malos momentos, no dejaban de sonar los Black Crowes.
Debió de ser entonces cuando la vi. Justo cuando sonaban los primeros acordes de Descending. En realidad, llevaba un rato delante de mí sin que los nubarrones de mi propia tormenta me dejasen verla. En la ventana, entre la fila de asientos y las pistas de aterrizaje, un ave extraña y enorme me observaba detenidamente. Encaramada a una grúa, me acompañaba una especie de gaviota oscura y desproporcionada, totalmente inmóvil. No sé, puede que fuese una golondrina, nunca me aprendí del todo los nombres de los pájaros. Pero lo que sí recuerdo es que aquel bicho no perdía detalle. Recuerdo haberme movido de sitio y quedarme frío al ver sus ojillos avizores siguiéndome atentamente. No entendía cómo podía haber atraído su atención. En medio de aquel barullo de azafatas, luces de colores, pasaportes y aviones de casi mil toneladas yendo y viniendo, ¿qué quería ese animal de mí?
Estaba tan absorto manteniéndole la mirada al pájaro, que tardé en darme cuenta. Sonó una voz en megafonía que me distrajo. Aquella sala de espera ya no era el mismo sitio, es decir, sí era el mismo aeropuerto, pero había cambiado totalmente el paisaje. A mi alrededor, un torbellino de monjas buscaba su puerta de embarque. Me refiero a que sólo podía ver una marea blanquinegra de abuelillas que cuchicheaban entre ellas, hipnotizadas ante las pantallas de próximos embarques. Una de ellas llevaba un sombrero mexicano en una mano. Un autentico sombrero charro de ala ancha.
Mis manos buscaron la cámara en mi mochila al mismo tiempo que se me escapaba de medio lado una sonrisa boba. Como no encontraron nada, se me heló el gesto en la cara al darme cuenta de que la mochila no estaba en su lugar. Escapando de la mirada inquisitiva de un pajarraco, había abandonado mi escaso equipaje en mitad de ninguna parte. Sobra decir hasta que punto me sentí idiota. Mientras me quedaba estupefacto de mi propia torpeza, notaba como me iba volviendo translúcido, vacío, únicamente dueño de la certeza de que la tierra me estaba tragando. Antes de que pudiese reaccionar para levantarme y buscar mis cosas, una mano me tocó en el hombro. Era la monja, con el sombrero charro en una mano y mi mugriento zurrón en la otra. El pájaro y las monjas se largaron antes de que pudiese sacar la cámara. Y, desde entonces, cada vez que vuelvo a un aeropuerto, dejo de sentirme invisible.
No es gran cosa, pero es una historia verídica. Pueden preguntar en Beauvais.

The Black Crowes - descending


 

Zurück nach Hause

Vuelvo de soslayo, coincidiendo una vez más con las nevadas intempestivas. Demasiadas horas encaramado a las ondas, echando más y más carbón a la máquina para seguir luchando contra casi todos. Demasiadas excusas como para dejarme caer por mi país de placeres amargos, conformándome con garabatear mis impaciencias en billetes de autobús mientras se escapan las horas. Y yo las veo huir con esta cara de tonto. Pesan los esfuerzos a medio recompensar, ruge mi espalda y lloran mis sábanas porque ya no les doy conversación antes de dormirme. Ahora, simplemente aterrizo en blando y duermo. Pero me niego a darle más tinta a mis gruñidos. Por eso vuelvo. Porque me harté de coleccionar papeles sueltos y porque quiero hacer lo que estoy haciendo. Otro lo ha explicado mejor que yo:

"De eso se trata en el fondo, maldita sea: hay que comprometerse hasta el final con la vida que uno ha escogido. Y hay que recordar que uno la ha escogido: hay mucha gente que ni siquiera puede elegir. Eres un tío listo, eres joven, tienes talento, ya te lo he dicho"

De eso se trata, en el fondo. Por eso sigo aquí, desgranando mis letanías y volcando mis renglones para quien quiera acercarse sin preguntarse si muerdo. Día a día, leyendo el periódico, cruzándome con vosotros en callejones y barras de bar, en la ducha, en el metro o subido a los tejados. Día a día, algo alza mi ceja y reclama mi atención. Y entonces, el cuerpo me pide contarlo, despiezarlo, romperlo en mil pedazos para volverme loco intentando volverlo a montar. No hay reglas, ni obligaciones, ni censuras ni excusas. No quiero que sea fácil, no necesito que sea perfecto. Prefiero los guiños casuales que te enseñan a disfrutar los regalos pequeños. De esto se trata y soy demasiado testarudo para dejar de hacer lo que más me apetece. Éste es mi negocio, desenfocar imágenes inconexas, susurrar sinsentidos a un micro sin retorno y dejar que mis demonios narren esta historia ciclotímica escrita en billetes de autobús. Por eso, estoy de vuelta.


Preliminares


Nieva intensamente, tras derretir los polos el viernes pasado en el fondo de una copa. Terminado el rearme, es tiempo de volver a las andadas. Mañana empieza a primera hora y se avecinan cambios antes de lo esperado. Resueltas las cuentas pendientes, disipada la nube nepente, solventados los trámites más urgentes y puestos en hora todos mis relojes, puede comenzar el nuevo año. Ha costado diez días más que a la mayoria, pero nadie prometió aterrizajes suaves. A veces, basta con saber que pisas tierra firme.

60 aniversário da morte de Castelao


"Os hespañoes deben creer en Galiza, a non ser que non crean en si mesmos, Galiza quer liberdade porque non hai pobo en Hespaña con máis fe no seu futuro. Nós creemos que a auga doce dos ríos pode facer doce a auga salgada do mar; que a morte, enchéndose de vidas, será vida; que a nada, enchéndose de ilusións, será todo... As nosas espranzas non caben nos lindeiros da razón. Mataremos, se é preciso, a Saudade; porque a Saudade cicais sexa unha espranza entristecida, ladroeira de accións.

Galiza ten hoxe unha forza vital capaz de conducila a tódolos delirios de grandeza. Pode chegar á loucura. Pero endexamais chegará ao suicidio. E Galiza deixará de loitar pola liberdade cando a conquira.

Pedimos...

Pedimos que a nosa Terra sexa nosa. Porque somos fillos dela. Porque ninguén máis pode gobernala. Porque ninguén máis pode comprir a súa misión hestórica. Porque levamos o seu nome polo mundo adiante. Porque queremos comprir a postrimeira manda dos nosos irmáns: os que deron a vida pola liberdade.

A nosa Terra é nosa. Xa se ten dito moitas veces. Mais agora decímolo nós, os deterrados. Os desterrados que vivimos en liberdade. Decímolo en nome de moitos miles de galegos que andan polo mundo. Decímolo, tamén, en nome de moitos miles de desterrados na propia Terra, dos que agardan por nós, dos que viven como fillos da morte, contando o tempo por noites.

A nosa Terra é nosa. Nada máis que nosa. Porque somos os únicos capaces de darlle luz á súa noite, pan ás súas demandas, diñidades á súa vida. Porque somos os únicos capaces de enxugar as súas bágoas de door.

A nosa Terra é nosa. ¿De quen máis podía ser?¿Dos que a aldraxan?¿Dos que lle negan a fala e o pensamento? ¿Dos que a encadean?¿Dos que a rouban?¿Dos que asesinan aos seus fillos máis queridos?¿Dos que a ensumiron na iñorancia?¿Dos que a queren vender como escrava?¿Dos que lle negan o dereito a ser libre?

¿E quen somos nós para falar deste xeito? Somos os galeguistas de tódolos partidos democráticos. Somos os galegos antifeixistas."

Cac ar Dhia!

Acaba de empezar 2010 y ya se armó el belén. Desde el 1 de enero, la República de Irlanda, un estado presuntamente laico y moderno, perseguirá y multará con hasta 25.000 € a todos aquellos que blasfemen o utilicen expresiones insultantes que se refieran a materias consideradas sacras por cualquier religión o que indignen (sic) a un número de seguidores de esa religión. O lo que es lo mismo, han cancelado de facto la libertad de expresión en materia de fe. El Gobierno de coalición entre los liberales nacionalistas del Fianna Fáil, los conservadores del -cuanto menos paradójico- Partido Demócrata Progresista y los verdes considera que ofrece mayor protección a la sensibilidad de todos los creyentes que la antigua ley de 1937, que a su vez se apoya en un decreto medieval coetáneo a la Inquisición, que sólo vetaba los epítetos dirigidos al boato católico. La vieja Irlanda, al menos la parte liberada de Londres, sigue bajo el poder de Roma.Resulta llamativo que un país europeo y moderno dé pábulo a una legislación tan beata. Sentando un peligroso precedente que ha causado honda admiración en grandes democracias como Sudán, Pakistán, EE.UU. o Arabia Saudí, los irlandeses equiparan su legislación a la más baja y más sectaria de los fundamentalismos, sea la de las madrasas de Yeda, de las sinagogas haredim de Jericó, de los púlpitos de la Navarra profunda o de los ranchos mormones de Utah. Precisamente, un estado que hace muy poco tuvo que pedir perdón por encubrir durante siete décadas los continuados delitos sexuales contra los menores perpetrados por la propia Iglesia Católica con la aquiescencia de todos y cada uno de los Papas de Roma. Hace falta valor para pedir respeto. Hace falta muy poca vergüenza para reclamar que los demás callen mientras ellos continúan pregonando viejas leyendas con las que llenarse los bolsillos. http://blasphemy.ie/
Saoirse!

Instrucciones para una mañana peripatética


En primer lugar, lo más complicado: no trabajes una jornada normal. No te levantes hasta pasado mediodía ni cultives horarios regulares. Aprende a evitar la mueca de oficinista vacío. No uses paraguas. No cojas el metro al salir del trabajo, una hora después del amanecer. Simplemente, levántate y anda. No vuelvas directamente a casa. No escojas las calles salvo que haya algo que merezca la pena seguir. No dobles todas las esquinas con los ojos abiertos. No busques cobijo de la lluvia ni enjugues las gotas que caigan frente abajo. Sorbe las que resbalan por la mejilla con el quicio de una media sonrisa. No gastes más tiempo en tomar decisiones trascendentales que el que tardes en cruzar un paso de cebra. No mientas. No transites lugares comunes. No continúes andando si lo que te apetece es detenerte a mirar al cielo. No esquives los charcos. No dudes en sonreír a las chicas de mirada avergonzada, caladas por el aguacero. No aceleres para adelantar a los ancianos ociosos. No tengas prisa por llegar ni apresures el paso en los cruces. No te avergüences de tus ojeras. No respondas a conversaciones de relleno. No escondas la cara porque no tengas un ceño fruncido que la proteja. Silba si te apetece. Ve a dónde te apetece. ¿Lo ves? Ya has llegado.

The Doors - Crystal Ship


 

A entrada número trescentos

Cando amanece chovendo, un intre antes de clarear e un chisco despois de espantalas tebras, Madrid é azul. Mais ninguén semella decatarse, acostumados coma están os chairegos da Meseta á cor chumbiza das cidades sen historia. Tampouco a cámara compacta do meu móvel é quen de lle facer xustiza ó aceno de cor que só iste galego errante semella desfrutar. Será entón o meu espectáculo privado.



Por certo, esta é a entrada número trescentos diste blog, despois de case cinco anos escribindo e moita goma queimada nos zapatos. Non é nin mellor nin peor que calquera das outras, mais a iste humilde narrador dalle un pulo novo, unha bágoa vella e un motivo para sentirse ben. Serei inocente...

Diez años

Acaba 2009 y, con él, sin que nos demos apenas cuenta, termina también la primera década del tercer milenio. Llega la hora de recapitular y los medios añaden a su rutinario repaso del año que termina la no menos mecánica revisión de los otros nueve que le preceden. Y, cómo no, se empeñan, nos empeñamos, en contar la historia al revés. La revista Época tilda a este decenio de desastroso y no faltará quién le dé la razón. 11-S, 11-M, 7-J, Kabul, Bagdad, Bombay, el teatro Dubrovka, las playas de Banda-Aceh y mil y un desgracias pueden reforzar su argumento, con la crisis económica como broche, corolario y moraleja de toda una década.
Muerta y enterrada la resaca buenista del fin del milenio, aparecen por doquier legiones de predicadores de un apocalipsis a fuego lento. Agitadores del pesimismo, mercachifles de una derrota cotidiana que frunce con más fuerza aún los ceños del público. Para los apóstoles del "todo va mal", la realidad no es más que un libreto empeñado en respaldarles. Terrorismo, incapacidad gubernamental, crisis de valores, abortos, laicismo y cainismo posmoderno. ¿Tan cuesta abajo va el mundo? Y aún más importante. ¿Qué soluciones nos proponen los crispados mesias del desencanto? Podría ser que, al menos en el estado español y en EEUU, les duela todavía el poder perdido con el ansia carnívora del que se duele de un brazo amputado. No veo otra explicación a su constante apología de los cuatro jinetes del Apocalípsis. ¿Qué aporta, que resuelve? ¿Qué ganan cargándonos los hombros de desesperanza? ¿Es que también venden ansiolíticos?
Punto y aparte. Hace diez años, aún vivía en Ourense, aún era, a falta de meses, menor de edad y no tenía ni idea de que era un yonki de la radio. Aún tenía a mi abuelo y creía en ideas hoy envenenadas de cinismo. Visto de manera egoísta, le debo mucho a estos diez años. Muchos cambios, alegrías, cicatrices, batallitas, kilómetros, besos, oportunidades y descubrimientos. Diez años que dan forma a los diecisiete anteriores y han modelado a este ser imperfecto que hoy os lo cuenta desde un autobús que atraviesa por enésima vez la Meseta. Viví para contarlo y, mientras pueda, lo seguiré haciendo. Ahora que agoniza 2009, brindo por otros diez años. Una década más para seguir persiguiéndolo. Una década más para seguir refutando a brazo partido su corrosivo pesimismo. De hoxe en dez anos, meus...

El discreto encanto de los alahuitas

Termina 2009 y todos y cada uno nos retratamos en nuestros quehaceres, mal que nos pese. Hojeando la prensa general, es fácil encontrar imprecaciones contra las nevadas generalizadas y deprecaciones contra la tan traída y llevada crisis o el más que esperado fracaso de la cumbre del cambio climático de Copenhague. Puro costumbrismo. Cualquier otro tipo de prensa está marginada o proscrita. Pregúnten sino a los compañeros de Egunkaria, que lleva casi cinco años esperando que demuestren su presunto servilismo con ETA. Mientras tanto, información precocinada o silencio. Y aún hay quien niega la teoría de la agenda setting.
Uno de los que sigue empeñado en romper el tedioso ciclo informativo es el inexplicable Hugo Chávez, militar reconvertido en vanguardia de una revolución de arriba hacia abajo que nadie termina de creerse del todo. Puede que 2010 nos sorprenda con una guerra entre Venezuela y el narcoestado colombiano, punta de lanza estadounidense y puntita de perico del mundo entero. Nadie parece desear el conflicto, pero todos escogen, por si acaso, a su púgil. El estado español, cómo no, arrima el ascua a la sardina de Obama mientras vende a Caracas armas de destrucción masiva -sí, este país las fabrica y nadie ha planteado todavía tomar Madrid a la preventiva.
Gran política exterior la española. Sus gobiernos, de cualquier pelaje y color, son expertos en dar una imagen cazurra e inepta del estado. Todos sus cancilleres cumplen una cierta agenda prefijada, como un baile de salón en el que a alguien le toca quedarse con el culo al aire y sólo los súbditos de Juanca se presentan voluntarios. Punto primero, dar coba a Marruecos. De Reino a Reino, pareciera que es el alahuí el que tiene la sartén por el mango en el juego bilateral. Impone el acceso a los caladeros de pesca, explota en las costas del Sahara los que corresponden a los pescadores andaluces y reclama a voz en grito en cuanto puede la "marroquinidad" de Ceuta, Melilla, Canarias, Andalucía y lo que surja. Y nadie, ni a derechas ni a izquierdas, se atreve a levantar la voz. Es más, acaban de pactar comprar sus tomates a mejor precio que los peninsulares. Ironías del libre mercado que los muertos de hambre nunca llegamos a entender.

¿Y si tal cosa partiera de los vecinos británicos de Gibraltar o de cualquier estado bolivariano? Ardería Troya. ¿Qué clase de influencia o baraka funesta protege a Marruecos? Si alguien lo sabe, se lo guarda para sí. No hay explicación al extremo servilismo del PSOE, impropio de un partido supuestamente socialdemócrata hacia una narcomonarquía absoluta. Qué eterna decepción la de su supuesta querencia por el progreso. Para los del capullo en el puño, ponerse una kefiyeh palestina y dar coba a los saharahuis es perfectamente compatible con vender armas al mismo gobierno que robó su tierra. Tanto da que la ONU considere 34 años después el Sahara Occidental como territorio español, ninguno quiere recordarlo. Y para rematar la faena, su rama catalana se echa atrás ante la presión taurina y retira su apoyo a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Mientras, su sucursal vasca agacha la cabeza ante el mitin navideño del monarca y convive en centralista armonía con el españolismo pepero. ¿Dónde está el nirvana guay solidario que pregonan los progresistas? Lo dicho, una panda de achantados posibilistas vendedores de humo.
Al otro lado, en la salvaje oposición, conviven la tentación ultraliberal con la pulsión autócrata. Es decir, los fachas con traje, corbata y chequera frente a los ultramontanos de polo de marca sobre camisa azul. Tampoco ellos, desde su supuesta superioridad aria/católica/de bien, son capaces de levantarle la voz al bueno de Mohamed VI. Si acaso, mandarán un grupito de infantes de marina a achantar con vientos de Levante a las cabras de Perejil, pero de defender los caladeros o los derechos humanos, ni hablamos. La quina, como de costumbre, es para los laicos y los separatistas. Para la derecha, más allá del servilismo al amo de turno en la escena internacional, todo lo demás se resume en el viejo Non Plus Ultra.

¿A quién beneficia este silencio promarroquí? ¿Qué hilos maneja el despotismo alahuí para mantener su escudo diplomático hispano-francés? La prensa, supuesto cuarto poder, vive demasiado entretenida en guerritas menores y fusiones de alto calibre. E impera, salvo excepciones honrosas pero testimoniales, un indigno silencio cómplice. Algunos cantarán victoria por el regreso de la heroica Aminatu Haidar a El Aaiun. Se olvidan que su ansiado retorno al Sahara no cambiará un ápice la opresión y las palizas cotidianas de un gobierno represivo y desconfiado como el de Rabat. ¿Por qué nadie pide para ellos la misma justicia que se reclamó para los torturadores baathistas en Irak, los talibán afganos y, más recientemente, los exaltados fundamentalistas chiíes de Irán? Quizás, visto el efecto "democratizador" -de la barbarie- de los ejercitos occidentales en Bagdad y Kabul, sea mejor no desear esa clase de libertad para los marroquíes. La sangrante verdad es que hay dictaduras buenas, como China, Marruecos, Israel, Turquía, Rusia, Pakistán u Honduras, y dictaduras malas, que son todas aquellas que no han sido elegidas en los despachos de nuestras intachables democracias.


Huellas

Nieva igual que hace un año. Igual, pero menos, como muchas otras cosas. El mismo paseo, la misma banda sonora, el mismo ceño fruncido que ata en corto la caja de las tormentas. El frío toma al asalto este saco de huesos, esta vez puede que para quedarse. De puertas adentro, se hacen notar las ausencias de quienes pusieron su empeño en no estar. Hojas arrancadas a propósito de un libro al que ahora le sobra monólogo y le faltan ciertas inercias reconfortantes. Pero no hay lugar al lamento ni excusas para mirar atrás. Sólo la sensación de dirigirse a alguna parte, sin opción de bajarse en marcha. Tanto esfuerzo en borrar huellas que ya no hay un rastro ni nadie que lo siga. Y todo indica que debe seguir siendo así.

Modus operandi


Collín fai tempo o pernicioso vicio de voltar sobre os meus pasos. O tempo avanza á fume de carozo e non sempre fico na liña temporal que máis me seduce. Vou polo vento, veño polo aire e gústame ir un paso por diante para poder dar rodeos se me peta. Ás veces, non atopo nada familiar nas pegadas que deixei atrás e, se me perdo no labirinto de camiños paralelos e notas á pe de páxina, esváese a noción do tempo e do espacio. É o sinxelo feitizo da espiral. Son propenso a percorridos erráticos e non negarei que me gusta. Non fago grandes preguntas nin agardo respostas trascendentes e cheguei á inexorable conclusión de que nada será nunca abondo. Non agora, non por ninguén. Só me vou fornecendo co que podo levar comigo e sigo adiante ata que atope un bó motivo para me deter.

Massive Attack - Karmacoma


 

El último noviembre amargo

Se cotiza alto mi tiempo últimamente. No por que nadie dé un duro por él, sino por la tiranía del horario y las exigencias del sueño y la salud. Este es un noviembre atípico, sin el carácterístico arrastrar de pies y los días lánguidos que suelen destilar mis meses número once. Pero ni canto victoria ni exhibo lo apretado de mi agenda como excusa. Sólo aviso que he vuelto y eso es suficiente. En mi ausencia he aprendido idiomas, he perfeccionado el arte de esquivar balas y he redibujado caminos sobre brasa incandescente. Incluso he tenido tiempo de escaparme al Mediterráneo a conocer el Borne con los incondicionales. Nadie me esperaba a la vuelta y con nadie me he ido a pasear hasta hace un rato, y en ambos casos ha sido lo mejor que podía pasar. Es bueno de vez en cuando recordarse a uno mismo qué se está persiguiendo en este viaje hacia adelante. Y en plena calle, a la hora más inhóspita y rodeado de atareados extraños, he recordado mi antiguo pacto con Epicuro. Todo lo que me sucede, lo hace porque me apetece, para mi placer y divertimento. En este pequeño mundo amargo, soy narrador, público agradecido y blanco de las cámaras. Y quien me rodea, sabe bien como tratar con ello o queda atrás al doblar la primera curva. Si no, no serían incondicionales. Y así, sin pedir permiso ni esperar un momento que no llega, soy feliz. No hay conflicto interno si todo tu cuerpo empuja en la misma dirección. No hay opresión sin aceptación de las cadenas, no hay miedo si todo es voluntario y deseado. Sonará solitario, pero en este mes inédito, no necesito nada más para seguir silbando sobre las aceras. No más noviembres amargos. Si hay una elección, la mía lleva al placer. Las vuestras, decididlas por vuestra cuenta.

El muerto vivo

Trabajar en los noticiarios nocturnos proporciona momentos impagables. Una noche cualquiera, la adrenalina periodística puede asaltar los ondas por un ejército cualquiera que echa a su presidente del país en calzoncillos o por la quiebra masiva de los bancos. En realidad, muchos de esos instantes peculiares suceden antes incluso de llegar a la redacción al filo de la medianoche o justo al salir a darse el placer amargo de vivir a contrapelo. Esas horas pueden ser escenario de bohemios vagabundeos urbanos, conversaciones fundamentales, revelaciones inconfesables, pero, como en otras lides, no todo lo que sucede a oscuras merece la pena ser contado. Algunos momentos tienen un vuelo aún más corto y, con ellos, se va cocinando la realidad cotidiana de una radio trasnochada. La soledad kafkiana del transporte público a deshora, el encuentro con el realismo social recrudecido por la crisis o el privilegio de llenar una oficina con tan sólo cuatro almas son la moneda corriente y cualquier salida de guión es bien recibida.

Acostumbrado a descifrar farragosas notas económicas mientras duermen los incautos, a veces se cuelan en el margen de la retina noticias que pueden levantarte la jornada. Hoy ha sucedido. Mientras escribía una referencia al último disco del patriarca de la rumba catalana, una de sus letras más emblemáticas saltó del surco del vinilo y se coló entre la pila de los teletipos. Un brasileño de 59 años que había sido dado por muerto en un accidente de tráfico apareció en su propio entierro después de pasar toda la noche bebiendo cachaça con sus amigos. Todo esto, además, sucedió en día de difuntos. Ademir Jorge Gonçalves, el muerto vivo, resurgió a la mañana siguiente de que sus familiares reconociesen como suyo un cadáver. Llegada la resaca, un amigo escuchó la noticia por la radio, tuvo que acudir al cementerio, más muerto que vivo, a avisar del error, dejando boquiabierto a todo el cortejo fúnebre. No estaba muerto, no. Estaba tomando cañas, lere, leré. Menos mal que aún quedan buenas noticias de la jornada.

Peret - El muerto vivo


 

Zoso

Lembro as longas tardes de choiva. Semella que pasara un século dende aquela. No vello fogar, no val da chispa, as miñas urxencias loitaban contra os seus tedios. Dous discos, dous en concreto entre outros, soando ó lonxe, enchendo baleiros ata entón descoñecidos, pequenos rabuñazos que dende entón non deixan de aparecer de cando en cando. Fechado no meu cuarto, sentado na repisa da fiestra, cos ollos imaxinando o treito de estrada que se perdía maís aló do meu barrio. Na paisaxe, viñas, a caseta do meu can, carreiros, carballos, casas pequenas de dous andares, a igrexa de ladrillo a medio rematar e as sempiternas vías do tren que me arrularon dende neno. Aquel son tan propio como o asubío dun afiador. Lembro o marmurio cercano do Talgo a Madrid ou do Estrela Galicia nocturno a Barcelona. Podía escoitalo dende que cruzaba o Miño, máis aló de Tarascón. Unha parte de min viaxaba nese tren das historias de maquinistas e mozos de agullas do meu avó. A outra ficaba sentada na fiestra, ollando o tren atravesar o túnel cara Ourense mentres o ceo seguía desdebuxando o seu gris habitual nunha choiva infinda. De fondo, unha morea de papeis mal escritos, un balón firmado polo glorioso Dépor da 93/94, un flexo, un radiocasete, Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones e John Bonham.

Led Zeppelin - The Rain Song


 

Palabras sucias y caras bonitas

A veces, tengo días malos y este os ha tocado pagarlo vosotros. Así que levantad los puños o bajad rápido de la lona. Dejadme que me explique. He conocido tiempos mejores y peores y peleo cada día por el puesto que me corresponde en el mundo. He esquivado alguna bala últimamente y, visto desde cerca, no tiene tanto encanto. Y no lo digo por alimentar mitos de vacía pose suicida, sino más por romper la otra gran mentira del malditismo de moda, es decir, el culto a la autodestrucción barata que te venden los aprendices de canalla con vocación de mercachifle. Muchachillos y muchachillas lánguidas que soñáis precipicios y grandes finales dramáticos, no me vendáis vuestra mierda. Mírales, se llaman punkis porque se escupen entre ellos. Es fácil decirse maldito teniendo la cama hecha y la mesa puesta en la casita de mamá. Es un juego hacerse sangre si es sólo para llamar la atención. Pero, en el fondo, os faltan huevos. Os creéis Iggy Pop sólo porque os ponéis hasta el culo. Pensáis que ser interesante es repetir la consigna manida de no future. Valéis lo mismo que os ha costado el esfuerzo de no pensar más allá de las frases de vuestras camisetas. Me cago en vuestro rollo triste modernillo emocore. Me explico.


Viniendo para casa, me tropecé con un caos de ambulancias a dos calles del portal. Haciendo honor al instinto gacetillero y caso omiso al cordón policial, busqué en el bolsillo el carnet de la asociación de la prensa y me acerqué a husmear. Una joven, de entre 15 y 20 años, morena, tatuada, gótica y lánguida, yacía desvanecida sobre una camilla con los pulsos cortados. Trabé conversación con unos cuantos curiosos y el conductor de la ambulancia, que confirmaron la primera impresión. Intento de suicidio sin motivo aparente. Y, según una vecina sesentona que no dejaba de compadecerse de la madre de la criatura, no era la primera vez. Como luego me confirmó un camillero, se la encontraron en la bañera sus padres antes de irse a trabajar. Quisiera o no morir, que forma más sórdida de reclamar la atención de quien te vio nacer. Que manera tan cobarde de evitar madurar, de escabullirse de aprender el valor de cada gota de sudor que te acerca a tus sueños. Es más fácil dejarse llevar hacia la espiral descendente para luego poder presumir de cicatrices. Si te las haces tú sólo, no son heridas de guerra. Son la marca de nacimiento de un cobarde. No hay nada mejor en la vida que aguantar el tipo contra todo y contra todos hasta conseguir lo que te propones. Entonces, todo se justifica y puedes notar como pelea sin descanso cada fibra de tu cuerpo. Y en el límite de la extenuación, poder levantar los brazos y gritar con el último aliento: ¡Hijos de puta, no podéis conmigo! Pues eso, aplicaos el cuento. Tengo la boca más sucia que nadie pero sé cuál es mi sitio.
Por cierto, según los reglamentos de la Comunidad de Madrid y las leyes no escritas de la profesión periodística, no se puede informar de los suicidios, consumados o en grado de tentativa. Parece ser que la idiotez es contagiosa. Así que, ya sabéis, yo no os he dicho nada. A cambio, un pequeño regalito.

V de vitriolo


Wine is fine
but whiskey is quicker.
Suicide is slow with liquor.

Ozzy, Randy Rhoads, Randy Castillo, la difunta URSS y el último cartucho de la inocencia perdida. Todos se van, rápido o lento. Y no hay nada más que decir. Por ahora. Mañana, camina o revienta.

Horas muertas


Suelo saber a dónde me dirijo cuando me siento a escribir. Que canción suena de fondo, que imagen ilustra de forma metafórica y retorcida lo que estoy pensando. Suelo distinguir las expresiones en las caras ajenas desde muy lejos, puedo leer tus diminutos letreros a kilómetros de distancia. Una buena vista ayuda a ver venir los acontecimientos. Pero nadie puede verse venir a sí mismo hasta escasos centímetros del punto de impacto. Y chocar es lo de menos. Lo difícil es asumir que no dejará de repetirse. En el fondo, uno puede llegar a pensar que tiene cierta gracia. No me estoy explicando, y es deliberado. Sólo dejo que surja. Hoy no es un día de esos que suelo tener. Hoy prefiero el caos. Y entonces recuerdo a qué sabe improvisar, regodeándome en el vértigo de que no dejar que lo superfluo importe un carajo. ¿Os había contado que detesto la sórdida seudotraducción del sonoro y racial carallo? Castrapo, nenos, esmoleira língua de escravos. Pero, en esta situación y sin que sirva de precedente, encaja a la perfección con lo que quiero decir. Sigo sin concretar y la tinta se agota. Parece ser la tónica general. Hace un rato, bajé a la calle por cambiar de aires. Escogí al azar un punto cardinal y lo seguí hasta cansarme. Me crucé con todos vosotros y vuestras caras de domingo a media tarde. A estas horas, la gran ciudad encoje por pura pereza o a mí me lo parece. Poco antes de los afamados atardeceres madrileños, hay una hora en la que Madrid se transforma ante mis ojos en un odioso compendio de horrores privados sucediéndose en un villorrio demasiado transitado. Horas sin brillo de domingo de entretiempo en las que hay que subir al tope el contraste para distinguir las escalas de gris. La compañía lo hace más sobrellevable, de esa compañía aleatoria a la que importa un carajo joderle el domingo teniendo que aguantarte. Vuelve a encajar como hecho a medida. Pagamos todos con la misma moneda y, quieras que no, lo hace más soportable. Así, sabemos de qué estamos hablando. Y si no, es que me mienten las palabras que escribo o que no tenemos nada en común. Atardece, se me hace tarde, me largo.

Pearl Jam - I believe in Miracles


 
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