Esos sucios terroristas atrincherados en la Bolsa...




He perdido la fe en los hombrecillos que salen en mi televisión. Sus pantallas hablan de un mundo que no es reconocible a pie de calle, una esfera irreal en la que se forman burbujas de activos, se paga con dinero que nadie llega nunca a tocar y términos como ajuste, recorte o austeridad enmascaran el cuatrerismo navajero de los especuladores, corporaciones y fondos de inversión. Los pescadores revuelven el río lanzando cartuchos de dinamita que impactan en la gran pantalla que ocupa nuestro salón. Nosotros, pobres pescaditos griegos, ibéricos o húngaros, flotamos aturdidos en la superficie a la espera de ser los próximos incautos que caen en las redes.


El sector financiero, las grandes corporaciones y la clase política desarrollan día a día una guerra de guerrillas contra aquello que se interpone en su camino al máximo beneficio: nosotros, esos ciudadanos adocenados que, según los gurús del gran negocio, impedimos el crecimiento a base de no querer desprendernos de lujos superfluos como la dignidad laboral, la sanidad pública o los subsidios sociales. No hablan de quién condujo a quién a la actual crisis, sólo de quién tiene que pagar los platos rotos. Y no serán ellos, váyanse haciendo a la idea.

 
Por eso, no saldrán adelante las tasas a los negocios financieros que recaudarían suficiente para rescatar cien veces nuestras economías -por no hablar de resolver el hambre en el mundo, que se haría realidad apenas con la décima parte- ni tampoco cambiarán las reglas del juego para evitar que los mercados somentan a los países a un proceso incontrolado de enriquecimiento y pobreza. La lucha del mundo financiero contra los derechos sociales ganados con sangre y fuego durante la Revolución Rusa -hablo de las vacaciones pagadas y la jornada laboral de 8 horas, no de otorgar el poder a los sóviets- es su lucha por enirquecerse sin reparos morales ni incidios de saciedad. Su expolio sólo merece un nombre: terrorismo. Quien lo ponga en duda, debería saber la cantidad de dinero que gana Israel manteniendo Gaza bloqueada y aislada del mundo o las primas que se reparten las mismas empresas avariciosas que provocan que a usted, compañero pringao, le recorten el sueldo, le suban los impuestos y le exijan que ponga buena cara. Vaya usted a la huelga, señor currante, nada va a cambiar.


Ahora, sus medios dóciles -esos que no señalan culpables y esconden deliberadamente el rastro del dinero- han iniciado una nueva yihad liberalizante. Su plan, como una intervención militar, sigue una estrategia de oleadas. La primera incluye un bombardeo masivo de malas noticias y peores perspectivas políticas y económicas. Con la población introducida contra su voluntad en una crisis repentina, los medios abren el grifo de la intoxicación y generan una ola contagiosa de pesimismo. Por último, cuando parece que nada más puede apretarnos aún más las tuercas, es cuando lanzan su golpe. Sumidos en trance, todos los canales entonan el mantra de la salvación universal: abaratar el despido creará más puestos de trabajo. No sólo son terroristas, sino que, además, nos han tomado por gilipollas.

Retrato coral del colaboracionismo

 

Habitualmente, tras un atentado, se produce una cadena de reacciones que retrata las diferentes sensibilidades e intereses de políticos, prensa y demás sectores sociales. En este país, es habitual criticar la tibieza ante el terrorista y despreciar la equidistancia de políticos y medios, fundamentalmente cuando se trata de ETA y de manera un poco menos rotunda en cuando se refiere a agresiones xenófobas, fascistas o de violencia de Estado. Desde determinadas posiciones, son habituales las críticas a los cargos abertzales por su habitual "lamento sin condena" de los atentados.



Sin embargo, cuando Israel aborda a sangre y fuego un grupo de barcos cargados de ayuda humanitaria, las condenas rotundas desaparecen como por ensalmo. Para determinados gobiernos y medios de comunicación, un estado que ha construído secretamente la bomba atómica merece la presunción de inocencia. No, no nos referimos a Irán. Tanto da que invada aguas internacionales para practicar el filibusterismo sobre activistas desarmados, o que repela sus palos y tirachinas con fuego de ametralladora y que mate a tiros a diez personas inocentes. Personas asesinadas y tildadas de terroristas por intentar llevar ayuda humanitaria a un lugar bloqueado ilegalmente desde hace tres años por Tel Aviv, en una maniobra pensada para ejercer un genocidio silencioso sobre Gaza, privando de sustento, medicinas e incluso de agua a su población.



Cuando la noticia salta a las portadas y comienzan las declaraciones de repulsa, Israel inventa nuevas cotas de ignominia al calificar a los activistas de la flota humanitaria de secuaces de Al Qaeda. Su ejército inventa unos videos en los que se pueden ver las armas de los propalestinos, apenas unos tirachinas y bastones improvisados con el menaje de los barcos. Su embajador en España, el goebbeliano Raphael Schultz, niega que haya desproporción de fuerzas y asegura que los soldados actuaron en defensa propia. Toda la maquinaria del fundamentalismo sionista se pone en marcha para justificar la piratería y el asesinato a sangre fría de civiles desarmados. Nada nuevo. Nadie se sorprende ya de los exabruptos de un gobierno de halcones xenófobos y militaristas personificados en su titular de Exteriores, Avigdor Liebermann. Es lógico que la falta de democracia en Israel se refleje a través de sus políticos.



Lo realmente grave es la reacción tibia de ciertos países y el colaboracionismo interesado de determinados medios. EEUU, la Unión Europa, Naciones Unidas, la OTAN y otros actores globales lamentan, pero no condenan el ataque israelí. ¿Habría la misma tibieza hacia cualquier otro país? Algunos mandatarios se atreven a cuestionar el bloqueo a Gaza, otros piden avances en la interminable negociación de paz, pero ninguno reprende claramente a Tel Aviv para evitar ser etiquetado de antisemita o de amigo de Hamás. La ética política y periodística de los colaboracionistas hace fácil olvidar las muertes de diez cooperantes desarmados y la detención ilegal de sus 700 compañeros, obligados a firmar su propia expulsión y sometidos a malos tratos. En los medios, es donde el servilismo al estado hebreo es ya flagrante. Mientras los propios medios israelíes critican a su ejército, al ministro del ramo, el sangriento Ehud Barak, y al gobierno nacionalista-conservador, en España el panorama es diferente. 



Algunos periódicos, como ABC, La Razón o La Gaceta, insisten machaconamente en calificar a los barcos abordados como "flota de Hamás", pese a que en ella viajasen varios europarlamentarios, un diplomático estadounidense, varios cooperantes e incluso madres e hijos. Su visión es la misma de Benjamin Netanyahu. Califican las tibias protestas internacionales al ataque de "linchamiento", niegan la mayor asegurando que había armas a bordo y tildan de provocación que se intente llevar ayuda humanitaria para Palestina. La Razón, en su portada de hoy, llega a asegurar que los soldados hebreos sólo llevaban balas de pintura y sugiere que las armas de fuego las portaban los cooperantes. Su actitud recuerda a la de Egin en los ochenta, negando cínicamente la verdad hasta el punto de defender la muerte de inocentes. Visto está que, para ellos, el terrorismo sólo merece tal nombre si los que lo ejercen no tienen dinero suficiente para meter colaboracionistas en nómina.




Reincidentes. - Yaveh se esconde entre las rejas.

Escrito en la sangre

Hay familias marcadas por un determinado fatum que define sus pasos generación tras generación. La vena literaria de los Dumas, el ramalazo pictórico de los Brueghel o el ansia de poder de los Kennedy son buen ejemplo de lo que supone llevar escrito en el ADN un futuro condenado a repetirse. Otras, en cambio, parecen destinadas al escándalo, la tiranía o el odio. Esta constante parece plasmada en la sangre de los Franco. Podría decirse que el mejor parado de esta dinastía fue el mismo dictador, conocido entre las tropas coloniales por su suerte providencial tras sobrevivir a varias heridas de guerra y por saber imponerse en un bando plagado de sables, arribistas y ambiciosos ultramontanos durante cuarenta años. Sólo dos máculas empañan la consabida baraka del autócrata: su escasa virilidad, tras perder en África una de sus gónadas y seis o siete tonos de voz, y una larga agonía en vida, plagada de gestos seniles y heces en forma de melena.


El estigma de los Franco puede tener su origen en el vínculo de la familia paterna con la Marina y la conocida y fructífera relación de este estamento militar con los placeres oscuros de las cantinas de puerto. Sea como fuere, su hermano Nicolás ya fue famoso por sus dotes de mujeriego intrépido y aviador sin miedo, tan capaz de protagonizar la segunda travesía transatlántica en un hidroavión desde Palos de la Frontera a Buenos Aires -la primera, como no, corresponde a los portugueses Coutinho y Cabral- como de coquetear con la masonería y el comunismo, todo ello salpimentado con múltiples incidentes protagonizados por prostitutas de postín, licores caros y cánticos exaltados de la Marsellesa y el Himno de Riego. El pequeño dictador debió tener estos devaneos familiares en cuenta a la hora de casar a su única hija con un médico de renombre. Más ambicioso y peor escogido fue el enlace de su nietísima, Carmen Martínez Bordiú, con uno de los renegados de la familia real española, el pretendiente al trono de Francia Alfonso de Borbón, también candidato a la sucesión de Franco por si fallaba nuestro amigo Juancar. Mal salieron estas cuentas, ya que, apenas el generalito empezó a criar malvas en su valle de la vergüenza, el aristócrata repudió a su esposa tras múltiples amoríos e intentó huir. Digo intentó porque, al poco de su divorcio -cruel coincidencia, fue uno de los primeros en España- fallecería decapitado esquíando en EEUU tras enterrar a su propio hijo.


Tras la larga agonía del tirano, comienza a acentuarse el destino agridulce de los Franco. Finado el pater familias, los bancos ya no conceden créditos sin garantías y las joyerías se niegan a regalar por decreto al séquito de "la Collares". Sin poder más allá del Pazo de Meirás -aún hoy bajo expolio de la frustrada dinastía imperial-, la familia comienza a desintegrarse. Una de las siete nietas, María del Mar, se casa con Jimmy Giménez Arnau, poco después condenado a prisión por narcotráfico y luego reconvertido en pope de la prensa rosa. Más tarde, tras dos divorcios -y con el abuelo revolviéndose en su tumba- se rumorearía que se la beneficiaba Felipe González antes de poner pies en polvorosa y establecerse en las remotas Islas Vírgenes Estadounidenses. Otro de sus nietos, Francisco, invirtió el orden de sus apellidos y terminó rebautizado bajo el sobrenombre ochentero de "Francis" Franco, intentado así imponerse como portador del legado familiar y consiguiendo únicamente gestionar la menguante fortuna. El heredero sin trono fue detenido un par de veces emulando a su abuelo en la caza furtiva, estuvo a punto de ser procesado por hurto, falsificación y fraude en su exilio dorado en el Chile de Pinochet, fue denunciado por agresión xenófoba a una vigilante de seguridad de origen ecuatoriano y aparece de refilón en los sumarios de la trama Gürtel. Así es el orgullo de la familia y actual patriarca del clan. En cambio, su hermana Maria de la O sufrió cierto resquemor del abuelo por casarse con el hijo de un coronel republicano condenado por él mismo a trabajos forzados. A José Cristobal, uno de los más jóvenes, los ultras le colgaron el sambenito de "salvación de España" cuando ingresó en el ejército. Poco después, atropelló a un peatón en circunstancias poco claras y colgó el uniforme "porque me hacía cara de gilipollas" (sic). Consumaría la comedia bufa huyendo a Nueva York a enlazarse por lo civil con la modelo Jose Toledo. Todo un escarnio. Pero nada comparable con la "nietísima", divorciada y orgullosa, bailarina avezada en los platós de televisión y personaje de referencia en el mundillo del papel cuché.


¿Y por qué este análisis de la saga tragicómica del generalito? Da hasta grima hablar de ellos porque su apellido ya sólo aparece -afortunadamente- en la prensa rosa o la de sucesos. Precisamente por eso, el más joven de sus nietos, Jaime Martínez-Bordiú Franco, acaba de ser imputado por un tribunal valenciano tras incautársele seis kilos de cocaína. Ni más ni menos. Jaime, al que el juez ha retirado la Visa Oro y el carnet de patrón de yate, es un viejo conocido de la Ley, tras sus condenas por malos tratos a su mujer y por amenazar a un conductor con su pistola tras un accidente de tráfico. Una ficha policial nada envidiable y un patibulario parecido con Ortega y Pacheco. La perla de la dinastía Franco ha evitado hasta ahora la cárcel, pero, no sin cierta rechufla para los represaliados de la dictadura, parece ser que al fin uno de los suyos irá a comer pan duro tras las barras de un penal. Una pena que el yayo no esté aquí para verlo. En su familia, como en casi todas, el árbol genealógico esconde vergüenzas imposibles de ocultar y también ironías macabras. El hogar más católico de la España victoriosa y mártir ha criado a un par de divorciadas en serie, un presunto narcotraficante violento, un pacifista amancebado, un neofascista corrupto y una artista de variedades. En casa del herrero, sus obsesiones han terminado por crucificarles.


Ya que hablamos de familia, otra que nos cae muy cerca vive hoy un día de déjà vu. La Ertzaintza detuvo ayer en Bilbo al concejal socialista Koldo Méndez Gallego por abuchear a los herederos al trono y pedir la muerte de la monarquía. Su delito, como el de los dibujantes de El Jueves o los periodistas de Kale Gorria, insulto a la Casa Real. Casi treinta años antes, nadie tocó un pelo a los diputados de PNV, EE y Herri Batasuna que abuchearon a Juan Carlos en su visita a Gernika. Avanzamos, una vez más, en dirección contraria.

Summertime


Un grupo de colgaos ultima la construcción de dos búnkeres de supervivencia extrema en Sierra Nevada y en la Sierra madrileña. Buscan cobijarse de la gran pandestrucción predecida por los mayas para el 21 de diciembre de 2012, 21-12-2012, así de sonoro aún haciendo coincidir el calendario precolombino con el juliano sin rallarse mucho la cabeza. Queda de lo más comercial, seguro que ya tienen preparadas camisetas con el logo: "sobreviví al apocalipsis maya". En locuras más corrientes, la iglesia católica, accionista mayoritaria de Cajasol ha forzado la intervención del Banco de España para evitar una "fusión impía" con Unicaja. No les importaba perder más de quinientos millones de euros por tercer año consecutivo con tal de conservar la "identidad de la entidad". Curioso trabalenguas que otorga arraigo a lo que es simple usura. Hace hasta gracia ver entrar al asalto en su sede a los tecnocráticos interventores del banco central, como Mendizábales redivivos dispuestos a amortizar lo que dios le escamoteó al César. En la calle, la gente tiene cara de póker o de plan de austeridad. El cobre pasa de mano en mano y se manosea con mayor apego, como si tocarlo fuese gastarlo y en cada esquina acechase el temido ataque especulativo que ha de llevarnos al gran kaput de las finanzas mundiales que nos deje sin un chavo. Será que llegó el verano y las altas temperaturas hacen florecer ideas peregrinas en los descamisados. Habrá empezar a cavar un refugio anticrisis en el sótano y que pasen junio y julio si se atreven.

La calle está llena de pistoleros




Vivir en Madrid implica acostumbrarse a ver ciertas cosas en su paisaje urbano. Inmigrantes de procedencia múltiple, señoras de bien, rojigualdas flameantes y, fundamentalmente, policías. Las ubicuas fuerzas de seguridad no descansan nunca y ocupan con frecuencia muchos rincones del centro de la capital. En otros, ni están ni se les espera, pero esa es otra historia. En la Castellana, en Atocha, en Plaza de España o en plena Puerta del Sol no es difícil encontrar, un día cualquiera, una pequeña tropa de furgones policiales blindados y agentes de la Nacional con ametralladoras. Desde hace un par de meses, son aun más visibles. Primero justificaron su presencia para dar seguridad a las múltiples reuniones que conlleva la presidencia de turno española de la UE. Posteriormente, fue para impedir altercados durante las celebraciones del Atlético de Madrid en Neptuno y del Barcelona en Cibeles. Hubo carga contra los colchoneros y, a los que fuimos a festejar la liga culé en el santuario blanco nos recibieron ocho grilleras y varias decenas de policía armados con rifles de repetición. ¿A quién iban a contener con semejante munición? ¿A un centenar escaso de barcelonistas, a un inexistente grupo de ultras madridistas? Esta semana, por la cumbre Europa-Iberoamérica, tomaron las inmediaciones del Hotel Villamagna para proteger a mandatarios y delegados extranjeros, acampando en tantas de seis en seis furgones en cada intersección de Recoletos, Banco de España y Neptuno, encaramados incluso a los puentes para cortar las vías de escape de cualquier posible peligro que sólo ellos pueden ver. El estado, la comunidad autónoma y el ayuntamiento han decidido utilizarles de barrera. El problema es que nadie sabe para contener qué.



Hasta aquí, todo normal. Cualquier país protege sus encuentros internacionales de primer nivel, a sus monumentos y las manifestaciones pacíficas para evitar a terroristas, hooligans y exaltados. El problema radica en que su presencia no sólo es disuasoria para los criminales, sino también intimidatoria para los viandantes y confusa en sus fines. Esos mismos policías que de día protegen a presidentes y ministros de Exteriores colaboran por la noche en controles policiales rutinarios destinados a los municipales. Esos mismos policías que acordonan las manifestaciones y concentraciones en Sol, bajan por las noches a la concurrida parada de metro para exigir los papeles a cualquier pasajero no-blanco. Es deleznable verles detener y cachear a inmigrantes rumanos, sudamericanos, árabes o subsaharianos sólo por su apariencia. Pero todo tiene una explicación. Los mandos asignan cuotas de detención de irregulares y ofrecen días libres a aquellos que trabajan en extranjería dependiendo de si cumplen con esos objetivos. Estas redadas raciales, denunciadas por colectivos de inmigrantes y de derechos humanos, tienen lugar en puntos especialmente mestizos, como la Plaza de Lavapiés, el distrito de Latina, los intercambiadores de transporte o las callejuelas de Bravo Murillo. Alguien debería decir de una vez en voz alta por qué nos están ocupando los sicarios.  Puede ser, corríjanme si me equivoco, porque hoy mismo el parlamento aprueba el mayor recorte social de la historia. En la calle, da la impresión de que estamos, o estaremos pronto, todos detenidos.


Vuelve el sol y con él, se desvanecen los largos dedos de la penumbra tras la que me he estado escondiendo. No voy a lamentarme, elegí vivir entre sombras y acepté en su momento las cargas de existir a contrapelo. Llegué incluso a disfrutarlo, asumiendo como nuevo placer amargo el constante fundido a negro, el arco convexo instalado en la comisura de los labios y la palabra agria en el velo del paladar. Abandonada toda esperanza, la penumbra llega a parecer confortable y es fácil convencerse de que la rendición no es una derrota, como si al cerrar los ojos el mundo dejase de girar.
 

Una vez más, como en las grandes ocasiones, he tenido que agarrarme a las pequeñas cosas para remontar. Pequeños reflejos del pasado se escabullen del continuo espacio-tiempo y aterrizan ante mis ojos venciendo el camuflaje de lo cotidiano. Un gusto dulzón, mucho más modesto que la magdalena de Proust, llega a mi lengua sorteando las volutas de humo a través de una pajita roja y blanca. Con ella, recupero un pedazo de mi pasado, una sensación vivida hace tanto que no puedo ni siquiera relacionarla con una imagen o un momento. Y, al mismo tiempo que el batido o el zumo de piña abandona el minúsculo tetrabrik, la luz se abre camino a través de la persiana y resquebraja el silencio de un cuarto ya no tan vacío. Atrás queda el cómodo refugio de los cobardes. Prefiero arriesgarme a cultivar una esperanza nueva, un sueño grande y un desafío al que cueste mirar de frente. Huyó la sombra, vino el sol y bajo su calor espero una sonrisa achinada que me mantenga en la luz.

   

Primeira liña


Fai un tempiño que non me deixo caer por istes lares. Andará atarefado, diredes, e non vos estaredes trabucando. Nove anos despois, voltei a festivalear no Viña, repetindo ós Suaves, O'Funk'illo, Ojos de Brujo e Narco no cartel e compaña semellante de tenda e piqueta. Na previa, un reto de dúas horas por diante e pouco guión perante o micro. O meu corpo aturou mellor do previsto as xornadas maratonianas do choio ó concerto e de volta a traballar sen apenas tempo para escapar dunha ducha. Será que nos imos afiando nestes anos escuros de crise. Anda o mundo tolo e son chegados os tempos de estaren á espreita e moverse axiña, afacéndose de contado a calquer imprevisto e aproveitando calquer ocasión para esparexerse. O devalar dos acontecementos muda de forma insospeitada. Os sinais chegan de moitas partes. Os especuladores, cal manada carroñeira de voitres, morden as carnes máis febles dos mercados. Os países xogan ó monopoly e coquetean coa bancarrota. A xente sae ás rúas sen teren moi claro porqué, empurrados pola mera acumulación de carraxe, ouveando contra un inimigo descoñecido que, agochado tralos medios, zuga dos impostos mentras apreta a súa usura. 


A prensa non fala da revolta nas rúas de Grecia, non da conta dos porqués, de antecedentes e consecuencias. Os papeis só falan de mortos e feridos, de distubios e confusión. Elixiron coma icona da protesta da praza Sintagma a un can de palleiro que, a semellanza do mítico Cojo Manteca, forma parte da primeira liña de ataque dos máis feros fillos de Molotov. En Bélxica, moitos comezan a preparalo velatorio do país sen saber moi de certo que parte da herdanza lle toca a Flandes e cal a Valonia. Na Grande Bretaña, nai e custodia do sistema bipartidista dende Lord Gladstone e Disraeli, as eleccións deixan un panorama de pactos, fragmentación de voto, espalla nacionalista e polémicas sobre representatividade que nos sonan ben familiares. O mellor de todo, o descubrimento dunha nova figura política de calado, Derek Jackson, o líder do Partido dos Labregos sen Terra. Descubrino na comparecencia do case ex premier británico Gordon Brown para valorar os resultados eleitorais na súa circunscripción do leste escocés. Atrás del, co cabelo rapado, anteollos negros e puño ergueito, estaba Jackson, que obtivo uns centos de papeletas coas súas chamadas ó voto antisistema e a revolta dos labregos contra á coroa e os banqueiros. Alomenos, non prometeu facer política ecolóxica coma Obama, que primeiro vendeu Alaska ás petroleiras e logo lles bota a culpa polo verquido de chapapote no Golfo de México. O poder destingue e as catástrofes sempre voltan a Nova Orleáns.


Vivimos anos moi tolos e cómpre estar na primeira liña. En algures, en todas partes, están a suceder feitos estranos dun tempo convulso que algún día contaremos sen que ninguén nos crea. Que os deuses nos garden a lucidez cando cheguemos a vellos.


Crónica de dos suicidas

Ayer, saltándose a la torera la ley no escrita del periodismo que impide hablar de suicidios, los medios llevaban en primera plana los casos de Antonio y Vicky. Analizándolos, nada tienen en común. Antonio es un agricultor extremeño de setenta y tres años. Vicky, en cambio, es una universitaria británica de apenas veintiuno. Antonio llevaba veinte años en la cárcel. Vicky, algo más de dos en el paro. Ambos, sin embargo, decidieron acabar su vida en la misma madrugada, él ahorcándose en su celda con jirones de sábanas, ella envenenándose con barbitúricos. Pero, más allá de lo evidente, sus casos reflejan los efectos de privar a una persona repetidamente de cualquier escapatoria. Al final, pensaron ambos, siempre hay una salida más fácil.

Empecemos por Antonio, de apellido Izquierdo y domicilio en Puerto Hurraco. Quienes supiesen leer a principios de los años noventa saben a quién me refiero. Antonio y su hermano Emilio saltaron a las primeras planas en el tórrido verano de 1990, cuando una prensa desocupada y primeriza en amarillismos recordó los pingües beneficios de la crónica macabra. Armados de viejos pleitos y escopetas de caza, los hermanos Izquierdo cosieron a balazos a nueve de sus vecinos, incluídas dos niñas pequeñas. Sus rostros y los de sus hermanas, inductoras del crimen, reflejaron el primer esbozo de lo que se dio en llamar España negra, una poco original reminiscencia de los tiempos del crimen de la Calle Fuencarral y, más recientemente, el morboso recuento de sucesos y truculencias de El Caso. Poco después de esta carnicería, prensa, radio y televisión pudieron perfeccionar sus artes antropofágicas gracias a los crímenes de Alcasser, con fuga abierta del presunto asesino incluída, el secuestro de Anabel Segura o los tan trillados asesinos del rol y de la katana. Entretanto, los cuatro Izquierdo fueron juzgados y destinados al manicomio, las inductoras, y a 334 años de cárcel, los autores materiales. Antonio vio morir entre rejas a sus dos hermanas, con apenas meses de diferencia, y a su inseparable hermano Emilio. Solo en su propia miseria, sin esperanza de volver a la calle ni nadie que aguardase, el último serial killer ibérico fue malviviendo en el penal, custodiado por sus propios demonios. Hasta anteayer noche. Anudando sábanas como los presos fugados de los cómics, Antonio Izquierdo se colgó de las rejas de su celda. Era sólo cuestión de tiempo. Como advitió su hermano en una repugnante entrevista al desaparecido diario Ya, "Antonio y yo estamos muertos desde agosto de 1990".



El caso de Vicky Harrison es quizás el más cruel. A sus 21 años, esta joven del condado de Lancashire atesoraba un brillante historial académico en la carrera de Imagen y Sonido de la Universidad de Londres. Tenía novio, una familia estable y un buen puñado de amigos, la viva imagen de lo que cualquiera llamaría una chica normal. Lo único que le faltaba a Vicky para llevar una vida plena era precisamente su mayor preocupación y la de la mayoría de los británicos, europeos, jóvenes, mayores y personas en general. Sus altas notas y su buen rendimiento académico no le sirvieron para conseguir un trabajo, no sólo para alcanzar su vocación de trabajar en producción televisiva, ni siquiera una beca, ni tampoco un contrato basura en una cadena de comida rápida. Hasta 200 entrevistas de trabajo fallidas fueron necesarias para convencerla de que su búsqueda era en vano. Su caso recuerda a los treinta y cuatro trabajadores de France Telecom que se quitaron la vida entre 2008 y 2010 debido a la "agresiva" política de recursos humanos de la operadora gala. En ese mismo período, 120.000 de sus trabajadores fueron despedidos y el resto se vieron forzados a acatar deslocalizaciones forzosas, reducciones arbitrarias de sueldo y mobbing a cara descubierta. No fueron suficientes las movilizaciones sindicales, las recogidas de firmas y los gestos simbólicos de heroísmo postmoderno. No, treinta y cuatro personas tuvieron que quitarse la vida abrumados por el acoso de sus empleadores para que la Fiscalía de París se decidiese a investigar. Y no está claro que nadie vaya a responsabilizarse por ello. La presión que sufre el que trabaja para no dejar de hacerlo es similar al ahogo paulatino del que está en paro y comienza a intuir que no saldrá del atolladero. Vicky Harrison, dueña de una edad envidiable y un futuro prometedor, supo a los veintiún años que ya ha había tenido sufuciente. Ningún cadáver la perseguía, como los fantasmas de Antonio Izquierdo, tan sólo el cruel orden de las cosas que mercantiliza a las personas y otorga sentimientos a cosas tan frías como los mercados.


Vicky y los treinta y cuatro mártires de France Telecom son víctimas de un orden criminal que gobierna el mundo, un sistema que sobrevive aunque sus hijos prefieran arrojarse bajo sus ruedas que seguir alimentando su maquinaria. Y por muchos que decidan inmolarse, por desesperación, por apatía o por heroísmo, no detendrán ni un ápice su inercia. Mañana mismo, nadie recordará que esto ha sucedido. Antonio, en cambio, vivirá para siempre. Sus muertes, la propia y las inducidas, le convertirán en un icono. Será que preferimos observar a las fieras antes que darnos cuenta que son esas mismas fieras las que nos gobiernan y firman nuestras nóminas.

Simultáneo


A nube comeza a afastarse empurrada polo vento que fuxe cara o leste. Pecho os ollos para escoitalo zoar mentres xoga co meu cabelo. De súpeto, faise a luz o meu redor, a cor vermella alumea o interior das miñas pálpebras. Fóra saíu o sol, nótao a miña pel, véxoo sen ter que abrilos ollos. Estou deitado en algures, poida que nun dos areais nos que pasei tantos veráns ou no cumio dalgún edificio capitalino.
O único certo é que o botaba en falla; o agarimo dos raios do sol nas meixelas, o ar asubiándome nos ouvidos e o vermello profundo de ver sen mirar. Noto tremar as follas das árbores, as gaivotas, o propio chan, coma trema cada anaco diste corpo entumecido polas tebras. Deitado baixo o sol, as liñas do tempo confúndense e semella coma se estivese a vivir un intre que acontece, aconteceu e acontecerá en distintos momentos da miña vida, pero que, ó ocorrer agora mesmo, é coma se estivese á vez en tódolos lugares nos que me sentín diste xeito. Coma unha frecha que atravesa e xungue as liñas sinuosas do espacio e o percorrer vago do tempo. Un intre, repetido ó longo de moitos anos e desfrutado unha sóa e todas e cada unha das veces.


pixies - here comes your man

Efemérides del mes cuatro


En abril, hoy 14, cumpliría 79 años la II República sino la hubiese arrasado el fascismo. El 25, Portugal festeja la Revoluçao dos Cravos que inició su Tercera República. Puede que un abril no muy lejano podamos festejar por fin el retorno de la tricolor y sonarán Grândola, vila morena y el himno de Riego en las amplias avenidas por las que transitará el hombre libre. Hasta entonces, feliz abril republicano, clandestino e irredento.






Zeca Afonso - Grândola Vila Morena

7 anos despois, xustiza para Egunkaria

A Audiencia Nacional de Madrid resolveu onte definitivamente o peche do diario euskaldun Egunkaria, absolvendo ós seus cinco directivos, Martxelo Otamendi, Ignacio Uria, Juan Mari Torrealdai, José María Auzmendi e Xavier Oleaga do delito de integración en banda terrorista. Sete anos despois da clausura "preventiva" do xornal o 20 de febreiro de 2003, os tribunais españois corrixen o erro da súa propia xudicatura que levou á desaparición do único medio de comunicación euskera escrito na súa lingua. Esta controvertida decisión, recoñecida coma inconstitucional, estreita de miras e errónea pola Audiencia, foi no seu momento asumida polo xuíz Juan del Olmo, xa coñecido pola súa perspicacia e respeto a liberdade de expresión polo seu secuestro da revista satírica El Jueves por unha portada pouco sutil na súa mofa á monarquía. 


Para del Olmo, como para os denunciantes, a españolista Dignidad y Justicia e a Asociación de Víctimas do Terrorismo, Egunkaría semellaba culpable só por se editar en euskera e baixo unha perspectiva abertzale. No seu maxín, iste feito xa supón unha postura sospeitosa, digna dun estricto escritinio xudicial cando non da mordaza policial. Nada máis e nada menos que entre 12 e 15 anos de cadea pediron para cada un dos seus nove directivos encausados. Para rematalo cadro, un capitán da garda civil aportou ó entonces fiscal Eduardo Fungairiño -outro sospeitoso cotián- unhas comunicacións internas dos etarras nas que se falaba vagamente de buscar influencia social a través das páxinas dun xornal afín. Diste xeito, vencelláronos cos etarras por teren copias dos zutabes, as mesmas que se poden atopar na redacción de El País ou do ABC. Xa o dicía Martxelo Otamendi nunha entrevista que lle fixen en 2004, a súa imaxinación ou mala intención fixeron o resto. 


Non se lles ocorreu cousa mellor que pechar a única rotativa non escrita no seu idioma para evitar calquer contaxio nos medios. Pretextando unha guerra contra o terrorismo que nunca remata, tanto lles tiveron as críticas do Europarlamento, das organización internacionais de dereitos humáns ou a mesma renuncia da Fiscalía a proseguir coa acusación. A caverna odia calquer tipo de disidencia e a xente de Egunkaria tiña papeletas demáis para non sufrir as consecuencias da súa intransixencia. Non o digo eu, dío a propia Audiencia, órgano que, por outra parte, pode ser sospeitoso de case todo menos de simpatías separatistas. Como se preguntaba o seu fiscal, Miguel Ángel Carballo: "Se Egunkaria non é instrumento de financiación ou blanqueo de fondos provintes do terrorismo, nin o xornal da un apoio expreso ou tácito ó terrorismo de ETA, nin fomenta ou lexitima a violencia, ¿de qué lle servíu ós intereses de ETA a actividade do diario?". Para o que servíu foi para que a xustiza española se retratase nun retraso inxustificado de 7 anos e unha acción xudicial teimuda, politizada e pouco rigorosa que non dubidou en forzalo artigo 129 do Código Penal e inventar supostos blanqueos de capital.


Agora, algúns teimarán en acusar os traballadores de Egunkaria (hoxe Berria) de estar a prol do terrorismo e de finacialo a través da indemnización de 60 millóns de euros que lles será outorgada. Os seus xornais, os que incitan o odio ó diferente, non recoñecen unha sentencia que afirma que no xornal non se defenderon os postulados etarras nin se xustificou a súa violencia. A liña editorial de outros medios, proclives ó extremo oposto, bailan entre a infamia e a carraxe. Será que ós paladíns da defensa de España non lles ameaza a Lei de Partidos ou porque na súa loita contra todo o que non sexa eles mesmos, perderon a vergoña o mesmo tempo que a razón.

Un juego elevado a la categoría de belleza


No me gusta especialmente escribir sobre deporte, ni en este blog ni en ningún otro medio, y defiendo que el lugar idóneo para la polémica y el debate futbolero es el bar. De hecho, no voy a negar que, salvo contadas excepciones, considero a la mayor parte de la prensa deportiva como una ofensa a la profesión periodística. Pero a la hora de hablar del Barça cualquier tópico cae por su propio peso, convirtiendo cualquier crónica deportiva de las que pudimos leer ayer en un ejercicio de preciosismo ideado para asumir el reto de narrar con palabras lo que se escribe con sudor y lágrimas de éxtasis. No hay modo de retorcer la prosa para envilecer a un equipo empeñado en revalidar su propia leyenda. Hablar del Barça es alta literatura, en parte porque su protagonista absoluto, un joven rosarino llamado Lionel Messi, transforma la gimnasia en danza moderna y el esfuerzo físico en gesta de la superación humana en su lucha contra la barbarie. Y lo mejor es que no juega solo y que todos sus compañeros, desde Victor Valdés a Pedro Rodríguez, brillan en ausencia o en contacto con el rutilante 10. Con él, sobran las palabras y su mera imagen acaricia las retinas. Dejémonos pues alcanzar por la perfección antes de que forme parte de esas historias que contaremos a nuestros nietos. Diremos "yo lo ví, no era de este mundo", y no podrán creernos.


La calle de las alturas y las bajezas


Ayer se cumplieron 100 años de la Gran Vía, el gran mirador madrileño, el magnífico escaparate que esconde demasiadas trastiendas infames. Ya he hablado de ella, de sus paisajes y tipos humanos e infrahumanos, nada que no hayan hecho tantos otros. He conocido lugares de su geografía que ya no existen, aprendí a esquivar las bocacalles más dañadas por socavones y penurias e hice mía la sociología de banco de plaza arrellanado en Callao, esperando por alguna cita que no llegaba a su hora. Nada de eso será historia, de tan manido que parece el lugar más común para cualquiera que haya pisado alguna vez esta avenida de la CNT, de los Obuses, de Jose Antonio y de la URSS. Esconde esta ciudad callejones con más historia, más belleza y mejores vistas, pero ninguna atesora ese contrapunto salvaje que ofrece la Gran Vía. Las suelas de mis zapatos me llevan solas del Círculo de Bellas Artes a la alcantarilla sonora, del edificio Metrópolis al misterioso Oratorio, del supuesto Broadway de cartón piedra al colapso humano de la calle Desengaño. Y, a pesar de todo, es mejor que la Plaza de España no sea Trafalgar Square. Ayer la homenajearon reyes, turistas y políticos, mientras esta noche y todas las demás harán lo propio las putas y los desheredados. Todos ellos pueden reclamarla como suya.

kortatu - mierda de ciudad

... y al fin se hizo la TV OFF


En BorderSticks festejamos el apagón analógico en mitad de su semana de procesiones. La señal se fue para no volver y todavía no hemos decidido si nos engancharemos a ese festival de la caspa y el  politiqueo reaccionario que es la TDT. Habrá que bajarse a ver los partidos al bar si falla rojadirecta. Echaremos de menos las mañanas de Telemandril con Masegosa, Jota y Begoña, en la 2 con la búsqueda de empleo, That's English y la UNED, los campeonatos de atletismo, las pelis Chuck Norris en la Sexta, los documentales de Localia, las series de madrugada y los canales latinos evangélicos. Lo importante está a buen recaudo entre teras y teras de almacenamiento para cuando llegue el día negro en que capen las descargas. Al otro lado de la pantalla, las cámaras filman el ocaso del analógico. ¡La televisión ha muerto, viva la TV OFF!

Cosas que el Pentágono no quiere que sepas


Todos los países, desde democracias occidentales a dictaduras bananeras, luchan una particular batalla diaria contra la libertad de prensa. Es un tira y afloja constante por evitar que lleguen al gran público las noticias que revelan las maneras perversas y corruptas que tiene el poder de perpetuarse. Sin ir más lejos, en el estado español, secciones especializadas de la Policía Nacional, la Guardia Civil y los servicios secretos recorren la red en busca de informaciones sensibles que justifiquen cierres unilaterales de páginas y blogs, bajo la excusa de la seguridad nacional, la lucha contra el terrorismo o la defensa de los derechos de autor. No sólo sucede aquí, sino en todo Occidente, gracias a redes de vigilancia como Echelon, salvo que las críticas contra estos mecanismos de censura sólo se permiten cuando se refieren a países como China, Siria, Venezuela, Cuba o Birmania. 


Para romper estas barreras informativas, nació en diciembre de 2006 Wikileaks, una ONG creada por disidentes chinos, periodistas y activistas de todo el mundo para publicar de manera anónima informes clasificados y documentos filtrados que evidencian los manejos de gobiernos, corporaciones, grandes bancos, lobbys y juntas militares varias. Por ello, desde su mismo nacimiento, han sufrido toda clase de presiones, cuando no censura. Esta página dedicada a la libre información se ha centrado principalmente en denunciar los régimenes autoritarios en África, Asia, el ántiguo bloque soviético y Oriente Medio, lo que le supuso su cierre en países como China o Corea del Norte y la represión policial en Alemania, Tailandia, Australia o EEUU.


Gracias a los más de un millón de documentos destapados por esta web, hemos conocido miles de informaciones destinadas a no ocupar ni una sola página en ningún medio. Comenzaron desvelando el expolio de las arcas públicas en Kenia por parte de la familia del exgobernante Daniel Arap Moi, para poco después atacar el flanco financiero informando sobre las actividades ilegales del banco suizo Julius Baer en las Islas Caimán, lo que les valió su primer juicio y su primera victoria. Apuntaron más alto en su siguente filtración, haciendo públicas las directrices sobre trato inhumano a prisioneros en la prisión de Guantánamo, que sirvieron para confirmar las denuncias sobre la violación constante de la Convención de Ginebra y para ganarse a su gran enemigo, el ejército estadounidense. Más adelante, desvelaron las actas de las reuniones del grupo Bilderberg, la lista de afiliados del ultraderechista British National Party, los oscuros manejos de la política petrolera peruana, el sonrojante contenido del mail de la republicana Sarah Palin, la financiación de la Iglesia de la Cienciología o, incluso, las órdenes de batalla de las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán.


En su último informe, Wikileaks destapa que el departamento estadounidense de Contrainteligencia de Defensa les considera una amenaza. De hecho, en su último informe, se da a conocer que el Pentágono busca desenmascarar a las fuentes y redactores de la web contrainformativa desde 2008. Pese a su falta de éxito, hasta el momento, los servicios secretos han redoblado sus esfuerzos debido a dos informes que Wikileaks publicará en próximas fechas. Uno de ellos se refiere a la muerte de 97 civiles afganos el 7 de mayo de 2009 a causa de un ataque aéreo aliado. El otro es, si cabe, mucho más espeluznante, ya que narra el fusilamiento extrajudicial de varios periodistas el 5 de abril del pasado año a manos de militares de Washington. Poco más pueden avanzar al respecto dos de sus cabezas visibles, Julian Assange y Daniel Schmitt, que continúan transmitiendo desde su exilio islandés. Hasta en la fría Reykiavik, denuncia Assange, les persigue la vigilancia del espionaje aliado. Un espionaje que, hasta ahora, no ha sido capaz de acallar su labor de denuncia. A través de sus conexiones cifradas, cualquier persona en cualquier lugar del mundo puede saltarse las restricciones estatales y hacerles llegar material revelador para que sus cooperantes lo corroboren, amplíen y publiquen. Será que la libre expresión es incontrolable o que sus medios de control comienzan a perder el monopolio del silencio cómplice.

Exorcismos periodísticos

Son las cuatro de la mañana y estoy en la oficina. Sí, blogueo en horas de trabajo, podéis denunciarme por improductivo. Hace un par de horas escuché a uno de esos tertulianos enterados que los trabajadores del estado español son de los menos productivos por el enorme absentismo laboral. Lejos de quedarse ahi, el orondo creador de opinión mostró como prueba que dicho absentismo había bajado por la crisis. Quizá el iluminado de turno no ha pensado que muchos hemos acudido enfermos a nuestro trabajo este año para evitar perderlo. Será por eso que, como soy un vago improductivo que vive a expensas de su empresa, he terminado mi trabajo hace un rato con varias horas de antelación y puedo permitirme el lujo de escribir en ese ratito que me queda entre el boletín informativo de las 4 y la llamada a nuestro corresponsal en Nueva York para grabar su crónica diaria de Wall Street. Tan poco apasionante que ni tengo ganas de ironizar al respecto.

Mientras pasan con lentitud estas horas sin sol, me entretengo buceando en medios extranjeros, del Süddeutsche Zeitung al South China Morning Post, del Ankaragüku Hürriyet al Nihon Keizai, pero ninguno consigue entretenerme tanto como el propio diario del grupo innombrable. En su edición de hoy, abren su sección internacional una entrevista a Marine Le Pen, hija del odioso octogenario fascista y actual lider del Frente Nacional. Llamar entrevista a este ejercicio de proselitismo ultraderechista es poco. La misma palabra ultraderecha sólo se hace constar, y de pasada, en la entradilla de la sección. Ninguna pregunta crítica con su xenofobia, sino más bien, se le cede a la delfín del viejo mariscal neonazi una tribuna para vender su mensaje de odio, incluído el clásico "somos 5 millones de parados, ya no cabe nadie más". ¿El título? "Marine Le Pen contra la Europa totalitaria". Vaya un juego de palabras repulsivo cuanto menos. Cae sobre tu conciencia, C.S.

Podrá consolarse pensando que no es el único, ya que en la edición de hoy, por poner un ejemplo al azar, R.C. intenta emponzoñar el nacionalismo periférico relacionándolo con el nazismo en un ejercicio de hipocresía centrípeta cuando no de lesa originalidad. Se suma también al juego del periodismo de dudosa ética M.B., defendiendo fuera de las páginas de opinión la inocencia del expresidente de las Illes Balears, Jaume Matas, ante su jucio por corrupción y enriquecimiento ilícito; A.M., en su llamada a la resurrección del anticomunismo; J.A., en su denuncia del abandono que "sufre" el Valle de los Caídos y así un largo etcétera. No tengo palabras, sólo espero el momento en que una oferta de trabajo me aleje de esta cloaca de la información. No todos los profesionales que trabajan en este grupo merecen entrar en este grupo de mercenarios, algunos demuestran día a día cómo se puede ser un buen periodista trabajando para un mal medio. De ellos aprendo y gracias a ellos sigo aquí. Mientras tanto, sacaré la cabeza por la ventana para refrescarme las ideas, maldecir a los escasos fiesteros que pasean su borrachera en los aledaños de la Castellana e intentar no pensar cómo sería mi vida si todavía viviese bajo vuestros horarios. Puede parecer que no, pero, asomado al ventanal, sonrío.



Earth, Wind and Fire - Getaway

Limpeza estival


Chegou xa a primavera, mais o sol ven con retraso. Tanto me ten, nunca lle tiven medo ós neboeiros e prefiro iste decorado de fondo para o meu domingo, o primeiro de moitos que non me trae penitencias. Mudou a estación e semella que se achegan tempos de luz. Terei que aproveitalo, en vista do caras que se mercan as horas soleadas. É o intre exacto de abrilas fiestras, botar auga para refrescalo chan e deixar que se renove ó ar. Estiven longo tempo afastado de min mesmo, orfo sen me decatar da miña propia ausencia, acorando no espertar dun continuo lusco e fusco. Ata o derradeiro venres do inverno. Coma acostuma, non vin vir o desxeo, como tampouco lembro a súa chegada. Agora sei que non teño porque me converter no que nunca quixen ser. Iste é o momento de ceibarse dos vellos remorsos, o momento de fuxir do desacougo e esparexer de novo iste fato de ósos con mellores compañas que as que adoita. Non é doado saber de certo que é o que se supón que teño que facer. Unha vez máis, chegará o serán para atoparme improvisando.


Jimmy Page - Your Time Is Gonna Come (Live At The Greek Theatre)

American cliche


Los que me conocéis ya sabéis de mi gusto por las series, sean de la HBO o de Showtime, de la BBC o de Channel 4, de David, apellídese Simon o Chase, de los chavales de Malviviendo o de los de Qué vida más triste. No suelo hablar de ello aquí, salvo alguna que otra excepción, porque ya fui crítico audiovisual una vez y no van por ahí mis caminos. No tengo un criterio mínimamente estándar, no entiendo qué significa lo comercial y tampoco pretendo dar lecciones de lo que no sé, pero, animado por personajes como Tordable, he decidido añadir alguna reseña que otra de las series que pueblan mi pantalla y duermen en mi disco duro. Ante cualquier discrepancia, me remito al subtítulo de este blog.
Ayer vi, tras media hora escasa de descarga ilegal, el primer capítulo de la nueva gran serie pregonada por los medios: "The Pacific". Las perspectivas eran buenas, ya que llega avalada por un presupuesto desorbitado de 2.000 millones de dólares, por el pedigrí de su tándem creador, Steven Spielberg y Tom Hanks, y por la etiqueta de ofrecer "la otra cara de la guerra". En su sinopsis, se nos cuenta que los diez capítulos de la miniserie ofrecen la visión de la guerra entre EEUU y el imperio japonés entre Pearl Harbor y las bombas de Hiroshima, narrada a través de tres soldados en el papel de personajes principales. Según sus creadores, "The Pacific" busca ofrecer una perspectiva diferente de la Segunda Guerra Mundial, comparando la motivación y el heroísmo de sus protagonistas con los de conflictos actuales como los de Irak o Afganistán. Y ahí está el error. No porque establezca paralelismos que nos acerquen desde un punto de vista medianamente creíble al día a día de un marine en Guadalcanal, sino precisamente por incumplir desde el inicio esta premisa. Me explico.

Al enfrentarme a este piloto, el más caro de la historia, admito que tuve prejuicios. No me parecen gran cosa las anteriores incursiones en lo bélico del dúo Spielberg-Hanks, tanto en la gran pantalla con "Salvad al Soldado Ryan" como en la pequeña con "Band of Brothers", de la que bebe en gran medida esta nueva miniserie. Mi gran objeción respecto a esta producción es casi la misma que se le puede poner a cualquier cinta bélica estadounidense, en este caso con más motivo, dado que se vende bajo la manida etiqueta de "otro rollo". No es un problema de cásting, en el que destaca el niño repelente de Jurassic Park en el papel de recluta, ni de fotografía, ni de medios o de fluidez narrativa. Es un problema de guión. Cuando un creador estadounidense topa con el tema de hablar del ejército de su país en situación de guerra, cae invariablemente en una serie ordenada y cadenciosa de clichés y lugares comunes que podemos encontrar en libretos tan dispares como "Doce del patíbulo", "El sargento de hierro" o incluso la repulsiva "Pearl Harbor". La inocente certeza del soldado que se enrola sin pensarlo dos veces, la mala bestia del batallón, las dudas del héroe cotidiano, la constante batalla con la burocracia, la humanización superficial del enemigo, el oficial incompetente y el que se lo curra por sus soldados, el discursito con bandera de fondo, barras y estrellas por doquier... todos y cada uno de estos topicazos se dan en este piloto, como era de esperar y se negaron a adelantarnos.

Pero aquí quería yo llegar. Acabo de asegurar con rotundidad que todas las producciones yankis protagonizadas por su ejército son iguales. Miento, y no porque me refiere al casposísmo senil de JAG o NCIS. Existe una pequeña pero notable excepción que justifica esta recomendación de la casa. Me refiero a "Generation Kill", otra miniserie bélica de HBO dedicada a uno de los batallones de Tierra que invadieron Irak en 2003 y a un periodista de la Rolling Stone empotrado en la unidad. En principio, no me ofrecía mayor lustre que las demás, dados su lugar de origen y el hecho de que trate una guerra detestada que también perdí de alguna manera. Pero olvidé daros la clave. Su creador es el ya citado David Simon, creador de la magistral "The Wire" y compañero de profesión, un hombre capaz de transformar para siempre el género policíaco. Pero no os voy a decir más, ni de sus críticas al conflicto, ni de su semblanza sociológica del recluta medio ni tampoco de la fluidez vertiginosa de unos diálogos que destilan realidad y cinismo. El resto lo descubriréis vosotros, si os apetece. Luego, podréis atreveros a defender que miento.


История Кавказа - Historias del Caúcaso

El sábado pasado, un reportaje del canal privado Imedi Tv puso a más de 5 millones de georgianos en alerta. Las líneas telefónicas se colapsaron, cientos de personas salieron desconcertadas presenciar el caos en las calles de Tiflis y Tsjinvali y el ejército georgiano reforzó sus unidades en las fronteras con Rusia, Osetia y Abjasia. Una mujer, madre de un recluta en el servicio militar, murió presa del pánico y algunos más sufrieron infartos. Todo por un falso documental que narra una ficticia invasión rusa dieciocho meses después de la anterior, en un país sumido en una inconstante guerra civil contra todos y contra sí mismo. Los guionistas hicieron un buen trabajo, demasiado bueno. Nadie reparó en que al principio del documental se avisaba que todo era un mero juego audiovisual, ni que en las imágenes de  misiles cayendo sobre casas y edificios estaban fechadas en el verano de 2008. Según su narración, trasunto neorrealista de La guerra de los mundos de Orson Welles, la oposición promoscovita abre las puertas a la invasión generando el caos en las calles, desorden en el que es asesinado supuestamente el presidente georgiano, Mikhail Saakashvili, mientras los presentadores de Imedi intercalan imágenes de soldados heridos y anuncian que los combates ya están a 30 kilómetros de la capital.
Horas después, cuando la cadena ofrece explicaciones, estallan los reproches. Cientos de manifestantes reclaman respuestas a las puertas de la redacción de Imedi. Andrei Nesterenko, portavoz ruso de Exteriores, exige una explicación a gritos en una extraña rueda de prensa en la que se cachea a los periodistas de origen caucasiano. Por su parte, Saakashvili, no demasiado impresionado por su muerte ficticia, quita hierro al asunto asegurando que el falso documental revela una telerrealidad no demasiado improbable. En las regiones separatistas de Osetia y Abjasia, donde más ha cundido el pánico por haber sido el campo de batalla de las anteriores refriegas, se reclama una excusa convincente o una auténtica intervención militar. Todo por treinta minutos de reportaje chapucero en el lugar menos propicio del mundo. ¿Es tan distinto del alarmismo cotidiano de nuestras televisiones? Los reportajes constantes sobre inseguridad ciudadana aunque la criminalidad descienda en lo más crudo de la crisis, las noticias sensacionalistas sobre delicuencia e inmigración, las tertulias políticas extremistas y maniqueas, ¿no son acaso el mismo tipo de presión mediática? Está claro que especular sobre una guerra es un exceso, pero no es inteligente subestimar la difusión constante de crispación en pequeñas dosis que genera este conflicto a fuego lento que se nos sirve frío todos los días. Lo dicho, por la tele no echan más que mierdas.

None of us are free

Son las siete de la tarde y apenas acabo de abrir los ojos. Mientras en mi cama se despereza el animal, el resto de la ciudad efectúa el movimiento contrario. En el ambiente, además de polvo y aire cargado, se respira cierta nostalgia de algo llamado vida normal. Hace tanto que lo normal no forma parte de mi rutina que he llegado a pensar que nunca ha existido, que siempre he vivido en constante estado de excepción. No es sólo la ausencia de un horario diurno, unos lugares comunes, una compañía mansa y recurrente. No es un síntoma prematuro de vejez o de acomodamiento. Tampoco tiene un rostro definido o un escenario reconocible. Por eso empiezo a convencerme de que no es real, que esta sensación de pérdida viene de alguna parte desconocida que nunca he visto ni tocado. Y aún así, sigue murmurando desencantos desde el cabecero de mi cama. Por eso, abro la ventana y saco la cabeza para airear mi trasnoche. Afuera llueve, la gente se apresura ir y venir hacia alguna parte y, por algún motivo que no me detengo a analizar, quiero bajar a la calle a perderme en el flujo de paraguas e impermeables. Puede que si camino entre ellos nadie repare en mis ojeras y en el rumbo indeciso de mis pasos. Pero llueve, la gente mira al suelo para no tropezar y ninguno se sorprende si levanto la cara al cielo para empaparme la cara. Las gotas bailan entre el bigote y la comisura de los labios y me hacen cosquillas. Se me escapa una sonrisa. Ahora me siento bien, indiferente al aguacero y a la mirada inquisitiva del dueño del bar de enfrente. No me importa, ahora mismo ya no estoy aquí. En algún lugar lejos de la acera, los peatones y los charcos de lluvia, del trabajo que me espera en unas horas y de las necesidades rutinarias, estoy reconciliándome con mi propio caos. Subido en las alturas, bailo la danza de la lluvia para festejar este día a día en estado de excepción, para recordarme que esa estúpida nostalgia es un precio asequible para ser libre.

Panta rei

Los sospechosos habituales y los más avispados de la casa ya se habrán dado cuenta hace días. Este humilde País de los Placeres Amargos, después de 58 meses de vida y 313 entradas, ha cambiado de imagen. El hecho de prescindir de la vieja plantilla "Minima Black" que trae por defecto nuestro proveedor de alojamiento no ha sido pura vanidad. Ha sido cuestión de incapacidad, la mía de comprender el arcano manejo del HTML y en general todo lo que tenga que ver con el diseño web. No me estoy explicando y llega la hora de señalar culpables. Vayamos a los hechos cronológicos.
A finales del mes pasado, sin previo aviso y a traición, el proveedor habitual de música para las ya míticas recomendacións da casa, la hasta entonces altruísta e intachable Goear, decidió de manera unilateral pasarse al lado oscuro. Un veintipocos de febrero, al despertarme ya avanzada la tarde, descubrí que los reproductores externos de mi web que dependían de esta joven y ambiciosa compañía vasca se habían convertido en la quinta columna de una conocida marca de refrescos empalagosos para poligoneros. No contentos con insertar publicidad sin permiso en sitios que, como éste, carecen de publicidad por motivos estéticos e ideológicos, los nuevos desertores del freeware decidieron afear lo más posible su interfaz, de tal modo que título e intérprete de las canciones adjuntas es ya invisible.Y por eso decidí quitar todos sus enlaces de mi página y migrar mis bandas sonoras a otros servidores. Y ahí comenzaron mis problemas.
No voy a quitarme responsabilidad. Soy un patán testarudo que prefiere equivocarse por su cuenta y por eso, en el proceso de cambiar los enlaces musicales a ListenGo, Youtube y tu.tv, no preguntéis cómo pero descuadré totalmente la plantilla del blog. A partir de ahí ya no hubo vuelta atrás y, después de remover medio interné buscando una plantilla no demasiado cantosa, me decidí por la que ahora ilustra este espacio, manteniendo el blanco sobre negro como seña de identidad y las banderas alzadas para que nadie las pise. Todo lo demás seguirá como hasta ahora, con periodicidad anárquica, carne cruda en cada párrafo, imágenes inconexas marca de la casa y banda sonora selecta. No es una historia apasionante, lo sé, pero después de tanto tiempo contándoos mi vida es un poco tarde ya para callarme ciertas nimiedades. Si alguien tiene algún consejo estético o informático, que hable ahora o calle para siempre. Para todo lo demás, ya saben dónde encontrarme. Todo cambia ante mi asombro, ¿quién dijo que yo no sabía cambiar?

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