Viaje de vuelta a los años salvajes


Éire votó el viernes un nuevo gobierno que comande la crisis y a estas horas, aún se siguen escrutando los votos. Escrutando, que no contando, ya que el complejo sistema proporcional de la República incluye segundas, terceras e incluso cuartas opciones en cada voto que influyen estratégicamente en el reparto de los escaños del Dáil de Dublín. Con el 92% de los votos escrutados, el partido que ha gobernado Irlanda casi ininterrumpidamente desde las primeras elecciones de 1937, el conservador Fianna Fáil, ha perdido casi setenta escaños que le convierten en la tercera fuerza política. El gobierno pasará así a manos de los también conservadores Fine Gael, que formarán previsiblemente una coalición con el segundo partido en votos, el laborista. Así lo hicieron en 1948, 1954, 1973, 1982 y 1994. En todas aquellas ocasiones, tuvieron que darse circunstancias excepcionales para arrojar al gran partido republicano del poder. En este caso, la decadencia del tigre celta se ha sumado a la gran humillación nacional que supone el enorme préstamo otorgado por la UE y el FMI para evitar la quiebra de la deuda irlandesa. Un problema global sumado a uno local.


Desde finales de los noventa, el Tigre Celta creció desmesuradamente apoyando en tres pilares: la industria de la alta tecnologías, el sector inmobiliario y la banca. En apenas dos años todo se ha venido abajo, retornando el país a marchas forzadas a los tiempos oscuros del desempleo multitudinario. Aún peor, la dramática constante de cuatro siglos de emigración forzosa vuelve a reactivarse. Sólo hubo que sumar una buena dosis de escándalos bancarios, incompetencia gubernamental y falta de reflejos de la Unión Europea. El resultado está a la vista en las urnas. Los partidos que han hecho campaña para recuperar la soberanía nacional y renegociar las duras condiciones del crédito internacional ocuparán el gobierno. Otros, como el Sinn Féin, que se ha multiplicado por cuatro, los socialistas y el partido protesta People Before Profit, exigen directamente cancelar cualquier acuerdo y limpiar a fondo el sistema financiero para evitar nuevos descalabros. Aún no sabemos hasta que punto las promesas de mayor socialdemocracia y menos recortes públicos sobreviven a la realpolitik comunitaria. El mensaje de su pueblo está claro. Irlanda revive los tiempos en los que su soberanía nacional estaba amenazada por potencias extranjeras -como todavía sucede en el Norte ocupado por los británicos-, en los que su población ha de escoger la precariedad o la diáspora. Su ejemplo no puede sernos lejano, aunque aquí, donde aún no nos hemos visto forzados a asumir un "rescate" con sabor a secuestro, parece aún más complicado encontrar auténticas alternativas. Sólo rabia y esfuerzo contra los nuevos años salvajes.

El último tango del tirano


Seguimos hablando de Libia. Gaddafi, dictador menguante, da señales inequívocas de vivir sus últimas horas al mando de lo que queda de su régimen de terror. Sus embajadores en el extranjero arrían la bandera verde de la Jumhuriya de 1969 y sus soldados estrellan sus aviones en el Mediterráneo para no obedecer las órdenes de masacrar más y más libios. Su exministro de Interior ya le ha pedido que se entregue o se suicide. Al régimen sólo le quedan los mercenarios contratados en Chad, Niger y Sudán. Reuters asegura que son más de 6.000 y que, tras foguearse en la fallida represión del este del país, se atrincheran en Trípoli para la batalla final. Por lo menos, mientras haya dinero para pagarles. En cuanto dejen de llegar divisas del petróleo, el régimen se quedará sólo ante la rabia de su pueblo, que ya controla Bengasi, Al Baida, Tobruk y las fronteras con Túnez y Egipto. Al sur, los bereberes también se han levantado. Algunos medios aseguran que los partidarios del carnicero de Lockerbie sólo controlan los cincuenta kilómetros a la redonda en torno a la capital. Mientras escribo, los rebeldes combaten por liberar la ciudad de Zauiya y mañana, puede que lleguen a Trípoli. Quizás por eso, Gaddafi ha anunciado que la prensa libre y los opositores son drogadictos y aliados de Al Qaeda, en un intento desesperado por acallar lo inevitable. Su ejército ya se ha pasado en masa a la revuelta, asqueado de sumar cadáveres de compatriotas al saldo de la barbarie.


Enrocado, al viejo Muammar sólo le quedan dos opciones: el suicidio o el exilio. Tras bombardear las manifestaciones de Trípoli, uno de sus leales intentó sin éxito quitarlo de en medio. Ya no tiene en quién confiar, abandonado por sus socios occidentales y con el único apoyo internacional de Cuba y Nicaragua y los titubeos de la Unión Europea. Vergüenza para ellos. Cuenta con más de 10 millones de euros en armas españolas, pero nadie parece dispuesto a empuñarlas para defenderle. Mientras tanto, la revuelta ha perdido el miedo al dictador y se prepara para dar el golpe de gracia a cuarenta y dos años de opresión. Ayer, la Corte Penal Internacional de La Haya hablaba de 10.000 víctimas de los asesinos de Gaddafi en el mes de febrero. Ahora, llegó la hora de que los culpables paguen por ello, en los tribunales o en la calle. Ben Alí, Mubarak, Gaddafi,... ¿quién será el próximo? Yo apuesto por Mohamed VI. Tiempo al tiempo.

La barbarie y el ridículo



Lo diré hasta que os canséis de escucharlo: vivimos en tiempos de cambios en el que los sucesos extraordinarios y los más terribles se suceden con una rapidez pasmosa. Esta madrugada vivimos otro episodio de esta tragicomedia. Sucedió en Libia, justo después de que el régimen ordenase a la Fuerza Aérea bombardear sin piedad a miles de manifestantes desarmados en plena capital, Trípoli. Pasada la medianoche, mientras varios centenares de cadáveres aún se pudren en las calles, los medios estatales anuncian que el líder militar, espiritual y político del país va a dar una alocución pública. Hablamos nada más y nada menos que de Muammar al Gaddafi, uno de los dictadores más experimentados de la historia, con más de cuatro décadas al mando. Su imagen no pudo ser más bizarra.



Para ser un líder único que lleva en el poder desde los veintiseis años y haber rebasado varias veces la cota del absurdo, el señor de la Jamhariya se superó a sí mismo. No fue por la voluptuosa enfermera ucraniana que le inyecta bótox sin control, ni por las treinta vírgenes expertas en kung-fu que forman su guardia pretoriana. Gaddafi, el carnicero de Lockerbie, posó ante las cámaras escondido tras un enorme paraguas y un coche que no merece ni la categoría de tartana. Quería negar que se hubiese exiliado a Venezuela, como afirmaban desde Londres, aunque su imagen, medio dentro medio fuera de un cacharro que despreciarían en la vetusta Cuba, no pudo más que desmentirle.


De su alocución, de apenas quince segundos, rescatamos que el sanguinario dictador afirmaba haber estado "debatiendo con los jóvenes" en la misma plaza que ordenó bombardear horas antes, pero que tuvo que retirarse no por el hedor de sus víctimas, sino porque llovía. No le tembló la mano para comandar la represión, pero huyó de la lluvia como una aspirina efervescente. Veinticuatro horas antes fue su hijo, Saif al Islam, el que compareció ante los medios, en este caso arrellanado en un sofá con gesto agresivo de capataz en plena huelga. El vástago de Gaddafi amenazó con una guerra civil si continuaban las protestas. Su imagen y la decadencia física y mental de su padre nos muestran que, de haberla, ellos ya la han perdido.


La derrota de su ejército en las calles de Bengasi y su retirada en el este del país son los primeros pasos. A Gaddafi, el amigo de Occidente alabado por Berlusconi, Sarkozy, Blair, Zapatero e incluso Obama, no le queda otro camino que huir al mismo exilio saudí del tunecino Ben Ali y el faraón Mubarak. Si intenta endurecer lo que ya se conoce como el genocidio libio, pasearán su cadaver por las avenidas como sucedió con su admirado Mussolini.


La monserga de cada febrero


Pasado mañana se cumplirán treinta años del golpe de estado del 23-F y, como cada año, volvemos a escuchar las mismas anécdotas de siempre contadas por los mismos con el sesgo de toda la vida. Incluso las supuestas revelaciones demoladoras o las teorías conspirativas parecen repetirse como un guión bien estudiado. El rey no sabía nada, los golpistas eran sólo unos pocos aventureros, el rey se negó a sumarse, qué valientes fueron los parlamentarios, incluso los que se agacharon al oler la pólvora, el rey salvó la democracia y un largo etcétera de lugares comunes de la historia. Lo triste es que, tres décadas después, sabemos muy poco más sobre lo que sucedió aquella madrugada. Alguien se niega a que se desclasifiquen los documentos secretos sobre el trama golpista. Una asonada militar entre tantas, ya que fueron hasta cuatro las que se produjeron o intentaron en la transición. Hubo una operación Galaxia antes de la intentona golpista de 1981 y después, volvieron a amenazar los conspiradores militares con un 27-O en 1982 y con un 2-J en 1985. De todo esto, como es habitual, poco se sabe porque poco se dejó investigar.


Las verdades son escasas, las preguntas muchas: ¿Con qué apoyos contaban los guardias civiles que asaltaron el Congreso y los militares que tomaron Valencia y RTVE? ¿Eran sólo unos ilusos a medio camino entre De Gaulle y el dictador ya fallecido?¿Cuál fue el auténtico papel del Rey? ¿Era él el elefante blanco que debía liderar el golpe? ¿Apoyaron todos los partidos políticos un gobierno militar de transición presidido por Alfonso Armada? ¿En qué medida sirvió el golpe para desnaturalizar el estado de las autonomías? ¿Por qué no se procesó al jefe de operaciones de los servicios secretos, comandante Jose Luís Cortina, que llegó a amenazar con tirar de la manta si le juzgaban? ¿Cuál fue el papel del CESID? ¿Por qué sólo se condenó a un civil de entre todos los fascistas encausados? ¿A quién apoyaban EEUU y el Vaticano? ¿A quién protege este silencio cómplice? Sin respuestas a esas preguntas, pueden guardarse sus documentos reveladores, sus reportajes especiales y sus libros de investigación. Lo que se puede contar ya ha sido narrado mil veces, ahora sólo queda saber la verdad.

Mind the gap


Es sábado por la mañana y llevo horas despierto. Quien me vendió la idea de que trabajar de noche tenía encanto, se quedó conmigo y con mi capacidad para adoptar hábitos de vida saludables. Hacía tiempo que no sabíais nada de esta V mayúscula y no voy a disculparme por ello. Mucho trabajo, cierta dosis de paz y caos y un viaje de pirados me lo impidieron. ¿Sabéis una cosa? Pronto se me escuchará a diario, no en este registro, sino en mi otra faceta de mercenario de la información al otro lado del micro. Ya saldrán a la luz los detalles más adelante. No quiero hablar ahora de eso. Prefiero recordar la banda sonora de los aeropuertos y el crepitar de las melenas pelirrojas a merced del vendaval. Fue corto e intenso lo de intentar bombardear Londres. Tenía cómplices capacitados para ello y el Red Bull sigue haciendo magia con mi umbral de sueño. La ciudad tiene algo que me llama y yo no soy de los que se niegan.


Tras batallar durante veintiocho horas seguidas con lo imprevisto, sacamos humo de las zapatillas para poder ver un poco de todo. Los turistas de Tower Hill, los bocadillos de ciervo del potato merchants en Borough Market y las columnas de humo iluminando las aceras del East End. Fallamos el asalto a Brick Lane y tuvimos que retirarnos a marchas forzadas desde Whitechapel hasta el World´s End, distrito de Chelsea, hogar de las fachadas blancas, las rejas de metal y las chimeneas con deshollinador. Cien millones de pipas de girasol falsas son testigo de ello. De allí me traje un ciento de fotos, algunas historias que contar y sueño atrasado para lo que queda de año. Ya os ireis dando cuenta. De momento, ya es mediodía y hay mucho quehacer por delante. De otra manera, no podría funcionar.


Vías democráticas que no pasan por Occidente


El mundo árabe vive estos días sumido en tiempos de revuelta y movimientos hacia el cambio. Túnez, Egipto, Jordania, Yemen, Marruecos, Argelia, Mauritania y Arabia Saudí viven un momento convulso, en el que los gobiernos aliados de Occidente ven peligrar su statu quo. Todos ellos, salvo Argelia, son estados autoritarios y corruptos en mayor o menor medida. La alternativa que se pide a gritos en sus calles no es el fundamentalismo musulmán que algunos esperaban sino, lisa y llanamente, una democracia genuína. Como América Latina a finales de los 70 y principios de los 80, Arabia busca esa democracia ante la pasividad de EEUU y Europa. Occidente apoya y provee a los regímenes que les oprimen, como hizo con las dictaduras de la Operación Condor, y ahora asiste con el pie cambiado a estos inesperados brotes deomcráticos. Tras el 11-S, la democracia en el mundo árabe ha sido proscrita en el nombre de la seguridad, agitando el fantasma del islamismo, tal y como en Iberoamérica, tiempo atrás, se avalaron todo tipo de barbaries en nombre del anticomunismo. Se puso incluso el ejemplo de Irán, ignorando que los persas no son árabes y que su revolución islámica es consecuencia de un siglo de tejemanejes de las grandes potencias. Pues bien, llegaron las protestas y los islamistas están ahí, pero sólo como fuerza minoritaria y asumiendo desde el primer momento la necesidad de elecciones e instituciones libres, representativas y transparentes.


Fue así en Túnez y lo está siendo también en Egipto. La mayoría de los manifestantes de Sidi Bouzid, de Suez, de Sanaá, de Amman o de la plaza Tahrir son jóvenes y mayores con educación pero sin recursos ni perspectivas de futuro debido a la voracidad y autoritarismo de las autocracias que les gobiernan. Los prejuicios de algunos en el lado "bueno" del mundo nos presentan a los jóvenes árabes como material inflamable presto a caer en las garras de Al Qaeda. El tiempo se ha encargado de quitarles la razón. No esperábamos que supiesen hacer otra cosa que sufrir en silencio o inmolarse, como ya sucedió en Falluyah. Ahora, cuando los egipcios se preparan para salir a la calle a poner de nuevo en jaque al rais Mubarak, su suerte está en manos del ejército. Por suerte para ellos, esta vez Occidente ni siquiera se ha molestado en preparar a los soldados de sus dictaduras amigas para la opresión. Sólo enseñaron a sus líderes y éstos pueden hacer poco más que cortar Internet, expulsar a los corresponsales y seguir prometiendo en vano. Como sucedió en Portugal en 1974, hoy los soldados pueden negarse a cumplir órdenes y unirse al pueblo. Es la hora de la democracia para el mundo árabe y nosotros sólo podremos mirar desde lejos. Hoy marcharán un millón de egipcios y mañana nada volverá a ser igual.

Piquete informativo


Según el acuerdo al que han llegado esta madrugada gobierno y sindicatos, me quedan treinta y seis años para poder jubilarme. Eso si consigo funambulear de un empleo a otro para evitar quedarme en paro. Los supuestos exponentes de la socialdemocracia política y sindical quedan para cenar un jueves por la noche y de postre, se comen sus principios y, de paso, los cuatro duros que tengo en el bolsillo y los otros cuatro que pueda ir juntando hasta hacerme viejo. Qué vergüenza.


Otro regalo más al sector financiero, ése que provocó la crisis para enriquecerse aún más a nuestra costa. A los hechos me remito. Salarios cada vez más bajos son contemporáneos a los mayores beneficios bancarios y empresariales de la historia. De todos modos, hoy estoy en huelga, aunque sólo sea moralmente. Los auténticos sindicatos, y hablo de la CIG en Galiza, ELA en Euskal Herria, CGT en Catalunya y la CNT, han convocado veinticuatro horas de huelga contra el asalto a nuestras pensiones. Un paro al que las centrales mayoritarias no han tenido tiempo o valentía de sumarse y que, por ello, sólo se está celebrando en mi país y en las otras dos naciones históricas del Estado. Sí, he dicho mi país.


Menos mal que aún existimos los malvados nacionalistas y los utópicos para defender lo que es de "todos". Aunque a "todos", o a una gran mayoría, les dé absolutamente igual si tendrán que cotizar hasta la demencia senil o si las arcas a las que van a parar nuestros impuestos son las de los bancos. Mientras haya fútbol y cotilleo, podrán seguir pensando que los problemas son de otros. Cuando les llegue el despido se quejarán porque ya hemos cogido sitio en las manifestaciones. Será que supimos verlo venir cuando rechazamos ser parte voluntaria de este Estado. O que cada vez a menos gente le ofenda la dignidad verse reducido a una nueva servidumbre. Griten conmigo una vez más, idiotas, vivan las caenas.


Brétema


Amenceu Madrid xogando a ser Londres, cuberta dun veo mesto e húmido que a fai mudar dun xeito inesperado. Engalanada coma unha muller misteriosa, a cidade semella distinta e os seus transeuntes tamén varían a súa habitual rutina de grande urbe. Fállalles auga nesta vila mesetaria e non sempre saben agradecela cando lles ven de súpeto. Vistas a traverso do neboeiro, as rúas semellan dirixirnos a lugares máis apetecidos que os de costume. Un certo senso de maxia se agocha na incertidume de non saber que hai no outro lado do veo. Mais, coma acostuma, todo é un simple truco de prestidixitador que non tardará en se disipar. Aínda e todo, un dos seus viandantes puido aproveitarse desta brétema de excepción para agocharse das súas pantasmas e soñar por un intre que esa luz difusa dos farois alumeaba a outro home distinto nunha cidade lonxana. O final, cae o ceo nas nosas cabezas e esquecemos onde queda o chan.

Lecciones de la vieja Cartago


En las redacciones llevamos toda la semana contando muertos en Túnez. No tendría mucho de particular, dado que la mayoría de las informaciones que ofrecemos son malas noticias, de no ser porque ayer el presidente, Zine el Abidine Ben Alí, firmó su rendición tras varias semanas de revueltas callejeras contra la corrupción, el paro y el aumento de precios de los productos básicos. Rendición, pero parcial, ya que no ha abandonado el poder que detenta de manera absoluta desde hace veintitrés años. Ben Alí prometió, para empezar, que la policía no volverá a disparar a los manifestantes, que no se presentará a una nueva reelección, que no subirán los precios, que se terminó la censura onmímoda en la prensa e Internet y que creará una comisión que investigue la corrupción generalizada que ha empobrecido a uno de los países más prósperos del Mediterráneo. Pocos creen ya en las promesas de un líder especializado en fabricar elecciones de esas en las que él siempre gana con más del 85% de los votos, especialmente en su iniciativa contra la corrupción, que viene a ser el negocio al que se dedica exclusivamente la familia y allegados de su esposa. Sesenta y seis personas han tenido que morir para forzar al viejo camaleón a admitir que se ha equivocado al combatir las protestas con sangre.


La primera de esas víctimas, Mohamed Bouaziz, se quemó a lo bonzo para protestar contra el cierre de su puesto de fruta por no pagar sobornos a la policía. Mohamed era un licenciado sin empleo de 26 años, uno de tantos de ese 60% de jóvenes titulados en el paro en un país que sólo destaca por sus elevados niveles de educación. Por eso y por los negocios de la familia presidencial, una especie de clan mafioso que ha esquilmado al país, concentrando la riqueza en sus bolsillos. Hasta que Mohamed decidió prenderse fuego. Su desesperación unió en ese momento a los tunecinos, hartos de la cleptocracia opresiva que les desgobierna. Y el régimen, que al principio sólo supo responder con violencia, ha tenido que ceder, aunque sea poco. Probablemente, el mensaje televisado de Ben Alí ayer noche sólo era una treta para ganar tiempo e intentar calmar los ánimos, pero una vez más, la respuesta de la calle demuestra que los pasos han de ser irreversibles. Minutos después de ver disculparse vagamente al líder, los tunecinos salieron a la calle a celebrar ruidosamente su victoria. La policía, que hasta ayer mismo reprimía estos estallidos con balas y gases, permaneció atrincherada en sus comisarías. De momento. Hasta que vuelva a fluir en las arcas de la familia el dinero que nuestros países invierten alegremente. Italia Reino Unido, Francia, Suiza y España alimentan sin rubor un régimen que vende como prosperidad lo que en realidad es miseria. No es culpa suya. Aquí también suben los precios de alimentos y servicios básicos, tambíen nos asfixia el paro y la carencia de oportunidades y nos gobierna la corrupción. Esos tunecinos revoltosos nos han demostrado que, en Europa, nos faltan educación y cojones para quejarnos.

Los dioses se han vuelto locos

Vivimos tiempos extraños, no me canso de repetirlo. Momentos de cambio, estados de excepción y épocas en las que lo cotidiano ha pasado a ser lo excepcional. Ha comenzado el año y lo ha hecho con malos presagios. Los pájaros caen fulminados del cielo, los ríos se desbordan y los peces flotan panza arriba. No es que uno crea en malos augurios, pero es un comienzo significativo para una década que nace con reservas escasas de esperanza. Me explico. Todo comenzó en Australia y Filipinas, con unas monumentales inundaciones que han anegado un área mayor que la de Francia y Alemania juntas. Más de 400.000 personas se han tenido que refugiar de las crecidas y de la plaga de serpientes que ha aflorado en las aguas empantanadas. En las antípodas, también la tierra se ve sumergida por lluvias torrenciales. Écija, punto más tórrido de la península, ya ha amanecido sumergida tres veces en pocos días e incluso en plena costa atlántica, en Pontevedra, el alcantarillado ha cedido ante la fuerza del aguacero.



Nada de esto supone una novedad y palidece al compararlo con las tres maldiciones que sufre Haití, atacado sucesivamente por huracanes, terremotos y una epidemia de cólera. En los últimos tiempos, los negacionistas del cambio climático han visto sus teorías rebatidas por tsunamis, desprendimientos en ambos polos y fenómenos intempestivos en todo el planeta. Pero ahora, la ira de la Tierra alcanza un nuevo nivel. La pasada semana, en el último día de 2010 nos sorprendió la noticia de la muerte súbita de cerca de un millar de pájaros, que llovieron literalmente sobre los campos de Arkansas en EEUU. Nadie supo explicar un fenómeno que se ha atribuído a varias causas, a cada cual más inverosímil. Primero se habló de que habían sido fulminados por un rayo, aunque luego se supo que la tormenta se había disipado horas antes. Más tarde se teorizó sobre un envenenenamiento masivo, ya que a pocos kilómetros aparecieron centenares de miles de peces flotando inertes en el río Arkansas, algo que se demostró falso al no hallarse contenido alguno en los estómagos de las aves. Incluso se llegó a culpar a los fuegos artificiales de Año Nuevo de provocar un estrés fatal a las aves.


Al carecer de una explicación plausible, surgieron múltiples hipótesis, que oscilan entre un choque masivo dentro de la bandada, algo nunca visto, o la participación en su muerte de oscuros experimentos secretos del gobierno. El tema parecía poco más que un entretenimiento en tiempos de poco flujo informativo, hasta que a comienzos de esta semana, a seiscientos kilómetros de Arkansas, la noticia volvió a repetirse. Quinientos mirlos aparecieron sin vida en una carretera de Lousiana, una vez más sin que mediase depredador alguno. Al día siguiente, al otro lado del océano, la escena volvía a repetirse en el sur de Suecia, esta vez con cincuenta grajos muertos sin causa aparente. A partir de este nuevo fenómenos, los acontecimientos parecen acelerarse ya que, de vuelta en EEUU, otra vez los peces han vuelto a perecer ante esta extraña plaga sin nombre, tapizando la superficie de la bahía de Chesapeake con dos millones de cadáveres. ¿Qué fuerza está provocando la muerte masiva de animales? Todo hace indicar que la mano del hombre, directa o indirectamente, está detrás de estas catástrofes. Ondas electromagnéticas, radiación, destrucción de hábitats originarios o nuevo armamento climático darían un sentido menos apocalíptico a estos sucesos excepcionales.


No nos podemos olvidar tampoco en este comienzo de año de un nuevo fenómeno, más cercano a nuestro día a día. Ayer, la FAO advirtió de que los precios de los alimentos han subido de manera alarmante a lo largo de 2010, arrojando malas perspectivas para los productos de primera necesidad en este nuevo año. Mirando el mundo con detenimiento, ya estamos viendo consecuencias. En Túnez, un comerciante que se quemó a lo bonzo porque la dictadura de Ben Alí le obligó a cerrar su negocio murió ayer tras quince días de agonía. En las calles, continúan las revueltas contra un gobierno autoritario que ha empobrecido a sus ciudadanos mediante medidas absurdas y derroches injustificables. Al oeste, en la vecina Argelia, también la gente ha salido a la calle para denunciar el brutal aumento del precio del combustible y los productos de primera necesidad que podría dejar a medio país al borde de la hambruna. Habrá quien quiera ver en esta conjunción de sucesos los preparativos del fin del mundo previsto por los mayas para 2012. Otros preferiremos seguir preguntando e investigando hasta conocer la causa de que, en el cúlmen de nuestro desarrollo científico y humano, el hambre siga siendo una amenaza mientras los peces se ahogan en el agua.


La libertad de prensa en Hungría llega a su fin

Leo con estupefacción y agrado la columna de hoy del siempre, o casi siempre a partir de este artículo, desnostable Hermann Tersch en ABC. En un lenguaje que recuerda al de sus años mozos al frente de la sección de Opinión de El País, Tersch denuncia de manera irrebatible la nueva legislación del gobierno derechista de Hungría como un ataque a la libre prensa. El calificativo "derechista" lo pone el autor, no yo. Pese a alguna inevitable referencia a ZP y a que iguale sin argumentos el nacionalismo xenófobo de la Europa del Este con los nacionalismos democráticos de la península, el presentador del Diario de la Noche de TeleEspe desmenuza las motivaciones cuestionables del primer ministro magiar, Viktor Orban, poniendo en solfa su deriva ultrapatriótica para arrebatar espacio a la ultraderecha y la tentación del caudillismo político que sufre su gobierno. Por algo le llaman alternativamente el Sarkozy del Este o el Putin del Oeste. No es de extrañar que el ahora líder del país presidente de turno de la UE se sienta un pequeño fuhrer, tras recibir un respaldo arrollador en las pasadas elecciones proclamando el orgullo de la nación y la ruptura con el FMI.


Desde Año Nuevo, su gobierno, formado por veteranos defensores de los derechos humanos tras el Telón de Acero, tiene la potestad de controlar directamente los contenidos informativos de los medios de comunicación públicos y de influir hasta extremos totalitarios en la línea editorial de los privados. Los principales diarios del país, como Népszabadság, lucían hoy una portada elocuente, con la frase "La libertad de prensa en Hungría llega a su fin", reproducida en todos los idiomas de la UE. Esa es su respuesta a una ley mordaza, como las que imperan en Rusia, Colombia o Corea del Norte. Y ahí reside el argumento crucial del texto de Tersch: "¿Con qué argumentos defendemos la libertad de prensa en Cuba, China o Bielorrusia cuando permitimos a un miembro (de la UE) esa ley aberrante?". Los relojes estropeados dan bien la hora dos veces al día, aunque sólo sea por acto reflejo. Budapest nos ataca a todos, ésa es la verdad.


Por cierto, el heredero al trono del imperio chino, Li Keqiang, llegó ya a España y se reunirá con las principales autoridades hasta el día 6. Una comitiva de cien personas, contratos suculentos para las empresas y más compras de deuda española para el gobierno. Incluso una amigable columna en el diario más leído, con permiso de Marca y los gratuítos. Esa sí es una colonización silenciosa. Recuerden inclinarse con respeto si se topan con el nuevo Rey Mago.

Amanecer rojo


Empieza 2011 como terminó el anterior, con sensaciones crudas a pie de calle y contradicciones ocultas a la vista de todos. Este será el año en que la Segunda República cumplirá ochenta años, pero antes viviremos el revival del 23-F y su correspondiente hagiografía regia. Dirán lo que quieran, pero ese febrero no desmerecerá un nuevo 14 de abril. Pocos días antes de que cambiase la década, me sorprendió descubrir nuevos andamios en la plaza de Colón de Madrid. Supuse que serían para los festejos tradicionales e hice mal. Ayer, encajaron en la plaza de la enorme bandera rojigualda un no menos descomunal crucifijo, tan desproporcionados ambos que el descubridor del Nuevo Mundo parecía minúsculo en su nueva ubicación en mitad del tráfico. Al final, lo único que no fue excesivo fue la participación de sus fieles. Los discursos simples se sienten legitimados ante los símbolos grandes pero, por suerte, la gente va desterrando el dogma de sus vidas. Por eso anda tan levantisca la curia.


Bajo esa cruz de un blanco insultante, los patriarcas del clero pidieron el fin del laicismo que, según ellos, sólo existe para ofender su estrechez de miras. Nadie piensa en aquellos a los que ofende la financiación pública del culto católico y la extenuante profusión de imaginería religiosa que nos rodea. Un día después de su exaltación fervorosa, la cruz continúa allí y ay del que se le ocurra criticarlo. Ellos, los inquisidores, los fariseos, los pederastas, los hipócritas y los extremistas, se sienten menospreciados por el descreimiento cada vez más generalizado en una época en la que nadie quema sus iglesias. Es normal. Les despreciamos, no a los que viven sus creencias y las practican, allá ellos con su vida, sino a aquellos que buscan el poder tensando las cuerdas de la política, el odio y el miedo. Echan de menos el poder omnímodo ejercido desde el púlpito y observan con mal disimulada envidia la imposición de la sharia en otras latitudes. Nada más empezar el nuevo año, fanáticos musulmanes mataron a una veintena de cristianos ortodoxos egipcios bombardeando su iglesia en Alejandría. Algo similar sucede en Nigeria. El día en que ya nadie crea en dioses, habrá menos cadáveres en las morgues.


Colaboracionistas de la invasión italiana


Hoy cierra sus emisiones el único canal informativo privado 24 horas, CNN+. Cuando caiga la medianoche y se apaguen los focos y las cámaras, seremos un poco menos libres. Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco y lugarteniente de Silvio Berlusconi en la península ibérica, ha decidido adelantar tres días el cierre del "todo noticias" para acelerar la implantación de su nuevo contenido estrella, un innovador canal que emite durante todo el día imágenes de la casa de Gran Hermano. Es decir, imágenes en directo que tan sólo necesitarán de un plantel mínimo de técnicos y redactores a los que casi siempre se les paga una mierda. Los malos datos de audiencia del programa estrella de la telerealidad estúpida han motivado esta decisión de reducir costes y apostar por la carnaza cruda. Puede que así ganen más dinero, aunque la última vez que intentaron emitir el día a día sin cortes del experimento sociológico salieron escaldados. Es una pena que esta no sea la tradicional inocentada de la prensa del 28 de diciembre. Ahora, en Telahínco, sólo salen Belen Esteban, Jorge Javier Vázquez, Mercedes Milá y toda su corte de infrahumanos. Y para qué más, señora.


Con la desaparición de CNN+, sus profesionales pasarán a manos de la Agencia Atlas, que será la que decida si se van a la calle o si serán capaces de adaptarse a trabajar con basura en lugar de noticias. El flujo informativo quedará entonces en manos del Canal 24 Horas de TVE, o lo que es lo mismo, de la voluntad del gobierno de turno de permitir que nuestra televisión pública se acerque a la imparcial BBC y no a partidismos populistas al estilo FOX News. Hoy, el diario El País elude condenar este atentado a la libre información y a la dignidad de la profesión periodística. Aseguran que el cierre del canal se debe a su inviabilidad económica, pasando por encima de las denuncias de los trabajadores del canal, que acusan a PRISA de hacerles pagar a ellos sus errores de gestión. Siempre es así, los directivos hunden un medio con su incompetencia y los que se van al paro son los profesionales que dan la talla día a día.


La TDT llegó con promesas de pluralismo, calidad y diversidad. Menos de un año después del apagón analógico, los magnates de la comunicación han convertido este oasis mediático en un erial de cotilleos, teletienda, documentales sobre arrabales y casoplones, tertulias reaccionarias y refritos baratos y pasados de moda. Los cuatro grandes grupos de comunicación privados que ocupan la parrilla están en manos de dos italianos, el citado Vasile y su mentor y anterior mano derecha de Il Cavaliere Maurizio Carlotti, un entusiasta del despido y el sensacionalismo que rige los destinos de Antena 3 y, en breve, también de La Sexta. Suya es la televisión de las mamachichos y los programas de cotilleo sucio, importada desde los receptores transalpinos. Allí también todos los principales canales están en manos de Berlusca, incluídos los públicos, claro. Pero ellos no tienen la culpa de que nuestros aparatos sólo sintonicen estupideces. Culpables son los que se lucran cediendo su sitio al clan italiano en lugar de invertir en contenidos de calidad. Culpable es el Grupo Planeta, Mediapro, PRISA, el grupo Correo, Recoletos-Unidad Editorial y los demás referentes nacionales. Ellos y los millones de espectadores dóciles que les llenan los bolsillos son los culpables de que mañana sepamos todavía menos qué pasa en el mundo y por qué. Mucho ánimo en este tiempo oscuro, héroes de la información libre.

O Pino existe


Lembro unha tira do grande Quino no que Mafalda dalle a volta o mapamundi para negar o prexuízo que nos fai poñer ó norte sempre enriba. Nós, sendo de máis ou menos da metade cara a cima, vivimos nun constante paradoxo espacial. Coma europeu, suponse que son do norte. Nembargantes, respecto do vello continente, son do sul por nacer na península ibérica e falar nunha língua latina, aínda que se lle preguntásemos a calquera dentro da pel de touro, consideraríame do norte por seren galego e de terra agreste e chuviñenta. E a tolemia referencial non remata aí, xa que respecto da Galiza son un sureño ourensán e, indo o máis polo miúdo, dentro da vella Auria son do norte por me criar na beira septentrional do Miño, no antigo concello da Ponte-As Caldas. Cando era pequeno, pese a vivirmos no mesmo concello e estudiar e traballar ó sul do río, un pontino sempre dicía o baixar o Miño: "vou a Ourense". Quizáis pasar a primeira parte da miña vida nesta pequena vila aparte ó pe do monte imprimíu en mín un carácter propio, afeito á periferia e os espacios abertos.


O outro día voltei polo vello barrio do Pino. As rúas Santa Ana e Santa Catalina, o colexio no Pombal onde pasamos os primeiros anos na escola, a vía férrea que percorre Bobadela e Tarascón e a Casteadona na que xoguéi de neno seguen aí, dandolle vida a marxe noroeste do Miño, a que leva a Quintela e Santa Cruz, a máis esquecida malia os esforzos do meu avó e de tantos outros que loitaron nos noventa polo barrio dentro das asociacións de veciños. Mais ise espírito combativo non se esvaeu. Ó chegar ó barrio, o visitante atopa un recibimento autoafirmativo en fiestras e tapias, "O Pino existe". As obras do faraónico AVE de conexión con Madrid que semellan non dar rematado, pese a agresividade do seu desenrolo. Ata que chegaron ó meu vello barrio.


Pese a estaren afeitos a vivir entre a estrada de Vigo e o núcleo ferroviario de conexión coa Meseta, a xentiña do meu barrio dixo basta ante as graves molestias que lles supón a construcción da nova vía férrea. Contaminación acústica, moreas de polvo, estradas cortadas sine die e a sensación de estar aínda máis afastados do mundo puxeron iste recuncho en pe de guerra. Progreso si, mais con respeto é o que reclaman e en principio semella que o poden conquerir. Meu avó estaría orgulloso de ver que, no noso barrio, a xente aprendeu a defenderse e a construir unha identidade común.

Mártires del compás


Vivimos días extraños, en un tiempo de decisiones extremas y chocantes. No sabemos cómo ha sucedido, pero la historia vuelve a acelerarse según se va torciendo la situación. La era acomodada y plácida que vivimos en las dos últimas décadas se ha acabado para siempre y el mundo está alumbrando con dolor un momento histórico completamente distinto. Permítanme poner dos ejemplos. Hace unos pocos años sería impensable, pero la desesperación económica o laboral está lanzando a la gente a la violencia. Ayer, los informativos abrían con el secuestro de la junta escolar de Panama City, en Florida. Clay Duke, un hombre de 56 años, entró en la reunión, dibujó en la pared una V de Vendetta y desenfundó su pistola para exigir que readmitieran a su esposa, despedida por los recortes de presupuesto del consejo de Educación. Dejó su testamento escrito en su perfil de facebook: "Algunas personas (los medios de comunicación patrocinados por el gobierno) van a decir que yo era un monstruo (V)…no... simplemente he nacido pobre en un país donde los ricos manipulan, usan, abusan y esclavizan económicamente al 95% de la población. Republicanos ricos, Demócratas ricos... todos son lo mismo... ricos que se turnan para sacarnos lo poco que tenemos". Clay apuntó a los presentes, expulsó acto seguido a las mujeres de la sala y explicó a sus rehenes cómo habían conseguido llevar su familia a la ruina. Cinco minutos más tarde, disparó al bulto sin alcanzar a nadie y se descerrajó un tiro en la cabeza.



Hoy los periódicos del estado abren sus portadas con Pere Puig, un albañil de 57 años de Olot que ha asesinado a su antiguo jefe, su hijo y a dos empleados de un banco. El móvil supera cualquier trama de ficción. La constructora para la que trabajaba llevaba cinco meses sin pagarle su sueldo escudándose en la crisis económica. Tras humillarle y llevarle a la ruina, le despidieron en cuanto amenazó con tomar medidas legales. A principios de semana, sus antiguos jefes firmaron un cheque sin fondos para intentar quitárselo de encima y cuando Pere acudió a intentar cobrarlo a su sucursal, la gota colmó el vaso. Cogió su escopeta de caza y se lo hizo pagar. Horas después, declaró a los Mossos d'Esquadra que estaba tranquilo tras haber hecho lo que tenía que hacer. Nada justifica quitar la vida a una persona, pero es innegable que la culpa de este crimen la tiene la avaricia. Habrá quien diga que tuvieron su merecido, pero es más importante darnos cuenta de que esta crisis comienza a tomar tintes dramáticos, de esos que llevan a la gente a armarse contra la frustración.


Suben los impuestos y el paro, bajan las políticas sociales y el acceso al crédito. Y la gente se arruina. Y aparece el crimen, el de los que se toman la justicia por su mano y el de los que engordan su codicia apretando la soga alrededor de nuestros cuellos. Los empleados de France Telecom decidieron suicidarse en masa. Otros han preferido llevarse a unos cuantos por delante antes de caer. Y va siendo hora de que paremos esta oleada de desesperación antes de que se nos vaya de las manos. Ayer ardió de nuevo Atenas. El día anterior, fue Roma. Algún día, ya no podrán frenar la ira que han ido sembrando. Y todos seremos testigos.

Barcelona


Justo antes de que amaneciera, se dejó caer sobre una silla metálica y jugó a abanear sus pies por fuera de la azotea. Sus demonios le acompañaban, bailando a su alrededor y acercándose por turno a susurrarle ideas delirantes al oído. Con los ojos entornados, intentaba ver más allá de las luces de la ciudad. Todavía era noche cerrada y sólo podía escucharse a si mismo, dejándose mecer por el runrún de su propia inercia. Hipnotizado por la mirada de la serpiente, intentó ponerse en pie. No pudo, lo que tampoco le sorprendió demasiado. No siempre necesitamos grandes gestos o verdades absolutas a las que agarrarnos tras un naufragio. Es más fácil flotar, en ese momento empezó a comprenderlo. Alcanzar la superficie, recuperar el aliento, serenarse, adaptarse y seguir avanzando, sin más estridencias ni esfuerzos en vano. Ya no podía ordenar sus ideas, no había mejor o peor, ahora o más tarde. Sólo exceso, como uno de esos torrentes repentinos que se llevan por delante ciénagas y presas. Decidió paladearlo, sentado frente a la urbe desconocida. Disfrutar del caos, de uno cocinado en los propios fogones para servirlo en la rigurosa etiqueta de la madrugada. Abrió los ojos, miró al frente y se dejó abrazar por el sol naciente. Algo se había roto para siempre, pero fue alivio y no el esperado desgarro lo que le recorrió el cuerpo. Reestablecido el flujo natural de los acontecimientos, al fin pudo dormir.

La verdad en tiempos de alarma

Hoy, a la una de la tarde, cumpliremos el cuarto día bajo estado de alarma. Y todavía no sabemos cuándo acabará, aunque ya hay quien prevé que se prolongue no menos de dos meses. Los militares tomaron el control de los aeropuertos, poniendo fin a la sospechosa crisis de ansiedad simultánea de los controladores de vuelo, pero de eso, hablaremos más tarde. Según el gobierno estatal, este estado excepcional sólo afecta a las torres de control de los aeropuertos, pero la sensación, en las calles y en los medios, es distinta. El temporal de lluvia, el caos aéreo y las festividades se han llevado a la gente de la calle. Sin más figurantes en la escena pública, la enorme presencia policial destaca más que nunca. En Madrid, no hay tanques ni barricadas durante este estado de emergencia, sólo controles policiales, agentes con perros y pasamontañas que esgrimen fusiles. ¿Seguirán ahí cuando volváis del puente? Wikileaks sigue goteando filtraciones que desvelan lo que sospechábamos, haciendo visible la codicia e incapacidad de los políticos de todo el mundo. Ahora que ya han detenido a Julian Assange bajo una burda excusa y que se han congelado todas las formas de financiación de la web, debe ser que los gobiernos están preocupados por la reacción ciudadana a lo que pudiera publicarse próximamente.

En España, el cerco policial comenzó por culpa de algo que difícilmente se puede llamar huelga por parte de un colectivo que poco tiene que ver con la mayoría de los trabajadores del estado. Los controladores aéreos, dueños de nóminas envidiables de cinco ceros que duplican las de sus colegas europeos, se negaron a trabajar porque consideran que trabajan demasiadas horas. Pese a tener una productividad muy escasa respecto a sus homólogos extranjeros, reclaman horarios normales cuando están enriqueciéndose a base de cobrar horas extraordinarias. Su protesta no sólo es un cobarde ejemplo de huelga tristemente encubierta por una supuesta epidemia de ansiedad gremial, sino que sirve como munición para aquellos que exigen recortar derechos laborales para seguir engordando. Los controladores, con el niño bonito de los medios, César Cabo, a la cabeza, no son compañeros de lucha de los trabajadores del Metro de Madrid, o del personal de la sanidad pública, o de los jóvenes precarios o los prejubilados. Ellos, como sucedió con los pilotos durante décadas anteriores, son un lobby que hace uso de los derechos de los trabajadores para llenarse los bolsillos. Los afectados, como siempre, somos todos los demás, entre los que hay que contar a uno de los principales sectores de la economía estatal, los hosteleros, que perderán 500 millones de euros más en una temprada desastrosa. Nadie pidió que fuéseis nuestros esclavos, hijos de puta, sólo que cumpláis con vuestro trabajo como tenemos que hacerlo todos.


Los que no faltan nunca a su trabajo son los medios, y no lo digo como halago. Ayer, 7 de diciembre, la plataforma BankRun2010 llamó a los europeos a retirar sus depósitos de los bancos como medida de protesta por su papel en la crisis. La prensa internacional y los políticos, desde los ministros de finanzas de toda Europa al propio Chomsky, no tardaron en afear esta iniciativa, tildándola de anarquista, peligrosa y destinada al fracaso. Cumplieron a rajatabla el guión. Antes del 7, los analistas de la banca privada auguraban cataclismos varios si los ciudadanos retiraban en masa su dinero. Poco después del cierre de las entidades, todos los medios al unísono han afirmado el fracaso de la protesta. Su argumento es que no ha tenido la repercusión esperada, algo que todavía no se sabe con certeza, dada la tendencia de los bancos a mentir en tiempos de crisis; otros optan por mofarse de los conocimientos financieros de Éric Cantona, pero todos ellos anuncian que la propuesta ha sido minúscula dedicándole gran espacio en sus portadas y amplios reportajes en prime time. Su insistencia es la prueba irrefutable del éxito de la protesta. Urge que la audiencia se haga a la idea de que estas iniciativas no son buenas. Para la banca, claro. ¿Quién creeis que son los anunciantes de sus medios?



Vivimos tiempos extraños. La verdad es perseguida, encarcelada o camuflada siguiendo agendas ocultas que tapan lo inexcusable para perpetuar sus beneficios. No quieren que sepamos cómo se organiza el poder, quién posee el dinero o qué derechos nos han sido recortados. No han tenido en cuenta que, una vez vistos los entresijos de su tramoya, ya nadie se cree la película que nos están contando.

El habitual chaparrón de mierda


Es increíble la rapidez con la que se suceden los hechos en los últimos días. Desde que Wikileaks filtró los 250.000 cables diplomáticos a cinco medios internacionales, en despachos y cancillerías la actividad es frenética. Les preocupa que sepamos que se espían entre ellos, que hablan mal de sus aliados a sus espaldas, que cada una de sus embajadas es un hervidero de intereses espúreos y, lo peor de todo, lo fácil que ha resultado robar tal cantidad de información. Qué poco han tardado en iniciar una cortina de humo. La primera excusa es la de siempre, la seguridad. El conocimiento es poder y, en este caso, es poder arrebatado de sus sucias manos. No les gusta que sepamos a quién venden armas o a qué gobiernos sabotean desde la sombra y por eso claman a los cuatro vientos que esta información puede provocar la muerte de sus agentes y, como llegó a afirmar una alicaída Hillary Clinton, filtrar su guerra sucia supone ir en contra de la paz mundial. Que paradoja. La segunda excusa es la del mal jugador de cartas. Dicen en la Casa Blanca y repiten en el resto que todo lo revelado ya se sabía, que nada aporta, pero es mentira. Yo no sabía que el Fiscal General del Estado Español, Cándido Conde Pumpido, era un espía a sueldo de Washington, ni tampoco que lo fuese el fiscal jefe de la Audiencia, Javier Zaragoza. No imaginaba que dos ministros del primer gabinete Zapatero, Miguel Ángel Moratinos y Juan Fernando López Aguilar, utilizaban sus carteras de Exteriores y Justicia para evitar que los jueces de Madrid nunca pudiesen juzgar a los marines americanos que asesinaron a sangre fría a José Couso para acallarle. Colaboracionistas todos, malditos hijos de Petain.



Cuando estas dos malas excusas dejan de funcionar, comienza a trabajar la maquinaria encubridora que aúna a medios de comunicación, gobiernos y servicios secretos. Por eso incriminan a Julian Assange con dos risibles cargos de presunta violación en Suecia. Incluso, algún palurdo político yanki ha llegado a pedir su ejecución. Quieren enmierdar su nombre para que ellos no parezcan tan malvados e incompetentes. Es lo único que saben hacer, y no han aprendido nada desde la Ojranka zarista hasta los cóndores de Henry Kissinger. La amenaza de cárcel no sólo se extiende a Wikileaks, sino también a Le Monde, El País, Der Spiegel, The Guardian y New York Times. Pero así no conseguirán que su problema desaparezca. Esta madrugada, publica The Independent que Scotland Yard tiene localizado a Assange en el sur de Inglaterra. No se atreven a detenerle todavía, porque los abogados de Downing Street no encuentran crimen que imputarle. Ya se les ocurrirá algo. Pero esta vez, la verdad ha salido a la luz antes de que pudieran sedarla, desnudarla y lanzarla al vacío desde un avión militar.

Morte dun vello galeguista


Morreu a pasada semana Francisco Fernández del Riego os noventa e sete anos. Moitos non o coñecerán, aínda dende dentro da nósa terra. Outros lembrarán aquel home afouto de cabelo branco que presidíu a Real Academia Galega xusto despois doutro galeguista histórico da súa xeración, Domingo García-Sabell. Non nacen a cotío homes coma eles na nósa terra, xente coma a do grupo de amigos de Del Riego, que incluía a Rafael Dieste, Luís Seoane ou os tamén lucenses Ánxel Fole ou Ramón Piñeiro. A esa xeración, nada no erial de comezos de século ou na migración, témoslle que agradecer a autonomía da Galiza na Segunda República española, a resistencia cultural dos anos corenta e cincuenta e a meirande producción literatura que o galego ten coñecido. Eles sos, sen se deixar calar polo fascismo e a criminalización do noso povo, crearon institucións, acadaron sona e lexitimidade moral en todo o mundo e conqueriron unha vitoria crucial para todos nós: facer da Galiza unha nación xenuina, tanto na rúa coma no maxín de tódolos galegos. Da conspiración ó pe da lareira, os galegos pasamos a contar cun partido de seu, cunha editorial Galaxia que protexeu a fala da barbarie extranxeira e o esquecemento, unha Real Academia que lle deu novo pulo, e, co devalar do tempo, uns órganos de governo própios.

Os herdeiros da Xeración Nós non eran uns chaíñas. Venceron á diglosia dos vellos tempos e, ata fai pouco tempo, seguiron loitando contra os novos bárbaros e as súas campañas de desprestixio de todo aquilo que sexa nóso. Ata o derradeiro día, Del Riego defendeu o nóso patrimonio da inxuria e o rudo encono dos sipaios, os imbéciles e duros que por non entendernos a nós, prefiren entenderse con Rosa Díez e os secuaces da anti-Galiza. A que nega a herdanza céltiga, a que bota por terra as nósas tradicións, a que cuspe cando fala a nósa língoa e se ofende cando nos escoita cantar Os Pinos. Morreu Manuel Fernández del Riego e a traxedia auténtica é que non hai ninguén que sexa quén de reemplazalo. Mais non desesperedes, que os nosos vellos deixaron sementado o xerme dun povo sen fachenda que pode ter orgullo de seu gracias as xeracións de vellos heroes que agora morren sen que ninguén pareza decatarse.

Au revoir


A menudo, ves que las cosas se tuercen a tu alrededor y no sabes cómo resolverlo. Tus amigos opositan o saltan entre contratos basura. Los jubilados dan varias vueltas al supermercado sumando de cabeza. Los muebles viejos no duran más de una hora en la calle. Los mendigos se mudan de la puerta de los grandes almacenes a la del mercado del barrio. Y cada vez hay más gente con la ropa más gastada en el metro. Nadie tiene un duro en el bolsillo, sólo quejas. El sueldo -o su ausencia-, el crédito, la corrupción, las sicav, las subprime, los tipos de interés, la deuda pública o el rating se han convertido en temas de conversación frecuente. Pero, en el fondo, no sabemos nada. Pocos sabrían explicar porqué se hundió Grecia o lo hace Irlanda o cuál es el motivo de que los especuladores ataquen la economía española. Menos aún podrían aclarar porqué ese tipo de eventos suponen que gane menos dinero, trabaje más años o tenga que pagar más por menos. La Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional ofrecen casi 200 millones de euros a los gobiernos de Atenas y Dublín, pero en lugar de facilitar ayudas a los trabajadores o a las empresas, el dinero va directo a los bancos. Esos mismos bancos que te niegan el crédito aunque el Banco Central Europeo suavice los tipos de interés. Los que pidieron ayuda a los gobiernos al principio de todo esto y usaron su -nuestro- dinero en repartirse dividendos. Los mismos bancos que piden el despido libre para fomentar la contratación. ¿Es ese el único camino de salida de esta crisis?


Según Éric Cantona, no lo es. Sí, el mismo Cantona que decía au revoir con las solapas levantadas y atravesaba al mismo diablo de un derechazo. Además de delantero, actor y filántropo, The King ha dado voz al movimiento del 7 de diciembre. Me explico. Todo comenzó en el sector financiero y ahora acaba en nuestro bolsillo. Las siete huelgas generales consecutivas en Francia, la multitudinaria de ayer en Portugal, la conquista de la sede tory en Londres, las piedras contra balas de Atenas, las concentraciones a la puerta del G-20, todo ese heroísmo agónico y necesario con el que aguantas el tipo en el trabajo o de entrevista en entrevista no ha servido para nada. En bankrun2010 lo saben. Los mercados mandan que tu sueldo baje, y vaya que si baja. Ése es su poder y tú no puedes hacer nada. No les has votado, no sabes exactamente quíenes son ni porqué se hacen ricos a tu costa sin acabar en la cárcel, pero ahí están. Los políticos, los jueces, los medios y demás ralea están demasiado ocupados mirando a otra parte para hacer algo al respecto. Por eso, llegó el momento de golpear donde duele. Golpear con sucio dinero. Quitándoselo, claro. No necesariamente a punta de pistola, sino retirándolo de nuestras cuentas al unísono, hasta agotar sus reservas fraccionales. Ese es nuestro poder y ellos no pueden hacer nada. Entonces no hará falta contar manifestantes ni necesitaremos representantes políticos que proclamen lo que todos pensamos. Estará todo dicho. Lo sabremos exactamente por sus caras de asombro. O porque saldrán con tanques a la calle.
Juzgad vosotros mismos y tomad postura ante el cajero el 7 de diciembre.



www.bankrun2010.com

La tercera batalla de Yeongpyeong

En estos momentos, mientras escribo, aviones de guerra surcoreanos despegan de las bases de Seúl e Incheon con destino a la frontera del Mar Amarillo. Hace apenas unas horas, la artillería de Corea del Norte rompió el armisticio que pesa desde 1953 y lanzó cincuenta obuses sobre la isla de Yeongpyeong, matando al menos a cuatro soldados, hiriendo a otros catorce y forzando la evacuación de sus más de mil habitantes civiles. Y digo armisticio porque ambas Coreas nunca pusieron fin a su guerra ni jamás se ha planteado la firma de un tratado de paz. Entre los motivos que explican que la guerra de Corea siga viva sesenta años después de comenzar están las mismas disputas territoriales que ya forzaron otros dos encontronazos entre ambos países, en 1999 y 2002, en los que murieron unos setenta soldados de ambos lados. La diferencia entre las anteriores batallas de Yeongpyeong y ésta de hoy es que es la primera vez que el régimen desquiciado de Pyongyang se atreve a lanzar un ataque sobre suelo sureño. Y que Seúl se atreve a contestarle de la misma manera, con treinta misiles sobre suelo enemigo.


Hasta ahora, el resto de confrontaciones militares entre ambas Coreas tras 1953 habían sido escaramuzas navales, como el hundimiento del patrullero Cheonan en marzo en el que murieron ciento cuatro soldados de Seúl. Aquella vez, Kim Jong-il amenazó con lanzar su poderío nuclear contra el Sur y sus aliados si había represalias. Hoy, pocos días después de que la dinastía pseudocomunista mostrase distraídamente a un científico estadounidense más de mil centrifugadoras para procesar uranio, nadie sabe en qué piensa Corea del Norte o quién ha decidido atacar unilateralmente al vecino del Sur. Al borde de una segunda hambruna y con la sucesión del "Bienamado Líder" a medio encarrilar, no sabemos qué beneficio busca Pyongyang volando por los aires cualquier posibilidad de entendimiento con la otra Corea y con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Dos de ellos, China y EEUU, armaron a ambos ejércitos durante la contienda y lo han seguido haciendo durante décadas, sin preocuparse por resolver el conflicto más largo de la historia, tras la Guerra de los Cien Años.


Corea del Norte subsiste, a pesar de lo que diga su propaganda casposa, porque EEUU no presiona suficientemente a China para que ponga fin a su absurda tiranía y porque Pekín, al igual que pasa con la dictadura birmana, no sabe qué hacer para detener a semejantes aliados. Las dos principales potencias mundiales actuales han permitido que Kim Jong-il atenace a su pueblo, lo mate de hambre, lo envíe a campos de "reeducación" -término espeluznante donde los haya- o directamente a la misma cárcel por la que uno de cada díez norcoreanos ha pasado alguna vez en su vida. Su desidia ha permitido que obtengan la bomba atómica y que ahora nadie sepa si éste es el comienzo de un conflicto nuclear a gran escala o tan sólo otro episodio repetitivo de una Guerra Fría que amenaza con no acabar nunca.


En estos momentos, cae la noche sobre la península coreana. Seúl ha ordenado la evacuación de todos sus ciudadanos residentes en el Norte y sólo reconoce la muerte de uno de sus marines y setenta casas destruídas por el bombardeo. Su presidente, Lee Myung-bak, está reunido con sus ministros para analizar la crisis y, pese a que ha dado orden expresa de evitar cualquier acción que eleve la tensión, ha pedido a Naciones Unidas que condene inmediatamente el ataque. Corea del Norte, mientras tanto, calla como de costumbre, será porque sus medios de comunicación no han encontrado al censor de guardia para comenzar a lanzar noticias de última hora. Mientras tanto, la guerra nuclear pende sobre nuestras cabezas y los medios desprenden un extraño tufillo a años sesenta.
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