Ponga usted fin a sus rutinas, ¡coño ya!

Llegó la hora de dejar atrás esta tediosa vida a fuego lento. Se resquebrajó la piedra y, tras ella, se vislumbra un horizonte inédito. Un horizonte largo tiempo deseado. De pronto, los días ya no se parecen, el tiempo no sobra y hay que dosificarlo como la más pura de las drogas. De pronto, hay algo que hacer y los cabos sueltos se desvanecen. Los músculos se desentumecen y reclaman acción. Habrá que dársela. En principio, habrá que retar a las autovías que llevan a Portugal antes de la deseada muerte de Junio. En el radiocassete atronarán Los Chichos durante el camino del Douro al Tejo. Y para entonces, mi rutina se habrá hecho añicos. Y nunca más siempre igual.

Punto de no retorno


Ángulos, curvas, vueltas de esquina. Cambios de rasante, giros injustificados en la línea argumental. Descalzo sobre la línea que separa esto de cualquier otra parte, con los pies desnudos sobre un filo de navaja. Hormiguea entre mis dedos el impulso de un salto al vacío. La incertidumbre atormenta y seduce, susurrándome al oído viciados cantos de sirena. Arde mi cabeza mientras no termina de consumirse el odioso plazo a la nada. Millones de promesas y tan poco tiempo. Se agotó la lista de los planes de huída y no hay respuestas en mi feria ambulante de papeles arrugados. El gato callejero se ha cansado de vagar y persigue el reflejo lejano de un rumbo que tomar. Escasea el material del que se fabrican los sueños en color y mañana todo puede hacerse carne en forma de llamada de teléfono. O venirse abajo una vez más, esparciéndose por el suelo con la corriente generalizada de la miseria y la ponzoña. Se me ha hecho tarde, una noche más. Horas después del amanecer, llegará el momento de afrontar el envite. Hasta entonces, sólo puedo dormir o desafiar al sueño con el ceño fruncido. Quienes sepan algo de mí adivinarán la respuesta.


the rolling stones - stray cat blues


Virxilio Vieitez


O verán pasado, por estas datas, morreu o meirande fotógrafo galego. Creador afouto, soubo retratar e conservar a atmósfera dunha Galiza que xa non esiste, unha terra de panos negros, emigrados e lar de familia, de fame e de sinxela ledicia.


Un país reflictido no esceario illado da Terra de Montes dos cincuenta ós setenta. Percorreu vila tras vila facendo ata fotos de carné, durmindo nos palleiros das aldeas e queimando unha vella Lambretta polos carreiros. Mais soubo triunfar en París no mesmo intre no que chegou.


Morreu Vieitez o mesmo mes que Photoespaña lle tributaba homenaxe, mais alleo a comandiña dos seguidistas, trasformado el mesmo nunha persoaxe das súas propias fotografías. Por iso ninguén lembrará o seu nome o ano que ven, quizais porque nos doe o noso pasado ou pola falla de costume de recoñecer o talento dun paisano. Un brinde polos vellos tolos que o fixeron todo moito antes ca nós, cen veces millor e loitando con todo en contra. Gracias a eles, a Galiza dos nosos avós segue viva en algures e nós temos uns referentes onde nos apoiar para chegar máis alto.

Niebla sobre el Nervión


Semanas errantes en el zurrón e incertidumbres varias en la cabeza. No hay tregua. Distintas rutinas, paisajes inéditos, valses, cabinas de peaje, carritos de golf y billetes de avión. El traje de las grandes ocasiones y un trípode de cámara sobre el hombro. Pontedeume, A Coruña, Ortigueira, Loiu, Erandio, Bilbao. Recuperando, al tiempo que la condición de redactor aunque sea de reemplazo, aquella canción que olvidaste que podías tararear sin saltarte una coma. Tras la bruma, ante el horizonte, se formula la promesa de un camino nuevo. Un nuevo itinerario sobre el que vagabundear. Un altavoz del que volver a descolgarme. Respuestas que llegarán cuando muera Junio. Ya os iré contando.


Barricada - No hay tregua


El anunciado retorno de Caín


Baja uno al mundo real después de haber estado algo ausente, mental y geográficamente, y se encuentra de nuevo en la pertinaz miseria humana llamada historia. Condenada eternamente a repetirse, a perpetuar el largo capítulo de la violencia en la sociedad moderna y civilizada. Tres vistazos a los titulares de los periódicos. En Irán, un manifestante es abatido a tiros por mercenarios gubernamentales en las multitudinarias protestas contra el fraude conservador en las elecciones. El Movimiento Social Italiano, un partido extraparlamentario de ultraderecha fundado por Mussolini hace casi un siglo, ha anunciado que sus paramilitares de la autodenominada Guardia Nacional Italiana patrullarán las calles para limpiarlas de inmigrantes y delincuentes sin que nadie parezca dispuesto a impedirlo. En Barcelona, un tribunal ha condenado a pagar una multa irrisoria de seiscientos euros a los cuatro mossos d'escuadra grabados en vídeo mientras vejaban y golpeaban brutalmente a un detenido. Once minutos de miedo se pagarán a menos de cincuenta euros cada uno. Seis compañeros de su comisaria de Les Corts cumplen seis años de cárcel por el mismo delito y otros dos cumplirán seis meses. Me juego algo a que no serán los últimos. El mundo sigue girando sobre los mismos ejes y somos incapaces de verlo venir. Hay quien prefiere no verlo.


Recuerdos mejores

Volver a escuchar las letras afiladas y cálidas, a vibrar con los guitarreos punzantes, a no poder dejar de mover los pies al compás de los bombos castúos. Volver a los dieciséis, aunque sólo sea por un ratito, aunque sólo sea por dejar de sentirse tan viejo.

Gracias por la recomendación, Peter!

Gente de mi edad

Hoy, al abrir el periódico, me he topado con unos cuantos tipos de mi edad. Y me ha dado que pensar. En primer lugar, me vinieron a la mente los proyectos que tenía de niño cuando me imaginaba cómo sería mi vida cuando tuviese veintitantos. No es que me queje ni que tenga que lamentarme de haber malgastado demasiadas ocasiones y, como mucha otra gente, soy feliz con lo que tengo aunque me podría ir mejor. Podría tener un trabajo, podría vivir en otra ciudad, podría ser más listo, más viajado, más leído, más vivido. No sirve de nada lamentarse, cada uno escoge su propio camino. Pero no por ello deja uno de identificarse en cierto modo con su generación, con otras personas de mi edad aunque con vidas diametralmente opuestas a la mía.
Esta mañana, dos jóvenes nacidos a principios de los ochenta han ocupado las portadas de los diarios por motivos bien distintos. Por una parte, Kim Jong-Un, hijo pequeño del dictador norcoreano, ha sido nombrado sucesor en los cargos de presidente, comandante supremo del ejército y secretario general del partido único. En otro extremo diametralmente opuesto del globo, José Gómez Cansino, pederasta ourensano encarcelado en la cárcel de Valdemoro, ha sido sorprendido con pornografía infantil en el propio penal. Dos vidas, dos lecciones que me llevo al zurrón: la rebeldía y el asco. Comencemos por el principio.


La vida de Kim Jong-Un, como es tradición entre los tiranos de la hermética Corea del Norte, siempre ha estado envuelta en silencios y medias verdades. No existe una foto actual, su edad varía según la oficialidad de las biografías que se consulten y poco se sabe de la persona que ocupa tal nombre y, desde hoy mismo, el cargo de sucesor del "Amado Líder", Kim Jong-Il. Muy a tono con un país grisáceo y esquilmado, regido con mano de hierro por el ejército y la familia Kim, que suma más de sesenta años en el poder. Se le estiman unos veinticinco años y, hasta ahora, su trayectoria había sido ensombrecida por la de sus dos hermanos mayores, pretendientes durante algún tiempo al título de delfín de la República Democrática Popular de Corea. Kim Jong-Nam, el mayor de los tres, asumió durante un tiempo el papel de hijo favorito del sátrapa. Sin embargo, su carrera se vio truncada por un escándalo mayúsculo: en 2001, fue sorprendido por la policía japonesa en el aeropuerto de Tokio con un pasaporte falso, en un vano intento de visitar Disneylandia. Su arresto y posterior expulsión a China supuso un trago demasiado embarazoso para Kim Jong-Il, que no dudó en apartarlo de su cargo de presidente de la Suprema Asamblea del Pueblo -rimbombante nombre para un remedo bufo de parlamento- y negarle sus favores.
Con el hijo mayor exiliado de incógnito en Macao, el segundo vástago, Kim Jong-Chul, parecía el mejor situado para hacerse con las riendas del exhausto país asiático, sobre todo después de la apoplejía sufrida por su padre este enero. Sin embargo, el achacoso dictador de sesenta y siete años no confía en Chul, cuarenta años menor que él, debido, según fuentes cercanas al "Bienamado Líder", a su carácter afeminado. El dictador, que también recibió el poder de manos de su padre en un extraño caso de nepotismo estalinista, ha preferido volcar sus esperanzas de perpetuar a su familia en el poder en su hijo menor, Un, que parece tener una personalidad muy similar a la de su padre. Cuando éste muera, Kim Jong-Un asumirá el poder sobre un país diezmado por el aislamiento y la hambruna, un país en el que uno de cada cuatro ciudadanos engrosa las filas del cuarto ejército más grande del mundo, uno de cada tres ha sido arrestado, uno de cada cuarenta está en la cárcel y uno de cada cinco reconoce que al menos uno de sus familiares directos ha muerto de hambre. Dentro de unos años, uno de mi generación dirigirá su país. Posiblemente, el primero de la quinta de los primeros ochenta en poseer bombas atómicas que nadie sabe a dónde apuntan ni cuándo van a caer.


La otra cara de la moneda tiene un rasgo más cercano y, quizás por ello, más repulsivo. Ya os lo conté hace años, en los albores de este blog. José Gómez Cansino, conocido como Aza en el mundillo pedófilo de Internet y condenado a treinta y un años y medio de cárcel, fue compañero de estudios en los Maristas de Ourense. Era un tipo normal, una de tantas caras a medio olvidar que habitan mi orla de COU. Poco después de esas fotos, marchó a Vigo a estudiar Biología y allí, engañó, golpeó y sodomizó a la fuerza y ante la cámara a dos niños de seis años, el hijo y el sobrino de su vecina de abajo. Se ganó fríamente su confianza ofreciéndose para darles clases particulares, a imitación del líder de su red de distribución de pornografía pedófila, Nanysex, que llegó a abrir un cibercafé y pretendía montar una guardería. A través de Internet, difundió su infame material y contactó con toda la red pederasta, asumiendo la tarea de especialista informático y haciéndose un nombre en el turbérrimo submundo de las parafilias aberrantes. Cuatro años después, al ser detenido por la policía en plena huída, negó haber hecho nada más que "jugar con ellos a introducirles el pene bajo el pañal" y no mostró el más mínimo arrepentimiento, ni siquiera cara a cara con sus víctimas. Se limitó a apartar la mirada ante los vídeos de sus violaciones difundidas por su red de miserables asaltacunas. Su abogado, José Manuel Orbán, alcanzó nuevas cotas en la indignidad de la profesión jurídica al alegar que los menores "aparecían en los vídeos sin exteriorizar molestia y con semblante sonriente". Su familia, abrumada por el horror y la vergüenza, cerró el bar en la popular Avenida Buenos Aires y huyó para no volver. Demasiada sordidez la que se esconde tras esta fachada creíble de tipo normal.

Pasados tres años desde su condena, mi antiguo compañero de estudios no sólo no se ha arrepentido todavía de sus crímenes, sino que disfruta de una desahogada vida como bibliotecario en el Centro Penitenciario de Valdemoro. Apartado del resto de internos, goza del privilegio de un ordenador portátil y acceso a toda clase de material. Hoy, la Sexta Noticias ha revelado que se le ha intervenido material pedófilo en su ordenador, su celda y en diversos escondrijos en la biblioteca, tanto fotografías impresas -fotos de bebés recortadas de revistas médicas- como CDs y hasta un módem inalámbrico para acceder a Internet. Cansino y otro preso, conocido como "el pedófilo del Raval", habían recopilado impunemente nuevo material deleznable para saciar sus bajos instintos pese a encontrarse en la cárcel. ¿Debería un pederasta confeso dirigir la biblioteca de un penal? ¿Qué clase de vigilancia penitenciaria permite que un criminal reincida sin necesidad de salir de la cárcel? Lo que merece, él y todos los de su calaña, es que les retiren el privilegio de aislamiento y los dejen a merced de los presos comunes. Quizás así se haga justicia. Me repugna la pena de muerte, pero ojalá él y todos los de su calaña amanecieran mañana ahorcados en sus propias celdas, para que nadie tenga que mancharse las manos limpiando su basura. Quizás así su familia y sus víctimas podrían volver a dormir tranquilas.


Uno se pasa la vida creyendo la vieja mentira dulce de ser el portador del futuro. De que su generación será la llamada a cambiar el mundo, la más auténtica, la más preparada, la definitiva. Parece ser, si algún veinteañero no lo remedia pronto, que será mejor para el futuro que nuestra quinta pase desapercibida. El horror nos es tan cercano como a todos los demás y, muerta la ingenuidad, sólo nos queda agarrarnos a la rebeldía y el asco.

Diga basta, diga abstención


El próximo 7 de junio dejaré de votar. Ya os lo había avisado. No es que me sienta especial por tal motivo, dado que la mayoría de los "llamados a las urnas" deciden no participar, y más aún si la consulta proviene de la lejana Europa proveedora de invisibles subvenciones. Según las encuestas oficiales de la UE, un abrumador 55% de los ciudadanos europeos decidirá abstenerse el domingo que viene, una cifra que será algo más elevada en el Estado Español, donde hace cinco años un 54´6% pasó del Parlamento Europeo. Los sondeos gubernamentales indican que la participación no podrá alcanzar la cifra de los anteriores comicios, reduciéndose hasta en nueve puntos hasta el 35%. Significativo mutis mayoriario, ¿verdad?

Podría aducirse que tal resultado se debe al poco interés que el lejano Estrasburgo despierta en el votante patrio, pero no hay que olvidar que en elecciones generales la abstención alcanza cotas cercanas al 30%, es decir, la tercera opción tras las dos marcas del bipartidismo. Un 31% en 2000, 22% en las sonadas elecciones del 14-M y despuntando hasta el 24% el año pasado, la tercera cifra muy por delante de Izquierda Unida y avanzando. Uno de cada cuatro ciudadanos deciden no participar en la única parte del proceso ejecutivo que pasa por sus manos. Por pereza, por desidia, por cinismo, por rechazo general al sistema. En este caso, por desafección a una idea mercantilista de unidad europea, que sirve de escenario para vergonzosas votaciones como la de las 65 horas semanales de jornada laboral. La abstención es una minoría silenciosa pero presente, a la que me veo obligado a unirme. Descensado en mi lugar de origen, rehuso a participar en sus mecanismos de gobierno. El domingo 7 de junio, únase a ese cincuenta y pico por ciento de conciudadanos europeos y manténgase alejado del colegio electoral. Que jueguen otros a su juego trucado.

Quince días para hacer Historia


La Historia ha encontrado un lugar para nosotros. Nosotros, los que crecimos inoculados del cinismo del que no suele recibir alegrías, que lloramos con Julio Salinas y el codazo de Tassoti, que escondimos la cara en el colegio después de la final fallida de Atenas y nos acostumbramos a remar con rabia para morir en cuartos. Los más mayores del lugar se aferraban a Zarra y Marcelino. Nuestros padres rumiaban la nostalgia de doce goles contra una Malta que costaba encontrar en el mapa. Nuestra generación parecía condenada al agridulce fútbol del que ve la gloria pasar sin detenerse. Hasta que, el verano pasado, veintidós jugadores vestidos con la Roja nos enseñaron lo que era ganar.


Lo paladeamos con mesura, para no apurar demasiado rápido un trago inesperadamente dulce. Meses después, en un mes de mayo insospechado, la prudencia se transformó hasta cuatro veces en éxtasis. Un dos de mayo, seis goles heroicos daban la vuelta a un derby en el Bernabéu. El trece, cayó en Valencia la Copa con goleada ante un digno Athletic. Cuatro días después, Mallorca fue testigo del final matemático de una Liga ya sentenciada en Madrid. Ayer volvimos a formar parte de la historia. Parecía tan fácil en apenas diez minutos que tardamos otros ochenta en darnos cuenta de que estábamos al fin tocando el cielo. Desde Roma, desde Canaletas, desde el salón de casa todos fuimos testigos. Hoy, con la resaca de la triple corona, toca descubrir el placer de disfrutar bien acompañado de la lectura del Sport en una terraza del soleado Lavapiés, mientras los pájaros cantan a lo lejos, Madrid se pierde en sus trajines y Mayo aún promete algún dulce sobresalto. Muerta la incredulidad, todo es posible.


A veces, la gloria sabe esperar a los que de verdad la merecen.

The other side

O reflexo no espello devolveulle a mirada. Nada novo en ningures, alomenos en apariencia. Recoñeceu as faccións, o aceno propio, a intención do seu xesto, mais por algún motivo descoñecido non tiña nin idea de quen era aquel home que o ollaba dende a outra beira.

Un intre despois, por causas que só el pode coñecer, afastouse do espello e sorriu.


The Doors - Alabama Song (Whisky Bar)




Extramuros

En ocasiones especiales, podemos abrir ventanas a mundos insospechados, dimensiones paralelas y giros en el contínuo espacio tiempo. Ante nuestros ojos, se abre de forma inesperada un paisaje sorprendente, alejado de cualquier expectativa. Un mayo como éste, en 1975, la sonda soviética Venera 8 atravesó la atmósfera infernal de Venus. Abriéndose paso entre nubes de ácido sulfúrico y soportando temperaturas cercanas a los 500 ºC, envió a la Tierra la primera imagen de la superficie de otro planeta. Los científicos, en su observatorio del desierto kazajo, tardaron unos minutos en acostumbrar su vista para entender las imágenes. Nunca nadie había posado sus ojos en un lugar como aquel.
Más cerca, a pié de calle, todavía es posible revivir esa sensación de desconocer la geografía habitual para descubrir en ella otros lugares, otros momentos. En los bulevares y las arboledas de San Lorenzo del Escorial se respira un aire diferente, totalmente opuesto a las callejuelas y el asfalto de la capital. Sobre su empedrado resuenan viejos ecos imperiales, en los que uno puede perderse y reencontrarse en un tiempo y un lugar que, como las cosas que realmente merecen la pena, no figuraban en el guión.

Good Bye Spain

El pasado miécoles, en los momentos previos a la final de Copa que enfrentaba al Athletic de Bilbao y al FC Barcelona, los aficionados de ambos equipos recibieron con pitos y abucheos al jefe de Estado y anfitrión de la competición y silenciaron los acordes del himno español, la Marcha Real. Tan elocuente como prevista era la pitada, que Televisión Española, esa que se precia de ser pública, transparente y veraz, decididió cortar la emisión del himno estatal en una maniobra chapucera que incluyó la emisión en diferido durante el descanso de una versión de las imágenes manipulada para hacer ver que nada de lo anterior había ocurrido. Para hacer ver que en el Estado Español nadie cuestiona al monarca ni rechaza los llamados "símbolos patrios". Manipulacion que no tapa su vergüenza.


Terminado el partido y descubierto el evidente engaño por el resto de medios, la Corporación envía excusas y arroja a los leones a un cabeza de turco, el director de Deportes, Julián Reyes. Javier Pons, director de la cadena estatal, le acusa de ser el único culpable. Los trabajadores de TVE saben que la decisión de censurar la pitada al himno venía de más arriba. No caben errores humanos o responsables únicos. La manipulación política de los medios públicos, sean Telemadrid, Canal 9, ETB o La Primera, es innegable y vergonzosa. Los medios de comunicación estatales se conciben como una salvaguarda de su función social y democrática, cuando en la realidad son el primer engranaje de cualquier tipo de propaganda. Cortar un partido de máxima competición en directo para evitar que los espectadores sepan que existe un notorio rechazo a la figura regia y la bandera nacional es una vergüenza para la credibilidad del medio público y del Estado que lo maneja, por lo que debería saberse quién orquestó un plan tan malintencionado y chapucero. Por lo menos, gracias a su mala praxis, ha quedado en entredicho el dogma oficialista que afirma que la "campechana" figura del monarca no es cuestionada por sus súbditos. Tan evidente como que la bandera rojigualda heredera del franquismo suscita todavía un rechazo persistente. Aunque nadie lo reconozca, la monumental pitada de la final de Copa ha servido para recordar que, por mucho que reescriban la historia para aparecer como los salvadores de las libertades, la realidad es que sólo son una banda de censores ineptos. A la vista quedan las pruebas.

El himno en TVE, emitido en diferido y con el sonido editado para tapar las protestas

El himno en ETB, con el mismo sonido ambiente que TV3, SER, COPE, RadioMarca y otros, incluída Radio Nacional de España, a la que nadie recordó avisar que tocaba meter tijera. Auténtico autoritarismo bananero.

Cambio cromático

El día menos pensado, sales de la cama y el mundo ha cambiado de color. O mejor dicho, a tu alrededor el mundo recupera un brillo que ya creías devorado por las gamas más bajas de marrón y gris. Y con esa nueva capa de luz vuelven también otros rincones, otros momentos y otras caras que parecían olvidadas para siempre. Y vuelven a sonar de fondo Los Chichos. ¿Cuánto hacía que no los escuchabas? Hay más sabiduría en sus letras que en toda la bibliografía de cualquier premio Planeta y tanta alegría como para sonrojar al más chicloso de los grupillos poperos de moda. Libre, libre quiero ser, quiero ser, quiero ser libre...

Puede que sean tan sólo los efluvios del cambio de estación, pero algo te dice que éste es un tren que no debes dejar pasar. Hay que aprender a soltar lastre mientras remontas el vuelo, el truco es saber escoger lo esencial para seguir adelante. Y pronto surgirán los grandes planes, las carcajadas y las oportunidades, aunque sólo sea una mera recompensa por saber esperarlos sin quemarse. Es necesario conocer el ritmo que rige el ciclo del cambio y saber qué debe permanecer firme ante él, dejándolo fluir sin dejarlo pasar. Y, de pronto, suena el móvil. Otro post-it en la pared, otra mañana ocupada, otras cañas, otro motivo para seguir creyendo en que, al final, merecerá la pena no rendirse.


Los Chichos - Son ilusiones

Manuel Fernández, "Pahiño"

El fútbol español de posguerra, como el de cualquier dictadura, esconde momentos indignos, figuras instrumentalizadas por la propaganda oficial y héroes trágicos borrados injustamente de las páginas de la historia. Este es el caso de Manuel Fernández, conocido como Pahiño, uno de los mejores arietes del fútbol peninsular, que fue y sigue siendo ignorado por su condición de sospechoso para el Régimen. Pero empecemos la historia por el principio.

Manuel Fernández Fernández nació una mañana de enero de 1923 en la comarca viguesa de San Paio de Navia. Criado en el seno de una familia de pescadores, evitó de milagro ser reclutado forzosamente en la Guerra Civil y comenzó a pegar patadas a una pelota en el club de su pueblo, el Navia, donde en apenas unos meses llamó la atención del histórico Arenas de Alcabre. Superada la mayoría de edad y el servicio militar, su carrera comienza a despegar cuando el Celta de Vigo llama a su puerta. Se iniciarían así cinco años históricos para la entidad celtiña, en los que sesenta y nueve goles de Pahiño sirven para encaramar al equipo a la cuarta plaza de la primera división y alcanzar el subcampeonato de la Copa en 1948. El rectángulo de Balaídos fue en aquella época un feudo inexpugnable, en el que el Athletic de Bilbao firmó un 5-1 o el todopoderoso Real Madrid sendos 4-1, tanto en casa como a domicilio. Asociado al gran Hermidita, Pahiño alcanzó su primer título de máximo goleador con 23 tantos. Sin embargo, ello no significó que su paso por el club no estuviese salpicado de problemas. El ariete no sabe de esconderse y nadar con la corriente. Tanto dentro como fuera del campo, Pahiño es un hombre valiente, combativo y con un marcado sentido de lo que es justo, pese a los tiempos que corren. Pese a ser el jugador más decisivo de la plantilla, era el peor pagado. Cada vez que se quejaba, los directivos le señalaban como rebelde y problemático, amenazándole veladamente con el ostracismo. Y siempre le pedían más. En el partido decisivo para el ascenso, contra el Granada, el defensa andaluz Millán González rompe de un plantillazo el peroné del delantero gallego, que ya había marcado dos veces en apenas cuarenta minutos de juego. Moncho Encinas, el míster céltico, le venda la pierna y le obliga a seguir. Pahiño aguanta la hora restante sobre el terreno de juego, demostrando un temple y un coraje que hoy parecería incluso ingenuo.

Después de cinco temporadas aupando al Celta a lo más alto, llega la gran oportunidad. El Real Madrid llama a su puerta y, junto con su compañero, el ex seleccionador Miguel Muñoz, se trasladan a la capital. Allí, el ariete supo ganarse la admiración de la hinchada y el respeto de los rivales, jugando más de 124 partidos en cinco temporadas, consiguiendo un total de 108 goles y su segundo trofeo al máximo goleador en 1952. En el Madrid de principios de los cincuenta, antes de que aterrizaran Raymond Kopa, Ferenc Puskas o Paco Gento y se alcanzase la gesta de las seis copas de Europa en diez años, Pahiño supo hacer historia, al mismo tiempo que su carácter y su sinceridad iban granjeándole enemistades cada vez mejor posicionadas. Quizás fue por eso que el mejor goleador de la época sólo vistió cuatro veces la camiseta de la selección, incluso puede que su ausencia explique la eliminación del combinado capitaneado por Zarra en la ronda previa al Mundial de 1954, pese a haber quedado en cuarta plaza en la edición anterior.

Con el accidentado fichaje de Di Stéfano en el verano de 1953, la directiva madridista decidió deshacerse del ariete gallego, que termina recalando en el Deportivo de A Coruña, donde coincidió con la mejor generación de futbolistas gallegos. Juan Acuña, cuatro veces ganador del Zamora, otro de los futbolistas injustamente represaliados por el Régimen, defendía magistralmente el arco, mientras Chacho, Chao y un jovencísimo Luis Suarez completaban el once deportivista. Pahiño mantuvo su registro anotador en aquella oficiosa selección gallega camuflada en el club herculino con cuarenta y seis goles en setenta partidos y supo ganarse el cariño de la afición turca pese a su origen olívico. Tras dos temporadas en A Coruña, un último año en primera división en las filas del Granada pone el punto y final a una carrera soberbia, tan sólo truncada en parte por las envidias y los servilismos del fascismo. Cuando se retiró, en 1957, las estadísticas del ariete de Navia hablan por sí solas: doscientos setenta y ocho partidos jugados y doscientos diez goles marcados, un promedio de tres goles cada cuatro encuentros.

Pahiño nunca fue un jugador al uso. Lector voraz de Dostoievski y Ramón Cabanillas, libertario, disciplinado y aventurero, supo ganarse a sus entrenadores y hacerse respetar por los defensas carniceros de la época. Pero le negaron mayores glorias. En sus propias palabras, "gocé del peor de los amores, el amor propio". Hoy día, Manuel Fernández es un abuelo casi anónimo en las calles de Vigo y el fútbol, gallego y español, todavía sigue huérfano de aquellos jugadores aguerridos que se atrevieron a ser ellos mismos en el peor momento de nuestra historia.

Desperezando las pezuñas


Fin de semana de ausencia justificada, de carreteras secundarias, casa rural, despedidas de estado civil y alegrías varias. Perdido por los carreiros y los desfiladeros del Cañón del Sil, encaramado las terrazas en las que anida el mejor vino Ribeira Sacra en compañía de la alineación completa de los históricos, con algunas imperdonables excepciones. Retornado á terra nai por un intre e logo devolto axiña á vila, con las retinas invadidas de verde, piedra y viejos compadres. En un mes, volveremos a la flor de los eventos.

Mamá, ayer vi el mejor partido de mi vida











...con la certeza de que se seguirá hablando de esta victoria mucho después de que hayamos muerto.
Y de postre, una lección de grandeza.

Exteriores


En las mañanas frías de principios de la primavera, ni siquiera las estatuas devuelven la mirada.


led zeppelin - the battle of evermore

Nuestra amiga la Policía de Madrid



Los que vivimos en Madrid desde hace algún tiempo ya casi nos hemos acostumbrado a ellos. Omnipresentes desde los últimos años de Álvarez del Manzano, los coches zeta de la Policía Nacional, los munipas "de Proximidad" a lomos de vespinos, las parejas de secretas y los furgones-perrera de los Antidisturbios se han convertido en parte del paisaje urbano. Los vimos cercar épicamente la Plaza del Dos de Mayo y el Parque Villa de París en su particular guerra contra el botellón. En las zonas de bares, ya casi hay más uniformados que fiesteros. Dan leña a discrección en cualquier manifestación que desagrade al alcalde, a la presidenta de la Comunidad o al del Gobierno, al tiempo que forman parte del pasillo de seguridad que se les hace a los ultraderechistas cada vez que les place manchar nuestras calles. Pero la cosa no queda ahí. Como se comprueba en los vídeos del Centro Social Okupado La Traba, la violencia policial puede llegar más allá, incluso hasta adentrarse en el juego de intimidación de los fascistas. Este centro okupa del distrito de Arganzuela tuvo que instalar dichas cámaras por su propia seguridad, después de una larga campaña de hostigamiento neonazi desde principios del verano pasado que incluyó pintadas amenazantes, asaltos a piedra limpia, palizas y la explosión de un artefacto incendiario en la puerta del edificio en plena noche que a punto estuvo de provocar una tragedia. Ningún medio se rasgó las vestiduras ante la kale borroka particular de los fascismos capitalinos ni ningún rapado durmió en comisaría.


Las fuerzas de seguridad del estado, además de la proverbial pasividad ante la violencia nazi, han mostrado peligrosos signos de mimetización con los ultraderechistas. El pasado 28 de marzo, la manifestación del Movimiento Patriótico Socialista congregó a un centenar de rapados en pleno corazón de Vallecas mientras la Policía Nacional les ofrecía escolta y los antidisturbios se cebaban en los antifascistas que acudieron a la provocación. Pero el esperpento de permitir una manifestación neonazi en un barrio obrero e inmigrante no termina ahí, sino que, como demuestran las fotos de la prensa, algunos de los rapados acudieron a la concentración con el casco de su uniforme reglamentario de policía. Por si faltasen pruebas, los vídeos de La Traba muestran a un coche celular de la Policía Nacional amedrentando a los okupas con las mismas consignas que los skinheads les habían gritado pocas horas antes. Y todavía queda quien cree que no se tortura en los calabozos, que no se hace la vista gorda ante el narcotráfico de los uniformados y que no hay cada vez más tarados fascistas infiltrados en sus filas. Están para proteger y servir, el problema es que no sabemos a quién. Y luego se extrañan de que ardan sus comisarías.

Silencios malintencionados

Hay días que asusta asomarse a la prensa. Mientras la ley de Murphy trabaja incansablemente para seguir produciendo el acostumbrado flujo de malas noticias, algunos se empeñan en cortar más la dosis de realidad con toda clase de despropósitos. Los hay, como Hermann Tertsch, el "responsable" del Diario de la Noche de Telemadrid -cuando no está fundida en negro-, que se calzan los viejos gestos del oxidado manual del No-Do para ofrecer su adulterada visión de la realidad. En él no sólo asustan sus palabras gruesas y su intransigencia, sino también ciertos modales de director de propaganda de régimen de partido único. Desde su acalorada salida de El País, el columnista ha vivido el mismo giro dogmático de otros exizquierdosos como Losantos o Moa. Otros, como Gabilondo, subisten intentando parecer cómodos en un medio que no es ni va a ser nunca el suyo.


Nuestros líderes de opinión, desde los popes de la radio matutina a los tertulianos de medio pelo de los debates nocturnos, trajinan sus mutuos desacuerdos para mayor regocijo de la hinchada. Pero determinados temas permanecen ajenos al debate, asumidos acríticamente para evitar tener que reconocer su existencia. Esta noche, en los informativos de radio y televisión y las cabeceras online de los diarios, Mahmud Ahmadineyad acapara las portadas y los reproches de los editoriales. Todos los medios, de la derecha más oscura a la progresía más modernilla, critican las palabras del presidente iraní contra la brutal política de ocupación y exterminio del Estado de Israel contra Palestina. Quizás el dirigente persa no sea el más indicado para dar lecciones de libertad a nadie, pero es cierto que es el único interlocutor musulmán de cierta entidad en organismos internacionales, de los pocos cuyas afirmaciones pueden provocar alguna reacción, aunque sea, como este caso, de desagrado. Y que ninguna persona honesta y bien informada podría rebatir sus argumentos.


Todos dicen solidarizarse con la causa palestina para poder quedar bien en la foto, pero, a la hora de la verdad, Israel sabe usar bien sus recursos para acallar cualquier crítica. La mayoría de los representantes occidentales en la reunión de la ONU sobre racismo en la que tuvieron lugar las manifestaciones de Ahmadineyad huyeron de la sala en cuanto los traductores comenzaron a desgranar la letanía del líder persa en los mil idiomas de Babel. A la hora de la verdad, nadie quiere escucharla. Quizás porque les vendemos armas a los israelíes. O porque la mala conciencia de Occidente consiente que cualquier crítica al estado israelí sea calificada de antisemitismo. No criticar a Israel es la consigna políticamente correcta. Aunque posean armas nucleares de las que se niegan a hablar, aunque asesinen opositores políticos con misiles teledirigidos que matan familas enteras, aunque apliquen el apartheid a ambos lados de su muro vergonzoso, aunque les gobierne una ultraderecha xenófoba que persigue un nuevo holocausto con los papeles cambiados. Murieron seis millones y, como no pudimos o no quisimos evitarlo, morirán millones para compensarlo, aunque sólo sea en sus retorcidas mentes de estadistas políticamente correctos. Da miedo comprobar lo fácil que es silenciar el debate desde los grandes medios. Lo único claro es que, con todo este revuelo en la cumbre contra el racismo, sólo han salido ganando los racistas.




Rage Against the Machine - Darkness


It´s evolution, baby!



Es tiempo de cambios, de montañas de papeles arrugados en la basura y víctimas de la criba de cajones y armarios. Es tiempo de pocas palabras. Estoy en pleno viaje inicíatico, aligerando equipaje y tirando por la borda cabos sueltos para evitar engancharme. Están poniendo mi canción. Las guitarras son latigazos en mis oídos y las palabras, balas de plata. Y sólo quiero acelerar. A veces, mis huesos me dicen que voy disparado sin remedio hacia un muro de hormigón, otras veces creo volar. Quiero trepar lo más alto que pueda y aullarle a la luna hasta que estallen los pulmones. Que corra la gasolina y los mecheros, que arda lo viejo y queme los malos sueños. Voy camino de algo más allá de lo rutinario, algo incógnito todavía. Y ya no puedo detenerme. Os enviaré una postal cuando llegue.

14 de abril

Hace setenta y siete años, aunque algunos tengan el descaro de negarlo, nació la primera democracia española vestida con los tricolores republicanos. Moderna, laica y comprometida como fue, no le permitieron existir durante demasiado tiempo. Hoy su memoria está proscrita de la historia oficial, heredera y cómplice del silencio impuesto por las armas. Enterrada en una zanja, sobre sus cenizas se instaló la monarquía sucesora que nos gobierna. De momento.
Cada 14 de abril no puedo evitar acordarme de aquel grupo de tarados de colegio mayor que proclamábamos la república todos los jueves. Hoy, cada uno en su esquina del mundo, recordaremos el aula, el Jarama y otras aventuras. Volverán a nuestras gargantas, como cada abril, las voces del Coro Jabalón. Esa es mi memoria. Alcemos hoy las copas, como hace siete décadas y media en Jaca, Eibar, Vigo y Madrid. ¡Salud y República!

Feiticeira


Mucho tiempo después, recordó el estallido de los cristales. La velocidad retenida en un espacio ralentizado en medio del caos, zumbando como navajas invisibles cada vez más cerca de sus oídos. La imposibilidad de cerrar los ojos ante lo inevitable y el metódico viaje del sudor frío a través de su columna vertebral. Un segundo antes de estrellarse, la tierra dejó de girar y se cogelaron sus retinas. Una punzada en el cielo del paladar y fundido a negro. Un instante después, todo era humo y silencio.


Deftones - Feiticeira

Scrape that shit right off your shoes

Thank you for your wine, Albariño. Thank you for your sweet and bitter fruits.


Rolling Stones - Sweet Virginia


Marcho a GZ

En los próximos cinco días de esta semana fundamentalista que se nos viene encima no conteis conmigo. Me vuelvo a mi país, a recomponer los pedazos y rearmarme de cara a lo que me espera. El domingo que viene resucitaré de entre los muertos con algún nuevo plan de huída. Hasta entonces, eviten el centro de las ciudades y tengan cuidado con los encapuchados, que seguro que esconden algo.

Pesadelos de gran cidade

Noite de xaneira e vésperas de fuxida. Erguido riba dos edificios, o máis perto que se pode ficar do ceo nesta vila chumbiza. O ar ouvea facéndose dono das rúas e despeiteando o meu cabelo. O meu redor, as luces da gran cidade palidecen ante a escuridade. Tella e cemento, andamios e antenas, helicópteros da policía e campanarios de igrexas. Ás veces, iste gato da rúa fártase de ir e vir sen dirección concreta e detense a ollar á lúa á procura de orientación. Respírase mellor eiquí enriba, suspendido sobre os peatóns e os seus quefaceres. Coma se aboiase sobre os vosos pesadelos sen saír do meu. Sentado só na azotea na metade da noite, cos pés colgando cara ó abismo, lembro as longas tardes de verán cando era neno. Un bocadillo nunha bolsa do Froiz pendurada do manillar da bici e unha pedra outa na que sentar a merendar. Ós meus pés, ficaba a longa fendedura do Miño no val auriense. De rapaz, xogaba ó balón cos primos nas leiras e fuxiamos polos carreiros en bicicletas mil veces parcheadas. Agora, as miñas pezuñas afixéronse ós adoquíns dunha vila infinda que só se asemella á miña cando chega a solaina de xullo. A nostalxia é un dos sentimentos menos orixinais que se poden ter nunha grande urbe. Nembargantes, nesta primavera gris do ano nove, non pode un renunciar a nada que cale un chisco o silencio abafante que percorre os bulevares.
Torna o vento e iste gato da rúa migra a outro outeiro no que se refuxiar. Máis cedo que tarde, poida que se decida a voar lonxe diste deserto de asfalto ateigado de xente soa.

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