Revelaciones de aeropuerto

Fue hace un par de años, o puede que menos. Estaba en la sala de espera de un aeropuerto extranjero, intentado descifrar sin demasiado éxito un periódico francés para matar lo antes posible la espera entre vuelo y vuelo. A mi alrededor, una muchedumbre silenciosa de ordenados europeos se movían de un lado a otro arrastrando pulcras maletas. Nadie llamaba la atención, al menos no la mía. Puede incluso que fuese yo el que daba la nota, con barbas de varias semanas, los pantalones rotos en lugares impúdicos y una vieja mochila abombada por la ropa sucia. Pero nadie me lo hizo notar.
De hecho, aquella mañana tenía la desagradable sensación de ser invisible. No es que buscase ser el centro de atención, simplemente que en aquel momento y en aquel lugar, justo en el epílogo de un viaje cargado de demasiadas promesas, mi cara era la del tipo que acaba de descubrir que no hay que creer en nada, para que nada te estalle en el hocico. Para completar la escena, aquella mañana de principios de junio el aeropuerto estaba copado por familias al inicio de sus vacaciones y parejas más o menos estables en busca de la gran escapada a la alcoba de un hotel. Ante mis ojos, la estabilidad y la felicidad bailaban descaradamente haciéndome burla. Me parecía tan evidente estar fuera de lugar que hasta dolía levantar la vista del suelo. La fiesta había terminado, mi cita me había dado plantón y el camino de vuelta a la confortable autocompasión de mi madriguera se estaba demorando demasiado. Y en mis auriculares, como en los mejores malos momentos, no dejaban de sonar los Black Crowes.
Debió de ser entonces cuando la vi. Justo cuando sonaban los primeros acordes de Descending. En realidad, llevaba un rato delante de mí sin que los nubarrones de mi propia tormenta me dejasen verla. En la ventana, entre la fila de asientos y las pistas de aterrizaje, un ave extraña y enorme me observaba detenidamente. Encaramada a una grúa, me acompañaba una especie de gaviota oscura y desproporcionada, totalmente inmóvil. No sé, puede que fuese una golondrina, nunca me aprendí del todo los nombres de los pájaros. Pero lo que sí recuerdo es que aquel bicho no perdía detalle. Recuerdo haberme movido de sitio y quedarme frío al ver sus ojillos avizores siguiéndome atentamente. No entendía cómo podía haber atraído su atención. En medio de aquel barullo de azafatas, luces de colores, pasaportes y aviones de casi mil toneladas yendo y viniendo, ¿qué quería ese animal de mí?
Estaba tan absorto manteniéndole la mirada al pájaro, que tardé en darme cuenta. Sonó una voz en megafonía que me distrajo. Aquella sala de espera ya no era el mismo sitio, es decir, sí era el mismo aeropuerto, pero había cambiado totalmente el paisaje. A mi alrededor, un torbellino de monjas buscaba su puerta de embarque. Me refiero a que sólo podía ver una marea blanquinegra de abuelillas que cuchicheaban entre ellas, hipnotizadas ante las pantallas de próximos embarques. Una de ellas llevaba un sombrero mexicano en una mano. Un autentico sombrero charro de ala ancha.
Mis manos buscaron la cámara en mi mochila al mismo tiempo que se me escapaba de medio lado una sonrisa boba. Como no encontraron nada, se me heló el gesto en la cara al darme cuenta de que la mochila no estaba en su lugar. Escapando de la mirada inquisitiva de un pajarraco, había abandonado mi escaso equipaje en mitad de ninguna parte. Sobra decir hasta que punto me sentí idiota. Mientras me quedaba estupefacto de mi propia torpeza, notaba como me iba volviendo translúcido, vacío, únicamente dueño de la certeza de que la tierra me estaba tragando. Antes de que pudiese reaccionar para levantarme y buscar mis cosas, una mano me tocó en el hombro. Era la monja, con el sombrero charro en una mano y mi mugriento zurrón en la otra. El pájaro y las monjas se largaron antes de que pudiese sacar la cámara. Y, desde entonces, cada vez que vuelvo a un aeropuerto, dejo de sentirme invisible.
No es gran cosa, pero es una historia verídica. Pueden preguntar en Beauvais.

The Black Crowes - descending


 

Zurück nach Hause

Vuelvo de soslayo, coincidiendo una vez más con las nevadas intempestivas. Demasiadas horas encaramado a las ondas, echando más y más carbón a la máquina para seguir luchando contra casi todos. Demasiadas excusas como para dejarme caer por mi país de placeres amargos, conformándome con garabatear mis impaciencias en billetes de autobús mientras se escapan las horas. Y yo las veo huir con esta cara de tonto. Pesan los esfuerzos a medio recompensar, ruge mi espalda y lloran mis sábanas porque ya no les doy conversación antes de dormirme. Ahora, simplemente aterrizo en blando y duermo. Pero me niego a darle más tinta a mis gruñidos. Por eso vuelvo. Porque me harté de coleccionar papeles sueltos y porque quiero hacer lo que estoy haciendo. Otro lo ha explicado mejor que yo:

"De eso se trata en el fondo, maldita sea: hay que comprometerse hasta el final con la vida que uno ha escogido. Y hay que recordar que uno la ha escogido: hay mucha gente que ni siquiera puede elegir. Eres un tío listo, eres joven, tienes talento, ya te lo he dicho"

De eso se trata, en el fondo. Por eso sigo aquí, desgranando mis letanías y volcando mis renglones para quien quiera acercarse sin preguntarse si muerdo. Día a día, leyendo el periódico, cruzándome con vosotros en callejones y barras de bar, en la ducha, en el metro o subido a los tejados. Día a día, algo alza mi ceja y reclama mi atención. Y entonces, el cuerpo me pide contarlo, despiezarlo, romperlo en mil pedazos para volverme loco intentando volverlo a montar. No hay reglas, ni obligaciones, ni censuras ni excusas. No quiero que sea fácil, no necesito que sea perfecto. Prefiero los guiños casuales que te enseñan a disfrutar los regalos pequeños. De esto se trata y soy demasiado testarudo para dejar de hacer lo que más me apetece. Éste es mi negocio, desenfocar imágenes inconexas, susurrar sinsentidos a un micro sin retorno y dejar que mis demonios narren esta historia ciclotímica escrita en billetes de autobús. Por eso, estoy de vuelta.


Preliminares


Nieva intensamente, tras derretir los polos el viernes pasado en el fondo de una copa. Terminado el rearme, es tiempo de volver a las andadas. Mañana empieza a primera hora y se avecinan cambios antes de lo esperado. Resueltas las cuentas pendientes, disipada la nube nepente, solventados los trámites más urgentes y puestos en hora todos mis relojes, puede comenzar el nuevo año. Ha costado diez días más que a la mayoria, pero nadie prometió aterrizajes suaves. A veces, basta con saber que pisas tierra firme.

60 aniversário da morte de Castelao


"Os hespañoes deben creer en Galiza, a non ser que non crean en si mesmos, Galiza quer liberdade porque non hai pobo en Hespaña con máis fe no seu futuro. Nós creemos que a auga doce dos ríos pode facer doce a auga salgada do mar; que a morte, enchéndose de vidas, será vida; que a nada, enchéndose de ilusións, será todo... As nosas espranzas non caben nos lindeiros da razón. Mataremos, se é preciso, a Saudade; porque a Saudade cicais sexa unha espranza entristecida, ladroeira de accións.

Galiza ten hoxe unha forza vital capaz de conducila a tódolos delirios de grandeza. Pode chegar á loucura. Pero endexamais chegará ao suicidio. E Galiza deixará de loitar pola liberdade cando a conquira.

Pedimos...

Pedimos que a nosa Terra sexa nosa. Porque somos fillos dela. Porque ninguén máis pode gobernala. Porque ninguén máis pode comprir a súa misión hestórica. Porque levamos o seu nome polo mundo adiante. Porque queremos comprir a postrimeira manda dos nosos irmáns: os que deron a vida pola liberdade.

A nosa Terra é nosa. Xa se ten dito moitas veces. Mais agora decímolo nós, os deterrados. Os desterrados que vivimos en liberdade. Decímolo en nome de moitos miles de galegos que andan polo mundo. Decímolo, tamén, en nome de moitos miles de desterrados na propia Terra, dos que agardan por nós, dos que viven como fillos da morte, contando o tempo por noites.

A nosa Terra é nosa. Nada máis que nosa. Porque somos os únicos capaces de darlle luz á súa noite, pan ás súas demandas, diñidades á súa vida. Porque somos os únicos capaces de enxugar as súas bágoas de door.

A nosa Terra é nosa. ¿De quen máis podía ser?¿Dos que a aldraxan?¿Dos que lle negan a fala e o pensamento? ¿Dos que a encadean?¿Dos que a rouban?¿Dos que asesinan aos seus fillos máis queridos?¿Dos que a ensumiron na iñorancia?¿Dos que a queren vender como escrava?¿Dos que lle negan o dereito a ser libre?

¿E quen somos nós para falar deste xeito? Somos os galeguistas de tódolos partidos democráticos. Somos os galegos antifeixistas."

Cac ar Dhia!

Acaba de empezar 2010 y ya se armó el belén. Desde el 1 de enero, la República de Irlanda, un estado presuntamente laico y moderno, perseguirá y multará con hasta 25.000 € a todos aquellos que blasfemen o utilicen expresiones insultantes que se refieran a materias consideradas sacras por cualquier religión o que indignen (sic) a un número de seguidores de esa religión. O lo que es lo mismo, han cancelado de facto la libertad de expresión en materia de fe. El Gobierno de coalición entre los liberales nacionalistas del Fianna Fáil, los conservadores del -cuanto menos paradójico- Partido Demócrata Progresista y los verdes considera que ofrece mayor protección a la sensibilidad de todos los creyentes que la antigua ley de 1937, que a su vez se apoya en un decreto medieval coetáneo a la Inquisición, que sólo vetaba los epítetos dirigidos al boato católico. La vieja Irlanda, al menos la parte liberada de Londres, sigue bajo el poder de Roma.Resulta llamativo que un país europeo y moderno dé pábulo a una legislación tan beata. Sentando un peligroso precedente que ha causado honda admiración en grandes democracias como Sudán, Pakistán, EE.UU. o Arabia Saudí, los irlandeses equiparan su legislación a la más baja y más sectaria de los fundamentalismos, sea la de las madrasas de Yeda, de las sinagogas haredim de Jericó, de los púlpitos de la Navarra profunda o de los ranchos mormones de Utah. Precisamente, un estado que hace muy poco tuvo que pedir perdón por encubrir durante siete décadas los continuados delitos sexuales contra los menores perpetrados por la propia Iglesia Católica con la aquiescencia de todos y cada uno de los Papas de Roma. Hace falta valor para pedir respeto. Hace falta muy poca vergüenza para reclamar que los demás callen mientras ellos continúan pregonando viejas leyendas con las que llenarse los bolsillos. http://blasphemy.ie/
Saoirse!

Instrucciones para una mañana peripatética


En primer lugar, lo más complicado: no trabajes una jornada normal. No te levantes hasta pasado mediodía ni cultives horarios regulares. Aprende a evitar la mueca de oficinista vacío. No uses paraguas. No cojas el metro al salir del trabajo, una hora después del amanecer. Simplemente, levántate y anda. No vuelvas directamente a casa. No escojas las calles salvo que haya algo que merezca la pena seguir. No dobles todas las esquinas con los ojos abiertos. No busques cobijo de la lluvia ni enjugues las gotas que caigan frente abajo. Sorbe las que resbalan por la mejilla con el quicio de una media sonrisa. No gastes más tiempo en tomar decisiones trascendentales que el que tardes en cruzar un paso de cebra. No mientas. No transites lugares comunes. No continúes andando si lo que te apetece es detenerte a mirar al cielo. No esquives los charcos. No dudes en sonreír a las chicas de mirada avergonzada, caladas por el aguacero. No aceleres para adelantar a los ancianos ociosos. No tengas prisa por llegar ni apresures el paso en los cruces. No te avergüences de tus ojeras. No respondas a conversaciones de relleno. No escondas la cara porque no tengas un ceño fruncido que la proteja. Silba si te apetece. Ve a dónde te apetece. ¿Lo ves? Ya has llegado.

The Doors - Crystal Ship


 

A entrada número trescentos

Cando amanece chovendo, un intre antes de clarear e un chisco despois de espantalas tebras, Madrid é azul. Mais ninguén semella decatarse, acostumados coma están os chairegos da Meseta á cor chumbiza das cidades sen historia. Tampouco a cámara compacta do meu móvel é quen de lle facer xustiza ó aceno de cor que só iste galego errante semella desfrutar. Será entón o meu espectáculo privado.



Por certo, esta é a entrada número trescentos diste blog, despois de case cinco anos escribindo e moita goma queimada nos zapatos. Non é nin mellor nin peor que calquera das outras, mais a iste humilde narrador dalle un pulo novo, unha bágoa vella e un motivo para sentirse ben. Serei inocente...

Diez años

Acaba 2009 y, con él, sin que nos demos apenas cuenta, termina también la primera década del tercer milenio. Llega la hora de recapitular y los medios añaden a su rutinario repaso del año que termina la no menos mecánica revisión de los otros nueve que le preceden. Y, cómo no, se empeñan, nos empeñamos, en contar la historia al revés. La revista Época tilda a este decenio de desastroso y no faltará quién le dé la razón. 11-S, 11-M, 7-J, Kabul, Bagdad, Bombay, el teatro Dubrovka, las playas de Banda-Aceh y mil y un desgracias pueden reforzar su argumento, con la crisis económica como broche, corolario y moraleja de toda una década.
Muerta y enterrada la resaca buenista del fin del milenio, aparecen por doquier legiones de predicadores de un apocalipsis a fuego lento. Agitadores del pesimismo, mercachifles de una derrota cotidiana que frunce con más fuerza aún los ceños del público. Para los apóstoles del "todo va mal", la realidad no es más que un libreto empeñado en respaldarles. Terrorismo, incapacidad gubernamental, crisis de valores, abortos, laicismo y cainismo posmoderno. ¿Tan cuesta abajo va el mundo? Y aún más importante. ¿Qué soluciones nos proponen los crispados mesias del desencanto? Podría ser que, al menos en el estado español y en EEUU, les duela todavía el poder perdido con el ansia carnívora del que se duele de un brazo amputado. No veo otra explicación a su constante apología de los cuatro jinetes del Apocalípsis. ¿Qué aporta, que resuelve? ¿Qué ganan cargándonos los hombros de desesperanza? ¿Es que también venden ansiolíticos?
Punto y aparte. Hace diez años, aún vivía en Ourense, aún era, a falta de meses, menor de edad y no tenía ni idea de que era un yonki de la radio. Aún tenía a mi abuelo y creía en ideas hoy envenenadas de cinismo. Visto de manera egoísta, le debo mucho a estos diez años. Muchos cambios, alegrías, cicatrices, batallitas, kilómetros, besos, oportunidades y descubrimientos. Diez años que dan forma a los diecisiete anteriores y han modelado a este ser imperfecto que hoy os lo cuenta desde un autobús que atraviesa por enésima vez la Meseta. Viví para contarlo y, mientras pueda, lo seguiré haciendo. Ahora que agoniza 2009, brindo por otros diez años. Una década más para seguir persiguiéndolo. Una década más para seguir refutando a brazo partido su corrosivo pesimismo. De hoxe en dez anos, meus...

El discreto encanto de los alahuitas

Termina 2009 y todos y cada uno nos retratamos en nuestros quehaceres, mal que nos pese. Hojeando la prensa general, es fácil encontrar imprecaciones contra las nevadas generalizadas y deprecaciones contra la tan traída y llevada crisis o el más que esperado fracaso de la cumbre del cambio climático de Copenhague. Puro costumbrismo. Cualquier otro tipo de prensa está marginada o proscrita. Pregúnten sino a los compañeros de Egunkaria, que lleva casi cinco años esperando que demuestren su presunto servilismo con ETA. Mientras tanto, información precocinada o silencio. Y aún hay quien niega la teoría de la agenda setting.
Uno de los que sigue empeñado en romper el tedioso ciclo informativo es el inexplicable Hugo Chávez, militar reconvertido en vanguardia de una revolución de arriba hacia abajo que nadie termina de creerse del todo. Puede que 2010 nos sorprenda con una guerra entre Venezuela y el narcoestado colombiano, punta de lanza estadounidense y puntita de perico del mundo entero. Nadie parece desear el conflicto, pero todos escogen, por si acaso, a su púgil. El estado español, cómo no, arrima el ascua a la sardina de Obama mientras vende a Caracas armas de destrucción masiva -sí, este país las fabrica y nadie ha planteado todavía tomar Madrid a la preventiva.
Gran política exterior la española. Sus gobiernos, de cualquier pelaje y color, son expertos en dar una imagen cazurra e inepta del estado. Todos sus cancilleres cumplen una cierta agenda prefijada, como un baile de salón en el que a alguien le toca quedarse con el culo al aire y sólo los súbditos de Juanca se presentan voluntarios. Punto primero, dar coba a Marruecos. De Reino a Reino, pareciera que es el alahuí el que tiene la sartén por el mango en el juego bilateral. Impone el acceso a los caladeros de pesca, explota en las costas del Sahara los que corresponden a los pescadores andaluces y reclama a voz en grito en cuanto puede la "marroquinidad" de Ceuta, Melilla, Canarias, Andalucía y lo que surja. Y nadie, ni a derechas ni a izquierdas, se atreve a levantar la voz. Es más, acaban de pactar comprar sus tomates a mejor precio que los peninsulares. Ironías del libre mercado que los muertos de hambre nunca llegamos a entender.

¿Y si tal cosa partiera de los vecinos británicos de Gibraltar o de cualquier estado bolivariano? Ardería Troya. ¿Qué clase de influencia o baraka funesta protege a Marruecos? Si alguien lo sabe, se lo guarda para sí. No hay explicación al extremo servilismo del PSOE, impropio de un partido supuestamente socialdemócrata hacia una narcomonarquía absoluta. Qué eterna decepción la de su supuesta querencia por el progreso. Para los del capullo en el puño, ponerse una kefiyeh palestina y dar coba a los saharahuis es perfectamente compatible con vender armas al mismo gobierno que robó su tierra. Tanto da que la ONU considere 34 años después el Sahara Occidental como territorio español, ninguno quiere recordarlo. Y para rematar la faena, su rama catalana se echa atrás ante la presión taurina y retira su apoyo a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Mientras, su sucursal vasca agacha la cabeza ante el mitin navideño del monarca y convive en centralista armonía con el españolismo pepero. ¿Dónde está el nirvana guay solidario que pregonan los progresistas? Lo dicho, una panda de achantados posibilistas vendedores de humo.
Al otro lado, en la salvaje oposición, conviven la tentación ultraliberal con la pulsión autócrata. Es decir, los fachas con traje, corbata y chequera frente a los ultramontanos de polo de marca sobre camisa azul. Tampoco ellos, desde su supuesta superioridad aria/católica/de bien, son capaces de levantarle la voz al bueno de Mohamed VI. Si acaso, mandarán un grupito de infantes de marina a achantar con vientos de Levante a las cabras de Perejil, pero de defender los caladeros o los derechos humanos, ni hablamos. La quina, como de costumbre, es para los laicos y los separatistas. Para la derecha, más allá del servilismo al amo de turno en la escena internacional, todo lo demás se resume en el viejo Non Plus Ultra.

¿A quién beneficia este silencio promarroquí? ¿Qué hilos maneja el despotismo alahuí para mantener su escudo diplomático hispano-francés? La prensa, supuesto cuarto poder, vive demasiado entretenida en guerritas menores y fusiones de alto calibre. E impera, salvo excepciones honrosas pero testimoniales, un indigno silencio cómplice. Algunos cantarán victoria por el regreso de la heroica Aminatu Haidar a El Aaiun. Se olvidan que su ansiado retorno al Sahara no cambiará un ápice la opresión y las palizas cotidianas de un gobierno represivo y desconfiado como el de Rabat. ¿Por qué nadie pide para ellos la misma justicia que se reclamó para los torturadores baathistas en Irak, los talibán afganos y, más recientemente, los exaltados fundamentalistas chiíes de Irán? Quizás, visto el efecto "democratizador" -de la barbarie- de los ejercitos occidentales en Bagdad y Kabul, sea mejor no desear esa clase de libertad para los marroquíes. La sangrante verdad es que hay dictaduras buenas, como China, Marruecos, Israel, Turquía, Rusia, Pakistán u Honduras, y dictaduras malas, que son todas aquellas que no han sido elegidas en los despachos de nuestras intachables democracias.


Huellas

Nieva igual que hace un año. Igual, pero menos, como muchas otras cosas. El mismo paseo, la misma banda sonora, el mismo ceño fruncido que ata en corto la caja de las tormentas. El frío toma al asalto este saco de huesos, esta vez puede que para quedarse. De puertas adentro, se hacen notar las ausencias de quienes pusieron su empeño en no estar. Hojas arrancadas a propósito de un libro al que ahora le sobra monólogo y le faltan ciertas inercias reconfortantes. Pero no hay lugar al lamento ni excusas para mirar atrás. Sólo la sensación de dirigirse a alguna parte, sin opción de bajarse en marcha. Tanto esfuerzo en borrar huellas que ya no hay un rastro ni nadie que lo siga. Y todo indica que debe seguir siendo así.

Modus operandi


Collín fai tempo o pernicioso vicio de voltar sobre os meus pasos. O tempo avanza á fume de carozo e non sempre fico na liña temporal que máis me seduce. Vou polo vento, veño polo aire e gústame ir un paso por diante para poder dar rodeos se me peta. Ás veces, non atopo nada familiar nas pegadas que deixei atrás e, se me perdo no labirinto de camiños paralelos e notas á pe de páxina, esváese a noción do tempo e do espacio. É o sinxelo feitizo da espiral. Son propenso a percorridos erráticos e non negarei que me gusta. Non fago grandes preguntas nin agardo respostas trascendentes e cheguei á inexorable conclusión de que nada será nunca abondo. Non agora, non por ninguén. Só me vou fornecendo co que podo levar comigo e sigo adiante ata que atope un bó motivo para me deter.

Massive Attack - Karmacoma


 

El último noviembre amargo

Se cotiza alto mi tiempo últimamente. No por que nadie dé un duro por él, sino por la tiranía del horario y las exigencias del sueño y la salud. Este es un noviembre atípico, sin el carácterístico arrastrar de pies y los días lánguidos que suelen destilar mis meses número once. Pero ni canto victoria ni exhibo lo apretado de mi agenda como excusa. Sólo aviso que he vuelto y eso es suficiente. En mi ausencia he aprendido idiomas, he perfeccionado el arte de esquivar balas y he redibujado caminos sobre brasa incandescente. Incluso he tenido tiempo de escaparme al Mediterráneo a conocer el Borne con los incondicionales. Nadie me esperaba a la vuelta y con nadie me he ido a pasear hasta hace un rato, y en ambos casos ha sido lo mejor que podía pasar. Es bueno de vez en cuando recordarse a uno mismo qué se está persiguiendo en este viaje hacia adelante. Y en plena calle, a la hora más inhóspita y rodeado de atareados extraños, he recordado mi antiguo pacto con Epicuro. Todo lo que me sucede, lo hace porque me apetece, para mi placer y divertimento. En este pequeño mundo amargo, soy narrador, público agradecido y blanco de las cámaras. Y quien me rodea, sabe bien como tratar con ello o queda atrás al doblar la primera curva. Si no, no serían incondicionales. Y así, sin pedir permiso ni esperar un momento que no llega, soy feliz. No hay conflicto interno si todo tu cuerpo empuja en la misma dirección. No hay opresión sin aceptación de las cadenas, no hay miedo si todo es voluntario y deseado. Sonará solitario, pero en este mes inédito, no necesito nada más para seguir silbando sobre las aceras. No más noviembres amargos. Si hay una elección, la mía lleva al placer. Las vuestras, decididlas por vuestra cuenta.

El muerto vivo

Trabajar en los noticiarios nocturnos proporciona momentos impagables. Una noche cualquiera, la adrenalina periodística puede asaltar los ondas por un ejército cualquiera que echa a su presidente del país en calzoncillos o por la quiebra masiva de los bancos. En realidad, muchos de esos instantes peculiares suceden antes incluso de llegar a la redacción al filo de la medianoche o justo al salir a darse el placer amargo de vivir a contrapelo. Esas horas pueden ser escenario de bohemios vagabundeos urbanos, conversaciones fundamentales, revelaciones inconfesables, pero, como en otras lides, no todo lo que sucede a oscuras merece la pena ser contado. Algunos momentos tienen un vuelo aún más corto y, con ellos, se va cocinando la realidad cotidiana de una radio trasnochada. La soledad kafkiana del transporte público a deshora, el encuentro con el realismo social recrudecido por la crisis o el privilegio de llenar una oficina con tan sólo cuatro almas son la moneda corriente y cualquier salida de guión es bien recibida.

Acostumbrado a descifrar farragosas notas económicas mientras duermen los incautos, a veces se cuelan en el margen de la retina noticias que pueden levantarte la jornada. Hoy ha sucedido. Mientras escribía una referencia al último disco del patriarca de la rumba catalana, una de sus letras más emblemáticas saltó del surco del vinilo y se coló entre la pila de los teletipos. Un brasileño de 59 años que había sido dado por muerto en un accidente de tráfico apareció en su propio entierro después de pasar toda la noche bebiendo cachaça con sus amigos. Todo esto, además, sucedió en día de difuntos. Ademir Jorge Gonçalves, el muerto vivo, resurgió a la mañana siguiente de que sus familiares reconociesen como suyo un cadáver. Llegada la resaca, un amigo escuchó la noticia por la radio, tuvo que acudir al cementerio, más muerto que vivo, a avisar del error, dejando boquiabierto a todo el cortejo fúnebre. No estaba muerto, no. Estaba tomando cañas, lere, leré. Menos mal que aún quedan buenas noticias de la jornada.

Peret - El muerto vivo


 

Zoso

Lembro as longas tardes de choiva. Semella que pasara un século dende aquela. No vello fogar, no val da chispa, as miñas urxencias loitaban contra os seus tedios. Dous discos, dous en concreto entre outros, soando ó lonxe, enchendo baleiros ata entón descoñecidos, pequenos rabuñazos que dende entón non deixan de aparecer de cando en cando. Fechado no meu cuarto, sentado na repisa da fiestra, cos ollos imaxinando o treito de estrada que se perdía maís aló do meu barrio. Na paisaxe, viñas, a caseta do meu can, carreiros, carballos, casas pequenas de dous andares, a igrexa de ladrillo a medio rematar e as sempiternas vías do tren que me arrularon dende neno. Aquel son tan propio como o asubío dun afiador. Lembro o marmurio cercano do Talgo a Madrid ou do Estrela Galicia nocturno a Barcelona. Podía escoitalo dende que cruzaba o Miño, máis aló de Tarascón. Unha parte de min viaxaba nese tren das historias de maquinistas e mozos de agullas do meu avó. A outra ficaba sentada na fiestra, ollando o tren atravesar o túnel cara Ourense mentres o ceo seguía desdebuxando o seu gris habitual nunha choiva infinda. De fondo, unha morea de papeis mal escritos, un balón firmado polo glorioso Dépor da 93/94, un flexo, un radiocasete, Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones e John Bonham.

Led Zeppelin - The Rain Song


 

Palabras sucias y caras bonitas

A veces, tengo días malos y este os ha tocado pagarlo vosotros. Así que levantad los puños o bajad rápido de la lona. Dejadme que me explique. He conocido tiempos mejores y peores y peleo cada día por el puesto que me corresponde en el mundo. He esquivado alguna bala últimamente y, visto desde cerca, no tiene tanto encanto. Y no lo digo por alimentar mitos de vacía pose suicida, sino más por romper la otra gran mentira del malditismo de moda, es decir, el culto a la autodestrucción barata que te venden los aprendices de canalla con vocación de mercachifle. Muchachillos y muchachillas lánguidas que soñáis precipicios y grandes finales dramáticos, no me vendáis vuestra mierda. Mírales, se llaman punkis porque se escupen entre ellos. Es fácil decirse maldito teniendo la cama hecha y la mesa puesta en la casita de mamá. Es un juego hacerse sangre si es sólo para llamar la atención. Pero, en el fondo, os faltan huevos. Os creéis Iggy Pop sólo porque os ponéis hasta el culo. Pensáis que ser interesante es repetir la consigna manida de no future. Valéis lo mismo que os ha costado el esfuerzo de no pensar más allá de las frases de vuestras camisetas. Me cago en vuestro rollo triste modernillo emocore. Me explico.


Viniendo para casa, me tropecé con un caos de ambulancias a dos calles del portal. Haciendo honor al instinto gacetillero y caso omiso al cordón policial, busqué en el bolsillo el carnet de la asociación de la prensa y me acerqué a husmear. Una joven, de entre 15 y 20 años, morena, tatuada, gótica y lánguida, yacía desvanecida sobre una camilla con los pulsos cortados. Trabé conversación con unos cuantos curiosos y el conductor de la ambulancia, que confirmaron la primera impresión. Intento de suicidio sin motivo aparente. Y, según una vecina sesentona que no dejaba de compadecerse de la madre de la criatura, no era la primera vez. Como luego me confirmó un camillero, se la encontraron en la bañera sus padres antes de irse a trabajar. Quisiera o no morir, que forma más sórdida de reclamar la atención de quien te vio nacer. Que manera tan cobarde de evitar madurar, de escabullirse de aprender el valor de cada gota de sudor que te acerca a tus sueños. Es más fácil dejarse llevar hacia la espiral descendente para luego poder presumir de cicatrices. Si te las haces tú sólo, no son heridas de guerra. Son la marca de nacimiento de un cobarde. No hay nada mejor en la vida que aguantar el tipo contra todo y contra todos hasta conseguir lo que te propones. Entonces, todo se justifica y puedes notar como pelea sin descanso cada fibra de tu cuerpo. Y en el límite de la extenuación, poder levantar los brazos y gritar con el último aliento: ¡Hijos de puta, no podéis conmigo! Pues eso, aplicaos el cuento. Tengo la boca más sucia que nadie pero sé cuál es mi sitio.
Por cierto, según los reglamentos de la Comunidad de Madrid y las leyes no escritas de la profesión periodística, no se puede informar de los suicidios, consumados o en grado de tentativa. Parece ser que la idiotez es contagiosa. Así que, ya sabéis, yo no os he dicho nada. A cambio, un pequeño regalito.

V de vitriolo


Wine is fine
but whiskey is quicker.
Suicide is slow with liquor.

Ozzy, Randy Rhoads, Randy Castillo, la difunta URSS y el último cartucho de la inocencia perdida. Todos se van, rápido o lento. Y no hay nada más que decir. Por ahora. Mañana, camina o revienta.

Horas muertas


Suelo saber a dónde me dirijo cuando me siento a escribir. Que canción suena de fondo, que imagen ilustra de forma metafórica y retorcida lo que estoy pensando. Suelo distinguir las expresiones en las caras ajenas desde muy lejos, puedo leer tus diminutos letreros a kilómetros de distancia. Una buena vista ayuda a ver venir los acontecimientos. Pero nadie puede verse venir a sí mismo hasta escasos centímetros del punto de impacto. Y chocar es lo de menos. Lo difícil es asumir que no dejará de repetirse. En el fondo, uno puede llegar a pensar que tiene cierta gracia. No me estoy explicando, y es deliberado. Sólo dejo que surja. Hoy no es un día de esos que suelo tener. Hoy prefiero el caos. Y entonces recuerdo a qué sabe improvisar, regodeándome en el vértigo de que no dejar que lo superfluo importe un carajo. ¿Os había contado que detesto la sórdida seudotraducción del sonoro y racial carallo? Castrapo, nenos, esmoleira língua de escravos. Pero, en esta situación y sin que sirva de precedente, encaja a la perfección con lo que quiero decir. Sigo sin concretar y la tinta se agota. Parece ser la tónica general. Hace un rato, bajé a la calle por cambiar de aires. Escogí al azar un punto cardinal y lo seguí hasta cansarme. Me crucé con todos vosotros y vuestras caras de domingo a media tarde. A estas horas, la gran ciudad encoje por pura pereza o a mí me lo parece. Poco antes de los afamados atardeceres madrileños, hay una hora en la que Madrid se transforma ante mis ojos en un odioso compendio de horrores privados sucediéndose en un villorrio demasiado transitado. Horas sin brillo de domingo de entretiempo en las que hay que subir al tope el contraste para distinguir las escalas de gris. La compañía lo hace más sobrellevable, de esa compañía aleatoria a la que importa un carajo joderle el domingo teniendo que aguantarte. Vuelve a encajar como hecho a medida. Pagamos todos con la misma moneda y, quieras que no, lo hace más soportable. Así, sabemos de qué estamos hablando. Y si no, es que me mienten las palabras que escribo o que no tenemos nada en común. Atardece, se me hace tarde, me largo.

Pearl Jam - I believe in Miracles


 

Soplando mis velas


Perdónenme el atrevimiento, pero hoy he decidido regalarme un día a mi antojo. Un día a mi gusto, para variar. Al salir de la radio, me bajé dando un paseo a casa. Busqué un hueco en la barra del mejor bar del barrio y pedí mi desayuno favorito: pinchito de tortilla y zumo de naranja. Como cuando era un niño, que podía escoger hartarme de lo que me diera la gana sólo por un día. Es una banalidad, pero se aprende a valorar este tipo de caprichos infantiles cuando uno necesita marcar una diferencia entre las demás cifras del calendario. Hay que mimarse más, que menos no se puede. Nunca se sabe que minucia del día a día puede arrancarte una sonrisa. Como llegar a casa, arrancarte la ropa de encima, atender a las llamadas de los auténticos y resolver los quehaceres del hogar cantando a los Chunguitos a viva voz. Párrafo corto, una ducha con la música a todo volumen y corriendo a la calle a desenfundar la Nikon y a arrancarle sonrisas a las viandantes. De tarde, para cerrar la jornada de festejos tras el descanso de rigor, los auténticos vendrán a conmemorarlo todo a la vera de unas cañas. A mi edad, Jimmy Hendrix y Jim Morrison estrenaron su último año en directo, así que mejor no demorarse. Ese será mi modesto tributo a mí mismo y no necesito más. No todos los días vienen envueltos en papel bonito como éste. Sopladas las velas, este niño ya puede jugar con su regalo.

I'll do it anyway

Son casi las seis de la tarde y todavía no me atrevo a salir de mi madriguera. La noche ha sido larga y exigente en las ondas, como a mí me gusta. Lo reconozco, soy un yonki de los retos y nunca renuncio a presentar batalla. Sólo así puedo volver a casa silbándole a la mañana y sonriendo a las transeúntes. Pero se paga un precio en horas de sol y en lo que llaman calidad de vida. No voy a quejarme porque la verdad es que compensa el esfuerzo, pero levantarse entumecido por el bochorno de mediatarde quema muchas fuerzas. Debería salir y despejarme. Enchufar en mis auriculares a canciones energéticas y dejar que los pies vaguen por su cuenta. Sacar la Nikon de caza, volver a convertirla en fusil de asalto y en rifle de francotirador. Eso es. Tengo que irme, me llaman en la calle. Es hora de acechar al rinoceronte blanco y de robarle una manzana a la frutera guapa.

The Lemonheads - I'll do it anyway


 

Geografía de los tejados de Madrid

Últimamente, vivo más en la azotea de mi edificio que en mi propio piso. Sé que debería callármelo para evitar que el portero se chive a los propietarios, pero dudo que el bueno de Arturo lea algo más allá del Marca. Atractivos no faltan para huir de mis cuatro paredes, con sus horas de sol escatimadas a mi horario laboral, la brisa más allá de mediatarde, los escarceos quinceañeros con las vecinas, el freekick, el trajín del estanquero y el señor Vázquez, cientos de temazos revivaleros hasta el sonrojo para bros&hos, las cenas a oscuras por la fresca y el constante viaje de un tejado a otro, jugando a perseguir palomas y a situar los campanarios, las grúas y las antenas. Y alguna que otra juerga memorable, como la victoria de Italia el verano anterior, las barbacoas de alta cocina made in Berna o la del viernes pasado. Pronto volveremos a subir para festejar mis 27. Mientras tanto, os espero en el recreo veraniego de Border, comentando la jugada con el Piter. No timbren al portal, no estamos en casa. Traigan pan duro para las palomas y alpiste para los buitres.

Amaneciendo a mediatarde

La otra noche, alguien me dijo que no había cambiado nada. Todo sucedió en un gesto gris, indiscernible entre la nostalgia y el reproche. En el momento, estaba demasiado distraído para hacerle caso y se deshizo entre los hielos de mi copa. Tampoco quise saber más. Ayer tarde me desperté pensando en ello, incapaz de decidir si tenía que tomármelo como un cumplido o como un puñal soslayado. De poco puedo arrepentirme que tenga arreglo. Todo lo demás son sólo cicatrices, fotografías viejas y lo que cabe en una caja de lata. Con el resto, ardí hasta las cenizas y volví en paz conmigo mismo. Se conocen más sitios yendo ligero de equipaje, se aprende a dibujar una ruta propia. Por mucho que lo intente, no encuentro un motivo decente para apartarme de este camino condenado eternamente a repetirse. No me hará mejor, ni más listo ni más interesante. Pero, por lo menos, no tendré que vivir una de vuestras vidas. Prefiero habitar las alturas, encapricharme de placeres amargos y festejar lo que se pueda sobre las azoteas. Prefiero equivocarme. Prefiero el riesgo de no tener dos caras. Lógico que nadie se atreva a rasparme el óxido de la lengua. Aunque todavía queda quien lo intenta. El mundo está lleno de optimistas y farsantes. Escojan bando. Elijo no ser lo que esperan.

Deftones - Change (In the House of Flies)


 

O día internacional do Zurdo


Hoxe ven sendo o día adicado o recoñecemento do orgullo manicho. Mais non aparece nas portadas. Botémoslle unha ollada ás novas do xornal a ver que de bo pasou no mundo. De primeiras, morreu o mítico Les Paul os 94 anos, tras máis de sesenta facendo, vendendo e tocando as mellores guitarras do mundo. O exército israelí, acusado de asasinar once civís que abaneaban bandeiras brancas. O tifón Morakot arrasa o sur de China, deixando cáseque dez mil persoas sen casa, sen eidos e a pouco menos dun milleiro sen vida. Tropas danesas e belgas da OTAN invaden por erro, ou se cadra non, o areal vigués de Samil ante a rexouba xeral dos bañistas e o anoxo da garda civil. Á outra beira do Atlántico, doce anos despois os culpables da matanza de Acteal, armados e pagados polo PRI entón no governo, foron ceibados sen cargos, deixando impune o asasinato a sangue fría de dezaseis nenos, vinte mulleres e nove homes na chamada Columna de la Infamia. En Caracas, un cento de matóns gobernamentais mallan nun fato de xornalistas de diversos canais e diarios locais. En Centroamérica, voltaron os vellos tempos dos golpes de estado, mentres a superpotencia espállase no seu santuario colombiano. Guerra aberta en Afganistán, guerra civil en Irak, guerra sucia en Chechenia, Filipinas, Somalia, Congo e no Xingjiang uigur. Crise económica e promesas baleiras dun mañá mellor. Arden coches nas noites francesas, outra vez en vinganza pola violencia policial contra os mozos da banlieue. Ollando ás paxinas estatais, a oposición española arranxa probas falsas para fuxir das súas contas coa xustiza. En Euskadi, ises mesmos xuices prohiben manifestacións e arrincan fotos de presos das paredes. En Catalunya, un okupa é condeado a tres anos na cadea por esmagarlle o nariz a un antidisturbios dunha sóa puñada. Na Galiza, o próximo luns 17, cabodano do asasinato polas costas de Alexandre Bóveda e dende entón considerado día da Galiza Mártir, recoñecerán trinta e catro anos despois a súa condición de vítima do franquismo. Mentres, nas Canarias, un inmigrante uruguaio sen papeis morre dun infarto sen que ninguén o asista porque o seu xefe empurrouno á rua o quedar inconsciente. Mentres, na Amazonía brasileira, o entertainer sensacionalista e deputado conservador Walter Souza foi detido por ordear crimes para aumentar a audiéncia do seu programa de sucesos na televisión. Para que inventar lerias coa elevada dose de traxedia que nos acompaña. O mundo semella podre. Aínda eu son quen de me decatar diso. E sei que moitas destas novas non van saír no meu informativo de mañá a primeira hora. Tanto ten, esta noite recibín un chivatazo que podería resultar un bo reportaxe que lle vender os xefes. Canta máis desgracia nos arrodee, máis traballo nas redaccións. Só queda apretalos dentes, erguer unha copa á saude da vella lenda da guitarra e seguirlle buscando o senso a tanta tolemia. Jusqu' ici, tout va bien.

collective soul - shine


 

The bigger the lie, the more they believe

Vuelve uno de una pequeña escapada y se da cuenta de que el mundo, como pronosticó Eduardo Galeano, está patas arriba. Los conservadores arrebatan el spray a los punkarras para denunciar el estado policial y los fascistas ponderan a la baja la calidad de una democracia en la que no creen. Y, mientras tanto, su pienso propagandístico cala en la masa. Sus mensajes, difundidos bajo el viejo paradigma de la cortina goebbeliana de mentiras, desvirtúan la verdad hasta amoldarla a su conveniencia. ¿Que nos acusan de robar? Echémosle la culpa a la policía. ¿Que medio partido está implicado en una trama de corrupción que involucra a dos presidentes autonómicos y a un puñado de senadores? La culpa es del Gobierno, que usa a los servicios secretos para conseguir esta información. ¿Y si nuestras propias exageraciones nos delatan? Paso corto y vista larga, que aquí no dimite ni dios. Y nadie se queja, nadie recordará al cabo de unos días. Para algo están Telemadrid, Canal 9 y el chorreo de sucesos y crónica rosa en el resto de canales. Y si no, siempre se le puede enseñar a la secretaria general como grabarse su propia comparecencia ante los medios sin medios en la comodidad de su finquita playera. Viene a ser lo mismo que convocar una rueda de prensa en la que no se permiten preguntas. Hasta Trillo, que debería estar en la cárcel por sus mentiras a las viudas del Yakovlev, salta al ruedo con el farol de que tiene pruebas de todo. Pruebas que nunca verán la luz porque no existen, pruebas que ni el más avezado conspirador de Época podría fabricar. El ciudadano abre los ojos estupefacto ante el truco del prestidigitador y la manipulación sigue su curso. Porque nadie estuvo allí para atar los cabos y denunciar la mentira a gran escala. Qué más da, que sigan muriendo guardias civiles mientras ellos niegan la mayor. Lo dice Fabra, jódanse en silencio.
¿Y por esos mundos, qué es lo que ocurre? Soplan vientos de guerra en Sudamérica por el viejo conflicto entre imperialismo yanqui y populismo guayabero. Unos despliegan más tropas en la Colombia colaboracionista de todos los males del mundo -narcoparamilitares, narcoguerrilla, narcogobierno-, mientras los otros pronuncian acendrados discursos que levantan de nuevo las viejas banderas de los libertadores. Y, aunque en las manos equivocadas, esta vez tampoco sea en vano. En la otra esquina del mundo, Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz ha sido condenada a tres años de trabajos forzados tras más de veinte de arresto domiciliario. La junta militar birmana tiembla con sólo ver su frágil figura en el estrado, desafiando en silencio la credibilidad de sus tribunales.
Al oeste, en Chechenia, la estirpe de mártires de Politkovskaya, Estemírova y Yevloyev sigue creciendo bajo las balas del Ministerio de Interior ruso. Zaremá Saduláyeva y su marido cometieron el error de dirigir una organización juvenil a favor de los derechos humanos crítica con el presidente títere de la república caucásica, Ramzam Kadirov. Por eso, el lunes, cinco hombres armados entraron en sus oficinas, los sacaron a punta de pistola y los encerraron en el maletero de su coche acribillados a balazos. El líder checheno se exculpó con la peor excusa del mundo: "¿Por qué Kadírov asesinaría a una mujer que nadie necesita? Ella no tenía honor, dignidad ni conciencia". Su descaro va más allá de cualquier reproche, su crímen difícilmente encuentre otro castigo que el se reserva para los cipayos. Mientras tanto aquí, allí y en el lugar más remoto sigue siendo verdad el viejo aforismo que pide mentiras grandes para mentes crédulas. Llegará un día en que caigan las máscaras y ya no reconoceremos al enemigo.


Fuego camina conmigo

Me levanta la resaca y me tumba, acto seguido, el sol de agosto. Acción, reacción. Empacho y sed. Permítanme que obvie el tema. Domingo en el que ni se duerme ni se descansa, mero preámbulo de otra semana trabajando en la sombra. Habrá que encender antorchas para iluminar mi camino. Entretanto, el calor derrite las sábanas conmigo dentro. Nadie en la calle sobre el asfalto volcánico, nada que hacer hasta la madrugada. No apetece vagabundear mientras treinta y cinco grados incendian las aceras. Habrá que envolverse en agua y encaramarse más alto en busca del viento, como las gárgolas. Empezó agosto y, una vez más, agosto quiere acabar conmigo.

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