Tardes de septiembre


Termina el verano y con él, mis tardes ociosas de septiembre. Tardes llenas de planes, encuadres y rutas asimétricas por la geografía desconocida de Madrid. De Malasaña a Paracuellos pasando por Colmenar Viejo. Y por Mazarrón, Navacerrada, Alcobendas, Baeza y La Granja. También largos paseos de interior escondidos entre las sábanas. Guitarreos, duelos al uno y recetas a cuatro manos. Moreno con más piscina que playa. El verano visto a través del objetivo de una cámara a medias, aprovechando las horas muertas cantando a gritos en el coche. Fotografías a través del retrovisor, intimidades de sofá a media tarde, cañas con premio en el Ortega Cano. Retales del diario de a bordo del copiloto.
Se hace tarde, mañana es lunes y pasado es el último viernes. Dentro o fuera de la radio, esta semana que entra nos bañaremos en champán

143.353 nombres

Seguimos pagando su crisis. Los políticos, los banqueros, los especuladores y los chorizos de traje y corbata juegan con las palabras para hacernos pagar sus errores. Sabemos que pueden privatizar y nacionalizar a su antojo y provecho, y lo hacen -hoy mismo, el aguilucho liberal Güemes hablaba de oportunidades de negocio en la privatización de la sanidad madrileña-. Murió el bien común, nunca se volvío a saber de la búsqueda del interés público. Lo único nuevo es que ahora nos dejan contar a nuestros muertos. ¿Exigir responsabilidades? Eso no nos lo permitirán nunca. De momento, la Audiencia Nacional acumula los nombres de las víctimas de la represión franquista. ¿Será para hacer de una vez auténtica justicia?

Banqueros libertarios y constructores comunistas

Galeano escribió que en tiempos de crisis, los liberales se vuelven conservadores y los conservadores, fascistas. Sin embargo, su predicción ha saltado todos los ejes políticos imaginables. Como en Patas arriba, el mundo se mira en espejos obtusos que distorsionan la realidad hasta convertirla en una parodia de sí misma.
En tiempos de crisis, los banqueros y grandes empresarios abjuran en masa del laissez faire y el libre flujo de capitales. Señores, los capitalistas se nos han vuelto rojos. Hoy mismo, la patronal española reunida en torno a la CEOE ha pedido un paréntesis en la economía de libre mercado, pidiendo directamente al Gobierno una acción más intervencionista. En EEUU, uno de los países más estrictamente liberales del mundo, la Reserva Federal aplaca con fondos estatales las quiebras de bancos, subprymes y aseguradoras. ¿Qué será lo próximo? ¿Sonará La Internacional en las sesiones de apertura de Wall Street?


De vuelta en España, las réplicas de este seismo global amenazan con tumbar la obra social de las cajas, mientras sus dueños y los empresarios ligados a lo inmobiliario, lo urbanístico y lo hipotecario exigen dinero de las arcas del estado para que su caída no arrastre a toda la economía. Un enorme chantaje que cierra el círculo del ladrillo. Los créditos ICO financian ahora, en vez de a los jóvenes empresarios enrollaos de los anuncios, a los promotores de los marinad´or, los macrocampos de golf y poceros de diversas familias. Su codicia casposa y engominada nos ha arrastrado hasta una crisis económica que, además, ha dejado nuestro litoral e interiores poblados de enormes monumentos al feísmo urbanístico y el mal gusto a la hora de lucrarse.
Que los fondos públicos sirvan para pagar el desfalco de los "señores" del ladrillo es el colmo. Los inmobiliarios del pelotazo ven como el estado, este y todos, les rescata de su pesadilla a nuestra cuenta. Como siempre. Y les da igual si hay que suspender el libre mercado que les ha llenado los bolsillos, por que ha llegado la hora de hacer cuentas y ellos no van a sudar nada para devolver lo que se han llevado muerto. El Gobierno, todos ellos, fomentan las crisis alimentando su insaciable tendencia a la economía salvaje, esa que devora a sus crías.


En medio, el ciudadano no sabe a que santo encomendarse. Hace pocos meses, retrocedimos hasta 1917 con el acuerdo de la Unión Europea que va a permitir que cualquier trabajador sea obligado a cumplir una jornada laboral de hasta sesenta y cinco horas semanales, cinco horas más cada día de lo alcanzado por la Organización Internacional de los Trabajadores el año que cayeron los zares. Hace menos tiempo, en 1929, los arruinados del crack de la bolsa se arrojaban por las ventanas presa del pánico. Hoy, casi te los imaginas encendiéndose un puro mientras observan al estado del bienestar retirar fondos de educación, sanidad y apoyo social para engrosar sus arcas. ¿La historia anda hacia atrás o simplemente es, por mucho tiempo que pase, que nos toca perder siempre a los mismos? ¿Es que ni Lehman, ni Fannie Mae ni Morgan y Stanley van a tirarse por la ventana?
El liberalismo, ese de doña Esperanza -que ayer mismo privatizó el agua del grifo- y de ese locutor gangoso al que le volaron la rodilla, se revela en tiempos de crisis como el juego endiablado en el que prima no tener escrúpulos. Para que, como siempre, nosotros paguemos y ellos salven el culo.

Égaré


Puede que mañana encuentre el camino. Por ahora me conformo con dejarme ir, sin pretender ningún norte más ambicioso que deambular en busca de algo que se me escapa. No me queda tinta brillante para escribir páginas que merezca recordar. Ando escaso de munición, arrastrando los pies por aceras erráticas. Los pasos se vuelven pesados, solemnes movimientos que describen una trayectoria de la que no consigo ser consciente. Por eso hablo en cal viva y afilo las palabras, para no ser el único al que hieren. Necesito encender esa chispa que lo haga saltar todo por los aires. Después de todo, hace ya tiempo que salté al vacío. Si la gravedad no lo remedia, remontar el vuelo es el único camino. Puede que mañana ya esté allí. Y prometo enviaros una postal.

Saraiba de setembro




Treboada en Madrid.

Silenciando la verdad a balazos

Ser periodista en Rusia te puede costar la vida. A Magomed Yevloyev ya le habían avisado de ello. Su familia había recibido amenazas de la propia policía. Su sitio web, www.ingushetiya.ru, único portal independiente en lengua ingush, fue cerrado en octubre de 2007 por denunciar que las autoridades habían contratado asesinos a sueldo para matarle. La redactora jefe del sitio, Rosa Malsagova, tuvo que abandonar Rusia para evitar ser asesinada y ha solicitado asilo político en Europa.El presidente de la república autónoma, Murat Zyazikov, argumentó el cierre acusando al periodista de "extremismo".


Ayer, ambos compartían avión con destino a Nazrán, capital de Ingushetia. Al desembarcar, Zyazikov ordenó la detención de Yevloyev. Una hora después, tal y como consta en el informe policial, el arma de uno de los agentes "se disparó accidentalmente", hiriendo al periodista, casualmente en la nuca. Le abandonaron a la puerta de un hospital, donde terminó falleciendo sobre la mesa de operaciones. Al igual que sucedió con Anna Politkovskaya -uno de sus asesinos acaba de ser puesto en libertad y al resto ni se les busca-, las autoridades rusas no se han molestado en encubrir el ejercicio del más repugnante terrorismo de estado. Es lo que suele pasar en una dictadura, por mucho que se esfuercen en vendernos que Rusia es un país libre.
Hoy, horas después del cruel asesinato de Magomed Yevloyev, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se reunirán para decidir la postura común ante la agresión rusa a Georgia. Ni se plantearán debatir sobre la libertad de prensa en el imperio del zar Putin y lo más probable es que se echen atrás en su propósito de imponer cualquier tipo de sanción a Rusia por invadir a su vecino y violar su intergridad territorial. Ya lo dijo ayer el embajador ruso en Londres, Yuri Fedotov, si Europa sanciona a Rusia, los europeos sufrirán las peores consecuencias. Sí, es una amenaza, y sí, la UE no va a hacer nada al respecto.
Ser periodista en Rusia significa que te pueden detener en cualquier momento si no cedes ante la dictadura gubernamental; significa que te pueden acusar de terrorismo por hacer tu trabajo; significa que te pueden aplicar la ley de fugas por el mero hecho de que tu vida, en Occidente, no valdrá más que un par de titulares.

Ignorancia manifesta

En tempos convulsos, os verdugos xogan a presentarse coma víctimas, disfrazándose de lobo con pel de año. Non importa si é preciso emporcallala historia con esquecementos interesados e mentiras flagrantes. Non hai reparos á hora de usala cultura coma arma arroxadiza, menosprezando todo aquilo que sona alleo, porque non cabe na súa estreitez de miras. Non se sonroxan violentando a língua co propósito de dividir e sinalar ó diferente, coma si o diferente tiviese a culpa dos seus complexos históricos de inferioridade.


O pasado 23 de xullo, un grupo de intelectuales presentou en público o chamado “Manifiesto por una lengua común”, ó abeiro do diario conservador El Mundo e apadriñado polo partido UPyD e, dende un confortable segundo plano, polo Partido Popular. Entre os firmantes, moitos dos seus palmeiros, declarados “antinacionalistas”, extrano apelativo para aqueles que defenden sen rubor o nacionalismo centrípeto. No contido do devandito manifesto, afírmanse moitas das obviedades que o senso común e a boa educación dictarían nunha sociedade bilingüe, como a oficialidade do castelán ou a súa presenza en igualdade de condicións no ensino, a administración e a vía pública das comunidades con língua vernácula. Ata aí nada que obxectar. Nembargantes, lendo entre liñas, un lector avispado toparase con siloxismos inconexos como “hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia de ningún tipo”, deduccións carentes de memoria histórica como “las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc”, ou prexuízos diglósicos tan graves como “este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad”. Traducido o castelán común que tanto desexan, o seu idioma é superior o resto de línguas da península, non debe permitirse perder falantes nos procesos de normalización lingüística que a súa imposición pasada fixo inevitables e, por último, todos aqueles que non se expresen na língua común corren o risco de quedaren atrás, xa que as vernáculas disminúen a súa capacidade de movimento.

Tal documento non puido ficar á marxe da polémica, quizáis porque naceu co objectivo de provocala, entre forzas políticas e sociáis de distinto signo. Gracias a ista repercusión, moitos xa comezaron a aproveitala apoloxía do evidente, cos contidos soterrados de centralismo, para sumar apoios a súa causa, antinacionalista de nome, mais españolista nas formas. Afirmala necesidade dunha língua común e a armonización das distintas línguas peninsulares é de caixón, mais non si se emprega para frenalos avances en materia de normalización lingüística que se levaron a cabo nos derradeiros trinta anos. Algúns semellan esquecer cales foron as falas proscritas de iure da educación, a lei e a vida política durante varios séculos, despreciando a loita calada á forza de moitos falantes que mantiveron a duras penas tres idiomas vivos pese á persecución. Aínda viven moitos de aqueles que sofriron palizas, multas e cadea por expresárense en público en galego, catalán ou euskera. Todavía non coñezo ninguén que fose perseguido por falar castelán, nin creo que o vexa por malos que sexan los presaxios dos agoreiros interesados. As línguas vernáculas aínda loitan por refacerse de tantos anos de desventaxa, perdendo na actualidade máis falantes que en ningún período da historia pasada. E aínda así o castelán é o que se ve ameazado, segundo eles.

Fálase moito do exemplo da “imposición do catalán” no ensino, a administración pública e o negocio privado, ó tempo que o próprio texto defende explícitamente a innecesariedade de que só persoal bilingüe atenda ó público nos centros oficiales. ¿Non é o mesmo? Quizáis sexa que lles amola a competencia, aínda que sexa a modesta porción de euskaldunes –un trinta por cento de falantes habituais-, catalanoparlantes –ó redor dun ses
enta por cento en Cataluña- ou falantes de galego –do que se calcula un coñecemento do noventa por cento e un uso cotián en torno ó sesenta por cento-. Centrémonos un intre, aínda que só sexa por non empregar de exemplo os tan cacareados modelos catalán e vasco, no proceso de normalización lingüística da língua galega. Unha de las línguas máis antigas da península, vehículo cultural de reis casteláns como Alfonso X e unha das máis denostadas nos séculos pasados. A diferencia do catalán, o galego foi considerado pola intelectualidade oficial –de Pardo Bazán a Pemán- coma un dialecto rural, indigno de ser língua de cultura, próprio de xentes incultas. E o máis triste é que este odioso prexuizo diglósico aínda prevalece e é necesario loitar contra el, favorecendo unhas institucións e un ensino en galego que permitan ós castelanfalantes actuar sen perxuizo da súa elección lingüística. Tampouco na Galiza áchase o fenómeno da violencia política ou coacción gubernamental de signo nacionalista, co que non é axeitado falar en ningún caso de imposición, senón de xusta recuperación do seu espacio natural. E sen embargo, eles prefiren ver unha ameaza na supervivencia da miña língua materna, ese dialecto de agricultores que fai séculos diron por morto e que, en verbas de Castelao, os seus cinco séculos de imperialismo frustrado foron incapaces de borrar. E seguirémolo falando.


A súa dialéctica interesada sobrevive a base de consignas goebbelianas, centradas nos prexuizos e as meias verdades. Chegouse a afirmar con afoutado desprezo da verdade e de boca do mismísimo xefe do estado, que o castelán non foi xamáis imposto polo estado. Uno agardaría atopar maior siso nun grupo de intelectuales, pero é fácil decatarse que tras esa faciana pseudocultural agóchanse os fíos da baixa política, esa que apela ós máis baixos sentimentos a falta de argumentos válidos. As súas accións e declaracións evidencian a súa ignorancia e o seu rexeitamento ó entendimento entre tódolos españois sexa cal sexa a súa língua, defendendo explícitamente a supremacía do castelán sobor dos dialectos bárbaros.

O castelán conta cuns cincocentos millóns de falantes en todo o mundo, mentres que o catalán suma uns siete, o euskera ó redor de dous e o galego menos de cinco millóns. O seu victimismo carece de senso nunha sociedade con grandes meios de comunicación que emiten constantemente programación na língua común, fechando espacios ás línguas minoritarias ata no ámbito familiar. ¿Quén ameaza a quén? ¿Non son tódolos idiomas vehículos válidos da comunicación e parte da cultura de este país? Eles reclaman o seu dereito a expresarse en castelán. Non creo que ninguén nos seus cabales llo negue. Pero, ¿qué dirán cando pidamos o noso dereito a non expresarnos no seu idioma? A súa tolerancia é asimétrica e a súa ignorancia, manifesta.

Aniversarios invisibles

Hace un rato, charlando a distancia con mi compañía para las noches insomnes, he vuelto a tener esa vieja sensación. Si, vosotros también la conocéis, ese momento en el que te detienes, haces balance del trayecto recorrido, te rascas la cabeza y te das cuenta del tiempo que ha pasado desde la última vez que miraste hacia atrás. En el retrovisor, te esperan las miradas cómplices de los aniversarios ocultos de aquellas cosas sin importancia que han ido haciendo tu camino, esos gestos repetidos mil veces hasta convertirse en actos reflejos, los lugares que se han ido convirtiendo en familiares, alguna que otra compañía que acaba por ser tan natural como necesaria. Todo lo que sucede mientras esperas a que suceda algo. Los sospechosos habituales, escenarios inesperados de la nostalgia por venir.

Un día, cuando menos lo esperas, te sorprendes a ti mismo considerándolos hábitos y comprendes que no serías el mismo sin ellos. Hace tres años, dos meses y catorce días que empecé este cuaderno abierto al mundo. Hace exactamente un lustro que me enganché a la radio. Hace ocho veranos que emigré a Madrid. Y hace casi cuatro que llegaste a mi vida de puntillas, para convertirte en el refugio necesario, la palabra exacta, un reflejo en el que reconocerme y apoyarme en lo personal y lo profesional. Sonará frío y cerebral, pero sabes leer mis garabatos torcidos.


Hace un par de días que hay unas converse colgadas de un cable de mi calle y, cuando las miro, no me preguntes por qué, pero me vuelves a la memoria. Sorte no país da choiva sen embotellar, pequena kay.

Cuatro años después



CUADERNO DE BITÁCORA DE LA CIUDAD INVISIBLE - 24 de JUNIO


CONTROL.- SINTONÍA CUADERNO DE BITÁCORA

LOC.- Nuestro vigía ha huido a la bodega y soy yo, un simple galeote, el encargado de escudriñar el horizonte. Continuamos nuestra singladura errante a través del espacio tiempo, mientras el sol castiga a los pocos que lo sufren sobre la cubierta. El mar nos mece en una cadencia somnolienta, mientras el calor comienza a afectar a nuestra tripulación, sumergiéndonos en una bruma densa que embota los sentidos.

[RÁFAGA]

LOC.- El sol comienza a deslizarse cielo abajo y la luz juega a dibujar figuras extrañas sobre el agua. La vista se nubla y en nuestra mente comienzan a brotar ideas extravagantes, pasiones ocultas y tentaciones insospechadas. Sin darnos cuenta, la procelosa mar de las ondas hertzianas nos ha ido guiando hacia el corazón del espejismo.

[RÁFAGA]

LOC.- Por un momento, dejamos de ser conscientes de lo que nos rodea para sumergirnos de lleno en nuestra propia ensoñación. La piel quema, pidiendo el contacto con la piel ajena y dejándose llevar por el deseo. No me preguntéis por qué, pero acabo de darme cuenta de que en esta tripulación escasean las mujeres y abundan, en cambio, los torsos desnudos y sudorosos de nuestros compañeros. Supongo que, por ello, algunos se entretienen imaginando cuerpos ajenos y figuras deseables en la niebla, mientras seguimos navegando a través del bochorno. ¡Una ráfaga de aire, por favor!

[RÁFAGA]

LOC.- El viento ha acudido a nuestro rescate, hinchando las velas y despejando los fantasmas entre la bruma. El vigía ha despertado de su siesta y me toca volver a mi puesto junto a los remos. Recobrada la cordura, nuestra nave vuelve a surcar el éter sonoro, mientras el timonel pone rumbo incierto a nuestra anhelada Ciudad Invisible...

CONTROL.- FUNDIR CON SINTONÍA CON CUÑA

Italia o la demostración empírica de la Anarquía

Cuna del senatus populusque, ejemplo de democracia europea consolidada, miembro del selecto grupo de los siete países más industrializados y desarrollados. Nadie diría que Italia es, al mismo tiempo, uno de los estados más desacreditados del mundo occidental junto con Rusia. Tras veinte años de agonía de la democracia, la sociedad transalpina sigue sorprendiendo por su peculiar manera de hacer o, más correctamente, de dejar hacer política.

En estos primeros compases de la segunda venida de Il Cavaliere, con las calles y las conciencias agitadas por los saludos romanos, las quemas de campamentos gitanos y las vías napolitanas llenas de basura, la podredumbre del sistema se ha hecho más patente que nunca. La desmovilización de la mayoría del electorado y la radicalización de los extremismos son las causas fundamentales de esta decadencia institucional, pero para encontrar la raíz del retorcido desarrollo de la vida política italiana, hay que remontarse hacia atrás en la historia.

En la falsa transición de la Segunda Guerra Mundial, incluso antes de la rendición de los últimos bastiones fascistas en Saló, la política italiana ya había sido programada bajo una fuerte tutela occidental, que minimizase el poder del Partido Comunista, el más poderoso del país gracias a su compromiso partisano. Los antiguos aliados, temerosos de perder un bastión tan importante para el equilibrio de la Guerra Fría, desnaturalizaron el juego democrático para contrarrestar el marxismo, recurriendo a triquiñuelas electorales y a cientos de millones de dólares en ayudas a la reconstrucción.

El resultado de este orden orquestado desde el extranjero fue un sistema de tres partidos –la democracia cristiana, los socialistas y los comunistas de Errico Berlinguer-, diseñado al detalle para apaciguar la convulsa sociedad italiana y conducirla a derroteros más controlables, análogos a cualquier otra democracia “aburguesada”. Pese a la escasa soberanía del pueblo italiano sobre sus instituciones, las connivencias con el crimen organizado y al desgobierno tácito, Italia se mantuvo en equilibrio precario, potenciando su industria y participando en proyectos tan relevantes como la Comunidad Europea.

La imagen del primer ministro Giulio Andreotti encarcelado por sus tratos con la Mafia fue el canto del cisne para la inocencia política de los italianos. Los años noventa, con el desmembramiento de los partidos tradicionales y el avanzado estado de descomposición de todo el sistema, supuso el terreno perfecto para que el oportunista hiciese su salida triunfal. Forza Italia, partido-clan de Silvio Berlusconi, se encontró con la puerta abierta para vender su oferta política de fuegos de artificio, doble contabilidad y organigrama calabrés, nacida con el fin de buscar la adhesión sentimental más que para convencer a un electorado confuso y cansado de corrupción y mentiras.

La gangrena de la democracia italiana se hacía patente, mientras el país, dejado en manos de los ciudadanos mientras sus gobernantes se entretenían legislando para evitar la cárcel, se mantenía en un clima de bonanza económica, estable pese al expolio de las arcas públicas a manos de la clase dirigente. La izquierda, mientras tanto, sumó voluntades a imagen de su antagonista, unificando decenas de siglas y puntos de vista a menudo dispares en la frágil Margarita. Sirva ésta como ejemplo de falta de mensaje por propia indefinición y suya la culpa de esta segunda venida y tercer mandato de Berlusconi. Tan sólo un mensaje, falto de convicción: “no somos tan malos como él”.

Ninguno de los múltiples defectos del presidente, como su labia barriobajera, el discurso clasista o las múltiples cuentas pendientes con la justicia zanjadas por decreto, han conseguido que la izquierda multicolor conserve el gobierno. Tampoco su indeseable coalición con los estrafalarios xenófobos del norte adinerado y los despojos del llamado posfascismo –como si existiese un futuro para semejante distopía-. Una sociedad desencantada y nihilista ha vuelto a elegir a un líder de incapacidad probada. Será por falta de aspirantes o por falta de costumbre de un gobierno real.

Tras el triunfo electoral y la reconquista de la alcaldía romana, se han sucedido los gestos de autoafirmación. Las bravatas sobre los “fieles armados con fusiles siempre calientes”, la sempiterna loa al torpedo contra las pateras, la quema de ghettos para gitanos e inmigrantes y las decrépitas ceremonias con regusto a Nuremberg regadas de fascistoide panoplia tricolor. Nadie recuerda la caída de Mussolini, linchado, colgado y pisoteado por los milaneses ni que Nuremberg, escenario de los enormes desfiles nazis, fue también sede del tribunal que ajustició al fascismo.

De fondo, la sociedad, hastiada de políticos ladrones, se ha ido acostumbrando a gobernarse ella sola, pese a sus mandatarios. Manteniendo la estabilidad social en un país en el que los extremismos tienen lugar en las capas más elevadas del poder, tan lejos de la realidad que no hay apenas nadie que les haga caso. Italia no es sólo el crimen entronizado y el cenit del populismo. No es sólo el descrédito de la democracia y el pábulo del fascismo. Italia es la confirmación empírica de la anarquía, el más claro ejemplo de la ineficacia de un sistema en el que, en la práctica cotidiana, es el pueblo el que se gobierna a pesar de quien salga elegido en las urnas.

No silencien a la prensa


Ya son demasiados los ataques a los medios de comunicación, los periodistas asesinados o atacados por ejercer su trabajo en España:

  • José María Portell Manos, director de la Hoja del Lunes de Bilbao y redactor-jefe de La Gaceta del Norte, mediador entre gobierno e izquierda abertzale, asesinado de un tiro en la nuca el 28 de junio de 1978 por ETA.
  • José Javier Uranga, director del Diario de Navarra, tiroteado el 22 de agosto de 1980, sobrevivió a veinte disparos de ETA.
  • La corresponsalía de Agencia EFE en Donosti, reventada por una bomba de ETA el 17 de julio de 1982.
  • Francisco Javier Galdeano, corresponsal de Egin en Bayona, acribillado a balazos el 30 de marzo de 1985 por el GAL.
  • Carmen Gurruchaga, periodista de El Mundo, su domicilio fue atacado con explosivos por ETA en abril de 1996.
  • Una unidad móvil de Canal Gasteiz reventó sin causar víctimas por una bomba lapa de ETA.
  • Mikel Muez, periodista de El País, su domicilio fue bombardeado por ETA en septiembre de 1999.
  • Carlos Herrera, periodista de Onda Cero, ETA le envió una caja de puros llena de explosivos el 27 de marzo de 2000.
  • José Luis López de Lacalle, periodista de El Mundo, asesinado de un tiro en la nuca el 7 de mayo de 2000 por ETA. Su vivienda había sido bombardeada tres meses antes.
  • Aurora Intxausti y Juan Palomo, periodistas de El País y Antena 3, respectivamente, su domicilio fue bombardeado por ETA en noviembre de 2000.
  • Gorka Landáburu, periodista de Cambio 16, perdió un dedo y sufrió heridas graves el 15 de mayo de 2001 por una carta bomba de ETA.
  • Santiago Oleaga, directivo del Diario Vasco, asesinado a tiros por ETA nueve días después.
  • Santiago Silván, periodista de RNE, Marisa Guerrero, periodista de Antena 3, y Enrique Ibarra, directivo del Grupo Correo, recibieron el 17 de enero de 2002 tres paquetes bomba enviados por ETA.
  • La sede de Onda Cero en Eibar, volada por una bomba de ETA el 3 de marzo de 2004.
  • La sede de COPE-Cadena 100 de Donosti, bombardeada el 26 de junio de 2005 por ETA.
  • La sede de Radio Nacional de España en Vitoria, bombardeada diez veces por ETA desde el 1 de febrero de 1995 al 10 de febrero de 2006.
ETA ha vuelto atentar contra los medios de comunicación, esta vez ha sido contra "El Correo Español". Los que se aprovechan del sufrimiento y la represión sin sufrirlos imponen su particular ley del silencio. En medio, el dialogo sige buscando interlocutores que busquen la paz.

Me largo


Ya es definitivo. Cuando leáis esto, yo ya estaré muy lejos de aquí. Atrás queda Madrid, con sus agobios, sus rutinas y sus miserias. Me voy a vagabundear por París, a ver mundo y a darme espacio después del agobio. A perderme en la Gare du Nord. A cantar la Marsellesa en Montmartre. A fotografiar los adoquines. A escribirte postales. A emborracharme de vino y olvidar lo poco que sé de francés. Allí me esperan dos amigos, un sofá, miles de lugares por conocer y un reencuentro necesario a cientos de kilómetros. Allí te estaré esperando, buscando el rincón donde disfrutar lo más suave.

Si vuelvo, os enteraréis los primeros. Si no, no preguntéis por mí. Salut!

Paréntesis al mutismo ajetreado


Os tengo abandonados y lo sé. Tengo poco tiempo libre fuera de la radio y el que tengo lo suelo dedicar a cosas más tangibles como las cañas o los amigos a los que casi no tengo tiempo para ver. Sonará a promesa vacía, pero en breve volveré a la vieja costumbre del post casi diario. He vuelto a escribir, gracias a cierta musa noctámbula, y sigo investigando el mundo a través del objetivo de la cámara. Y en cuanto sepa cómo se hace, os colgaré retazos sonoros de mi trabajo en la radio.

Mi vida volverá pronto a su ritmo acostumbrado y volveré a tener tiempo para asomarme y compartir lo poco que tengo a la vista. Pero eso será a la vuelta de mi escapada parisina, en busca de ese amigo desenfocado que huyó una mañana de enero a pelear su sueño fotográfico. Y allí sigue.Ya os enseñaré a la vuelta. Párrafo corto. Pronto, muy pronto, mucho más que ver. Hasta entonces, echadme de menos.

14 de abril

Hace setenta y siete años. Madrid. Eibar. Barcelona. Vigo. Ha pasado demasiado tiempo en silencio y ahora vuelve a estar en la calle, conspirando en las esquinas y los bares.


Vigilan, temen el fin de su statu quo, somos una amenaza para su "normalidad democrática" y su "orden constitucional". Cuanto más revuelo arman en nuestra contra, más cercana está la victoria final.

Tarde de sábado


Taxistas de ruinoso fascismo. Camorristas de medio pelo. Conductores suicidas. Viejas glorias rancias envueltas en pieles muertas. Carteristas. Españoles de bien de mirada torva. Listillos de todas las raleas. Parejas de mormones. Chulos de la vieja escuela. Hippies percusionistas de barrio alto. Niños envenenados. Policías. Autómatas de la heroína. Camisas viejas con gafas de sol, loden y saludo romano. Perras y perros rabiosos. Niñas bien que calculan tu saldo de un vistazo. Borrachos del arroyo. Traficantes de mercancía legal. Gatos callejeros tendidos al sol. Fulanas. Infelices ahorcados en sus corbatas. Cucarachas multinacionales de gran ciudad. Vendedores de biblias. Graciosillos. Punkis de postal escupiendo a punkis con perro. Turistas atraídos por el olor de la carnaza y las luces de neón. Sodomitas. Locos tirados en la acera que taladran con la mirada. Seguratas del metro escondidos tras la porra y el perro. Jóvenes ebrios de aburrimiento. Sindicalistas. Porteros de hotel disfrazados de almirante. Arrabaleros con chándal del ejército. Modernos con la mirada encaramada a la cima de su hombro. Autobuses cargados de viejos cargados de rencor. Escoria aria rapada. Despojos. Decadencia. Dependientas, proxenetas y funcionarios. Infraseres que vagáis fingiendo ser personas. Os quiero.

La elocuencia de la manipulación

Si por ellos fuera, moriríamos todos de SIDA. Si por ellos fuera, Dios nunca se separaría del poder. Si por ellos fuera, desde sus púlpitos se dictarían las leyes. Irán, Pakistán, Israel, Arabia Saudí o el Estado Vaticano. Sus banderas sólo son las del odio. Su propaganda es sucio proselitismo, apología de la mala conciencia. Y en esta falsa paz, su manipulación se filtra en las conciencias obtusas.

La masque et la folie

Hay una voz en mi cabeza que me niego a escuchar. Susurra locuras en mi duermevela, revuelve las estanterías, altera el orden que me mantiene cuerdo. Me despierta, traficando sus medias verdades, envenenando los estrechos márgenes de pensamiento medianamente normal que puedo permitirme. Me acecha en las esquinas y los callejones, acribillándome con insidias, restrégandome mis miserias, nuestras miserias, porque le veo también a él cuando me miro al espejo, sonriendo con satisfacción mientras patea la mesa que sostiene mi castillo de naipes.

No hay nada más desesperante que intentar parecer normal, intentar que nadie le descubra en mi forma de andar, en mis dudas, en los puños crispados intentando mantener la calma. Mis días son largos, entretenido en mantener un rostro, mientras todo se viene abajo entre bambalinas. Tras este rostro gris, languidece la razón y se pudre la cordura, aunque nadie sea capaz de verlo. Ese es mi arte. No existe descanso ni camerino para este actor, atrapado entre los delirios que se filtran desde más allá del letrero de peligro y la absurda cotidianeidad de esforzarse en ser invisible mientras te dejas ir cada vez más en la espiral descendente.

A veces son cosas tan cotidianas como asomarse a la ventana las que encienden las alarmas. La mano se quiebra en el quicio mientras cierras los ojos con fuerza para intentar detener el ansia, el ambiguo estremecimiento del vértigo, los cantos de sirena que llaman desde el fondo de un puente. Marga dejó de venir conmigo en coche. La última tarde, en una curva de esas con acantilado, un segundo de duda con el pie enterrando el acelerador fue suficiente para despertar sus sospechas. Sé que lo ha contado a los demás y por eso me rehuyen, como si les espantase de mi lado la pestilencia de los que ya han muerto. Y puedo jurar que a veces deseo estarlo.

Por eso ahora estoy en el metro, a las siete de la mañana escasas. Nadie tiene buena cara a estas horas, nadie da un duro por su vida a primera hora de la mañana, cuando nada parece merecer la pena. No soy como ellos, ni siquiera de la misma especie. Yo, en cambio, acostumbrado como estoy a mimetizar mi paranoia en público, encuentro en estos momentos el placer de actuar con naturalidad. Nadie se fijará en mí, la práctica acumulada de años de camuflaje ha terminado por quedarse impregnada en mi piel. A las siete de la mañana, nadie parece del todo cuerdo. Por eso, no se darán cuenta de que, según se aproxima el próximo tren, mis pies se acercan a la línea amarilla que separa el andén de la caída a los raíles.

No puedo apartar la mirada del punto, cada vez más próximo, en el que el raíl desaparece engullido por la máquina. Una muerte horrible, no digo que no, pero el alivio defintivo exige tributos, ofrendas de sangre en los más oscuros altares. Fue esta mañana, frente al espejo, cuando decidí lanzarme al metro. Fue su mirada de superioridad, su odiosa mueca lunática que tanto esfuerzo me cuesta esconder, frente al despojo derrotado de cada mañana, cada vez menos dueño de mis actos, cada vez menos que salvar en esta batalla. Dije basta.

Las mejores ideas que he tenido se me han ocurrido en la ducha, pero esta nació frente al espejo, con la mirada perdida en el surco esteril bajo mis ojos. Es muy dificil enfrentarse a la sensación de estar harto de pelear por uno mismo, de saberse causa perdida por la que nadie va a pelear, ni siquiera uno mismo. Tan sólo un soldado harapiento firmando el armisticio, entregando el escaso despojo que queda tras la contienda. Ahí es donde florece mi impulso suicida, rodeado de cuchillas de afeitar y botes de pastillas. Algunos alaban la resistencia heroica de los que se saben mártires, otros nos dejamos seducir por el encanto afilado de la rendición. No al estilo posmoderno, trágico en su insignificancia, burdo en su ejecución. Una lucha como ésta merece un final a su altura, precipitado entre los raíles y el tren, despedazado y purificado al fin entre el amasijo de hierro y carne, sumergido para siempre en el apetecible nunca jamás.

Mientras se aproxima el metro y los viajeros de primera hora se desperezan, yo empiezo a pasar revista a esos momentos que uno quiere recordar antes de desvancerse hacia el olvido perpetuo. Los primeros años con Marga, la playa, la casa del abuelo, las tardes de sábado, el cumpleaños en que me comí media tarta y luego me puse malo, los dieciocho, ... todo se mezcla en un remolino de imágenes cálidas y a la vez dolorosas, que ya no sé si me empujan a la vía o me aferran al andén.

Se acaba mi tiempo y puedo comenzar a notar el alivio en la punta de los dedos, en el centro de mi cabeza, en el cielo del paladar. Enfrente, reflejado en el cristal del primer vagón, me sonríe mi alter ego, invitándome a demostrarle de la manera más cruda de qué materia estoy hecho. Me invade una sensación tan fuerte de vértigo e irrealidad que casi creo que puedo volar. Un paso. El final. Otro paso. El silencio lo envuelve todo. Mis piernas se aflojan. Todo se vuelve negro, confuso y descendente.

El ruido y el aire del vagón al pasar despejan el sudor de mi frente y despiertan mis sentidos. Por un momento he olvidado dejar de escuchar esa voz, por un momento me he dejado llevar en su seductor espejismo, pienso mientras me arrellano en un asiento, con la compostura a medio recuperar. Desvaneciéndome en la encrucijada, elijo el caos al silencio. Por un momento, dejé de saber por qué tengo que seguir fingiendo.


tardes de excalestric

Se escapa entre los dedos la semana santa como arena...



Efímero

Tensó los músculos de la mano izquierda, cuadró su postura, distribuyendo estratégicamente el peso hasta hallar un escorzo estable. Alzó su índice derecho y, en un movimiento mecánico, aprendido y repetido una y mil veces, presionó el disparador y puso en marcha la magia. En un parpadeo casi imperceptible, los mecanismos de lentes y espejos capturaron la luz prendida en la estela opaca de la cortina del obturador. Mientras la plata va bosquejando una figura atrapada en treinta y cinco milímetros de película, la cámara vuelve a reposar en el interior de su funda. Ya puede encenderse con calma un cigarro y escudriñar a su alrededor, encuadrando y componiendo planos, fotografías imaginadas y nunca plasmadas en negativo. Palomas que juegan a pasear por las aceras como cualquier otro viandante, ancianos adormilados al sol en algún banco, recovecos en la piedra que dibujan figuras imposibles en el asfalto. Personas que vienen y van, que no se saben observadas y que, cuando descubren la cámara, disparan con la mirada su metálico enfado, el de quien ve invadido su espacio y, al mismo tiempo, se pregunta azorado que es lo que ha podido atraer la mirada ajena.


Con el cigarro mordido en los labios, vuelve a ver el mundo tal y como él prefiere verlo, a través del filtro del visor. La realidad servida entre encuadres, fotómetros y ruletas de enfoque, convenientemente lejana para no tener que formar parte de ella. Vuelve metódicamente sobre sus pasos, las palomas, la acera, los viejos, las sombras sobre el adoquinado,… todo en su sitio. Arruga el ceño. Algo se ha colado en la lente, algo no previsto, escapado de su vistazo inquisitivo. Sus manos recorren los anillos del objetivo, ajustando el encuadre, alejando y acercando su presa, enfocando y desenfocando sus rasgos. Su ceja sobresale repentinamente por encima del visor. Es muy bella, ¿cómo no ha podido fijarse antes? El vuelo elegante de la caída de su ropa, la postura sinuosa de su cruce de piernas, el viento jugando a rehacer y despeinar su flequillo, el gesto distraído de su mirada, clavada en el suelo, y sus labios entreabiertos, en los que sólo podría anidar el más rasgado de los suspiros. Labios carnosos, apetecibles pero sin color. Rehizo la medición lumínica y comprobó, perplejo, que aquel extraño brillo carente de vida seguía desafiando la luz del mediodía. Levantó la vista del visor. Ninguna mujer sentada en aquel recodo de la plaza. Volvió a comprobar si el visor estaba empañado, pero ella seguía allí, sentada en aquella esquina con las piernas cruzadas. En ese momento, le recorrió una electricidad atávica por la espalda. Su mirada perdida le observaba fijamente al otro lado del juego de espejos. Entonces supo que no estaría si volvía a levantar la mirada. Entonces comprendió que tenía que sacar aquella imagen de su retina y plasmarla en negativo. Aquella era su foto.
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