Tarde de sábado


Taxistas de ruinoso fascismo. Camorristas de medio pelo. Conductores suicidas. Viejas glorias rancias envueltas en pieles muertas. Carteristas. Españoles de bien de mirada torva. Listillos de todas las raleas. Parejas de mormones. Chulos de la vieja escuela. Hippies percusionistas de barrio alto. Niños envenenados. Policías. Autómatas de la heroína. Camisas viejas con gafas de sol, loden y saludo romano. Perras y perros rabiosos. Niñas bien que calculan tu saldo de un vistazo. Borrachos del arroyo. Traficantes de mercancía legal. Gatos callejeros tendidos al sol. Fulanas. Infelices ahorcados en sus corbatas. Cucarachas multinacionales de gran ciudad. Vendedores de biblias. Graciosillos. Punkis de postal escupiendo a punkis con perro. Turistas atraídos por el olor de la carnaza y las luces de neón. Sodomitas. Locos tirados en la acera que taladran con la mirada. Seguratas del metro escondidos tras la porra y el perro. Jóvenes ebrios de aburrimiento. Sindicalistas. Porteros de hotel disfrazados de almirante. Arrabaleros con chándal del ejército. Modernos con la mirada encaramada a la cima de su hombro. Autobuses cargados de viejos cargados de rencor. Escoria aria rapada. Despojos. Decadencia. Dependientas, proxenetas y funcionarios. Infraseres que vagáis fingiendo ser personas. Os quiero.

1 divagando:

Lúa disse...

Siempre acabamos adorando las partes más odiosas de nuestro amado, en mi caso Madrid.

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