Diga basta, diga abstención


El próximo 7 de junio dejaré de votar. Ya os lo había avisado. No es que me sienta especial por tal motivo, dado que la mayoría de los "llamados a las urnas" deciden no participar, y más aún si la consulta proviene de la lejana Europa proveedora de invisibles subvenciones. Según las encuestas oficiales de la UE, un abrumador 55% de los ciudadanos europeos decidirá abstenerse el domingo que viene, una cifra que será algo más elevada en el Estado Español, donde hace cinco años un 54´6% pasó del Parlamento Europeo. Los sondeos gubernamentales indican que la participación no podrá alcanzar la cifra de los anteriores comicios, reduciéndose hasta en nueve puntos hasta el 35%. Significativo mutis mayoriario, ¿verdad?

Podría aducirse que tal resultado se debe al poco interés que el lejano Estrasburgo despierta en el votante patrio, pero no hay que olvidar que en elecciones generales la abstención alcanza cotas cercanas al 30%, es decir, la tercera opción tras las dos marcas del bipartidismo. Un 31% en 2000, 22% en las sonadas elecciones del 14-M y despuntando hasta el 24% el año pasado, la tercera cifra muy por delante de Izquierda Unida y avanzando. Uno de cada cuatro ciudadanos deciden no participar en la única parte del proceso ejecutivo que pasa por sus manos. Por pereza, por desidia, por cinismo, por rechazo general al sistema. En este caso, por desafección a una idea mercantilista de unidad europea, que sirve de escenario para vergonzosas votaciones como la de las 65 horas semanales de jornada laboral. La abstención es una minoría silenciosa pero presente, a la que me veo obligado a unirme. Descensado en mi lugar de origen, rehuso a participar en sus mecanismos de gobierno. El domingo 7 de junio, únase a ese cincuenta y pico por ciento de conciudadanos europeos y manténgase alejado del colegio electoral. Que jueguen otros a su juego trucado.

Quince días para hacer Historia


La Historia ha encontrado un lugar para nosotros. Nosotros, los que crecimos inoculados del cinismo del que no suele recibir alegrías, que lloramos con Julio Salinas y el codazo de Tassoti, que escondimos la cara en el colegio después de la final fallida de Atenas y nos acostumbramos a remar con rabia para morir en cuartos. Los más mayores del lugar se aferraban a Zarra y Marcelino. Nuestros padres rumiaban la nostalgia de doce goles contra una Malta que costaba encontrar en el mapa. Nuestra generación parecía condenada al agridulce fútbol del que ve la gloria pasar sin detenerse. Hasta que, el verano pasado, veintidós jugadores vestidos con la Roja nos enseñaron lo que era ganar.


Lo paladeamos con mesura, para no apurar demasiado rápido un trago inesperadamente dulce. Meses después, en un mes de mayo insospechado, la prudencia se transformó hasta cuatro veces en éxtasis. Un dos de mayo, seis goles heroicos daban la vuelta a un derby en el Bernabéu. El trece, cayó en Valencia la Copa con goleada ante un digno Athletic. Cuatro días después, Mallorca fue testigo del final matemático de una Liga ya sentenciada en Madrid. Ayer volvimos a formar parte de la historia. Parecía tan fácil en apenas diez minutos que tardamos otros ochenta en darnos cuenta de que estábamos al fin tocando el cielo. Desde Roma, desde Canaletas, desde el salón de casa todos fuimos testigos. Hoy, con la resaca de la triple corona, toca descubrir el placer de disfrutar bien acompañado de la lectura del Sport en una terraza del soleado Lavapiés, mientras los pájaros cantan a lo lejos, Madrid se pierde en sus trajines y Mayo aún promete algún dulce sobresalto. Muerta la incredulidad, todo es posible.


A veces, la gloria sabe esperar a los que de verdad la merecen.

The other side

O reflexo no espello devolveulle a mirada. Nada novo en ningures, alomenos en apariencia. Recoñeceu as faccións, o aceno propio, a intención do seu xesto, mais por algún motivo descoñecido non tiña nin idea de quen era aquel home que o ollaba dende a outra beira.

Un intre despois, por causas que só el pode coñecer, afastouse do espello e sorriu.


The Doors - Alabama Song (Whisky Bar)




Extramuros

En ocasiones especiales, podemos abrir ventanas a mundos insospechados, dimensiones paralelas y giros en el contínuo espacio tiempo. Ante nuestros ojos, se abre de forma inesperada un paisaje sorprendente, alejado de cualquier expectativa. Un mayo como éste, en 1975, la sonda soviética Venera 8 atravesó la atmósfera infernal de Venus. Abriéndose paso entre nubes de ácido sulfúrico y soportando temperaturas cercanas a los 500 ºC, envió a la Tierra la primera imagen de la superficie de otro planeta. Los científicos, en su observatorio del desierto kazajo, tardaron unos minutos en acostumbrar su vista para entender las imágenes. Nunca nadie había posado sus ojos en un lugar como aquel.
Más cerca, a pié de calle, todavía es posible revivir esa sensación de desconocer la geografía habitual para descubrir en ella otros lugares, otros momentos. En los bulevares y las arboledas de San Lorenzo del Escorial se respira un aire diferente, totalmente opuesto a las callejuelas y el asfalto de la capital. Sobre su empedrado resuenan viejos ecos imperiales, en los que uno puede perderse y reencontrarse en un tiempo y un lugar que, como las cosas que realmente merecen la pena, no figuraban en el guión.

Good Bye Spain

El pasado miécoles, en los momentos previos a la final de Copa que enfrentaba al Athletic de Bilbao y al FC Barcelona, los aficionados de ambos equipos recibieron con pitos y abucheos al jefe de Estado y anfitrión de la competición y silenciaron los acordes del himno español, la Marcha Real. Tan elocuente como prevista era la pitada, que Televisión Española, esa que se precia de ser pública, transparente y veraz, decididió cortar la emisión del himno estatal en una maniobra chapucera que incluyó la emisión en diferido durante el descanso de una versión de las imágenes manipulada para hacer ver que nada de lo anterior había ocurrido. Para hacer ver que en el Estado Español nadie cuestiona al monarca ni rechaza los llamados "símbolos patrios". Manipulacion que no tapa su vergüenza.


Terminado el partido y descubierto el evidente engaño por el resto de medios, la Corporación envía excusas y arroja a los leones a un cabeza de turco, el director de Deportes, Julián Reyes. Javier Pons, director de la cadena estatal, le acusa de ser el único culpable. Los trabajadores de TVE saben que la decisión de censurar la pitada al himno venía de más arriba. No caben errores humanos o responsables únicos. La manipulación política de los medios públicos, sean Telemadrid, Canal 9, ETB o La Primera, es innegable y vergonzosa. Los medios de comunicación estatales se conciben como una salvaguarda de su función social y democrática, cuando en la realidad son el primer engranaje de cualquier tipo de propaganda. Cortar un partido de máxima competición en directo para evitar que los espectadores sepan que existe un notorio rechazo a la figura regia y la bandera nacional es una vergüenza para la credibilidad del medio público y del Estado que lo maneja, por lo que debería saberse quién orquestó un plan tan malintencionado y chapucero. Por lo menos, gracias a su mala praxis, ha quedado en entredicho el dogma oficialista que afirma que la "campechana" figura del monarca no es cuestionada por sus súbditos. Tan evidente como que la bandera rojigualda heredera del franquismo suscita todavía un rechazo persistente. Aunque nadie lo reconozca, la monumental pitada de la final de Copa ha servido para recordar que, por mucho que reescriban la historia para aparecer como los salvadores de las libertades, la realidad es que sólo son una banda de censores ineptos. A la vista quedan las pruebas.

El himno en TVE, emitido en diferido y con el sonido editado para tapar las protestas

El himno en ETB, con el mismo sonido ambiente que TV3, SER, COPE, RadioMarca y otros, incluída Radio Nacional de España, a la que nadie recordó avisar que tocaba meter tijera. Auténtico autoritarismo bananero.

Cambio cromático

El día menos pensado, sales de la cama y el mundo ha cambiado de color. O mejor dicho, a tu alrededor el mundo recupera un brillo que ya creías devorado por las gamas más bajas de marrón y gris. Y con esa nueva capa de luz vuelven también otros rincones, otros momentos y otras caras que parecían olvidadas para siempre. Y vuelven a sonar de fondo Los Chichos. ¿Cuánto hacía que no los escuchabas? Hay más sabiduría en sus letras que en toda la bibliografía de cualquier premio Planeta y tanta alegría como para sonrojar al más chicloso de los grupillos poperos de moda. Libre, libre quiero ser, quiero ser, quiero ser libre...

Puede que sean tan sólo los efluvios del cambio de estación, pero algo te dice que éste es un tren que no debes dejar pasar. Hay que aprender a soltar lastre mientras remontas el vuelo, el truco es saber escoger lo esencial para seguir adelante. Y pronto surgirán los grandes planes, las carcajadas y las oportunidades, aunque sólo sea una mera recompensa por saber esperarlos sin quemarse. Es necesario conocer el ritmo que rige el ciclo del cambio y saber qué debe permanecer firme ante él, dejándolo fluir sin dejarlo pasar. Y, de pronto, suena el móvil. Otro post-it en la pared, otra mañana ocupada, otras cañas, otro motivo para seguir creyendo en que, al final, merecerá la pena no rendirse.


Los Chichos - Son ilusiones

Manuel Fernández, "Pahiño"

El fútbol español de posguerra, como el de cualquier dictadura, esconde momentos indignos, figuras instrumentalizadas por la propaganda oficial y héroes trágicos borrados injustamente de las páginas de la historia. Este es el caso de Manuel Fernández, conocido como Pahiño, uno de los mejores arietes del fútbol peninsular, que fue y sigue siendo ignorado por su condición de sospechoso para el Régimen. Pero empecemos la historia por el principio.

Manuel Fernández Fernández nació una mañana de enero de 1923 en la comarca viguesa de San Paio de Navia. Criado en el seno de una familia de pescadores, evitó de milagro ser reclutado forzosamente en la Guerra Civil y comenzó a pegar patadas a una pelota en el club de su pueblo, el Navia, donde en apenas unos meses llamó la atención del histórico Arenas de Alcabre. Superada la mayoría de edad y el servicio militar, su carrera comienza a despegar cuando el Celta de Vigo llama a su puerta. Se iniciarían así cinco años históricos para la entidad celtiña, en los que sesenta y nueve goles de Pahiño sirven para encaramar al equipo a la cuarta plaza de la primera división y alcanzar el subcampeonato de la Copa en 1948. El rectángulo de Balaídos fue en aquella época un feudo inexpugnable, en el que el Athletic de Bilbao firmó un 5-1 o el todopoderoso Real Madrid sendos 4-1, tanto en casa como a domicilio. Asociado al gran Hermidita, Pahiño alcanzó su primer título de máximo goleador con 23 tantos. Sin embargo, ello no significó que su paso por el club no estuviese salpicado de problemas. El ariete no sabe de esconderse y nadar con la corriente. Tanto dentro como fuera del campo, Pahiño es un hombre valiente, combativo y con un marcado sentido de lo que es justo, pese a los tiempos que corren. Pese a ser el jugador más decisivo de la plantilla, era el peor pagado. Cada vez que se quejaba, los directivos le señalaban como rebelde y problemático, amenazándole veladamente con el ostracismo. Y siempre le pedían más. En el partido decisivo para el ascenso, contra el Granada, el defensa andaluz Millán González rompe de un plantillazo el peroné del delantero gallego, que ya había marcado dos veces en apenas cuarenta minutos de juego. Moncho Encinas, el míster céltico, le venda la pierna y le obliga a seguir. Pahiño aguanta la hora restante sobre el terreno de juego, demostrando un temple y un coraje que hoy parecería incluso ingenuo.

Después de cinco temporadas aupando al Celta a lo más alto, llega la gran oportunidad. El Real Madrid llama a su puerta y, junto con su compañero, el ex seleccionador Miguel Muñoz, se trasladan a la capital. Allí, el ariete supo ganarse la admiración de la hinchada y el respeto de los rivales, jugando más de 124 partidos en cinco temporadas, consiguiendo un total de 108 goles y su segundo trofeo al máximo goleador en 1952. En el Madrid de principios de los cincuenta, antes de que aterrizaran Raymond Kopa, Ferenc Puskas o Paco Gento y se alcanzase la gesta de las seis copas de Europa en diez años, Pahiño supo hacer historia, al mismo tiempo que su carácter y su sinceridad iban granjeándole enemistades cada vez mejor posicionadas. Quizás fue por eso que el mejor goleador de la época sólo vistió cuatro veces la camiseta de la selección, incluso puede que su ausencia explique la eliminación del combinado capitaneado por Zarra en la ronda previa al Mundial de 1954, pese a haber quedado en cuarta plaza en la edición anterior.

Con el accidentado fichaje de Di Stéfano en el verano de 1953, la directiva madridista decidió deshacerse del ariete gallego, que termina recalando en el Deportivo de A Coruña, donde coincidió con la mejor generación de futbolistas gallegos. Juan Acuña, cuatro veces ganador del Zamora, otro de los futbolistas injustamente represaliados por el Régimen, defendía magistralmente el arco, mientras Chacho, Chao y un jovencísimo Luis Suarez completaban el once deportivista. Pahiño mantuvo su registro anotador en aquella oficiosa selección gallega camuflada en el club herculino con cuarenta y seis goles en setenta partidos y supo ganarse el cariño de la afición turca pese a su origen olívico. Tras dos temporadas en A Coruña, un último año en primera división en las filas del Granada pone el punto y final a una carrera soberbia, tan sólo truncada en parte por las envidias y los servilismos del fascismo. Cuando se retiró, en 1957, las estadísticas del ariete de Navia hablan por sí solas: doscientos setenta y ocho partidos jugados y doscientos diez goles marcados, un promedio de tres goles cada cuatro encuentros.

Pahiño nunca fue un jugador al uso. Lector voraz de Dostoievski y Ramón Cabanillas, libertario, disciplinado y aventurero, supo ganarse a sus entrenadores y hacerse respetar por los defensas carniceros de la época. Pero le negaron mayores glorias. En sus propias palabras, "gocé del peor de los amores, el amor propio". Hoy día, Manuel Fernández es un abuelo casi anónimo en las calles de Vigo y el fútbol, gallego y español, todavía sigue huérfano de aquellos jugadores aguerridos que se atrevieron a ser ellos mismos en el peor momento de nuestra historia.

Desperezando las pezuñas


Fin de semana de ausencia justificada, de carreteras secundarias, casa rural, despedidas de estado civil y alegrías varias. Perdido por los carreiros y los desfiladeros del Cañón del Sil, encaramado las terrazas en las que anida el mejor vino Ribeira Sacra en compañía de la alineación completa de los históricos, con algunas imperdonables excepciones. Retornado á terra nai por un intre e logo devolto axiña á vila, con las retinas invadidas de verde, piedra y viejos compadres. En un mes, volveremos a la flor de los eventos.

Mamá, ayer vi el mejor partido de mi vida











...con la certeza de que se seguirá hablando de esta victoria mucho después de que hayamos muerto.
Y de postre, una lección de grandeza.

Exteriores


En las mañanas frías de principios de la primavera, ni siquiera las estatuas devuelven la mirada.


led zeppelin - the battle of evermore

Nuestra amiga la Policía de Madrid



Los que vivimos en Madrid desde hace algún tiempo ya casi nos hemos acostumbrado a ellos. Omnipresentes desde los últimos años de Álvarez del Manzano, los coches zeta de la Policía Nacional, los munipas "de Proximidad" a lomos de vespinos, las parejas de secretas y los furgones-perrera de los Antidisturbios se han convertido en parte del paisaje urbano. Los vimos cercar épicamente la Plaza del Dos de Mayo y el Parque Villa de París en su particular guerra contra el botellón. En las zonas de bares, ya casi hay más uniformados que fiesteros. Dan leña a discrección en cualquier manifestación que desagrade al alcalde, a la presidenta de la Comunidad o al del Gobierno, al tiempo que forman parte del pasillo de seguridad que se les hace a los ultraderechistas cada vez que les place manchar nuestras calles. Pero la cosa no queda ahí. Como se comprueba en los vídeos del Centro Social Okupado La Traba, la violencia policial puede llegar más allá, incluso hasta adentrarse en el juego de intimidación de los fascistas. Este centro okupa del distrito de Arganzuela tuvo que instalar dichas cámaras por su propia seguridad, después de una larga campaña de hostigamiento neonazi desde principios del verano pasado que incluyó pintadas amenazantes, asaltos a piedra limpia, palizas y la explosión de un artefacto incendiario en la puerta del edificio en plena noche que a punto estuvo de provocar una tragedia. Ningún medio se rasgó las vestiduras ante la kale borroka particular de los fascismos capitalinos ni ningún rapado durmió en comisaría.


Las fuerzas de seguridad del estado, además de la proverbial pasividad ante la violencia nazi, han mostrado peligrosos signos de mimetización con los ultraderechistas. El pasado 28 de marzo, la manifestación del Movimiento Patriótico Socialista congregó a un centenar de rapados en pleno corazón de Vallecas mientras la Policía Nacional les ofrecía escolta y los antidisturbios se cebaban en los antifascistas que acudieron a la provocación. Pero el esperpento de permitir una manifestación neonazi en un barrio obrero e inmigrante no termina ahí, sino que, como demuestran las fotos de la prensa, algunos de los rapados acudieron a la concentración con el casco de su uniforme reglamentario de policía. Por si faltasen pruebas, los vídeos de La Traba muestran a un coche celular de la Policía Nacional amedrentando a los okupas con las mismas consignas que los skinheads les habían gritado pocas horas antes. Y todavía queda quien cree que no se tortura en los calabozos, que no se hace la vista gorda ante el narcotráfico de los uniformados y que no hay cada vez más tarados fascistas infiltrados en sus filas. Están para proteger y servir, el problema es que no sabemos a quién. Y luego se extrañan de que ardan sus comisarías.

Silencios malintencionados

Hay días que asusta asomarse a la prensa. Mientras la ley de Murphy trabaja incansablemente para seguir produciendo el acostumbrado flujo de malas noticias, algunos se empeñan en cortar más la dosis de realidad con toda clase de despropósitos. Los hay, como Hermann Tertsch, el "responsable" del Diario de la Noche de Telemadrid -cuando no está fundida en negro-, que se calzan los viejos gestos del oxidado manual del No-Do para ofrecer su adulterada visión de la realidad. En él no sólo asustan sus palabras gruesas y su intransigencia, sino también ciertos modales de director de propaganda de régimen de partido único. Desde su acalorada salida de El País, el columnista ha vivido el mismo giro dogmático de otros exizquierdosos como Losantos o Moa. Otros, como Gabilondo, subisten intentando parecer cómodos en un medio que no es ni va a ser nunca el suyo.


Nuestros líderes de opinión, desde los popes de la radio matutina a los tertulianos de medio pelo de los debates nocturnos, trajinan sus mutuos desacuerdos para mayor regocijo de la hinchada. Pero determinados temas permanecen ajenos al debate, asumidos acríticamente para evitar tener que reconocer su existencia. Esta noche, en los informativos de radio y televisión y las cabeceras online de los diarios, Mahmud Ahmadineyad acapara las portadas y los reproches de los editoriales. Todos los medios, de la derecha más oscura a la progresía más modernilla, critican las palabras del presidente iraní contra la brutal política de ocupación y exterminio del Estado de Israel contra Palestina. Quizás el dirigente persa no sea el más indicado para dar lecciones de libertad a nadie, pero es cierto que es el único interlocutor musulmán de cierta entidad en organismos internacionales, de los pocos cuyas afirmaciones pueden provocar alguna reacción, aunque sea, como este caso, de desagrado. Y que ninguna persona honesta y bien informada podría rebatir sus argumentos.


Todos dicen solidarizarse con la causa palestina para poder quedar bien en la foto, pero, a la hora de la verdad, Israel sabe usar bien sus recursos para acallar cualquier crítica. La mayoría de los representantes occidentales en la reunión de la ONU sobre racismo en la que tuvieron lugar las manifestaciones de Ahmadineyad huyeron de la sala en cuanto los traductores comenzaron a desgranar la letanía del líder persa en los mil idiomas de Babel. A la hora de la verdad, nadie quiere escucharla. Quizás porque les vendemos armas a los israelíes. O porque la mala conciencia de Occidente consiente que cualquier crítica al estado israelí sea calificada de antisemitismo. No criticar a Israel es la consigna políticamente correcta. Aunque posean armas nucleares de las que se niegan a hablar, aunque asesinen opositores políticos con misiles teledirigidos que matan familas enteras, aunque apliquen el apartheid a ambos lados de su muro vergonzoso, aunque les gobierne una ultraderecha xenófoba que persigue un nuevo holocausto con los papeles cambiados. Murieron seis millones y, como no pudimos o no quisimos evitarlo, morirán millones para compensarlo, aunque sólo sea en sus retorcidas mentes de estadistas políticamente correctos. Da miedo comprobar lo fácil que es silenciar el debate desde los grandes medios. Lo único claro es que, con todo este revuelo en la cumbre contra el racismo, sólo han salido ganando los racistas.




Rage Against the Machine - Darkness


It´s evolution, baby!



Es tiempo de cambios, de montañas de papeles arrugados en la basura y víctimas de la criba de cajones y armarios. Es tiempo de pocas palabras. Estoy en pleno viaje inicíatico, aligerando equipaje y tirando por la borda cabos sueltos para evitar engancharme. Están poniendo mi canción. Las guitarras son latigazos en mis oídos y las palabras, balas de plata. Y sólo quiero acelerar. A veces, mis huesos me dicen que voy disparado sin remedio hacia un muro de hormigón, otras veces creo volar. Quiero trepar lo más alto que pueda y aullarle a la luna hasta que estallen los pulmones. Que corra la gasolina y los mecheros, que arda lo viejo y queme los malos sueños. Voy camino de algo más allá de lo rutinario, algo incógnito todavía. Y ya no puedo detenerme. Os enviaré una postal cuando llegue.

14 de abril

Hace setenta y siete años, aunque algunos tengan el descaro de negarlo, nació la primera democracia española vestida con los tricolores republicanos. Moderna, laica y comprometida como fue, no le permitieron existir durante demasiado tiempo. Hoy su memoria está proscrita de la historia oficial, heredera y cómplice del silencio impuesto por las armas. Enterrada en una zanja, sobre sus cenizas se instaló la monarquía sucesora que nos gobierna. De momento.
Cada 14 de abril no puedo evitar acordarme de aquel grupo de tarados de colegio mayor que proclamábamos la república todos los jueves. Hoy, cada uno en su esquina del mundo, recordaremos el aula, el Jarama y otras aventuras. Volverán a nuestras gargantas, como cada abril, las voces del Coro Jabalón. Esa es mi memoria. Alcemos hoy las copas, como hace siete décadas y media en Jaca, Eibar, Vigo y Madrid. ¡Salud y República!

Feiticeira


Mucho tiempo después, recordó el estallido de los cristales. La velocidad retenida en un espacio ralentizado en medio del caos, zumbando como navajas invisibles cada vez más cerca de sus oídos. La imposibilidad de cerrar los ojos ante lo inevitable y el metódico viaje del sudor frío a través de su columna vertebral. Un segundo antes de estrellarse, la tierra dejó de girar y se cogelaron sus retinas. Una punzada en el cielo del paladar y fundido a negro. Un instante después, todo era humo y silencio.


Deftones - Feiticeira

Scrape that shit right off your shoes

Thank you for your wine, Albariño. Thank you for your sweet and bitter fruits.


Rolling Stones - Sweet Virginia


Marcho a GZ

En los próximos cinco días de esta semana fundamentalista que se nos viene encima no conteis conmigo. Me vuelvo a mi país, a recomponer los pedazos y rearmarme de cara a lo que me espera. El domingo que viene resucitaré de entre los muertos con algún nuevo plan de huída. Hasta entonces, eviten el centro de las ciudades y tengan cuidado con los encapuchados, que seguro que esconden algo.

Pesadelos de gran cidade

Noite de xaneira e vésperas de fuxida. Erguido riba dos edificios, o máis perto que se pode ficar do ceo nesta vila chumbiza. O ar ouvea facéndose dono das rúas e despeiteando o meu cabelo. O meu redor, as luces da gran cidade palidecen ante a escuridade. Tella e cemento, andamios e antenas, helicópteros da policía e campanarios de igrexas. Ás veces, iste gato da rúa fártase de ir e vir sen dirección concreta e detense a ollar á lúa á procura de orientación. Respírase mellor eiquí enriba, suspendido sobre os peatóns e os seus quefaceres. Coma se aboiase sobre os vosos pesadelos sen saír do meu. Sentado só na azotea na metade da noite, cos pés colgando cara ó abismo, lembro as longas tardes de verán cando era neno. Un bocadillo nunha bolsa do Froiz pendurada do manillar da bici e unha pedra outa na que sentar a merendar. Ós meus pés, ficaba a longa fendedura do Miño no val auriense. De rapaz, xogaba ó balón cos primos nas leiras e fuxiamos polos carreiros en bicicletas mil veces parcheadas. Agora, as miñas pezuñas afixéronse ós adoquíns dunha vila infinda que só se asemella á miña cando chega a solaina de xullo. A nostalxia é un dos sentimentos menos orixinais que se poden ter nunha grande urbe. Nembargantes, nesta primavera gris do ano nove, non pode un renunciar a nada que cale un chisco o silencio abafante que percorre os bulevares.
Torna o vento e iste gato da rúa migra a outro outeiro no que se refuxiar. Máis cedo que tarde, poida que se decida a voar lonxe diste deserto de asfalto ateigado de xente soa.

Quince años



Domingo de ramos, domingo de penitencia.

Who the fuck cares?

Que le prendan fuego a todo, que a mí ya me da igual.


Iggy Pop - The Stooges - I Wanna Be Your Dog

Setenta años después

Ayer se cumplieron setenta años del final de la Guerra Civil y lo cierto es que parece mentira. Aún se siguen desenterrando fosas comunes de cadáveres de prisioneros ejecutados en masa, mientras el general golpista y los suyos descansan en paz en un infame mausoleo. El Arco de Moncloa todavía saluda después de siete décadas el derrocamiento brutal de la primera experiencia democrática de nuestra historia. Algunas estatuas y placas conmemorativas han sido paulatinamente retiradas para evitar el bochorno, pero la derrota de la república nunca fue reparada. Los vencedores impusieron su bandera y eligieron al sucesor del dictador, perpetuando su memoria hasta nuestros días. Quizás sea porque no tuvimos un juicio de Nüremberg ni un proceso de desnazificación y el dictador murió en su cama. Se impuso el olvido de los campos de concentración, de la represión, del millón de presos políticos y los más de doscientos mil ejecutados. Tras los fastos de su victoria, fueron asesinadas cada día doscientas cincuenta personas en Madrid, ciento cincuenta en Barcelona y ochenta en Sevilla, según el testimonio del yerno de Mussolini, el conde Ciano, en su visita a España en julio de 1939. Después de cuarenta años de dictadura fascista y treinta de monarquía, la posguerra parece no haber terminado nunca. Todavía pesa la vergonzante herencia de la derrota de la república frente al fascismo. Basta salir a la calle y preguntar a cualquiera para comprobar que nuestro pasado todavía duele. Pero cada vez son menos los que brindan brazo en alto cada primero de abril y cada dieciocho de julio, aunque persistan las banderas de su glorioso alzamiento en manifestaciones reaccionarias y en los fondos de los estadios. Para que nunca vuelva a repetirse la historia, no debemos olvidar que hace setenta años, cautiva y desarmada la libertad, quedamos a merced de su barbarie.

Desdebuxado


O seu reflexo esváeuse ó contacto coa luz, mimetizándose no espellismo e na escuridade. Ficou nunha rexión cega, allea á ollada dos demáis, agardando o derradeiro intre para desaparecer de campo. As súas pegadas son só sombras desdebuxadas, collidas por erro no encadre.

Heaven is so far away


Acaba marzo con la miel en los labios. El último posible empleo nació muerto y no hay más que echarse a la boca que migajas. Tocará seguir buscando, aunque se gaste la sonrisa de entregar currículums y el tiempo corra en mi contra. Después de nueve años peleando este oficio aprendí a no esperar favores ni milagros de última hora. A no aspirar a juntar cuatro perras. A callarle las miserias al jefe. A negociar a la baja sin vender la dignidad. A ignorar el peloteo de los mediocres y los juegos de manos de los trileros. A formarme una opinión independiente y a dejarla clara sin palabras. A leer un contrato dos veces antes de firmarlo. A desconfiar de sindicatos y comités de empresa. A dar lo mejor que tengo con cada vez menos medios. A apretar los dientes y seguir creyendo en mi vocación en estos largos meses de paro. Pero todo ello no habría sido posible sin la ayuda de los más grandes. Gracias, magnates de la comunicación, rectores magníficos, directivos, programadores, publicistas, responsables de recursos humanos y demás ralea. A ellos debo estas valiosas lecciones que han hecho de mí un mejor periodista. Muchas gracias a todos, hijos de puta.



Offspring - Gone Away


La Géode


Sachez avoir tort. Le monde est rempli de gens qui ont raison. C'est pour cela qu'il écoeure. (...) La vie c'est ça, un bout de lumière qui finit dans la nuit.
Louis-Ferdinand Céline


Las cuentas pendientes de Turquía


La Unión Europea, según han afirmado sus veintisiete ministros de Exteriores, mantiene el compromiso de ampliación hacia los Balcanes y Turquía. A la ya prevista entrada croata el próximo año, se sumarán en un plazo sin determinar Albania, Serbia, Bosnia, Macedonia y Montenegro, además del ya citado país otomano. Con esta última ampliación, la UE sumaría 34 países en total y añadiría cien millones de habitantes nuevos, un 80 % de ellos turcos, a los quinientos millones actuales, Sin duda, este crecimiento de la Unión significaría un paso crucial, que convertiría a países como Irán, Iraq, Siria o Georgia en frontera comunitaria y asumiría la presencia tres estados de mayoría musulmana en la Eurocámara. Muchos señalan estos dos hechos como el origen de la controversia sobre la entrada de Turquía en la UE, ya que supone un desplante a los defensores de la religión única en Europa que tanto insistieron en reflejar la inspiración judeocristiana en las páginas del proyecto de constitución europea. Otros aludirían al enorme peso demográfico, económico y parlamentario que adquiriría Turquía dentro de Europa. Pero más allá de la intolerancia y el velado racismo que se esconde tras estas opiniones, el tema fundamental que nadie afronta es que Ankara acumula demasiadas cuentas pendientes con la democracia y los derechos humanos como para plantearse siquiera su asociación con Bruselas.


La república turca, fundada tras la I Guerra Mundial sobre las cenizas del Imperio Otomano, ha vivido épocas de gran convulsión política. Desde su fundación, el ejército ha mantenido estrictamemente los principios de laicidad y nacionalismo exacerbado, recurriendo a múltiples golpes de estado desde los sesenta "en nombre de la Carta Magna". Según dicha constitución, un millón y medio de armenios no fueron vilmente masacrados entre 1915 y 1918 a través de un enorme plan imperial de limpieza étnica y hay previstas multas y penas de cárcel para defender la falacia. El premio Nobel Orhan Pamuk, uno de los mejores literatos turcos, sufrió el peso del artículo 301 del código penal por "insultar la identidad turca", además de amenazas de muerte por atreverse a denunciarlo. Turquía, curada en parte del fundamentalismo y la inestabilidad de sus vecinos, se aferra a un nacionalismo ciego y acrítico que recuerda al de cualquier dictadura militar más que al pluralismo de opiniones que debe albergar una república parlamentaria. Semejante arrebato populista y patriotero es su única respuesta cada vez que alguien remueve el barro sobre el que se asienta la república de Kemal Ataturk e, invariablemente, encuentra cadáveres.


El Metz Yehern, como llaman los armenios a su holocausto, superó las cotas de sadismo étnico conocidas en la época y se cerró en falso, sentando un horrendo precedente de impunidad que más tarde aprovecharían los fascismos. Hombres, mujeres y niños, privados de alimento, obligados al exilio o asesinados en masa. La noche de los cristales rotos comenzó en Adana. El inhumano transporte en trenes de mercancías no se inventó en Auswitz, sino en Van, junto a la frontera iraquí, mientras muchos otros morían forzados a caminar a través del desierto de Siria. Junto a ellos, otras minorías étnicas como los asirios, los kurdos, los búlgaros o los griegos fueron arrasados por el exterminio otomano. El pueblo armenio sufrió el martirio de sus intelectuales, sus dirigentes y casi la mitad de sus compatriotas, además del expolio de la mayor parte su tierra. Hoy en día, el monte Ararat, símbolo nacional armenio visible desde Yereván y la mayor parte del país, se encuentra todavía bajo control otomano, sirviendo de oscuro memorial envenenado del primer genocidio organizado de la historia. El próximo 24 de abril se cumplirá el 94 aniversario de la barbarie, mientras Turquía sigue negándose a asumir la verdad y la frontera del río Aras acumula décadas cerrada.


La memoria -o la desvergonzada falta de ella- del genocidio de 1915 sigue viva en la actualidad turca, articulando un estricto código de silencio que impone por la ley y por la fuerza el negacionismo histórico a su pueblo. Caso análogo vive el pueblo kurdo, al que se le niega cualquier derecho que suponga tener que reconocer su existencia. Ni idioma, ni bandera ni sitio en la historiografía oficial turca. El terrorismo de estado contesta duramente cualquier intento de insurrección, alimentando la maquinaria del genocidio hasta la actualidad. Javier Corcuera, en su documental "La espalda del mundo", narra la historia de la primera diputada kurda en el parlamento de Ankara. Fue detenida en su discurso de investidura y encerrada varios años en la cárcel por el delito de adornarse el pelo con cintas rojas, amarillas y verdes, los colores nacionales del Kurdistán. Más silencio gubernamental y más tabúes sobre la mesa, que sólo sirven para perpetuar el odio entre su propio pueblo. En semejante situación, cualquier democracia palidece, mientras la libertad de expresión e información se vuelven imposibles.


Además de sus conflictos internos, la política exterior turca también supone un escollo para su admisión entre los Veintisiete. Su ultranacionalismo maniqueo les ha procurado demasiados enemigos. No sólo carece de relaciones bilaterales con Chipre, sino que mantiene parte de la isla ocupada desde 1974. La República Turca del Norte de Chipre, un estado títere auspiciado por Ankara, vive cada día de espaldas a Europa, separada por una verja que atraviesa el país de Este a Oeste. Por otro lado, no se puede olvidar el rencor secular hacia Rusia, socio vital de la Unión y competidor directo en el negocio del gas. Rusia recela de la influencia creciente de Turquía sobre las repúblicas exsoviéticas de Asia Central, con las que comparte vínculos étnicos e históricos. El Gran Turquestán a ambas orillas del mar Caspio, desde Estambul a Samarcanda pasando por Bakú, ha cobrado fuerza al tiempo que se debilita la influencia rusa, poniendo en cuestión sus intereses energéticos y la estabilidad de la región.


Con todas estas cuentas pendientes sobre la mesa, cabe preguntarse por qué se insiste todavía en la importancia de incluir a Turquía en la Unión Europea. Tras el espíritu altruísta de la expansión de la UE se esconden intereses incofesables. El primero, el acceso a recursos energéticos, como el Proyecto Nabucco diseñado por los turcos, que pretende introducir gas de Azerbaiján en Europa a través del Bósforo. Esto supondría cierta independencia comunitaria del suministro de procedencia rusa, que, como se demostró el pasado invierno con la crisis en Ucrania, no resulta demasiado fiable. Al interés económico se sumaría el importante papel mediador como país musulmán laico, pese a sus dirigentes islamistas, y el hecho de recompensar de algún modo la fidelidad turca a Occidente desde la Guerra Fría, como demuestra la presión de Washington para forzar la candidatura otomana. Como sucede con Israel, transigir el autoritarismo y la violencia étnica supone pingües beneficios. Aunque haya que taparse la nariz para no ver la falta de libertades civiles, la corrupción y la larga mano del ejército. Aunque haya que olvidar varios millones de mártires turcos, armenios, kurdos, chipriotas, griegos y asirios. La Unión Europea, aunque no suela demostrarlo, nació para extender y preservar la democracia y la libertad en el continente. Acercarla a Asia sin antes pedir al menos que se respeten los derechos humanos es renunciar a demasiado. Europa no puede asumir en su seno a un país en el que la justicia es asimétrica y el gobierno niega la democracia. Turquía no será Europa si no asume su historia y, hasta entonces, seguirá purgando sus crímenes en tierra de nadie.




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