Políticos y terroristas


Ayer, un grupo de manifestantes irrumpió en una conferencia en la que participaba el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, para denunciar los recortes emprendidos en educación. Wert, como era de esperar, empleó la palabra terrorismo para criticar a los que le interrumpieron y apeló a la libertad de expresión para zafarse de sus críticos. Siguiendo el mismo guión, la consejera de educación del gobierno aragonés, Dolores Serrat, ha denunciado por acoso a los manifestantes de la Marea Verde de Zaragoza. ¿Su delito? Montar una torre de tuppers en su calle, denunciando la política de becas de comedor. 


Los políticos son una especie cínica, de la familia de los chivatos, los palmeros, los topos y los piscineros. Por eso, gritan agresión cada vez que alguien les afea su conducta porque, claro, los pobres no están acostumbrados a que nadie les tosa. Sólo hablan de libertad y de derechos civiles cuando se les amenaza con el código penal. Últimamente, llego a la misma conclusión en múltiples conversaciones; en este país tenemos un problema de corrupción tan grande porque los representantes políticos no tienen miedo a las represalias de sus actos. Los defraudadores no temen al fisco, los prevaricadores no se esconden de los jueces, los imputados pervierten las leyes y los ventajistas hacen ostentación de sus chanchullos. 


El ejemplo más reciente de impunidad desvergonzada es el del exconsejero madrileño de sanidad, Juan José Güemes, que dirige la empresa privada a la que se acaba de adjudicar el servicio que él mismo privatizó cuando ejercía su función pública. Sabe que puede hacerlo y que no habrá consecuencias de ningún tipo, como tampoco las habrá para los expresidentes y exministros enrolados en las antiguas empresas públicas que ellos mismos privatizaron. Puede que durante días Güemes sufra el escarnio público, al igual que su mujer cuando gritó su famoso "que se jodan" o cada vez que su suegro gana la lotería, pero sabe que las represalias no pasarán de ahí. Y ese es precisamente el problema, nadie persigue el expolio de lo común que está llevando a cabo la generación más mediocre y avariciosa de la política estatal. Ya que sus señorías han demostrado repetidas veces no tener vergüenza ni conciencia, al menos deberían tener miedo a las consecuencias de sus actos. 


Ayer, dos desconocidos dispararon contra la sede del partido que gobierna Grecia con fusiles de asalto. Como todas las desgracias que sufren los países traicioneramente rescatados terminan siempre llegando a nuestras costas, ésta tampoco será una excepción. La rabia que nace de la impunidad de quien se enriquece ilícitamente, de quien ha hecho fortuna llevándonos a la ruina, de quien es insensible al dolor y al hambre que provoca, terminará por volverse en su contra más temprano que tarde. Y cuando llegue ese momento, gritar terrorismo no les servirá para librarse. ¿Quién es el terrorista? ¿Quiénes son los culpables?

Hoy se cumple un año de la muerte de Fraga y en su memoria, descubrirán un busto en el Senado ensalzando su labor como padre de la democracia. Para que no se olvide quién fue el señor exministro, nada mejor que las palabras que escuchamos hace un año.


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