Muerte de un fotógrafo

El valor de la vida de un informador en conflicto, según un viejo aforismo de la profesión, vale tanto como rápidas sean sus piernas. En estos tiempos de globalidad forzada, a veces sobran ojos y oídos que transmitan al mundo determinadas verdades incómodas. En las calles de Rangún, a las puertas del Hotel Trader, yace otra verdad incómoda mientras el mundo mira a otra parte.


El fotógrafo freelance japonés Kenji Nagai, de cincuenta y dos años, destacado por la Agencia France Press en la capital birmana, Rangún, ha sido asesinado por el ejército de la Junta Militar durante la represión de las protestas contra la dictadura y la crisis económica. Ante la cámara de otro fotógrafo, Nagai aparece herido en el suelo, intentando captar alguna imagen más de la brutal refriega organizada por los militares contra las protestas pacíficas. Dichas protestas, iniciadas el lunes por los monjes bonzos, aglutinan a una buena proporción de la población birmana, asfixiada por el clima de corruptela y miseria económica que ha impuesto la Junta Militar.

Los monjes, los militantes opositores, los estudiantes, los campesinos, los sin tierra, todos en la calle. Al otro lado, el ejército y la policía antidisturbios. Para evitar que esta sangría tenga testigos, el generalísimo Than Sweh ha optado por cortar las comunicaciones con el extranjero, encerrar y torturar a los monjes en sus monasterios, pedir el apoyo de China -su único aliado y único cliente de exportación e importación- para evitar una intervención de la ONU y eliminar a todos los informadores, ya sea expulsándolos a la vecina Thailandia o rematándolos con ráfagas de metralleta como a Kenji Nagai. Las cifras oficiales hablan de quince muertos, mientras la oposición atesora pruebas que confirman las descomunales dimensiones de la guerra sucia de los militares, que han comenzado a esconder centenares de cadáveres recientes en fosas de los alrededores de Rangún y Mandalay. La rebelión pacífica ha sido contestada con armas de fuego y machetes. La imagen de la calle recién limpiada por los pistoleros, un desierto plagado de sandalias, es suficientemente elocuente.


Con este ya son ciento treinta y un periodistas muertos en lo que va de año y más de mil doscientos periodistas en la última década. Informadores anónimos. Profesionales como Anna Politovskaya, asesinada por hacer demasiadas preguntas sobre el régimen autocrático de Vladimir Pútin, o José Couso, ajusticiado por un tanque americano para silenciar la ocupación de Irak, o cualquiera de los compañeros caídos en el cumplimiento de su trabajo en Colombia, Bangladesh, México, Pakistán, Marruecos, Palestina o Bagdad. Los observadores críticos son molestos para aquellos que tienen demasiados muertos debajo de la alfombra, pero son la única garantía de que la ciudadanía sepa que sucede en los lugares que intentan esconder de la opinión pública. Demasiados héroes caídos en nombre de la libre información.


Publicado en Carne Cruda, de Magazine Siglo XXI, edición de Octubre

Sagasta 20

Todavía quedan lugares que, por muy pisados y transitados que estén, aparecen vírgenes a la mirada de la persona adecuada, quien ya ha interpretado las mejores líneas de su papel en ese escenario. Recuerdos encerrados en unas coordenadas que sólo tienen significado para quien sabe leerlas. Tan sólo un momento ocasional, un lugar común que, revisitado tiempo después, sabe ofrecer guiños de complicidad. Ironías que te recuerdan que, en esta tragicomedia absurda, todavía existen rincones -portales, bancos de plaza, césped de parque, aquel bar- en los que todo da comienzo, alumbrando momentos que hacen encajar el resto de las piezas.

Por esas pausas a media tarde, ese comienzo, un paseo tiempo después y el taxi a las 5 de la mañana que se nos apareció justo en la misma puerta.

Breve apunte


Llegó el cuarto de siglo, de la mano de un medio año asomado al umbral de todas las efemérides. Nueve mil ciento veinticinco días. ¿Empiezan a pesar las espaldas o es sólo el poso vital? Acelera su rítmico desgranar de horas, desapareciendo entre mis dedos como si fuese niebla. Búscame en las alturas, intentando detener el curso de la marea. Podemos volver a empezar de nuevo como si no hubiese veinticinco años detrás, o medio año en seis hojas de calendario de lastre. No soy fácil, pero tampoco soy predecible, así que vamos juntos en busca de ese lugar entre ambas orillas donde se encienden nuestras alarmas. Clavaré mis dientes en el filo de tu garganta, susurrandote impertinencias hasta que te atrevas a pedírmelo educadamente. Esta vez, no soy el único que no va a rendirse sin pelear.

El ataque de los calzoncillos blasfemos

Dinamarca, al norte de Europa y cada vez más lejos de la gracia de Dios, vuelve a destacar en una polémica de marcado cuño religioso. Después del caso de las viñetas que caricaturizaban a Mahoma como un terrorista suicida -para quien no lo recuerde-, el país escandinavo vuelve a dar que hablar en púlpitos y minaretes. La agencia de publicidad & Co acaba de lanzar una campaña muy discretita para JBS, una marca danesa de ropa interior masculina. La imagen estrella de esta campaña es la imagen que representa a una monja lúbrica y semidesnuda poseída por los súcubos y por la seductor fragancia de los calzoncillos de marras.


Bendita Dinamarca, sin cadena COPE, sin Legionarios de Cristo, sin pelos en la lengua ante tanto meapilas. Acompañando a una enfermera, una asistenta y una secretaria -quizás, un poco tópica la elección de iconos sexuales-, una monja ardiente y despendolada que ha dejado los santos inciensos para dedicarse en cuerpo y alma a esnifar testosterona.


En un mundo sobrestimulado y ávido de carnaza, esta campaña no supone ninguna novedad, salvo por el hecho de que rompe un tabú atávico que carece ya de sentido. Al que no le guste, que no mire.

El pacto social, treinta años después

Se cumple en este tramo final de 2007 el trigésimo aniversario de una de las fases cruciales del proceso de transición política del totalitarismo a la monarquía parlamentaria. Hace treinta años, en 1977, la actualidad política venía marcada por la Ley de Reforma Política, que daría paso a un régimen parlamentario homologable con cualquier otro del entorno y que favoreció un clima de entendimiento social que hoy parece imposible mantener.

Durante ese año, la balanza política estaba marcada por una enorme inestabilidad en la calle, pese a los llamamientos a la calma y al “cambio tranquilo y sin rupturas” que propugnaban los reformistas del dictadura, con el presidente Suárez a la cabeza. Por una parte, las Fuerzas Armadas, los altos estamentos eclesiales y las viejas familias del Régimen veían como el poder autocrático que tan acostumbrados estaban a manejar a su antojo les era arrebatado poco a poco, eso sí, con buenas palabras y promesas firmes de que ninguna democracia futura en este país les pediría responsabilidades por cuarenta años de ignominia.

Por el otro, las organizaciones armadas de la izquierda buscaban desestabilizar la reforma pactada en los despachos, sirviendo a veces más como freno de las libertades que decían defender, con el único fin de forzar las contradicciones del proceso y dar al traste con cualquier cambio que no fuese una ruptura, aunque ello supusiese una involución. Tales posturas, sospechosas para el conjunto de la izquierda –hay quien afirma que el GRAPO no fue más que un grupo parafascista a sueldo del CESED, el CNI de la época, lo que explicaría la estupidez de algunos de sus integrantes, véase el indocumentado historietista Pio Moa- supusieron un freno efectivo para ciertas reformas pendientes, como el debate monarquía-república, la configuración federal y plurinacional del estado o el enjuiciamiento de los responsables de la Dictadura.

Pese a las presiones, se consiguió instaurar tanto en la sociedad como en la clase política un clima de acercamiento, de reconciliación y unidad, basado en la idea de ceder para lograr una meta mayor como suponía la consecución de una democracia estable en el Estado Español, algo inaudito desde el lejano 1936. Tras la experiencia traumática de la matanza de Atocha, en enero de 1977 y la legalización del Partido Comunista en Semana Santa, ese mismo verano tuvieron lugar las primeras elecciones libres de la nueva etapa, que arrojaron un triunfo de los centristas de Suárez, seguidos de cerca por los socialdemócratas del PSOE. Los grandes derrotados fueron el PCE, fagocitado por unos socialistas empeñados en dar una imagen política irreal -¿recuerdan a Solana vestido de hippy gritando aquello de “OTAN no, bases fuera”- y la Alianza Popular de Fraga, perseguida por un sospechoso tufillo a viejo.

Visto que la gente quería moderación, el proceso político avanzó siguiendo esa pauta. Para cristalizar esta idea de unidad social a favor de la democracia, surgió un gancho efectivo, el llamado “Pacto Social”. Dicho proceso se concretó en dos frentes, la derecha perdió el poder autocrático sin violencia, mientras la izquierda renunció a Marx, a la República como sistema político, a cualquier posibilidad de cambio social en profundidad y a ver sentados en el banquillo de acusados a tantos asesinos, torturadores y pistoleros que engendró el fascismo entronizado. En pocas palabras, el pacto social significó una renuncia mutua para construir una idea común, plasmada en político en los célebres Pactos de la Moncloa. Una idea común que ahora se resquebraja.

Treinta años después, este proceso suena muy lejano, pero la idea de pacto social me vuelve a la imaginación cada vez que acerco la nariz a la sección nacional de cualquiera de nuestros periódicos. Ese espíritu de unidad ha sido violado y corrompido tantas veces con fines partidistas que ya es imposible creérselo, con tanto llamamiento contra la ruptura de la “unidad de España”, tanta acusación mutua de guerracivilismo y la absoluta pérdida del decoro y el respeto como arma política.

Este país se levanta cada mañana con los rebuznos fascistoides de un señor subido a lomos de obispos y arzobispos, que, armado con el insulto y la calumnia, llama cada amanecer a una nueva Cruzada del odio. En nuestro parlamento, el gobierno supuestamente progresista dicta medidas de capitalismo liberal a ultranza, mientras la oposición se entretiene difundiendo descabelladas conspiraciones e indigestándose con la hiel de su derrota. En la calle, aunque menos de lo que se pretende, ha cundido una pésima imagen de crispación y enfrentamiento en el que nadie parece tener razón.

Hoy, cuando empieza a agotarse 2007, es necesario que todos, principalmente la clase política y sus palmeros mediáticos, echemos la vista atrás. La Transición española no fue ejemplar, quedaron demasiados temas en el tintero y otros fueron silenciados, pero supo prender en la conciencia de la gente de a pie un sentimiento de comunidad sin precedentes. Hoy se hace evidente que tenemos mucho que aprender del pasado, y aunque la memoria histórica no sea nuestro fuerte, deberíamos saber las consecuencias que supone el error de trazar, una vez más, una línea que nos divide en dos Españas que sólo saben odiarse.

Publicado en Carne Cruda, de Magazine Siglo XXI, edición de Septiembre

Juicio a Aznar


Por involucrarnos en una guerra inútil que sólo ha traído muerte para todos, en Irak y en Atocha. Por mentir deliberadamente para justificar la invasión. Por dar cobertura y apoyo a una declaración de guerra preventiva ilegal e injustificada. Por saltarse a la ONU y a los millones de ciudadanos que salimos a la calle para decir basta y por las ostias que nos dieron. Por crímenes de guerra. Sobran las razones. Vuelve a hablar la calle, por boca de los más de diez mil ciudadanos que reclaman que la justicia hable. No te quedes con las ganas

http://www.juicioaaznar.net/adhesiones/

Violencia chic

La brutalidad policial como arma publicitaria al servicio del glamour. Esa es la esencia de "State of Emergency", un reportaje fotográfico encargado al fotógrafo y descubridor de supermodelos Stephen Meisel para la edición italiana de la revista Vogue.

La reflexión superficial sobre el actual rearme del estado policial tras la caída de las Torres Gemelas, el turbio atractivo de una estética totalitaria y tenuemente sadomasoquista y la carnaza proveída por las modelos se aúnan en un frívolo vistazo a la represión.

La opresión limpia de ideología, de marginalidad o justificación alguna, envuelta en celofán y edulcorada para ser consumida por el mainstream. Bellos tiempos estos en los que la violencia policial es un un banal reclamo publicitario, en los que lo único revolucionario son los métodos de coerción. Siga engullendo ante el televisor, ciudadano, el sistema lo tiene todo bajo control.


El retorno del turista espacial

Después de un mes de ausencia estival que espero no me reprochen, Vuestro humilde narrador se complace en anunciar su vuelta. En el retrovisor quedan veintiún geniales días de vacaciones, una semana de stress currante, un retorno fugaz e incluso una boda.

La gran escapada veraniega dio comienzo en las Fiestas de Vitoria, el primer fin de semana de agosto, una auténtica orgía etílico-festivo-gastronómica que tuvo al Celedón, el champán y los pinchos como protagonistas indiscutibles. Tras unos días de descanso en Madrid ejeciendo de cicerone en el desierto de asfalto, me hice con una rehén y escapé a la vieja patria en busca del Atlántico devanceiro, con base en Sanxenxo y escalas en Pontevedra, Cambados y Barra. Un hotelito acogedor en el corazón de la Marbella del Norte, degustación copiosa de los productos de la tierra, las viejas copas con los viejos amigos, mucha playa, el tradicional abrazo de hielo y salitre del océano, mariscadas de rigor, escapada en barco a las Cíes culminada bajo el cielo más estrellado que pueda existir, las crêpes de dulce de leche y el brillo en tu mirada al divisar el azul inmenso desde Punta Vicaño. Así, fueron desvaneciéndose las fechas en rojo del calendario y, después de un fin de semana en familia -atentos, esta expresión no suele aparecer en mi vocabulario sin motivo-, vuelta a la vorágine que supone el caótico cierre de una revista mensual.


Sin embargo, una última fecha quedaba marcada en mi calendario. Con las maletas aún sin deshacer del todo, aún tenia que afrontar un viaje fugaz de esos que suponen más de mil kilómetros en menos de cuarenta y ocho horas, para festejar una boda en compañía de los más cercanos. Toda una noche de excesos -montecristos, trajes de gala, derroche culinario, risas y ágapes- a la salud de María y Francisco. De punta en blanco como casi nunca, con una bella acompañante a mi lado y con la impagable ayuda de Gus, silencioso chófer, anfitrión y amigo -escapada tranqui a Madrid cuando quieras, descubrirás que cumplí mi promesa de flog- en un evento social de altos vuelos del que nos descolgamos pasado el amanecer para volver a matacaballos a la cruda realidad.


¿Intenso? Puede, pero, por encima de todo han sido unas vacaciones tan necesarias como memorables. En el zurrón hay demasiado para desgranarlo en un simple post. El que quiera saber más que se pague unas cañas. Un abrazo enorme a Isa, Lour, Javuco, Piter, Cris, Jo&Don, la gentuza mítica de Silgar y Ourense. Mención especial al amigo silencioso, ese que te anima a seguir escribiendo, a no desintoxicarse del pernicioso hábito de narraros esta historia inconexa escrita desde las entrañas. Por supuesto, no me olvidaré de tí, compañía necesaria en el constante trayecto de estación en estación. Mientras suena aquella canción, te llevo a través de la pista siguiendo los pasos que me enseñaste. Por cierto, estreno nuevo cuaderno...

Mordaza Monárquica

Una vez más la forzada convivencia entre Monarquía y Democracia que se da en nuestro estado ha vuelto a mostrar sus contradicciones. Una simple portada con un chiste subido de tono ha bastado para que los oscuros mecanismos de la judicatura -sí, esa puta llamada justicia que, como las drogas, sólo se administra a quien pueda pagarla- se pongan en marcha y ordenen una medida totalmente anómala en un sistema basado en la soberanía popular y el respeto a los derechos individuales. Nada más y nada menos que se ordenó el secuestro de la publicación, con el bochornoso espectáculo de policías desvalijando kioskos antes de que el panfleto sedicioso se distribuya entre el populacho. Casi tan anacrónico como la misma monarquía.

El culpable de todo este esperpento fascistoide, el juez Juan Del Olmo, es un reconocido amante de la libertad de expresión, como ya demostró en el Caso Egunkaria, un diario cerrado arbitrariamente por una presunta colaboración con ETA que nunca ha llegado a demostrarse porque nunca se ha celebrado ningún juicio. ¿Para qué? ¿No eran todos los imputados unos asquerosos separatistas? ¿No se había desafiado desde ese mismo diario a jueces, políticos y majestades varias? ¿Por qué prengunta usted tanto? ¿No será usted también un amigo de los etarras?

El delito, injurias al sucesor de la Corona y menoscabo del prestigio de ésta, está castigado con una multa de hasta 24 meses. En sentido parecido se pronuncia el Código Penal cuando las injurias en cuestión son dirigidas a cualquier miembro de la caduca y denigrante institución que nos rige, en el sentido estricto de la palabra. Desde la Transición, medios, políticos y demás basura se han dedicado a vocear por callejones y esquinas la importancia de la figura del Rey como unificador de voluntades y garante de libertades, pese a su aparente falta de poderes prácticos de gobierno. Toda esa imagen ideal del monarca bueno que no se mete en nuestros asuntos mientras le sigamos pagando los vicios a él y a toda su familia -el yerno quedao por las drogas, las hijas dedicadas a procrear como conejas, la nuera moderna y fashion a la que vimos las bragas una memorable tarde de mayo- se desmorona implacablemente cada vez que alguno de sus lacayos con toga decide que se ha menoscabado su derecho constitucional a ser superior al resto de sus súbditos.

Para que a la chusma no se nos olvide quien manda, los poderes del Estado se reparten el trabajo. La prensa glosa la figura regia con un boato y un fervor hagiográfico que no se veía en este país desde la dictadura, los políticos desvían la atención del expolio de los bienes del estado que supone la asignación anual de la Corona en los Presupuestos Generales del Estado y la Justicia vela porque a ninguno se le ocurra nombrar al Monarca en vano. Y al que se desvíe, se le aplica la censura -si el imputado es vasco, la variante local, llamada Ley Antiterrorista. Sí, señores míos, EN ESPAÑA HAY CENSURA. Hay censura cuando se habla de la República como forma alternativa de Gobierno, cuando se recuerda el Derecho de Autodeterminación de los Pueblos como uno de los derechos humanos, cuando se desvela que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado practican de manera sistemática la tortura -las cintas de la Comisaría Central de Barcelona son elocuentes-, hay censura cuando se comete el error de pensar que España es una democracia en la que se puede ironizar o cuestionar la figura del Jefe de Estado, de dónde viene, quién le hizo la entrevista de trabajo, por qué se le cae la baba o cuánto cobra.



En un país como éste, que se despierta cada mañana con la llamada a la Segunda Cruzada desde la cadena obispal, en el que el mismo Losantos se mofa de la figura real, la justicia ha decidido fijar sus dardos ciegos en los críticos de siempre. Ese es quizás su problema, que a nuestra Administración Jurídica le sobran tics nostálgicos, convirtiendo, como antaño, la información crítica en delito. La farsa democrática que nos desgobierna se ha venido abajo una vez más. Ha bastado un dibujo que muestra a Felipe dándole a la Leti por Detroit -doggystyle, que dirían los expertos- para que, de facto, un juez de dudosa moralidad derogue la libertad de expresión en beneficio de el mancillado honor del Ciudadano Segundo del Reino y su consorte, la Reina de la TV, antigua secuaz en la desinformación del recordado Urdaci, que ahora se pudre en una vil cadena local imitando a Tom Jones. Si el tiempo pone a la gente en su sitio, puede que haya llegado el tiempo de desempolvar las guillotinas o los billetes sólo de ida al exilio.

Para terminar, nada más que adherirme a las palabras del senador Anasagasti, pensadas por muchos, censuradas y criticadas en cualquier medio mayoritario. Pero no se preocupen, súbditos del Reino de España, sigan leyendo el Hola. Mientras, seguirán multando y amenazando a quienes dicen lo que piensan, aunque al final, su censura no es más que un parche temporal que no podrá detener el curso de la historia. Brindemos por los reyes bobalicones sin sentido del humor, por el animus iocandi y por un nuevo Mateo Morral. La próxima vez mejorará la puntería.

Dia da Patria Galega


25 de xullo, unha vez máis a nazón irredenta érguese para festexar a súa existencia. Saen as rúas e as prazas os mozos e os vellos, xentiña toda xunguida por un sentimento común expresado nunhas mesmas verbas de son doce e desvalar morriñento. Hoxe é o día da pedra e da choiva, da leira verde e do mar bravío. Hoxe é o día en que, tras seiscentos anos de negación da nosa existencia, saíremos as rúas a berrar ben forte que seguimos eiquí, subsistindo na nosa teima de ser nós. Cada 25 de xullo, de Verín a Ortegal, de Fisterra ós Ancares, un só berro se oe nas nosas gorxas. Despois de tódalas patadas que nos deparou a historia, da fame, a migrazón, a denigrazón da lingua e do seu povo, nós seguimos eiquí! Feliz Día da Patria Galega dende o exilio, nenos!


Para rematar, un intre de Memoria Hístorica Galega, a épica narracíon da TVE-G do traslado dos restos mortais de Afonso Daniel Castelao o camposanto de Bonaval en Compostela no ano 1984:



Compás de espera

A media hora de salir del curro e iniciar el ansiado fin de semana. A una semana de las vacaciones, con muchos proyectos para esos 20 días pero pocos planes concretos. Todo está por hacer, pero hace tanto calor... que a cualquiera se le quitan las ganas. Otro verano más encerrado en Madrid, tantos que ya he perdido la cuenta y, sin embargo, sé que me faltaría algo sin participar de este paisaje desolado de gran ciudad semivacía con turistas de fondo.

Pocos permanecen ante la amenaza de las temperaturas saharianas y el asfalto a medio hervir. Algunos tenemos la suerte de poder recogernos en nuestro grupo de incondicionales, encaramados a lo alto de una azotea para cazar un poco de esa brisa nocturna que ejerce de salvavidas. A veces, incluso nos podemos permitir el lujo de hacer una pausa entre el bochorno y escaparnos a ese pequeño cesped-oasis que se esconde al fondo de la piscina del viejo hogar Chaminade.


Un lugar sobre la hierba donde posar la toalla y desmoronarse encima mientras el sol desdibuja el moreno de oficinista y van sucediéndose los reencuentros con la vieja guardia colegial. Si cierras los ojos, puede que hasta escuches una voz dulce narrando fragmentos de Alicia en País de las Maravillas, sea junto a la piscina, sea en cualquier banco del Jardín Botánico o en ese rincón dónde se escriben las historias que quiero que me leas. Quedan veinte minutos para salir del curro, siete días para ser libre, pero ya hay una parte de mí que lleva una temporada de vacaciones, lejos, muy lejos, de mi cotidiano País de los Placeres Amargos.

Promesas cumplidas

Hay conversaciones que se demoran y se posponen hasta terminar languideciendo antes de ser iniciadas. Algunas llegan a convertirse en un par de tardes-noches memorables, de esas de sentarte y hablar durante horas al cobijo de unas cervezas en aquel bar y volver a casa libre de temas de conversación pendientes, a veces incluso tambaleándote y canturreando al calor de la cebada y la malta. Por los tejados y las tascas de Argumosa en compañía de Gato Negro.

Un saludo y que tengas un buen verano, hay una buena lista de proyectos para después. Buen verano a todos los demás, esteis donde esteis, aunque sea en Rarotonga o en el mismísimo L.A. Cuidado con atascos, calores, medusas, chanclas, ventiladores y demás incidencias estivales. Id por la sombra, no sea que os calienten la cabeza.

La quema del Reichstag

La mentira política no es un arma novedosa ni moderna. Sin embargo, en estos tiempos parlamentarios de soberanía y derechos humanos, la falsedad y la búsqueda de crispación nos acercan a los peores momentos de la democracia parlamentaria. Tanto en 1933 como hoy, la mentira como arma política es una bomba que puede hacer saltar todo lo que se ha conseguido en este país desde 1975.


La mañana del 27 de febrero de 1933, en torno a las nueve y cuarto de la mañana, el teléfono de la estación central de bomberos de Berlín comienza a sonar. Al otro lado de la línea, una voz sin identificar avisa a los servicios de emergencia de que el edificio del Reichstag, sede del Parlamento Alemán, está ardiendo. Cuando la policía y los bomberos se personaron en el incendio, el fuego se reaviva en la Cámara de Diputados y reduce a cenizas el último símbolo de la democracia en la Alemania prehitleriana.

Pronto, las maquinarias propagandísticas del Estado y los diversos partidos del gobierno -los conservadores del presidente Hindemburg y el emergente Partido Nacional Socialista del nuevo canciller, Adolf Hitler- deciden aprovechar el fenómeno para su propio beneficio. La detención del mendigo Marinus Van der Lubbe, un enfermo mental, a la postre antiguo miembro del partido comunista neerlandés, fue orquestada e instrumentalizada por la incipiente propaganda nazi como una conspiración de la Internacional Comunista para hundir el ya de por sí mancillado orgullo alemán de entreguerras.

Con la excusa de combatir el marxismo –versión desactualizada de nuestra posmoderna “guerra contra el terrorismo”-, el Partido Nazi, que pese a contar con un apoyo minoritario en las urnas ostentaba la cancillería y varios ministerios, aprovechó la situación para declarar el estado de emergencia y presionar al anciano presidente para derogar las garantías constitucionales sobre derechos humanos recogidas en la constitución de 1919 de la República de Weimar y, de paso, forzar un adelanto de las elecciones en un momento favorable.

Los nazis, tal y como demostró en el juicio uno de los incriminados por el incendio, el búlgaro Georgi Dimitrov, no sólo instrumentalizaron el atentado para ganar poder, arrinconar a la oposición y desvirtuar la democracia, sino que también fueron responsables del atentado mismo. Pese a la evidencia de la mentira, Hitler ganó las elecciones anticipadas, las libertades fundamentales fueron derogadas y el Tercer Reich puso en marcha su ponzoñosa maquinaria genocida. Dimitrov, declarado inocente, tuvo que huir de Alemania perseguido por escuadras de las S.A., proclamando al mundo el inminente peligro del nazismo rampante. Nadie le escuchó.

Casi setenta y cinco años más tarde, la misma estrategia sigue dando buenos resultados. La difusión constante y programada de mentiras dirigidas a conseguir determinada cota de poder o minar la credibilidad del rival está a la orden del día. En nuestra actualidad política, todos los días arde un nuevo Reichstag. Un determinado grupo político de la oposición –me niego a manchar estas páginas dando nombres evidentes- se ha dedicado desde hace tres años a una campaña suicida por recuperar el poder. En el camino, perdida la noción de la realidad y cualquier vestigio de decencia, no se han detenido ante nada ni ante nadie. Tras el atentado en los trenes el 11-M, el partido del gobierno de entonces se dedicó a tergiversar los informes policiales para evitar que la autoría islámista de los atentados pudiera arrojar sobre ellos las culpas de la masacre. A pocas horas de las elecciones, el entonces Ministro de Interior subió a la palestra para mentir a sus ciudadanos con conocimiento de que la autoría no era ni podía ser de ninguna manera de ETA.

Perdidas las elecciones y arrojados del poder, el nuevo partido de oposición ha endurecido las tintas y no ha hecho prisioneros en su campaña para empozoñar la vida política del estado. Primero, desvirtuaron el proceso de las urnas, negándose a reconocer su derrota y afirmando sin ninguna vergüenza que las elecciones no eran válidas. Después, ayudados por toda clase de mercenarios de la información y extremistas de cualquier ralea, se han dedicado a sembrar la duda sobre la acción de la policía, la imparcialidad de los jueces y la honradez de los servicios secretos. Embarcados en su cruzada a favor de la mentira, han llegado al extremo de acusar al actual partido del gobierno, al gobierno de Marruecos y a las fuerzas de seguridad del Estado de conspirar con el terrorismo etarra para cometer el atentado. El número montado día tras día por los abogados de cierta asociación de víctimas y por el señor Díaz de Mera en el juicio del 11-M supera todo lo imaginado en cuanto a desvergüenza y falta de respeto por la democracia y por las víctimas, las auténticas víctimas.

Sus medios vocean la mentira, mientras sus palmeros, asquerosos patriotas de tytadine, corean a pie de calle y algunos empiezan a hablar de adelanto electoral y, los más avezados, de la necesidad de un giro de timón al estilo 23-F. El partido de oposición, abrazado a la oscura ultraderecha de asociaciones como los Peones Negros o Manos Limpias, se ha negado a reconocer la verdad incluso cuando esta ha sido afirmada y probada por la justicia, persistiendo en su teoría conspirativa que sólo sirve para socavar los cimientos de esta frágil democracia que, una vez más, la derecha se está encargando de romper. Sienta otro precedente peligroso en el historial de un partido que nunca ha condenado el régimen anterior y que, hoy más que nunca, parece más nostálgico y arrinconado que nunca, empeñado en empujar al abismo nuestra democracia en su particular descenso a los infiernos. En su suicidio político, no permitamos que se lleven nuestra democracia por delante. No otra vez por la fuerza de la mentira.

Publicado en Carne Cruda, de Magazine Siglo XXI, edición de Julio

Araki

El desnudo es un tema recurrente en la historia del arte. Desde las Venus de desmesurados rasgos femeninos de la prehistoria, pasando por la escultura cretense, o los armoniosos desnudos de Griegos y Romanos. Tan natural como el desnudo mismo, es la polémica que trae asociada la mayoría de las veces que se representa.

Mujeres atadas artísticamente y desnudos que combinan tradición y modernidad. Imágenes eróticas en sofisticadas puestas de escena. El fotógrafo japonés Nobuyosi Araki centra su obra en un mundo femenino cargado de un erotismo a veces perturbador. El erotismo y los retratos de la vida cotidiana.

También fija su objetivo en el urbanismo, la vida en Tokio y en la muerte, lo que le impulsó incluso a retratar el cadáver de su mujer. Hoy, ya en el siglo XXI, algunos siguen extrañándose y otros, incluso, escandalizándose al ver desnudos, pintados o fotografiados en las paredes de un museo. Araki es arte por encima de cualquier prejuicio mojigato.

www.arakinobuyoshi.com

Rearviewmirror

Espero que no me hayan echado mucho de menos. Yo sólo un poco. Digamos que nunca me ha gustado forzarme a publicar, ni me considero atado a una cierta periodicidad mínima. No admito prisas, no me interesa el pesado ritmo de las anodinas actividades que se oxidan al volverse cotidianas. No admito otro criterio que no sea el arrebato visceral que nace en mis entrañas, que comienza a latir en mi cabeza, atraviesa mi cuerpo hasta volverse impaciencia en la punta de mis dedos y desemboca, alumbrado en tinta, en las hojas del cuaderno. No pretendo que les guste, sólo que nadie permanezca indiferente. Lo siento, el valor de su opinión y su jurisdicción democrática se acaba bajo mi letrero. Do what you will shall be the whole of the law...
Ha pasado el tiempo y hay cambios en este caos cotidiano de los que no les había hablado todavía. Disculpen, las prisas... Empecemos por el principio. Tras experimentar durante unos meses el mundillo del telemárketing y el subempleo, Vuestro humilde narrador ha encontrado empleo. Desde finales del mes pasado, me he incorporado a la plantilla de Top Noche, una revista mensual dedicada al ocio nocturno, la cultura y la música electrónica. Noctambulismo, en resumidas cuentas, y me ha tocado ser su redactor. Curro interesante, contenidos cuidados, sueldo decente, gente maja, en esa herida abierta en la espalda de Gran Vía que es la Plaza de Santo Domingo. Una de esas cosas que se cruzan en tu camino por casualidad, de la mano de algún personaje providencial -empiezo a deberle muchos favores a mis "ángeles de la guarda" periodísticos-, que, sin saberlo, te brindan la oportunidad de reivindicarte. De hacer carne una idea. De volver a escribir, locutar, entrevistar, investigar, criticar... De llegar a la línea de salida de una carrera que empieza a materializarse ante tus ojos como por arte de encantamiento. Abróchense los cinturones, la montaña rusa vuelve a ponerse en marcha.

Por lo demás, mucha actividad en la línea de frente. El fin de semana pasado, maratón sabatino que culminó en un festival del caos cautivo entre policías y eternas alambradas y protagonizado por Pearl Jam. Se hizo corto, se echaron temas en falta y están algo más viejos de lo que los recordaba, pero aunque sólo fuera por un instante pude tocar el cielo, gritando a los cuatro vientos I still alive!. No sé por qué, pero cada vez me molesta más tanta policía custodiando las calles, los edificios oficiales, las protestas, las concentraciones y hasta los conciertos. Pero ya hablaremos de eso más adelante. El próximo sábado, breve éxodo á terra nai, con Atlántico de por medio. Entre tanto, lecturas, tiempo que nunca se detiene en estas cuatro esquinas, ajetreo, humo, unicornios, verano en ciernes, proyectos en la recámara, esforzados miércoles, domingos de gloria y ese sabor tan dulce que me acompaña desde hace tres meses.
Sírvanme batido, frío y con mucho azucar y aún sabré amargo. Sin embargo, en la vorágine de esta montaña rusa, no les exagero si digo que soy feliz. Sin fantasmas que acechen desde el retrovisor, tan sólo páginas en blanco y mucho por hacer, mucha evolution, baby. Puede que no lo sepan, pero si han llegado a leer esto, es por que forman una parte esencial de este instante. Tampoco me tomen demasiado en serio...


Ilustración: "Alalia", Félix Vega.

Inmigrantes en la era de la crispación

En estos tiempos modernos ya no se respeta nada, y en campaña electoral el político más mesurado llega a perder el respeto por sí mismo, por sus electores y por la condición humana en general. Esta ya pasada contienda electoral ha sido más de lo mismo. La inmigración ha sido una vez más incluida en la agenda de temas candentes de campaña, en la misma línea que el terrorismo, la vivienda o la corrupción y malintencionadamente relacionada con el paro y la inseguridad ciudadana.

Ciertos partidos y ciertos alcaldables –repugnante expresión paradigma de una política cenagosa- no se cortan un pelo a la hora de proferir opiniones tendenciosas destinadas a conmover los más bajos instintos del electorado. El miedo a lo diferente vuelve a ser un arma política arrojadiza.

El otro día, de camino a casa por el bullicioso Lavapiés, me sorprendí en un portal con una escena de un costumbrismo actualizado. Una estampa veraniega de ciudad soleada a las siete de la tarde, cuando el sol baja y algunos vecinos salen a tomar el fresco a la vera de sus casas. A la puerta de un edificio, frente a las que los ancianos salen con sillas de playa a juntarse y comentar sus cosas, tres ancianas comían pipas y charlaban animadamente a la sombra de un triste árbol de ciudad. Una de ellas, inconfundiblemente oriental, hilaba y explicaba sus movimientos a dos veteranas castizas, mientras bromeaban y alimentaban palomas.

Idílico paisaje de un futuro posible, a pesar de cualquier demagogia electoralista. A veces la sociedad avanza tan rápido que sus políticos sólo pueden apelar al miedo para detenerla y manejarla a su antojo. Frente a los tópicos del español desconfiado, la calle nos ofrece miles de ejemplos visuales de la aceptación “nativa” y de la integración de nuestros inmigrantes, nuestros porque viven entre nosotros, trabajan con nosotros y son tan dignos de pisar este suelo como lo somos nosotros.

Sorprendentemente, la política siempre va un paso por detrás. Alberto Fernández, eterno aspirante popular a la alcaldía condal, ha contribuido al emponzoñamiento de la imagen del trabajador inmigrante en nuestro país agitando el fantasma del malvado inmigrante que nos roba el trabajo mientras trafica con drogas y le toca el culo a tu mujer en el metro. Sabedor de la inutilidad de hacer una campaña al uso en una ciudad en la que pocos le quieren en el poder, el candidato ha pasado del asesor de imagen y ha dado rienda suelta a su auténtico yo. Tras anunciar que gobernará –es un decir- con “guante de hierro”, el popular anunció su cruzada personal contra la okupación, el botellón, el nudismo descontrolado, la mendicidad y la inmigración. Y no se despeinó. Preguntado por quienes atacan su discurso de xenófobo, Fernández afirmó despreocupado que tal calificativo “no le importa”. El lobo –Le Pen, Haider, Bossi- asoma la pezuña por debajo de la puerta.

Vivimos en una sociedad que apenas llega al fenómeno de la inmigración. Acostumbrados a proporcionar emigrantes a nuestros vecinos, los españoles vemos como, ahora, la tortilla ha dado la vuelta y nos toca a nosotros jugar el papel de anfitrión. En nuestra mano está seguir avanzando al ritmo de la historia y evitar los errores del modelo francés –tristemente fallido mucho antes de la revuelta de la banlieue-. Una sociedad dueña de sí misma debe saber acoger y ayudar a aquellos que son víctimas del crecimiento desproporcionado de la riqueza y su desastrosa distribución.

La deuda histórica está clara con América Latina, y más difusa pero igualmente evidente con el resto de los trabajadores extranjeros que, siendo esquilmados sus países por las economías depredadoras del Norte, han de dejar su vida atrás y venir al Primer Mundo a reclamar con sudor lo que es suyo.

La sociedad madura y demócrata que queremos ser sabrá ser solidaria y dar espacio a los que se les niega la voz. Frente a las aduanas y barreras que levantan los políticos, las personas de a pié siguen mirando a los ojos al futuro, sea de color que sea.


Carne Cruda

Más metralla en el ciberespacio. De la mano de Belén Kayser, eterno salvavidas de mi carrera periodística, vuestro humilde narrador ha encontrado un nuevo espacio de expresión en el Magazine de Siglo XXI, con columna propia, bajo el título de "Carne Cruda", velado homenaje a Castelao. En el plantel, muchos viejos conocidos de la blogsfera como Maga o Gato Negro. Una columna cada mes, prometo no hacer prisioneros, la alimaña hambrienta se ha fugado de la casa de fieras. Como muestra, un ejemplo.


En otro orden de cosas, vuelve el hombre mudanza con los vientos de cambio laboral. De vuelta al mundillo de la prensa y, de paso, darme el gustazo de dejar el empleo precario. Ya os enterareis en los papeles. Suenan muchas oportunidades, continúa la metralla sonora en Jungla Urbana de Onda Mayor y Maldito Duende de Radio Círculo de Bellas Artes. Mientras, el calor toma las calles. Las Vistillas, primera estación, de saraos moderno-culturales, zampando sushi en manada galaica y resucitando el placer del botellón en el césped. Fragmentos de una historia narrada en viñetas de cómic. Noches de whisky, humo, Heroes, frikismos y jamón serrano. Tan sólo a una cucharada de distancia y recortando. Palabra de teleoperador.

Campañas electorales y otras mierdas

Vivimos tiempos extraños, días de megáfono, pancarta y crispación. La gran carpa de la manipulación ha sido desplegada para el Gran Circo de las Elecciones, en el que desaprensivos como usted o como yo jugamos por un día al democrático concurso de elegir quien desgobierne en nuestro nombre. Los medios, cada día más saturados de conspiraciones, juicios sumarisímos, treguas, asesinos, seudoprogres y fascistas, dan ahora carta blanca al panfletismo y los repugnantes lavados de cara para las encuestas. Sonría, ciudadano, está usted a punto de formar parte del Sistema.
Puestos de trabajo, menos impuestos, más hospitales, mejor educación, más paz, más libertad, más nada, más palabras vacías que sólo sirven para calibrar como de mentiroso será un candidato tras su elección. Pero no todo es así, invadido el ciberespacio con blogs electoral-panfletarios, mítines online y demás basura publicitaria, hay quien ha decidido agacharse y trabajar duro para conseguir votantes.
En las próximas elecciones al Senado belga, la candidata Tania Deveaux a prometido a sus votantes, tanto valones como flamencos, que sus votos se convertirán en 40.000 mamadas que ella misma, en un ejemplo encomiable de entrega democrática, se encargará de ofrecer, a un ritmo de 80 por día en 500 jornadas poselectorales frenéticas.
Su partido, NEE, No a la mala política, está formado por sólo seis personas que buscan dar voz a todos los inconformes con la política belga, un tedioso juego a dos bandas en el que el apartheid existe de facto entre la comunidad francófona y la flamenca y en el que es obligatorio votar. Para mostrar su neutralidad, el NEE promete dejar vacíos todos los escaños que logre para el Senado. Esta propuesta, sencilla y radical como una bomba incendiaria, le granjeó en las anteriores elecciones, las municipales, el 1,5% de los votos en Amberes.
Ya lo saben. Nuestros casposos Acebes, Rubalcaba, Carod, Llamazares, Ibarretxe,... sus promesas, sus sonrisas de plástico, su ideología de baratillo, sólo son un reflejo absurdo del sistema que nos gobierna y sus principios vacíos. Lo dicho, al estilo emigrante años sesenta, me calaré la boina, haré mi hatillo y me largaré a Bélgica. Mi voto valdrá para lo mismo, pero por lo menos, cada cuatro años, podré expresar mi opinión sobre la política en la amable boca de la senadora Deveaux. Mientras tanto, el 27 de mayo, ABSTENCIÓN.

En las nubes


Hay vidas que son sólo retazos rendidos al viento que se agitan desesperadamente buscando quien encuentre su punto de fuga. Los silencios acogen renglones enteros de historias que no llegaron a contarse, que se desvanecieron en su propia semilla, sin voz que supiese darles cuerpo. Sin embargo, dos trayectorias totalmente distintas pueden encontrarse y descubrir que sus caminos corren exactamente paralelos desde el mismo instante de su colisión.

Algunos cuentos tienen que ser contados eternamente mientras el hombre se deja mecer, olvidando por un segundo el metálico sabor del rechazo, el tacto del asfalto, los pies sobre un suelo que nunca termina de engullirte. Pequeñas dosis letales de realidad. Sobre sus grises edificios se sostiene un cielo al que, a veces, hay que subir a ver cara a cara, para que la nube negra que te acecha visite un techo más elevado que el de tu cuarto. Sube al techo, acurrúcate sobre las tejas y déjate acariciar por el viento y las dos o tres estrellas que aún iluminan sus noches opacas. Puede ser. Alimentado de almíbar, endulzando la melancolía de tus ojos. Tan sólo como deberían sentirse las nubes.

No olviden Asturias


Ellos lo llaman ajuste, nosotros despido.
Ellos ofrecen salario, nosotros recibimos miseria.
Ellos hablan de beneficios, nosotros de supervivencia.
Ellos dicen democracia, nosotros gritamos opresión.
Ellos lo llaman disturbios, nosotros dignidad.

Pasan los años, más de setenta.
Vuelven a estrechan el cerco.
Nos encontrarán tras la humareda.

El Coloso, Francisco de Goya


Mi nombre es Coloso. Soy un óleo sobre lienzo, encadenado a un marco, encerrado en las cuatro paredes de este museo. Alzado y furioso, soy el cuerpo iracundo y enorme del Dios de la guerra y la cólera, tal y como me plasmó el maestro Goya en uno de sus cuadros más oscuros.

He surgido de la pintura más negra de mi creador, fui llamado Gigante y Pánico por quienes se atreven a mirarme sin torcer la vista. Titánico, ennegrecido, pura cólera contenida a punto de arrasar la Humanidad a mis pies. Tan real como el miedo trágico e inexplicable que represento.

Mi esencia es el odio. Me alimento de los crímenes y tormentos que mi creador plasmó en sus célebres “desastre de la guerra”. Bajo mi gigantesca sombra, se desangra el sueño ilustrado de la razón. Quizá sólo soy vuestro hijo no deseado, quizá sólo un reflejo de vosotros mismos.

Vino se escribe con una V, Whisky con dos

Pasó el puente sacro como pasan los metros que escapan en tus narices. Cuatro días efímeros de vuelta a las esencias, al agridulce hogar llamado Ourense. Días exclusivos para parientes, amigos y miles de viejos conocidos a ritmo de churrascada, comida familiar, Padre Feijoó y el cálido París de los Vinos. A vella Auria patria onde chove e fai sol e o ar arrecendende a auga e pedra. La patria verdadera de la infancia y la primera juventud, al calor de la lluvia y el vino.


De vuelta a la vorágine edificada, naufragando en el agónico trajín de ver escaparse el tiempo con todo por hacer. Curro y más curro, algo de radio, trámites, bancos, facturas y algún que otro nuevo pasatiempo. Echo en falta la inocente despreocupación, la noctambulidad sin riesgos, la V doble con dos hielos y cola en el Mikel o el Rock Club. Aquí, retornado al exilio en mi madriguera, sólo queda arrancar espacios de tiempo a la noche para tener tiempo para lo realmente importante. Mañana, ajetreo, mal humor y ojeras... si una lluvia torrencial no lo remedia.

Zippo Blues


Búscame al filo de tu garganta,
dónde se despeñan los suspiros

y yacen las horas en vela.
Cierras los ojos. Muerdo.

Ruleta rusa

Alza tu copa. Saluda al tiempo por llegar, déjalo resbalar entre tus dedos como un nudo corredizo y prepárate para cuando tense la cuerda. Desafíalo. Mantén el mentón bien arriba, los ojos abiertos, aprieta los dientes y prepárate a encajar los golpes sin tambalearte, sin ceder un milímetro. Conserva la cabeza fría y aprende a no usarla demasiado. No dejes que nada nuble tu percepción. Mantente en pie, pase lo que pase.

Sabes lo que no quieres. Sabes lo que es perder. No esta vez, también sabes lo que te juegas. No sin dejarte las entrañas en ello. Nada garantiza que vayas a salir bien de ésta y sólo tú puedes hacer algo para marcar la diferencia, sólo tú puedes impedir que seas tú mismo el que lo eche a perder. Despacio, con xeito. Trata con cuidado las cosas pequeñas, no pises el acelerador demasiado tiempo sin cambiar de marcha, aprende a guardar las palabras que arden en la garganta. Parecen sólo consejos. Esta vez, quizás sea esta vez, puede que, por un momento, la suerte misma te sonría entre dientes. Habrá que esperar qué de nuevo nos traerá la primavera. ¿Necesitas un paraguas? Hay sitio en el mío.


Alza tu copa. Brinda por las cosas por las que aún merece la pena jugarselo todo, mira la vida a los ojos y apura tu copa de un trago. Yo invito ...

A veces


A veces, sucede. Puedes haberlo esperado siempre, haberlo perdido casi a punto de conseguirlo, haber olvidado incluso la posibilidad de que ocurra. Y, de improvisto, sucede. En el momento menos esperado, en cualquier lugar, puedes notar ese leve roce cargado de electricidad. A veces, una casualidad define el resto de tu vida, un instante de tiempo líquido en el que sumergirse para siempre. A veces, basta un momento para quemar lo que no debe de renacer del fuego y empezar el cuento de nuevo. Hay miradas que valen más que mil conversaciones, hay conversaciones que no se agotan nunca.

A veces, la música brota hasta de las alcantarillas y la hierba, de las paredes. A veces, aunque sea demasiado temprano y llueva, puede que amanezcas sonriendo.

Poe

Fue el padre del relato de terror y el renovador de la novela gótica. Dibujó las aristas más afiladas de la pesadilla, coqueteó con todo lo lúgubre y vivió bajo un halo de fatalidad y misterio. Edgar Allan Poe descubrió al mundo el placer morboso de leer y sentir auténtico miedo.


Viejos caserones, pozos sin fondo, lápidas de bellas damas difuntas, escenarios tenebrosos en los que el poeta jugaba a desdibujar los límites entre lo vivo y lo muerto, el delirio y la cruel realidad. Su vida fue también un reflejo de esta atmósfera onírica y cargada, aderezada de opio, alcohol y amores envenenados que hicieron de él una leyenda.

Una madrugada, entre la locura y el delirium tremens, Poe murió implorando por su alma. Desde entonces, cada 7 de octubre, alguien deja una botella de bourbon sobre su lápida y hay quien jura verle rondando por la ciudad como uno de sus personajes. De poco debieron servir sus plegarias, ya que cada ocho de octubre desde hace más de siglo y medio, la botella amanece vacía en el viejo cementerio de Baltimore.

San Zhi, ciudad fantasma


Hay lugares en los que la presencia del hombre es innecesaria o incluso imposible. Existen espacios que ya están habitados por algo inconcebible que se niega a desocuparlos en nuestro beneficio. Ese es el caso de San Zhi, una ciudad abandonada en medio de la zona más poblada del mundo.


Puede parecer extraño que junto a Taipei, una de las capitales más densamente pobladas del mundo, pueda coexistir un espacio deshabitado y fantasmagórico como el de San Zhi. En su entorno apocalíptico, donde las viviendas futuristas se mezclan con la vegetación salvaje y las huellas del tiempo, ya sólo habitan las sombras que impidieron que nadie más que ellas viviese en sus muros.


La leyenda cuenta que, en los ochenta, durante su construcción, murieron decenas de obreros en extrañas circunstancias. El resto huyeron sin saber muy bien qué les estaba echando. La ciudad fantasma defiende su soledad y expulsó toda presencia humana de su entorno. Aún hoy, tras su apariencia de estación espacial devastada, flota la duda: ¿qué esconden los fantasmas de la ciudad abandonada?

V tiene un plan

V tiene un plan... que no sabe a dónde le lleva. No sabe si es bueno o malo, sólo recuerda que le vino a la mente mientras chupeteaba picapica, un mítico Fresquito de los de toda la vida. V tiene un plan, como iba diciendo, y está decidido a seguirlo al pié de la letra. Primera fase: recuperar las viejas cosas sencillas que, como el Fresquito, han ido quedando atrás.
¿Siguiente paso? Buena pregunta... ya os enterareis si os portais bien.

doce esquecemento


... so if you don´t like my fire
then don´t come around
'cause I'm gonna burn one down ...




La memoria es inconvenientemente caprichosa. Atraviesas miles de vidas trazando el camino de la tuya propia y, de una manera totalmente caótica, tan sólo puedes conservar pequeños fragmentos inconexos que escriben una historia que no se parece demasiado a la que hubieses deseado protagonizar.

Muy pocos de los recuerdos que llevas cosidos a las piel son realmente buenos. La mayor parte de los fantasmas que llevamos siempre encima son puro remordimiento, frustración, dolor o simplemente pena. Es el lastre que simplemente no puedes achicar. Los otros, los momentos que sin duda merece la pena preservar del olvido, deberían ser totalmente electivos, poder simplemente decir: “no te mereces un segundo más de mi vida, si he tener algún buen recuerdo, que no sea tuyo”.

Las máquinas tienen suerte de poder formatearse y olvidar. Nosotros, raza maldita de Sísifo, estamos condenados a recordar con dolor lo que realmente quisimos, condenados al bucle cíclico de desear-tener-perder-añorar. Esa es mi nueva meta, romper el círculo vicioso y empezar a describir mi propia órbita elíptica y poder simplemente vagar. Ser dueño del olvido, el dulce y analgésico esquecemento. Tan sólo wandering, perderse y no volver a mirar atrás.

sometimes salvation by stéphane sednaoui



Puede que esta canción sea una de mis debilidades, pero, de cualquier modo, este videoclip de 1992 es historia. Su director, el francés Stéphane Sednaoui, es uno de los más grandes creadores de videoclips de los últimos tiempos, responsable de "Give it away", "Scar tissue" o "Around the world" de los Red Hot o de "Today" de Smashing Pumpkins. Sofia Coppola, antes de la tercera parte de El Padrino y muchísimo antes de Lost in Translation, es la antiheroína de nuestra historia. De los Black Crowes, nada que añadir.

... so don´t you surrender
´cause sometimes salvation
in the eye of the storm ...

what is and what should never be

Everybody I know seems to know me well
but does anybody know I'm gonna move like hell,
they're never gonna know cause I move like hell...


Antroido dousmilsete. A antiluxuria viste chapeo vaqueiro e tanga de fío letal. Ás veces recurrir ós clásicos é un bo punto de partida para perder todo de vista e albiscar durante un intre cómo se vive sen sentir mágoa nin medo. Só hai que sacar un chisquiño a pasear ó pequeno fillo de puta que nos proe nas entrañas, escoller unha máscara e esquecer ó que se agocha tras dela. Despois, cando cansen os cantos bébedos e sequen as gorxas, haberá tempo abondo para lembrar o camiño de volta ó amargo fogar. Soa de fondo, coma fogo cruzado, o himno de tódalas derrotas.

I'm feeling lonely, I can't breathe
Fell to pieces and I'm still falling
All alone I fall to pieces

Porén, desta vez, aínda que só sexa por esta vez, o pequeno fillo de puta durmiu sorrindo. Todos temos dereito a non ser nós mesmos de cando en cando.
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