
Termina también un año de máster, de saturación, de jornadas psicótico-laborales de doce y catorce horas, y de la gente variopinta e inesperada que ha compartido todo esto. Compañeros de curro, jefes, técnicos y sobre todo, los compañeros. El grupo A, los agobios, las sobremesas en el césped, las cañas de después de trabajar, Cambalache, El Chavo Guerrero, miles de parrillas y proyectos creados entre todos. Horas y horas de radio que han contribuido, entre otras cosas, a seguir alimentando este hábito vicioso del micrófono y las ondas. Horas y horas de trabajo, de esfuerzo puramente vocacional sin más retribución que la de satisfacer el mono y poder seguir soñando. Nada de eso, nada de ellos es en balde.
Una vez más, salgo de la Casa de la Radio con la frente alta, el puño cerrado y el futuro plagado de incertidumbres. Pero me niego a sentirme vencido.Una vez más, esta voz hace mutis y sale del estudio, dispuesta a atronar cualquier micro que le pongan delante. Mais iso xa é outra leria...
3 divagando:
Qué razón tienes amigo. En fin, ya encontrarás algo, aunque sea de prostituta o de camello, que una licenciatura en periodismo y un máster da para mucho.
corroboro lo escrito por mi ex compadre de fin de semana. con la cabeza bien alta y mirando al sol sin ray-ban que valgan!
Ánimo, neno!
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