The Young Ones

No suelo recomendaros series de televisión, eso prefiero dejarlo en manos de expertos como Tordable. Pero con The Young Ones voy a hacer una excepción. Comenzó a emitirse en la BBC2 en noviembre de 1982, rompiendo todos los esquemas de la Gran Bretaña anodina de Margaret Thatcher. En un panorama social de crisis económica, huelgas y guerra en las Malvinas, un anónimo grupo de chavales del mundo del teatro alternativo sacaron de la chistera un humor surrealista y bestia que recoge el testigo de los Monty Phyton y se lo lleva por los callejones cutres del Londres de los ochenta. Para una generación de ingleses, los que sufrieron a la Dama de Hierro en plena juventud, nada volvería a ser igual. Aquí llegó poco después, destinada directamente a las cadenas autonómicas de Euskadi (Gazteak), Galiza (Os novos), Andalucía (Jóvenes), Cataluña y Valencia (Els joves), compartiendo audiencia con la variopinta programación de madrugada de entonces, en la que había lugar para películas minoritarias, cultureteo underground rollo Metrópolis y programas de lo más bizarro. Una pena que la televisión haya vendido sus madrugadas a los call tv´s y el pornazo por sms.


Un jipi depresivo, un punkarra violento, un anarquista neurótico y un manejas de metro y medio comparten casa mientras estudian en la Universidad Scumbag. A lo largo de los doce únicos episodios que componen la serie tienen lugar todo tipo de situaciones surrealistas, digresiones, improvisaciones absurdas, happenings o incluso conciertos en directo, ya que cada capitulo aparece amenizado por una banda británica, como Madness, Nine Below Zero, The Damned o Motörhead. Muchos de los actores que pasaron por esta serie se os harán conocidos, como Emma Thompson o el mismísimo House. Por eso, The Young Ones es una de las primeras series de televisión que abrió camino al humor salvaje que hoy tanto nos gusta, una recomendación de la casa no apta para paladares estrechos.


Comezou a campaña


Onte, dalgún xeito, estoupounos na cara á auténtica campaña polo Pazo do Hórreo. Por unha banda, o cabeza de lista do Partido Popular pola miña provincia natal, Luis Carrera, foi retirado das listas ó Parlamento Galego polas súas irregularidades perante a Facenda Pública, segundo recoñeceu o seu líder Núñez Feijoo. Esta "retirada" ocorre no meio dunha grave crise de partido, que onte mesmo forzaba a dimitir o conselleiro de Deportes de Aguirre e o alcalde de Boadilla del Monte baixo a acusación de corrupción. Mentres, na capital, perto de catro mil seguidores de Galicia Bilingüe saían á rúa para protestar. Ben, en realidade a maioría baixaba de autobuses fletados dende Madrid, mais a quen lle importan istes detalles? E contra que se manifestaron? Contra a suposta persecución que sofre o idioma castelán na nosa terra. Aínda que pareza de chiste, logo de cincocentos anos de opresión lingüística e apenas trinta de ensinanza do galego nas escolas, os castelanfalantes síntense oprimidos. Non contentos con semellante paranoia, insistiron en acodiren a manifestarse ó sancta-sanctorum do galeguismo moderno, a Praza da Quintana, para maior escarnio e rexouba das filas españolistas.


Non hai xustificación para ningún xeito de violencia, mais era visto que ista era unha xogada ben ensaiada polos escuros grupos que compoñen o movemento "bilingüe" -se por eles fose, aínda falariamos só na língua do seu vello imperio-. Montan un enorme circo mediático no que a policía española xoga o papel de acicate dos independentistas, amolados abondo pola provocativa convocatoria de GB. E pasou o que tiña que pasar. Catro parvos lanzan botellas e tódolos que pensan coma eles reciben paus e goma contundente. Carreiras, insultos, pelotas de goma para a masa -só para os que falaban galego- e detencións para os exaltados -unha vez máis, só ós que falaban galego-. Os medios cumpliron o seu papel. Chegaron empotrados ós españolistas -tan nacionalistas coma os outros, que ninguén se engane- e levantaron acta da "bárbara intolerancia dos radicais", unha vez máis, só referíndose ós do lado galego e xamáis os do español. El País, La Voz de Galicia, la Sexta e outros medios supostamente progresistas saíron unánimemente en defensa da calaña reaccionaria que compón Galicia Bilingüe, cargando ás tintas só nunha dirección sen prantexarse matices. O seu odio a todo o que cheire a galego non semella radical, os radicais sempre son os outros. Os que somos minoría seremos sempre culpáveis.


Só queda agardar como queda reflectido nas urnas o verdadeiro calado destes pescantines de río revolto, que buscan mimetizarse cos españolistas de Euskadi e Cataluña para poder presentarse coma víctimas cando eles mesmos recoñecen abertamente que a situación na Galiza é de franca vantaxe para o castelán frente a fala nai e que a súa só é unha causa "preventiva". Presentándose coma víctimas, quizais poidan enganar algún voto incauto. Aprenderono da súa gran mestra do engano, Rosiña Díez, exvasca, exsociata e candidata ó que sexa con tal de figurar. Falan de galescolas coma se fosen centros de reclutamento de Hamas e laianse polos seus direitos humanos cada vez que se lles menta a normalización lingüística da língua própia. Por iso, teñen o apoio dos meios españois, dalgúns que se din galegos e da direita diglósica. O 19 de marzo saberemos de certo cantos de nós cren que o castelán está certamente ameazado na Galiza. E anque sexan milleiros, non deixará de ser mentira.

One-eight-seven on TV

Mientras la gráfica de resultados sigue apuntando a la baja, las cabezas echan humo en Border Sticks. Madrugadas de brainstorming, alumbrando una filosofía que desactive nuestras cajas tontas. Y, de paso, encontrar una fuente de ingresos. En la práctica, esto supone replantearse qué sabe uno hacer que pueda pagar las facturas y puedo asegurar que es triste mirarse bajo esa lupa para descubrir tan pocos talentos lucrativos en uno mismo. Menos mal que en el barrio sobra ciencia. Imaginando en equipo, quemando ingenio, llamando a muchas puertas y enviando cientos de currículums. A corto plazo, tan sólo parches para ir saliendo del paso. Un poco más allá, un par de buenas ideas en torno a la profesión que pueden aportar algo. Reporteros de guerrilla en tiempos de escasez. Nunca seremos millonarios, pero seguiremos dejándonos la piel y las neuronas haciendo lo que nos gusta. Allá afuera, el dinero se evapora y la realidad enseña los dientes. En la sombra, nuestra cooperativa prepara su plan de huida de esta época mediocre que nos ofrecen. Mientras otros duermen, en Border seguiremos amaneciendo en el tajo.

Turbiedad generalizada

Vivimos en una época gris. Los altos cargos del Madrid autoritario de Doña Esperanza se espían entre sí, la derecha se lanza puñaladas traperas y el gobierno, sencillamente, se hace el sueco. Mientras, en la calle huele a huelga general. Continúan los despidos, los recortes, los ajustes que siempre aprietan por el mismo lado. En los medios, se habla de crisis, deflacción, recesión y consumo patriótico, pero nadie busca soluciones ni señala la impunidad de los culpables. El medio reducido a transmisor de ruido. A falta de análisis serios, cunde la incertidumbre. Quizás por eso, los trabajadores ingleses que se manifiestan contra los inmigrantes no saben que se equivocan de enemigo. Será porque nadie señala al patrón, que, en lugar de deslocalizar la empresa en busca de mano de obra más barata y sin derechos laborales, decide directamente deslocalizar al currante extranjero para ahorrarse costes. Los estadistas se reúnen, los ecónomos teorizan, al tiempo que sale dinero de todas partes para sufragar las pérdidas de los grandes bancos y las caídas en bolsa de las multinacionales. Financiar sus errores, en otras palabras. ¿Con qué dinero? Con el del empresario de a pié, el que paga sus impuestos y da de alta a sus empleados, con el del trabajador con jornada ampliada y salario de posguerra, con el del autónomo y el del inmigrante. Y la pescadilla sigue mordiéndose la cola, perpetuando un sistema mundial en el que la riqueza se concentra en menos manos y el panorama nos lo pintan cada vez más negro mientras otros se lo llevan muerto.

En este frío 2009, está previsto que las nieves traigan otros cuatro mil periodistas en el paro, tres mil más que el desastroso año pasado. Empezó en los diarios gratuítos, luego en las revistas, las ediciones locales y autonómicas de los periódicos, los medios online y ahora también en radio y televisión. Medios cada vez menos críticos, en los que cada vez menos trabajadores se tienen que dejar la piel para seguir saliendo al público con un mínimo de calidad, ese detalle "superfluo" para directivos y programadores. Los periodistas, comunicadores audiovisuales, técnicos y demás trabajadores de la información son forzados a trabajar con medios precarios, sin estabilidad laboral ni remuneración justa. Será que quienes dirigen el chiringuito mediático prefieren seguir funcionando a base de becarios dóciles que curran casi gratis y no suelen poner pegas deontológicas. En el paro, mientras tanto, estamos los que nos hemos preparado durante años para ser profesionales preparados e íntegros, esperando el momento de emigrar o malvivir en algún empleo de seisceintoseurista. Si estuvieramos donde corresponde, no podrían mentir tan fácilmente.

Homesickness Road


No lugar máis recóndito deste país de praceres amargos gardo unha rúa baleira onde aínda non chegou o desxeo. No chan, a neve xoga a borrar as túas pegadas mentres sona de fondo aquela vella canción. Cando cae a noite, collo a bufanda e volto o meu banco na rúa baleira onde segue a nevar. Deitado nel, aquela estrela que ollamos volta a alumear, aínda que sexa para mín só.

Pombal de pedra


Sen compaña nas mañás crúas do inverno, xa non soupo de certo se ficar ó frío ou voar contra o vento.

Change can happen

Barack Hussein Obama ha comenzado hoy una legislatura llamada a ser histórica en Estados Unidos. El presidente número 44, el primero de raza negra en 233 años de historia americana, ha tomado hoy sus primeras medidas: una orden ejecutiva para el cierre definitivo del centro ilegal de detención y tortura de Guantánamo en un plazo de un año y otras dos que prohiben la tortura y los métodos de persuasión avalados por la administración Bush. Además, ha tomado una postura enérgica con Israel, exigiéndole la apertura de las fronteras de Gaza a la ayuda humanitaria. Para un importante sector de la opinión pública estadounidense e internacional, este es un inicio coherente para un gobierno del que se espera mucho, quizás demasiado.
Ayer, en la jornada de investidura del nuevo presidente, se hizo evidente la expectación que ha despertado Barack Obama. Desde cualquier lugar del globo, miles de personas escucharon el juramento del nuevo mandatario, reunidas ante la televisión como en las grandes ocasiones de antaño, como la caída del muro de Berlín o de las Torres Gemelas. La sensación de estar cruzando un umbral invisible en el curso de la Historia nos puso la piel de gallina. Se habló incluso, salvando las distancias con el atrevimiento que da la emoción, de un nuevo Mandela. Hoy,tras la celebración, es necesario comenzar a notar el cambio prometido.


El legado que recibe no es precisamente envidiable. Dos guerras abiertas en Oriente Próximo, una crisis económica que amenaza el modelo económico neoliberal y la bancarrota total de las escuelas y la seguridad social. Un ejército dispersado en cientos de bases militares y campos de batalla de todo el mundo. El dólar y el precio del petroleo bajan al mismo ritmo que los talibanes se acercan a Kabul. Los Estados Unidos que recoge Obama son un imperio aislado y decadente, al margen del Tribunal de La Haya, la Convención de Ginebra o el Protocolo de Kyoto. Por eso, después de hacernos vivir el inesperado momento de ver un presidente negro en la Casa Blanca, es hora de que la esperanza que ha atesorado Obama se cumpla, ante su pueblo y todos los demás.
Obama, desde las apretadas elecciones primarias del Partido Demócrata, ha alimentado su candidatura ofreciendo esperanza, ética gubernamental y un cambio tan arriesgado como necesario. Y la gente acudió a su llamada. Como un aprendiz de brujo, ha dominado la técnica de seducir a su público ofreciéndose como un líder íntegro y seguro, capaz de afrontar los retos que se avecinan con valentía y justicia. No fue difícil distinguirse del resto de candidatos, acartonados herederos de un momento histórico en el que el carisma, al igual que los grandes estadistas internacionales, escasea y es sustituído por palabrería hueca y asesores de imagen. Tras iniciar esta enorme corriente de esperanza en un país individualista y políticamente indiferente, ha conseguido superar el estigma del racismo larvado en la sociedad americana para auparse a lo más alto. Pero, una vez ahí, ¿cumplirá Obama sus promesas?


El mundo entero ha vuelto la mirada a Washington. Cincuenta años después de los puños cerrados en el cielo del Estadio Azteca, de las cruces en llamas y los letreros de "White Only", el hijo de un musulmán keniata ha llegado a presidente del gobierno. Pero la esperanza es una materia volátil y puede explotar en las manos de quien la manipula. Si es otro presidente yanqui más, con sus correpondientes Bahía de Cochinos y Abu Ghraib, Barack Hussein Obama sólo pasará a la historia como el nombre exótico de la larga lista de tipos que buscan un país que bombardear para tapar sus miserias. Si cumple sus promesas, el mundo cambiará irremediablemente. O puede que lo maten, como predijo Hannah Arendt. ¿Entrará EEUU en el Tribunal Internacional de La Haya? ¿Acabará el bloqueo a Cuba? ¿Volverá a suceder el desastre del Katrina? ¿Seguirá siendo obligatorio enseñar el creacionismo en escuelas y facultades? ¿Se reformará la economía global? Sólo queda por ver si el poder destiñe.

Cosecha propia

Muchos ya sabéis cuanto sudo del cine español. Los Gutierrez-Aragón, Bigas Luna, Colomo, León de Aranoa, Garci, esos magos del audiovisual español famosos por perpetrar año tras año taquillazos tan sonados como Cha-cha-cha, Atómica, Los peores años de nuestra vida, Crimen Ferpecto o Yo soy la Juani, eternamente protagonizadas por estrellas rutilantes como Jorge Sanz, María Barranco, Juan Echanove o, más recientemente, Fernando Tejero, Sergio Peris Mencheta y Fran Perea -si te odiamos como músico, imagínate como actor revelación-, esas producciones bien subvencionadas que luego se reparten los premios, las buenas críticas y las palmaditas en la espalda... me parecen todos una mierda pinchada en un palo. Y no se hable más, que de excepciones no se hace cultura.


Si nuestro nivel en pantalla grande es cutre, la producción de series ya es un escándalo. Con Escenas de Matrimonio como líder indiscutible de la parrilla, la -escasa- audiencia residual de televisión busca cobijo en las series de la FOX, Showtime, HBO, NBC o la BBC. Y es natural. No sólo porque la contrapartida patria la conformen ases del cutrerío cañí como Hospital Central, El Comisario -con el fulano de Verano Azul y el puto Pope-, Cazadores de Cuerpos o 18. Tampoco por la superpoblación televisiva de reality shows donde todo el mundo llora y despotrica -qué asco de Miqui Puig- y de los consabidos programas de gresca y debate, desde 59 segundos al corrillo de La Noria. La gente ve series extranjeras porque están bien hechas. Porque te las puedes descargar de gratis al mismo tiempo que se emiten en EEUU o Gran Bretaña y enchufártelas con la ayuda de los socorridos subtítulos. Porque los guiones -véase The Office, The Wire o incluso How I met your mother- tienen interés, no como las chorradas estereotipadas de jóvenes con ropa modernilla que sueñan con ser Quimi el de Compañeros o las eternas coñas de enredo de las series de José Luis Moreno. O porque sus actores hacen bien su trabajo y transmiten emociones, no como los nuestros, que sólo sirven para protegerse tras ellos cuando cargan los antidisturbios en las manifas.
Por eso, hoy os recomiendo Malviviendo, una serie rodada exclusivamente para Internet por ocho colegas de Sevilla con cuarenta lerus en el bolsillo. Sus guiños a Dexter y a Los Soprano, el partido que le sacan a la cámara y un argumento fumeta y cachondo merecen más la pena que toda la filmografía de Cayetana Guillén Cuervo. Esta iniciativa se suma a proyectos novedosos como Cálico Electrónico o Que vida más triste, cuando apenas la primera temporada está en curso -el próximo 26 ve la luz su tercer capítulo- y la hinchada sigue creciendo. En las parrafadas del Negro hay sabiduría popular y un poco de nuestra propia vida. En el resto de la cosecha propia del "audiovisual español", anida la carcoma. Será que no todo lo que se hace es malo, sino que sólo se publicita lo más casposo. Y luego dirán que el Luisma es tonto porque se droga...
Os dejo el primer capítulo para que juzguéis:

Malviviendo Capítulo piloto from malviviendo on Vimeo.
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